Microrrelatos 2018

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El formato de microrrelato se adapta perfectamente a la categoría de relatos de viaje, ya que muchas veces una anécdota o historia de viaje tienen tanta o más entidad que el propio viaje en sí.

Al contrario que los relatos a concurso, que tienen que ser enviados por correo electrónico, los microrrelatos se añaden como comentario a esta sección, en la parte inferior de esta página, y, una vez comprobado que se ajusta a las bases en temática y número máximo de palabras, 195, serán validados por el moderador y publicados. Cada participante puede subir un máximo de 5 microrrelatos.

Agradecemos tu interés por participar en el XIII Concurso de Relatos y Microrrelatos de Viaje Moleskin 2018. El período de envío de microrrelatos es el mismo que para los relatos, entre el 1 de febrero y el 31 de mayo de 2018, ambos incluidos.

Añade tus microrrelatos como comentarios en la parte inferior con el nombre con el que quieres aparecer como autor. No aparecerán publicados inmediatamente porque tienen que ser aprobados por el moderador.

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34 comentarios

  1. Un recuerdo de Groenlandia

    Ese día las manos se me habían hinchado del frio. Llevábamos navegando en kayak tres días y yo seguía prefiriendo no ponerme guantes para palear. Siempre me ha gustado meter las manos en el agua cuando hago un descanso pero estos días intentaba hacerlo lo mínimo posible ya que se me quedaban muy rojas y frías y los dedos se me agarrotaban. La zona con icebergs, con todos sus tonos y colores mezcla de blancos y azules, ya la habíamos pasado y ahora nuestro viaje transcurría cerca de la costa adentrándonos en el interior de los fiordos situados en el sur de Groenlandia. Caía la tarde y ya estabamos montado el campamento. Habíamos sacado los kayaks del agua y empezado a montar las tiendas. Nos habíamos cambiado de ropa y algunos estaban buscando por los alrededores restos de maderas y arbustos secos para encender una hoguera. La temperatura descendía bruscamente al ponerse el sol y era agradable cenar alrededor del fuego contando historias y repasando las anécdotas de la jornada. Y mirar el cielo oscuro con infinitas estrellas.

  2. Viaje a ninguna parte

    Viaje a ninguna parte, obra excelsa de Fernán Gómez. Pero, ¿podemos tú y yo emprender ese mismo viaje sin movernos de esta estancia? Sé que hemos llegado hasta aquí y, sin embargo, quiero aislarme del mundo, destapar las sábanas de esta cama y viajar contigo a ninguna parte; o mejor dicho, a cada recoveco de tu cuerpo sin que ninguna parte me haga sentir lo que me promete la otra. Eres tierra sin explorar y yo viajero impenitente. Despréndete de la ropa; yo ya lo he hecho y sigamos los consejos de la guía que son tus dedos. Viajemos, viajemos juntos todos los sitios y, al mismo tiempo, a ninguna parte.

    Francisco Javier Torres Gómez

  3. ¿Viaje? Lo que pretendes emprender es una huída en toda regla. Cerrarás los ojos y te dejarás llevar por tus impulsos. De ese modo perderás la vivencia misma del acto de viajar. No serás cómplice de las circunstancias ni empatizarás con aquellos que se te acerquen a menos que lo hagan con el fin de secar tus lágrimas con un pañuelo.
    ¿Viaje? Quédate a mi lado y démonos una nueva oportunidad. La vida no es tan larga como para otorgar más ocasiones en la que podamos conocernos, si es que no lo hemos hecho ya. Dame la mano y viajemos juntos o, si lo prefieres, cerremos ambos los ojos y lloremos en el trayecto de ese viaje que propones a ninguna parte.

    Francisco Javier Torres Gómez

  4. Bajo el cielo de Zagora
    Tras varias horas de viaje en furgoneta desde donde divisé las montañas nevadas del Atlas y pequeños pueblos teñidos de ocre, el motor se detuvo cuando ya no quedaba rastro alguno de civilización. Un punto indeterminado del desierto de Zagora, en Marruecos, me recibió con un atardecer anaranjado que parecía sacado de una acuarela y con camellos que terminaron de completar la estampa típica de cualquier postal marroquí. Se hizo la oscuridad en el campamento y me tendí sobre una manta para disfrutar de un cielo estrellado que no había visto ni en las mejores películas. El corazón me latía fuerte mientras admiraba su belleza y pensaba en lo rápido que vivimos y en lo poco que nos paramos a deleitarnos con cosas tan sencillas como las estrellas. Junto a una hoguera que calmó mi frío entablé una conversación con un bereber de ojos negros. Las llamas avivaron su mirada y creo que jamás podré borrarla de mi mente. Aquella noche sobraba todo; el teléfono, el reloj y las facilidades a las que acudimos a diario. Tras una noche mágica, un amanecer indescriptible me hizo sentir afortunada, especial y plena.

  5. Todos, sin excepción alguna.

    A veces, todos, sin excepción alguna, tenemos el deber de afrontar ciertas desavenencias que alteran la estabilidad del escenario que sostiene nuestra actuación en la obra “ésta nuestra vida”. Controversias presentadas de forma diferente, desde una pérdida hasta la pérdida de fe en algo que creíamos ser el sustento de nuestra propia existencia. Luego sería cuando el arte radica en soltar lo que caduca para coger algo nuevo. No hay cabida para ningún atisbo de duda que paralice a la madre decisión.

  6. Alma viajera

    Me tiene harta. Vamos de acá para allá, Que si ahora un autobús, que si un taxi, luego en metro…Trenes ya ni los cuento. Y yo cada vez más gorda y más abultada. Por eso en avión no he ido nunca. Me cobrarían por sobrepeso.
    No puedo con mi alma cuando veo esas escaleras mecánicas interminables. Estoy vieja. Y ella también lo nota.
    Y de vez en cuando mira escaparates. La moda cambia, claro. Incluso en cuestión de maletas. Pero no se termina de decidir. Parece que me tiene cariño. Y siempre acaba tirando de mí.

  7. Viaje en dulce

    El viernes desayunaremos croissants y veremos París desde las alturas. El sábado compartiremos un tiramisú y cruzaremos el Gran Canal de Venecia. Y el domingo, para rematar el fin de semana, degustaremos unos pasteis de Belém subidos en un tranvía por las calles de Lisboa.
    ¿Y el lunes?
    El lunes rodaremos cuesta abajo rumbo a otro fin de semana en dulce. Un nuevo viaje a la confitería nos hará soñar con nuevos y deliciosos destinos.

  8. Páramo gris.
    La vida consta de muchas etapas, de muchas sensaciones y errores… pero, el destino de todos es seguro: todos los seres vivos de la tierra perecen, sin importar su raza o naturaleza.
    La muerte puede sef dulce como una caricia en medio de la noche, o ruda como un feo accidente de coche.
    Poco importante es la forma en que suceda, poco importa en donde terminará tú alma según tú religión. Lo más seguro es que los restos de tu materia humana quedarán atrapados dentro de un féretro, enterrado en la triste y muerta tierra de un cementerio, adornado con una lápida gris con unas cuantas palabras grabadas.
    Sin embargo, unas criaturas te reciben, felices de tu llegada, porque tus restos son un banquete dentro de su inmunda existencia. Y gracias a ellos, tu cuerpo recorre la etapa final. La carne se descompone y desaparece; la osamenta se desintegra con el pasar de los años y el material orgánico del ataúd se reintegra a la naturaleza.
    Al final, la única prueba de tu existencia, es aquella solitaria margarita que se yergue en medio de un prado gris de lápidas.

  9. HOGAR

    En el lugar más insospechado puedes sentirte como en tu casa; el humo flotando en el aire saliendo de chimeneas humanas; el de la taza, aunque sea de plástico, de café aderezado de alguna especie aromática que marca un poco la diferencia; el del brasero de madera reseca por el sol de días sin historia; muy atrás mucha. Una evocación con el ayer que viví en mi niñez y luego adolescencia, con ondas que me transportan ahora a hablar virtualmente con cualquiera. Es lo que tiene viajar de un lado para otro, sin destino, o con uno difuso, volátil, heterogéneo… cualquiera es posible, sin mantener muy fijo el timón, elevando el ancla en cada estación y dirigirse sin rumbo al más allá, aunque esté cerca, ahí donde las nubes parecen vapor que se va dispersando poco a poco, como el pasar de los días, el correr del espacio. No, no desvarío, siento como en cada respiración el aliento se me escapa con el vaho, y es que fuera hace mucho frio en este primer día del nuevo año, uno más, de nuevo lejos de casa, pero no tanto, porque la mía es el mundo.

  10. DESIERTO

    No está muerto, alimenta el alma del peregrino, eleva cotas queriendo tocar el cielo; el sol no atiza, ilumina la vida para hacerla vasta e interminable. Hoy me perdí por uno de ellos, sintiendo todo eso como alma insignificante ante tanto esplendor en medio de la nada, y a la misma vez creyendo ser el centro del universo. En la noche el fuego calentará mis huesos, para acompañar el dulce sueño cuidado por millones de estrellas y la luna, guardiana del silencio, que cuidaran para que en el nuevo amanecer el sol otra vez repita el ciclo y la vida.

  11. MIND THE GAP, PLEASE
    Eras la voz de Embankment Station. De tanto suplicarles al final me dieron tu voz en un CD. No soportabas los retrasos. Siempre supiste el lugar exacto en el que ubicarme. Unos rezan a los dioses tristes con altoparlantes. Otros se quedan a esperar en el camposanto. Pero a mí nadie me cura de este silencio constante y nunca me gustaron las estatuas vírgenes. En esta semioscuridad de túnel, me retrepo en el asiento para escucharte de nuevo, a voz en cuello, resucitado heraldo de las próximas estaciones como una profecía de cumplimiento inmediato. Desde que te fuiste, mi vida es una estación en curva y no dejo de caerme una y otra vez por introducir el pie entre coche y andén constantemente.

  12. COCHERAS
    Hoy se ha vuelto a cruzar conmigo la chica risueña. Lleva entre los brazos y pegada al pecho una carpeta forrada con fotos de la SuperPop. La he devuelto la mirada y la sonrisa. Y una casete del walkman que se le ha caído. Acaba metida en mis sueños entre dos estaciones. Durmiente y pegada a mi espalda. Duplica mis días felices. Triplica los de asueto. Por las mañanas convierte el ruido de la cafetera en quintetos de Dvorak. Vamos juntos al mercado. Comparamos los precios de las manzanas. Nos venden en pesetas y pagamos en euros. Lloramos frente a la televisión por las Torres Gemelas. Tenemos hijos futuribles. Viajan en metro hasta Ciudad Universitaria. La mayor es abogada, el pequeño nos hace abuelos. Les afecta la crisis y la burburja inmobiliaria. Los domingos nos reunimos para comer juntos en torno a una mesa alargada. Bebemos. Roncamos la siesta. Soñamos. Cuando llego al destino el vigilante me despierta. Hay una potente luz al final del túnel. La chica risueña ya no sonríe. Llora desconsolada. Como si no me viera. Solloza mi nombre entre dientes. Fin de trayecto. Último destino. Cocheras.

  13. NUEVAS TORRES DE BABEL
    Otra vez presta a partir. Sentarse copa de vino en mano en una esquina estratégica es casi disponerse a ver una película surrealista.
    Junto a mí, un individuo algo ido termina de perderse en las profundidades de un espumante, mientras una familia desorientada busca la Puerta 2; un par de operarios traslada un ruidoso carro con vaya a saber qué, una mujer voluptuosa aprieta el paso atrayendo miradas, una anciana acarrea como puede sus maletas y bolsas de alfajores, y otra joven delgaducha queda casi oculta bajo terrible estuche y su violoncelo; un matrimonio se saca fotos con su celular, y otro arrastra a un chiquilín corriendo desesperados tal vez perdiendo su vuelo, al tiempo que dos deportistas caminan tranquilamente en dirección opuesta, igual que sendos piloto y copiloto de alguna aeronave que -tal parece- aún tardará en salir. Y por sobre este desfile, voces en mil y un idiomas, de personas reales y de impersonales altoparlantes.
    Si la Torre de Babel tuviera hoy un lugar, seguramente serían miles, tantos como aeropuertos internacionales en rutilante vorágine cotidiana…
    ¡ Salud y buen viaje !
    Laura Rojo Bily

  14. Pirata de media noche.
    El Artemisa vagaba sobre las turbias aguas del océano. Cargado con el tesoro de los mil reinos.
    Marforia, la capitana del navío, aún con todas las riquezas que poseía, sentia que le faltaba algo…
    Una noche, sus ojos se posaron en el firmamento estrellado. La marca del cazador la cautivó, convirtiéndola en la amante de las estrellas.
    Dejó que las aguas arrastran a sus profundidades el oro, aligerando la nave lo suficiente para hacerla flotar.
    Desde entonces, Marforia surca los cielos, cazando estrellas…

  15. Guiling se cuece a fuego lento, entre los vapores del río y el calor de la atmósfera, mientras el barco avanza por un paisaje mágico y fantasmagórico de montañas de cumbres redondeadas y brumas voladoras.

  16. …Y al asomarme al Gran Canal por la ventana de mi hotel de pies mojados y aspecto decadente, comprendí la belleza de la ópera, inundada por tanta belleza moribunda y antaño floreciente.

  17. En La Habana se resquebrajaron mis prejuicios como se descascarillan las fachadas de sus casas: a golpe de cadera moviéndose al ritmo del son y ron cubano.

  18. CUANDO SALES DE AQUÍ PASAN COSAS
    Cuando sales de aquí pasan cosas, me dijo mi amigo José María una mañana mientras tomábamos un café en una terraza. O será que viajar abre los ojos como ninguna otra cosa más lo hace. Y así deben estar los ojos, bien abiertos, para lo bueno y para lo malo. Habíamos hablado sin parar de anécdotas de viaje, de aquellas memorables, no sólo de la belleza de la Torre Eiffel al atardecer en primavera, de la singularidad de las curvas de la casa Batlló o de la grandeza de las tumbas de los faraones del Valle de los Reyes, que también, sino de las personas que te encuentras a tu paso, de las sonrisas silenciosas de los monjes tibetanos, de las diferencias culturales que nos separan de los finlandeses o de la hospitalidad de los sirios, quién pudiera volver a pisar las calles de Damasco de 2003. Hablamos de aquellas cosas que dejan huella, a veces buena, a veces agridulce, en ocasiones, insoportable. Sí, le respondí, la vida es demasiado corta como para no viajar.

  19. Humberto Hincapié
    El primer y último viaje
    Jacinto Ramírez nunca hizo nada especial en su vida. Así es que un día decidió llenarse de gloria. Se separó de su mujer de cuarenta y tres años, abandonó los hijos, vendió la casa, el carro y la finca y se marchó para el puerto donde compró un pequeño velero con la idea de darle la vuelta al mundo en solitario. Nadie había intentado hacer esta proeza en el país.
    Durante dos meses se entrenó y cuando creyó que sabía todo lo que se necesitaba para navegar los mares, anunció en la prensa su intención, invitó a las autoridades del puerto y el domingo tres de marzo a las nueve de la mañana partió en medio de los buenos deseos de unos pocos curiosos.
    Al llegar a mar abierta una súbita tempestad se desató, un rayo destruyo su mástil y el velero empezó a hacer agua rápidamente. Como un buen capitán, Jacinto empezó a achicar agua rápidamente con un balde y cuando su esfuerzo se hizo inútil, con toda la dignidad del caso, se puso su gorra de capitán, saludo militarmente y se hundió con su velero.

  20. “El Viaje de Sacha”
    En el horizonte se perfila la silueta de un paraíso perdido, un pequeño faro ilumina el camino en un mar de pesares.
    Sacha navega hacía la luz como abducida, no consigue apartar su mirada de ella desde que empezó a vislumbrarla. Por fin parece llegar a su destino, ese destino buscado durante años.
    Mariposas revolotean en su estómago.
    No siente temor alguno, no hay motivo para ello. Habiendo estado tanto tiempo sumergida en la oscuridad más profunda, dónde ni las estrellas brillaban en el cielo que se suspendía sobre su cabeza.
    Larga había sido su travesía, tan larga que ya no recuerda cuando comenzó ni desde qué puerto zarpó.
    Sus recuerdos se han ido hundiendo arrastrados por lágrimas de sufrimiento.
    Cuánto tiempo arrastró con ella el peso de almas ancladas, que una y otra vez intentaban arrastrarla con ellas en remolinos sin retorno.
    Cuántas y cuántas veces se sintió como un frágil barquito de papel.
    Ahora sin embargo siente que se ha convertido en un gran barco mercante, sus motores a todo vapor, sin lastre alguno, libre y con rumbo a su felicidad.

  21. Kunstkamera, el museo de antropología y etnografía fundado por Pedro I el Grande es el más antiguo de San Petersburgo. El mismo zar emitió un ukaz bajo la orden que todos los neonatos desfigurados de alrededor del imperio formasen parte de su colección personal, creando una recopilación siniestra y hipnotizante a la par sobre teratología. Decenas de fetos deformes contenidos en frascos de cristal para toda la eternidad. Impactante, más aún acabado de comer. Esta afición, que en nuestros días se vería algo enfermiza, en su momento fue importante para la catalogación y prevención de tumores y mutaciones.

    No puedo dejar de imaginarme una composición más adecuada. Imaginaos la escena escabrosa. Una joven declarándole a su novio, en aquella sala, bajo las atentas miradas de esos siameses bicentenarios diciendo aquello de “Cariño, estoy embarazada”. Seguro que a los niños cíclopes se les caía una lagrimita en su eterno letargo… una y nada más.

  22. CHATARRA
    La mayoría de las veces los viajeros y forasteros arrojan la basura a las calles, parecen olvidarse del aseo de la ciudad mientras disfrutan de sus vacaciones y viajes. Recorro día a día los suburbios citadinos…Y me impregna ese olor a excremento que despiden los residuos, pues es el pan diario de mi trajinar con la carreta atiborrada de bultos y fardos, pero ni modo de conseguir otra alternativa de vida, con este trabajo me alcanza un poco para comer y comprar vestidos baratos. En las tardes es más pesado empujar la carreta, ya está repleta de chatarra reciclada. Es dura esta labor, y más dura cuando pienso en el daño que le hacemos al planeta al no reciclar nuestros desechos. Nos evitaríamos mucha contaminación. Y entonces, vitoreo por las calles: “!Recibo la chatarra, a reciclar!”. Y muchos ciudadanos se suman a mi causa, excepto los viajeros y forasteros, que todo lo arrojan por ahí sin escrúpulos, al menos sé que trato de crear algo de conciencia general.

  23. FARO

    En la mágica distancia nocturna del pueblo al mar, el farolero ve la cúpula del faro fabricado por el afán de los hombres de guiarse en altamar desde los puertos miserables. Se dirige hacia el faro que está entre los espolones, cerca de la playa, sabe que es peligroso el estrecho sendero de pedregones y de caracoles muertos y, puede resbalar y caer en las rocas. Conserva en la mirada un brillo juvenil, aunque es un anciano vigilante. Se detiene un instante en la cuesta del camino, ilumina la ruta con una tenue luz de linterna, siente que se resquebrajan sus huesos de cansancio. Debe abrir la diminuta puerta y entrar a subir los escalones de piedra lisa. Dura una eternidad llegar a la cima y encender el faro cuya orbital luz ilumina los alrededores solitarios. Años en ese oficio de farolero: subir y bajar escaleras, bajar y subir, encender y apagar el faro, todas las noches, mientras vigila con habitual mutismo la vasta infinitud.

  24. VIAJERO DE LA CIUDAD PERDIDA

    Un amanecer neblinoso mientras desando el camino tormentoso.

    La luz del día hiere mis ojos, camino con la mirada extraviada, no parece este lugar algo semejante a las geografías de mi mundo.

    En los límites de las cumbres disueltas está una ciudad perdida a la que quiero llegar.

    Me alimento de hojas y semillas esparcidas por el viento y del agua que brota de las peñas.

    Hallo una gaviota muerta que devoro insaciable.

    Sé que estoy en la dirección correcta hacia la ciudad perdida envuelta en el horizonte entre hálitos de niebla lluviosa.
    En mi planeta también hay ciudades perdidas de planetas perdidos.
    Soy un absorto visitante de otro mundo en un hermoso planeta verde donde los fenómenos llueven con los seres que lo habitan.

  25. LLUVIA DE PERSEIDAS
    Vengo desde tan lejos, si pudieras imaginar el distante lugar al que pertenezco. Y ahora estoy tan cerca de ti, que te fascina mi errancia galactica.
    Me acoge el deseo de su piel, la robustez de su mirada fijada en la noche, sus labios carnosos y relajados, sus ojos brillantes, tal vez acuosos diamantinos, inesperados en el paisaje que vemos, la folclórica cabellera lisa y arrojada a su espalda mojada por la escarcha nocturna, su silueta real tacto de mi distancia a poco de adherirse entre mis brazos, su olor a hierbas y a flores palpitantes en medio de claroscuros y luares, su serenidad de hada hipnotizante, me acoge la máxima dulzura de su frescor de hembra nacida del poder de los elementos más nobles y creacionales, mientras la luz de la luna nos embarga de amoríos, sentados en la banca del parque.
    La luz de la luna excita. Y el poder de los montes absorbe los pensamientos de las criaturas. Seamos esas criaturas que se sumergen en el maremágnum de las probabilidades sensitivas. Y démonos un beso.
    Cruza el cielo la lluvia de Perseidas, la estampida de astros fulgura entre sus ojos de diamante translucido. Inmóviles, proyectamos las miradas al cielo enaltecido. Sólo el silencio nos comunica una atmósfera cósmica y terrícola. Ella respira, su respiración es tranquila como una miríada de vientecillo escapado de una playa abandonada. Solos, sentados en la banca del parque.
    -Quiero pedirte un beso.
    Se sonríe.
    – Un beso no se pide… se da…
    Y se acerca más sutilmente a mi boca y me da un beso apasionado, caramelo que siento extasiado y danzo con las Perseidas.
    Y ella se embelesa, se alegra más su naturaleza perfumada de hojas y raíces, de tallos y pétalos, de briznas y pelusas colorinas, de pepas y escarlinas, al ver mi cara emocionada con una sonrisa extendida, y al ver caer formas destellantes y cuerpos celestes que en la soledad de las montañas se transforman en siluetas de seres humanos con los poderes telepáticos de los destellos de las estrellas en fiesta.
    Una música exoplanetaria nos alumbra.
    – Quiero otro beso.
    Y ella se sonríe. El Cosmos la transforma en estrella, en supernova, en cometa milenaria, en irrigación de luz estelar que me baña.
    Nuestro amor soporta todas las precipitaciones del Universo.

  26. MIKHA
    Abandoné a mi pobre madre enferma al cuidado de mis hermanas menores. Soy fea de cara, de cuerpo extraño y de costumbres anticuadas. Salí de casa cargando una valija con la ropa y sin un céntimo en el bolsillo de la falda. Y ante mí se mostró un largo y extraño camino. Tiempo ya que intento atravesar la divisoria línea fronteriza entre mi pasado y mi presente, imaginarios países de mi inexorable existencia, cuando por fin logre cruzar esta dolorosa línea seré libre.

  27. Los caballos azules de mi viaje a Aruba
    Aruba es un país insular de los países bajos , y Curazao,
    Aruba se encuentra a 25 kilómetros de la península de Paraguaná, al noroeste de Venezuela, al sur del mar Caribe, al oeste del archipiélago de Los monjes y la península de La Guajira, y al oeste de otro país que, es Curazao.
    Aruba era considerada como una isla inútil hasta que, gracias a los caballos se dieron cuenta de que, con su intercambio se podía ayudar a que la isla se desarrollara.
    En Aruba hay una playa que, se llama Paardenbaai, o playa caballos, esa playa fue un puente natural que, facilito el comercio de los caballos desde que, comenzó la conquista española en América.
    Y una amiga que, vive en San Cristóbal, en el estado Táchira, en Venezuela, me conto sobre los caballos de Aruba, ellos eran rebaños de hasta miles de corceles que, recorrían la isla de Aruba, y su color es azul, para recordar que, salieron de un barco para galopar por las playas de la isla de Aruba, y en cada rincón del pueblo de Aruba hay esculturas de caballos azules.

  28. QUILLO

    El cabeceo del barco, de proa a popa, salpicaba de agua la cubierta y
    hacía peligrosa la estancia en la misma. Acostumbrado a estas situaciones no
    tenía miedo, y no es que me considere un hombre valiente, sencillamente me
    disfrazo de osadía cuando algunas veces surge algún indicio de que puede
    aparecer. El camarote era un lugar inestable por lo que me refugié en una
    esquina de la cubierta para fumar un cigarrillo.

    Y le vi, al pesquero sin luces peleando con las olas, sin máquinas y con
    el mar de fondo era balanceado de una a otra banda entrando agua.
    Todo se hizo con precisión, nos aproximamos a él y lanzamos unas
    escalas por las que resguardados por nosotros, subieron los hombres. Me
    hizo sonreír el comentario de uno de ellos.

    -Quillo pensé que ya no volvería a tomarme un vinito.

  29. Hanoi. Hanoi y un suspiro. Hanoi y una mujer en cuclillas fumando. Su vegetación humana. Sus deformadas calles exquisitas. Hanoi. Lo digo y apenas siento nada. Hanoi y su lava espiritual. Hanoi y sus beatíficos lagos de agua. Cruzo la calle. Las motocicletas como libélulas juguetonas. Hanoi y aquel amargo vestido europeo. Hanoi y su colonial decadencia. Ya no quedan ciudades así. Hanoi. Hanoi y esa musicalidad estúpida. Hanoi y esa melancolía francesa. Salir a cenar y escuchar el sonido de las cigarras como un coro de diosas chillonas.Territorio mítico ya domesticado. Hanoi. Hanoi y mi amor. Hanoi. Yo sí te recuerdo. Hanoi. Una herida antigua. Hanoi. Ya no quedan ciudades así.

  30. Vestía un negro furioso e impenitente. Se acercó y me espetó: ¿Muerte o viaje? Quedé desconcertado. ¿Acaso era una broma?. La miré, bobamente, a los ojos y susurré: ¿Perdone? Ella, con un gesto antiguo abrió sus labios y me escupió de nuevo: ¿Muerte o viaje?. Esta vez me asusté. Un relámpago helado y obsceno recorrió mi cuerpo. Dije despacio: Viaje. Entonces vi el reflejo de una daga. Y ella me dio muerte.

    Javier Castaño Rodríguez (El hombre que viaja).

  31. Era mi regalo de cumpleaños. El destino era una sorpresa. Me había puesto una venda en los ojos. Nos habíamos montado en un coche. Viajamos durante media hora aproximadamente. Luego paramos y escuché unas puertas automáticas y un exagerado murmullo. Sin duda, estábamos en un aeropuerto. Luego caminamos un rato. Diez minutos, diría yo. Nos paramos. Él me dijo: Ahora puedes abrir los ojos. Me quitó la venda. Vi una pantalla que ponía Bangkok. Entonces se arrodilló y me dijo: ¿Quieres casarte conmigo?. Yo contesté, con mucha serenidad: no. Le arrebaté un billete con mi nombre de las manos. Entré en el finger.

    Javier Castaño Rodríguez (El hombre que viaja)

  32. ¿Doctor Livingstone, supongo?

    Subí la cabeza. Era un muchachito blancuzco y arrogante, con voz resolutiva pero unos dientes como los de un burro. Su bigote era tan frondoso como absurdo. Probablemente sabía tanto de viajes como uno de estos tontos negros africanos de literatura. Aunque eso sí, era inglés. Eso seguro. Ese orgullo en la mirada era genuinamente británico. Sé reconocer a un inglés en cuanto le veo. ¿Qué diablos querrá? Valiente estúpido. Seguro que no ha probado un buen coño en toda su vida. ¡Que se vaya a la mierda!.

    Javier Castaño Rodríguez (El hombre que viaja)

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