Microrrelatos 2018

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El formato de microrrelato se adapta perfectamente a la categoría de relatos de viaje, ya que muchas veces una anécdota o historia de viaje tienen tanta o más entidad que el propio viaje en sí.

Al contrario que los relatos a concurso, que tienen que ser enviados por correo electrónico, los microrrelatos se añaden como comentario a esta sección, en la parte inferior de esta página, y, una vez comprobado que se ajusta a las bases en temática y número máximo de palabras, 195, serán validados por el moderador y publicados. Cada participante puede subir un máximo de 5 microrrelatos.

Agradecemos tu interés por participar en el XIII Concurso de Relatos y Microrrelatos de Viaje Moleskin 2018. El período de envío de microrrelatos es el mismo que para los relatos, entre el 1 de febrero y el 31 de mayo de 2018, ambos incluidos.

Añade tus microrrelatos como comentarios en la parte inferior con el nombre con el que quieres aparecer como autor. No aparecerán publicados inmediatamente porque tienen que ser aprobados por el moderador.

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95 comentarios

  1. @#$% me olvide la maleta en el bus —dije.
    Cálmate Eduardo solo hay que llamar a la empresa de buses y te la devuelven.
    Tras hacer la llamada Fernanda me dijo que debía ir a la estación central y recogerla allí.
    Esa estación está a 4 horas en tren @#$% —respondí.

    10 horas después.
    Gracias José por acompañarme estoy realmente cansado y me muero de ganas de usar el baño —le dije a mi amigo.
    Yo también —contestó José.
    Nos bajamos del taxi y sin mirar atrás cada quien fue de inmediato a su habitación.

    ¿Eduardo y tu maleta? —preguntaron mis amigos durante la cena.
    José y yo nos vimos por un instante— Se quedó en el taxi —respondimos.

    Basada en una historia real

  2. — ¡He entrenado todos estos años para poner fin a tu reinado de terror! —Exclamó mientras hacía acopio de todas sus fuerzas y se abalanzaba, espada en alto, contra el hechicero maligno.
    La espada mágica desvío el rayo del enemigo y posteriormente se hundió en el pecho de aquel que había dominado con mano de acero por tantos años.
    —Ahora te quitare tus poderes —Le dijo el joven héroe al miserable moribundo, mientras iniciaba con el intricando ritual que le habían enseñado los sabios— ¡Seré un mejor gobernante que tú, traeré paz y prosperidad para todos!
    “Que horrible era mi cuerpo” —pensó el hechicero al ver su cuerpo desde arriba.
    —Ahora muere miserable —susurro el agonizante héroe al instante que se daba cuenta que habían intercambiado cuerpos.

  3. TÍTULO: La Travesía inicia

    Estaba caminando por el aeropuerto a toda prisa —el vuelo partía en 10 minutos— y no lograba encontrar la puerta de embarque.

    —Atención pasajeros del vuelo VTE-12 con destino a Sotavento favor de dirigirse a la puerta 23-D —dijo repentinamente la omnipresente voz de una empleada aburrida con su trabajo.

    Un improperio se quedó atorado en su garganta, había acabo de pasar esa puerta hacía nada.

    Regreso sobre sus pasos, se juntó con el resto de pasajeros que estaban llegando, hizo la cola.

    “Vaya giro del destino, las cosas empezaban a mejorar” —pensó.

    —Su vuelo es el BTE-12, nosotros somos Vuelos Transnacionales Españoles no Boeing Transcontinental Enterprise —le comunico la empleada de la aerolínea.

    Travesía cancelada.

  4. Estaba tan emocionado, hoy finalmente iniciaría su travesía.
    Era increíble que hasta hace solo un par de meses estuviese en el colegio, pero hoy era un universitario.
    Salió apresurado de su casa, se subió a su moto y condujo como si “se lo llevara el diablo”.
    Esquivo ciclistas… Zum Zum
    Apareció una anciana… giro a la derecha… Fshhhhh
    Luz roja… Un camión… Sirena en la lejanía Wiu Wiu

    —Temía llegar tarde —dijo el muchacho.

    —Nadie llega tarde, todos llegan a tiempo —contestó San Pedro.

  5. DESTINO PEKÍN
    Cada primavera, unos viajeros alados, impertinentes y escandalosos, llegan de África a nuestro país: son los vencejos. Como no pueden posarse en el suelo por tener las patas cortas y las alas demasiado grandes, se introducen en plan ‘okupa’ en el tambucho de una de las ventanas de mi piso.
    Salvo los momentos en que desaparecen para buscar insectos, no cesan de chirriar cuando vuelven al nido que han construido. No me dejan dormir, y cuando me vence el cansancio tengo pesadillas.
    En una de ellas soñé que viajaba a China y que me llevaban en palanquín por las calles de Pekín. No era un paseo de placer; acababa de producirse el Levantamiento de los Bóxers (boxeadores) contra la presencia extranjera en junio de 1900. Los porteadores tenían prisa y corrían como desesperados; pero no conseguíamos alcanzar el Barrio de las Delegaciones para refugiarnos en alguna de las embajadas.
    Fue angustioso. Nos sitiaron durante dos meses. Sufrimos la falta de alimentos, de agua y de luz.
    ¿De luz? Me desperté, sobresaltado. Se me había olvidado que acababa el plazo para pagar el recibo de la electricidad.
    J. MARTÍN ALCAID

  6. EL DESPISTE
    Nunca imaginé que mi pareja y yo haríamos un viaje a causa de un olvido ajeno.
    Ocurrió un sábado. Habíamos ido al hipermercado para efectuar diversas compras, pese a que no me gusta hacerlo el fin de semana porque hay mucho público.
    –¡Qué fastidio! Con la bulla me he olvidado de comprar las piñas –se quejó Maite mientras colocaba la compra en el maletero del coche.
    Le quité importancia al asunto y llevé el carro junto a los demás; pero no pude engancharlo al último porque me lo impedía una bolsa llena de cosas. Refunfuñé, pensaba que sería basura dejada por algún cliente poco cívico. Finalmente, la curiosidad se impuso y la abrí; descubrí una serie de productos nuevos y…dos piñas procedentes de Costa Rica.
    En la etiqueta que colgaba de las hojas se invitaba a participar en un concurso premiado con una estancia de una semana en el citado país. Maite, ilusionada, se registró..
    Un buen día, nos comunicaron que habíamos sido los agraciados con el viaje.Así pudimos conocer un país de parques nacionales, volcanes, playas tropicales, simpáticas ranas verdes de ojos rojos y pupila vertical y, lógicamente, campos de ananas.
    J. MARTÍN ALCAID

  7. Y volvió luego de veinte años. Subió a la montaña más alta, a su lugar feliz, a ese cerro que adorna su hogar al otro lado del planeta. Y desde allí contempló la ciudad, inofensiva e inocua. Casi inocente. Casi bendita. Tal como se lo aconsejaron, antes de que cayera la noche emprendió el camino de vuelta. Y se dejó devorar por la violenta vorágine de Caracas, la de verdad.

  8. Final Infeliz.

    Salió de casa sin saber a donde ir. En la parada de autobús tomó el primero que pasó, y se bajó en la última parada, en la estación de tren. Subió al primer tren que salía, sin conocer su destino, y cuando varias horas después el tren se paró en la estación Terminus descendió, siguió el sonido y el olor a yodo del oceáno que se adivinaba cercano, y allí, frente a su inmensidad, se sintió por primera vez en mucho tiempo en su sitio, y al ver su reflejo en el agua que acariciaba la arena, decidió convertirse en océano.

  9. Final Feliz.

    Salió de casa sin saber a donde ir. En la parada de autobús tomó el primero que pasó, y se bajó en la última parada, en la estación de tren. Subió al primer tren que salía, sin conocer su destino, y cuando varias horas después el tren se paró en la estación Terminus descendió, siguió el sonido y el olor a yodo del oceáno que se adivinaba cercano, y allí, frente a su inmensidad, se sintió por primera vez en mucho tiempo en su sitio, y al ver su reflejo en el agua que acariciaba la arena, se encontró a si mismo

  10. Yo quería ver nuevos paisajes, descubrir nuevas ciudades, explorar nuevos mundos. Pero cuando llegué, nada nuevo. Ya lo había visto en el 36, en Alemania, en Sudáfrica… La misma pesadilla que se volvía a repetir una y otra vez. Ciudades tristes donde la felicidad se iba con los muertos que dejaban la sintonía de los fusiles. Una franja donde se producía las cosas más inciviles. Niños que dejaban de serlo cuando la metralla atravesaba su piel.

    ¿Y todo para qué? Pregunté un día a un local.

    Para que unos años después digamos: “Dios santo, cómo fuimos capaces de hacer cosas tan inhumanas.”

    Pero entonces será demasiado tarde, nadie nos devolverá las vidas robadas de la forma más absurda posible.

  11. Para soportar la soledad aterradora de aquel lugar, el agente viajero compró en la ciudad un transistor de pilas de dos bandas que le sirviera de compañía en las noches largas, azotadas por cigarras y cocuyos. La primera semana de su estadía en la selva, el transistor no agarró ninguna emisora. A los sesenta días que viajo a la ciudad, trajo un radio de cuatro bandas y tampoco funcionó. Igual aconteció al cuarto mes siguiente con un aparato más grande, y seis meses después pasó lo mismo con otro equipo que le regaló el abuelo, el cual en sus buenos tiempos captaba los discursos del caudillo.
    En el transcurso de los días observó a un loco con un gran radio, que llevaba encima de sus hombros, y pensó que esa era la solución para amainar el silencio. Le propuso compra, pero el demente no hizo caso. Indagó sobre aquel extraño personaje, y le respondieron que era el ultimo agente viajero en llegar antes de él.
    Esta mañana, en el escritorio del gerente depositaron la carta de renuncia enviada desde la selva.

  12. Sus padres la entregaron al jefe del aserradero, con el fin de salvarla de la peste de tuberculosis que diezmaba a la población infantil en la selva. Los árboles se agotaron, la empresa maderera trasladó sus equipos a otro lugar muy distante. Nadie supo cuándo ni a dónde viajaron con la niña.
    Hablaba lenguaje ininteligible, y solo se hacía entender con señas. Comenzó para la joven el tortuoso viaje de conocer un mundo raro y costumbres diferentes. De su memoria se borraron las imágenes de la familia y del sitio que la habían sacado. Nunca preguntó nada.
    El hogar adoptivo acabó porque murieron los padres, y cada hijo tomó su camino. Solitaria en la vida, se trasladó a otro pueblo, y amasó cierta fortuna vendiendo pescado en el mercado.
    El día que llegó la canoa a vender sus productos a la galería del puerto, desembarcó un anciano, la observó, y el corazón le dijo algo. De regreso, en la canoa, viajó alguien en búsqueda del tiempo perdido.

  13. Al buque que viajaba hacia el Mediterraneo lo atrapa una fuerte mareta. El agua empieza a entrar por el casco averiado de la nave. El Capitán da la orden de desalojar. Todos cogen sus chalecos salvavidas y se embarcan en los botes auxiliares. Pregunta el Capitán al Suboficial si toda la tripulación y los pasajeros abandonaron la embarcación. El Suboficial corre presuroso a chequear si no hay nadie más en cubierta. Para su asombro, encuentra a un abogado. Regresa donde el Capitán, y le informa que el jurista no saltará al mar, hasta que la orden de desalojo no venga por escrito.

  14. En mi viaje a la Habana, la tormenta tropical atrapó la aeronave. Moría de ganas por conocer la isla. Ahora, sentado en el bar La Bodeguita del Medio, escucho comentarios de un par de turistas extranjeros sobre el accidente aéreo sucedido esta mañana en el mar Caribe, del cual, no se salvó ningún pasajero. Asustado, salgo del lugar. Me asombro al pensar que mi alma voló más rápido que mi cuerpo.

  15. La pareja de enamorados se iba a separar para siempre, ella viajaba a estudiar al exterior. El novio, enloquecido arrancó las manecillas de todos los relojes del puerto para vivir de manera eterna la despedida. Hoy los habitantes sufren una rutina perenne, nada sucede, todo es igual: el tiempo se detuvo.

  16. Habitación compartida

    Siempre que se va de viaje pide habitación para dos, por si un día él aparece. Cree que el destino no está señalado ni en los mapas ni en los libros de rutas temáticas.
    Y es que hay rumbos cambiantes; tantos, como medidas de colchones.

  17. Regalo de despedida

    ©Raquel Otheguy

    Juntos habíamos descubierto nuevas tierras, explorado costumbres ajenas y admirado paisajes desconocidos con un grupo de turistas que, como nosotros, andaban descubriendo el viejo mundo. Ocasionalmente nuestras miradas se cruzaban y el aire se llenaba de chispitas multicolores. Hablábamos cuando coincidíamos en asientos cercanos sin pasar nunca de las palabras gastadas y los datos manoseados de nombre, ocupación y lugar de procedencia, pero en nuestros silencios comenzaban a sonar las primeras notas de una apasionada sinfonía. Entonces el viaje terminó.
    Llegó la hora del adiós colectivo de besos y abrazos a los nuevos amigos que regresaban a casa mientras yo me quedaba a visitar familiares. Ya estaban todos acomodados en la guagua. Desde la acera movía mi mano en señal de despedida cuando, sin que apenas me diera cuenta, él se bajó del autobús, me dio un beso y se subió de nuevo al autobús llevándose mi corazón como regalo de despedida.
    Llevo muchos años buscándolo por todos los caminos y empiezo a preguntarme si de verdad existió o fue sólo una ilusión.

  18. Caricia
    ©Raquel Otheguy

    Su brazo trepándose por mis hombros cuando todavía yo me elevaba algunas pulgadas sobre su cabeza, en ese gesto de protección y confianza; en ese abrazo que amarraba mi vida a la suya, mientras yo a mi vez enredaba mi brazo con el de él, afianzando y apretando el nudo.

    Ese es el recuerdo que evoco cuando necesito sentirme protegida y oigo su vocecita prometerme que siempre me cuidaría. Desafortunadamente el siempre de los niños no siempre dura siempre y la distancia se encargó de desenredar nuestros brazos e intentar zafar el apretado nudo amarrado en la infancia, estirándolo por sobre el océano que separa mi islita pequeña de su ciudad grande. Pero él, viejo Mago de Palabras, fabrica con ellas puentes para correr a protegerme con palabras hechas caricias cada vez que necesito su abrazo.

  19. Caricia
    ©Raquel Otheguy

    Su brazo trepándose por mis hombros cuando todavía yo me elevaba algunas pulgadas sobre su cabeza, en ese gesto de protección y confianza; en ese abrazo que amarraba mi vida a la suya, mientras yo a mi vez enredaba mi brazo con el de él, afianzando y apretando el nudo.

    Ese es el recuerdo que evoco cuando necesito sentirme protegida y oigo su vocecita prometerme que siempre me cuidaría. Desafortunadamente el siempre de los niños no siempre dura siempre y la distancia se encargó de desenredar nuestros brazos e intentar zafar el apretado nudo amarrado en la infancia, estirándolo por sobre el océano que separa mi islita pequeña de su ciudad grande. Pero él, viejo Mago de Palabras, fabrica con ellas puentes para correr a protegerme con palabras hechas caricias cada vez que necesito su abrazo.

    Raquel Otheguy

  20. Sidney
    El jet lag me mata. Es como vivir en un mundo gelatinoso de deja vú permanente.
    Salgo a tomar aire al populoso centro de Chatswood y en plena Victoria Street me fundo con la multitud.
    Camino entre gente apurada con sus compras y me llama la atención un payaso callejero de expresión angustiada. No parece estar actuando. Lleva de la mano a una niña vestida con un suéter azul y negro. Caminan en contra del gentío en mi dirección.
    No puedo dejar de mirarlos. La niña no para de balbucir.
    Cuando llegan a mi lado el payaso me interpela con desesperación:
    —¿Conoce a P. Sherman de la calle Wallaby número 42?
    Niego enérgicamente y salgo disparado a encerrarme en mi cuarto del hotel.
    Ortiga.

  21. El Viaje del Adolescente

    No sé por dónde viaja su mente porque delante hay un muro. No sé bien que quiere porque nadie lo sabe, ni siquiera él. No le gusta lo que tiene porque siempre hay algo mejor que no tiene. Que mala suerte la suya y que buena la de los otros.

    Llevo viajando con él desde que nació, diecisiete años de viaje por la vida y un número aún mayor de países por Europa, por África, por América y por Asia. A veces dudo si el camino ha sido el correcto, pero creo que hubiera dado igual el elegido, la adolescencia era su destino y aunque sé que pasará, aquí está.

    Tengo grandes esperanzas puestas en él porque hace un tiempo empezó a quejarse como tantas veces, de nada en concreto y de todo, pero de repente hizo una pausa y dijo… “pero bueno, yo a cambio conozco muchos sitios” y sonrió.

  22. Se sienta en el bus mientras arruga el comprobante de pago y lo guarda en el bolsillo. Saca los audífonos los conecta al móvil y a sus oídos, y pone a sonar un playlist. Acomoda la cartera sobre sus rodillas y mira rápidamente alrededor. Encuentra solo rostros desconocidos de compañeros de ruta, y desvía rápidamente la mirada. Nadie sonríe. Mira por la ventana a su izquierda, y en cuanto empiezan a moverse las ruedas, echa un vistazo al reloj: exactamente cinco para las ocho. Sonríe en silencio. Afuera llueve y apenas comienza a amanecer. Cerca alguien bosteza. Un par de mujeres con acento dominicano conversan. Nadie mira hacia afuera. Para todos este es solo un día más, parte de la rutina. Se aburren de mirar siempre lo mismo y prefieren viajar en las pantallas. Ella no se aburre. Hoy comienza la libertad que había tanto había soñado. Una lágrima se le descuelga del ojo derecho, y mientras el autobús enfila hacia la carretera saliendo de la ciudad, ella oculta su secreto en una servilleta de papel estrujada. Algunas veces los viajes más cortos son justamente los que nos llevan más lejos.

  23. No tan lejos

    Una suave brisa marina acarició su reseca piel y ella no pudo evitar sonreír con la dulzura propia de los niños pequeños. No le importó que su cabello pintara ya algunas canas; al verse rodeado de tanta belleza natural,su cansado espíritu se sintió jovial de nueva cuenta. Esta vez, no necesitó irse al otro lado del mundo durante largos meses para escaparse por un rato de sus demonios. Cerca de casa encontró la paz con la que su corazón soñó durante tantos años.

  24. Era una noche oscura. La nave se deslizaba silenciosa en las aguas calmas del océano cuando de pronto un rayo luminoso surgió desde el horizonte.No fue fácil comprender lo que estaba sucediendo.Las aguas parecieron abrirse y un monstruo de siete cabezas se elevó por el aire tras el rayo de luz. Fue solo un instante , un segundo. Los ojos desorbitados de Clemente ,que estaba poseido porMireya el placer de la soledad marina,no pudieron medir lo sucedido.Solo él lo vio.¿Quién iba a creerlo cuando lo contará? Y prefirió callarlo sumergiéndose en las aguas tras aqiel ser misterioso.

  25. Valia

    —Mañana sí gano mi apuesta. —Con esa frase se despidió Valia por la noche.
    Al otro día comenzaría el descenso, que ya era el final de la excursión, y ella me prometió llegar primero que todos, pero no tuvo en cuenta que otros también lo habían apostado, y que estaban mejor preparados para conseguirlo.
    Salimos todavía oscuro, pero Valia podía ver, mirando hacia abajo, como algunos se alejaban por el estrecho y empinado sendero de la loma.
    Al mismo tiempo me miraba, casi convencida de que perdería su apuesta; pero ella no tuvo en cuenta el pedrusco que se atravesó en su camino y que la hizo llegar primero…, al hospital y dejar la apuesta sin ganador.

  26. Canarias-Madrid 1973

    ” Si utilizas veladuras, ganarás la luz -había dicho el profesor. Su destreza destripando cuerpos en la pizarra, hacía que no diéramos abasto con el lápiz y la goma ,con los colores y el papel. ” Da igual”- suspiré resignado observando mis raquíticos diseños al final de la clase.El Instituto de Educación Física de Madrid, reunía a los mejores profesores ,y yo, afanado con estar a la altura del resto , sudaba.
    Al entrar en la papelería de la Gran Vía, sólo pensaba en aquella clase de Anatomía y en lo escaso de mi material de dibujo. Me dirigí al mostrador y le pedí al encargado unos creyones, éste me miró con cara de estupor y entonces le señalé una cajita bajo el cristal. ” dirá usted unos lápices de colores…” me corrigió algo contrariado. “Ah..- añadí, pensando en mi tarea – “también me da un afilador”. ” Dirá usted un sacapuntas”- me corrigió. Recuerdo salir sudoroso ,camino de la parada del 46 hacia la Ciudad Universitaria, al tiempo que pensaba: ” La Anatomía no va a ser mi único problema aquí “.

  27. Ella
    Ya era de noche. Llevaba tiempo esperando que llegara ese día. Por fin las estrellas se colocaron en la posición que ella necesitaba. Entonces se emocionó. Apuntó con su dedo a una de ellas, y dijo: “cuando me necesites mira siempre a esa estrella. Es la mía y está esperando por mí. Desde allí, siempre te apoyaré y estaré contigo para lo que necesites”. Acabábamos de salir de la clínica, donde un médico joven y alto, le preguntó si quería conocer la verdad. Ella contestó que sí. El facultativo le explicó que tenía un cáncer terminal. Ella solo preguntó que si el pelo se le iba a caer. El galeno le contestó que no. Que no podían darle quimioterapia. Ella sonrió y contestó: “menos mal. Mi pelito”.
    A los pocos meses se fue para no volver. Desde entonces, en las noches de insomnio salgo al balcón y hablo con su estrella. Eligió la que menos brilla de esa constelación, en consonancia con su forma de ser, para pasar desapercibida. A veces me cuesta verla en la noche por lo pequeña que es. Por el día su grandeza la llevo en mi corazón.

  28. Herencia de mi mamá, que tenía alma de navegante, siempre que hay un faro en el camino me hago el tiempo para visitarlo. Pensados para los capitanes de los barcos, estas moles vigilan lugares sublimes y regalan una sensación de pura libertad y aventura.
    Con el tiempo he logrado atesorar una interesante colección de faros, todos bellos. Pero creo que va camino al podio el Faro de Caldera, en Atacama, Chile. Fue construido con madera de Oregon hace 150 años, y está impecable.
    Hay que caminar un poco para llegar. Pero vale la pena. Mi paparazzi personal me agarró justo en acción. Si yo fuera el gerente de la compañía telefónica Claro, me contrataría para hacer la publicidad de su compañía con esa imagen en la que estoy chateando con mis amigas sentada en la punta de la roca. Sin Wifi y con mi paquete de datos de Argentina..! 😎

  29. Visitar la ciudad boliviana de Sucre es redescubrir a Juana Azurduy. En una época en que las mujeres vivían hasta los 35, ella murió a los 82 años. Y no será porque haya tenido una vida tranquila. El feminismo ya tenía sus espadas.
    Con su marido Juan Asencio Padilla se sumaron a la lucha libertaria. Ella usaba el sable con actitud.
    A Padilla lo mataron y colgaron su cabeza en una plaza cuando Juana esperaba su quinto hijo y había enterrado a los otros cuatro. Lloró mucho, pero se cruzó a Salta para colaborar en el ejército de Güemes. Murió pobre en 1860 y la enterraron en una fosa común. Más de 100 años después, sus restos y los de su esposo se juntaron en la Casa de la Libertad, en Sucre.
    Lo único que logra el encierro es alimentar la libertad. A los 17 años, huérfana, rebelde, Juana había sido internada por su tía en el Convento de Santa Teresa, donde pasaba el día en una celda. Duró ocho meses.
    El convento alberga hoy a 12 monjas de clausura (una tiene 15 años) y parte del edificio se habilitó como museo.

  30. ¿Me quieren tener contenta? Déjenme en un mercado con una botellita de agua y pasen por mí dentro de cuatro horas. Seguro que cuando vuelvan me habré entretenido con algo más y me tendrán que esperar diez minutos.
    En La Paz, Bolivia, hay varios sitios para perder la cabeza. Uno es la Calle de las Brujas donde las mesas están llenas de miniaturas de la cultura andina, hierbas, pócimas, amuletos, raíces, figuritas, flores.
    “La llama es un animal sagrado, señorita. Y se lo ofrecemos a la Madre Tierra, hay que enterrarlo para que proteja las casas”, dice la mujer cuando nos ve mirando con cierta desconfianza los fetos disecados que cuelgan a la entrada. Hay otros fetos de llama bien pequeños amontonados en una bandeja. Parecen pajaritos. Valen 40 bolivianos, poco más de 5 dólares.
    Animal sagrado, compañero fiel de las alturas, incansable para el transporte, estoico para la carga. La llama. Abrigo, alimento. Siglos de convivencia.

  31. Estar en Cosquín y no pasar por la Confitería Europea es como no haber venido. Si las ciudades se definen por sus lugares de encuentro, ahí se cocina una buena porción de la identidad coscoína… la más deliciosa.
    “Con 105 años de historia, es una satisfacción verlo siempre con gente”, dice Jorge Castro, tercera generación detrás del mostrador, donde también están su hija y su nieto.
    En las mesas que alguna vez ocuparon Mercedes Sosa y César Isella, Charly García o Calamaro, ahora hay realizadores, actores, montajistas, críticos, productores, estudiantes y amantes del cine. El Festival Internacional de Cine Independiente está a full, y entre película y película, todos recalan ahí.
    Mi favorita, la rosca con pasta de almendras con un té de manzanilla. 60 pesitos. Nada.

  32. No era parte del plan en Chile, pero estando tan cerca nos ganó la curiosidad y fuimos a la célebre Mina San José, la que tuvo al mundo en vilo en 2010 cuando se derrumbó y sepultó a “Los 33″. Desde Copiapó hay que andar 60 kilómetros por el desierto, surcando un mar de dunas que inventa paisajes en cada curva.
    Todo es bello, pero yermo, incompatible con la vida. No hay huellas de la mano del hombre, salvo por las grutas y los altares al costado del camino, o los carteles que anuncian desvíos hacia Mina Bellavista, Mina Carmen, Mina Galleguillo, Mina Adrianita. Un mundo late abajo nuestro aunque no lo veamos.
    Ahí donde durante 70 días se montó el Campamento Esperanza de los familiares, hoy hay un centro de interpretación. Los tours te llevan por 20 dólares, pero llegás en auto, en silencio, pagás una entrada a voluntad y dejas tu nombre en un registro de visitantes.
    Te recibe Jorge Galleguillos, uno de “Los 33”, y es un viaje hablar con él pensando que estuvo dos meses a 700 metros del suelo. Y te vas en silencio, peor que cuando llegaste…

  33. EL ESCRITOR
    Pensé que me iba a gustar, pero me gustó más de lo que había pensado.
    Una noche viendo la tele, apareció de repente una persona de esas que has soñado, pero que no has vivido, o que si has vivido, pero no tanto. Creo que a la segunda frase yo ya estaba llorando. Me cautivaron de entrada sus palabras y sus números y poco a poco me fue envolviendo todo lo suyo, porque dejó al descubierto su alma grandiosa y humilde.
    Al día siguiente, nada más levantarme, tuve un objetivo claro: conseguir un libro del “Rey del lenguaje numérico” y “vendedor de almas”, pero…horror, no pudo ser.
    Pasaron meses en los que seguía intentándolo, pero nada. Un día cualquiera que no cualquier día, llegué al trabajo y allí estaba(tengo que decir por una amiga que me lo consiguió). Mi libro firmado y dedicado por el que se metió una noche en mi casa y con dos frases me hizo llorar. Ahora invadió mi mesa de noche y, sin él saberlo, duermo con él.
    Me dijo: “porque el Universo entero está hecho para ser vivido por tí”. ¡ Por MÍ! . ¡ Aleluya!.

  34. Los cinco
    “Total -recuerdo que dije- estamos tan poco tiempo por aquí, que no vale la pena ponernos sensibleros “. Y el hecho es que a nuestro amigo Juan le había atropellado un autobús en la calle principal el día anterior. Después del entierro quedamos en reunirnos para hablar, pues hacia tiempo que no nos veíamos, casi desde el viaje que organizó ,precisamente él,a Martinica. Pedro comentó algo sobre una posible depresión, problemas de dinero y cuestiones de tipo sentimental. Andrés le pareció estúpida aquella muerte en la parada de Correos y David, ay David, siempre aprovechaba nuestros encuentros para liarse un porro. ¡ Vaya un grupo! dijo Marcos de repente, ¡Seguro que Juan se revuelve en su tumba camino de un mejor viaje!. También yo pensé que nuestro grupo, antes de cinco y ahora de cuatro, no tenía sentido, ni antes con él , ni ahora sin él. Nos despedimos , después de alguna calada al porro de David, y quedamos para más adelante sin fijar fecha ni objetivo. “ El grupo está muerto”, pensé cuando caminaba calle abajo. Somos seres vacíos que caminamos sin rumbo.

  35. No sé por qué se me presentó un futuro así. No me lo explico, lo prometo por el ardiente cielo azul y las campanas que no dejan de sonar, y son mi sonido preferido después del canto de los pájaros.
    Desde la costa, deseaba acercarme hasta la manifestación de Madrid contra la reforma laboral. Quedarme cambio mi estrella. Encontré, no casualmente, a Carolina; antaño número uno en mi vida, y promoción; portaba un currículum de abogado.
    -Si no me falla la memoria-, dijo- tú no has tramitado ni ganado, estos últimos meses, seis nuevos casos aplicando las leyes ómnibus y las paraguas.
    – Por supuesto que no, contesté, estoy en periodo convulso de desempleo.
    – ¡Esto es buenísimo! pero increíble; mira aquí.-Coinciden tus apellidos, edad, nombre y dirección; aunque… perdóname… cualquier parecido con tu currículo; ¡pura coincidencia! Desde recursos humanos me notificaron “Avisa a este cerebro” ¡A ti! “Mañana mismo debe prestarnos sus servicios, con buen contrato y sueldo”.
    -Juro ante Dios que defenderé vuestros intereses a muerte. Prefiero ser impostor que parado u opositor.

  36. Me dio por “delinquir”, así lo llaman las leyes, falsificando licencias de taxis, de cazador, para poner ratoneras en comunidades de vecinos, lotería, y vender en El Rastro falsa arena de las lindes del Mar Muerto. Estaría entre rejas si este bufete no me diera esta oportunidad, y me aclarara que uno no puede hacer lo que le viene en gana. Y lo mejor de todo: no estoy aquí por propia voluntad, no se confundan, no cobro honorarios y todos me ordenan.
    Mi trabajo es investigar infidelidades y captar clientes, así expió mis errores, aprendo rápido y poco a poco; parece que voy cogiendo otro rumbo.
    Últimamente me da por pensar en los años que me restan de vida, serán bastantes, tengo diecinueve, y qué hago con ellos. Como me han pillado de buenas voy a matricularme en Derecho. No para tener más renombre que mis jefes, Dios me libre, aunque los imito de vez en cuando.
    La gente con intención de cambiar no nos asustamos, seguimos adelante. Gracias a La Ley, algún día tendremos ocasión de conocernos en alguna ciudad de España.

  37. Toda la historia empezó con un maldito café. Pero no por ello era una nueva historia para ella. Hubo otras historias anteriores, que no empezaron con un café, pero terminaron de forma similar a ésta.
    Pero todo pasa por algo y ese maldito café hizo revivir en ella cosas que mejor hubieran quedado en aquel lugar recóndito de la memoria que aunque busques, nunca encuentras. .. Ese café, que ella no tomó, trajo a su presente muchas vivencias que no quería recordar.
    Y le prometió, o no, pero ella así lo sintió, que solo sería un café, y que como máximo seria media hora. Aquel café maldito de la media hora rompió su historia de amor.

  38. De repente vio la luz. Se dio cuenta que cuanto la rodeaba era producto de su mente. Nadie era verdad. ¿Cómo podía haber nacido, crecido y vivido en ese estado idílico que ella misma se había inventado?. Ahora ya no comprendía nada. Fue el despertarse un día cualquiera y tomar conciencia de la cruda realidad. Inventó personas, almas, falsos quereres y corazones inexistentes. Creo que me dijo que lo hacía para poder sobrevivir. Ahora vive sola en su castillo infranqueable.

  39. La fiesta
    Mientras sus hijos desayunen mañana leche aguada, ella recogerá la loza. Ahora, antes de acostarse, coloca sobre el mantel unas migas de pan, celosamente guardadas, las cascaras de algunas naranjas sobre un plato de postre, puestas siempre en remojo para evitarles perder su humedad; algunos huesos de muslo de pollo, de la última sopa, en los platos llanos; y unos envases sucios de yogur de macedonia. Mañana se afanará en comentar las excelencias de la cena de aniversario y el punto perfecto de cocción de la carne, y añadirá sonriéndoles:
    -Como os fuisteis pronto a la cama no probasteis nada, y el muslo os hubiera gustado; pero qué lástima, se me olvidó guardar lo que quedó y se lo ha comido el perro-.
    Luego, mientras los chicos en el colegio, saldrá con el perrillo juguetón a los pueblos de al lado, se quedará largo rato sentada en una esquina con lágrimas en los ojos y un plato delante; el animal girará sus patas hasta hacer sonar las campanillas del collar, y todo saldrá redondo porque por allí la creen ciega.

  40. El jardín
    Las habitaciones de esta casa desmantelada, dicen, pueden valer. Y es verdad. Nosotros subimos a las plantas de arriba aunque se muevan las baldosas, eso sí; bajamos las escaleras con cuidado porque se nos hunden los pies en ellas. Mamá recomienda paciencia y no quedarse mucho rato parados; eso hago yo. Manifiesta entre dientes que no cambiemos de posición de forma brusca ni hagamos giros rápidos con el cuerpo, que nunca se sabe.
    A veces nos visita gente que quiere verla, les suceden cosas raras. Algunos sugieren buscar en otro lugar, otros insisten en acondicionarla; les llama mucho la atención el jardín por lo soleado. En él las hojas crecen rápido, y muy verdes.
    Mi hermano, de joven, tenía su secreto; apenas las cuidaba y crecían, y crecían. Nosotros ya estamos acostumbrados a estar aquí solos, y no nos gusta que las cultiven; ni ese olor que desprenden, ni el trabajo que dan secas.

  41. DIVAGACIÓN AMOROSA Y ERÓTICA DE UN ESCALADOR.
    Te amo. Aunque lo nuestro fue un amor comercial, porque pagué por tus servicios, como los encantos de burdel de Maruja la Cachonda en la canción de Sabina. Te quise hace veintitrés años, entre todas aquellas que se mostraban en una tienda de montaña de Cangas de Onís. Por tus colores. Porque consigues que resista las insinuaciones de los nuevos modelos que lucen atrevidas figuras que dejan penetrar los dedos con total libertad, mientras tu y yo sentimos nuestro roce con intimidad. Porque todavía conservas ese aire retro en un mundo de diseño.
    Colgados el uno por el otro como canta Ramazzotti. Porque eres tú. Solo tú.
    Porque me devuelves todos los polvos que te meto para secar mi mano sudorosa de miedo y de pasión.
    Si tu caes, yo caigo contigo.
    Mi querida bolsa de magnesio.

  42. Una Montaña Azul

    No se si fue un sueño con pedazos de lugares que visite… un sueño fue porque me desperté y no había nadie… estaba en mi cama… pero no podía definir si esos paisajes eran conocidos o inventados por completo, soy conciente que una montaña azul no existe, pero porque me resulta familiar.

    ¿Los lugares serán como los sueños? no son conocidos para nosotros cuando vamos por primera vez pero todo lo podemos relacionar con pedazos de nuestras vidas. Recuerdo que a una montaña azul nunca fui, pero una vez si fui al sur de mi país y no podía creer que el océano sea tan azul. Tal vez en mi sueño relacione una montaña de fantasía que nunca visite y un océano azul que pude contemplar.

    Es increíble pensar que una sola vez se sepa en verdad como es un lugar, porque si uno se lo pone a pensar, el recuerdo del viaje es solo eso, un recuerdo, nunca es tan real como uno lo ve. Será por eso también que dudo si no habré visto una montaña azul.

    Yalis

  43. “Que carnaval más aburrido”
    De tierras calientes, de historia de carnavales, no se entiende que el único motivo de evaluación sea el disfraz de la edad media.
    Con esta reflexión comienza a ver el carnaval en un rincón de Europa, años de carnavales calientes hacen que Ximena no entienda y comparta nada de lo que esta viendo ese febrero en Europa. Sinceramente a nosotros nos resultaba aburrido también, eran interesantes los trajes, pero nada más, y tampoco sentíamos la necesidad de criticarlo tanto como Ximena.
    Sin querer Ximena termina exponiendo la verdadera razón por el cual no le gusta ese carnaval, simplemente no lo conoce, por eso no lo entiende. En sus ojos, decepcionada se podía ver el miedo. Tal vez todos vimos su miedo y por eso nadie dijo “Ximena cállate”.
    Ximena estaba tan lejos de casa, todo un continente entero. No estaban sus amigos bailando, no estaba su familia cantando, no había ritual que los uniera. Para ella era todo tan disperso y sin sentido. Pensar que la identidad es lo que nos define, tal vez por eso todos nosotros lo pensamos y nadie se animó a decirlo “que carnaval más aburrido”
    Yalis

  44. LEJOS DEL HOGAR
    En una calle de la ciudad plantaron al pino. Su hogar estaba muy lejos, en el Moncayo. Desde la ciudad se divisaban sus cumbres nevadas. Sin embargo, su visión no consoló al pino.
    Unos gorriones, al verlo tan triste, hicieron sus nidos en sus ramas para hacerle compañía. Se habían criado en la ciudad y no conocían la montaña, de la que el pino hablaba con tanto entusiasmo, y se extasiaron escuchándolo. El pino les habló también de la música que la brisa producía al pasar entre las hojas de los árboles, de las flores silvestres, de las puestas de sol y de los gorjeos de las distintas aves.
    Pero a pesar de contar con la amistad de los gorriones, el pino, día a día, se fue deteriorando hasta que un día se secó por completo.
    Unos hombres lo cortaron y se lo llevaron en un camión.
    Ese mismo día, los gorriones se marcharon de la ciudad para siempre, volando en dirección a las cumbres nevadas del Moncayo.

  45. LUCIA ALCAZAR LARA
    AYER, HOY Y MAÑANA
    El torreón, lo único que quedaba del castillo, emergía del peñón como si naciera de él. Allí, en lo alto, con el pueblo a sus píes, parecía un gigante solitario que se resistía a morir. Su figura esbelta, con un pasado turbulento, se había convertido en un reclamo turístico. Unos metros más abajo, en un repecho de la ladera, estaba el cementerio. En estas tierras, que ahora cobijaban a los muertos, antaño lucharon cristianos contra moros, disputándose la atalaya. El torreón se levantaba en terreno abonado por los muertos de ayer, hoy y mañana, luchando por sobrevivir en medio de la inmensidad del paisaje llano, con las lejanas montañas limitando el horizonte. La belleza de sus piedras había vencido a pesar de la sangre derramada de tantas personas y a pesar del tiempo trascurrido.

  46. Pompeya
    Y el tiempo se detuvo. Dejó que las piedras quedaran de mudo testigo para la posteridad. Le confió sus historias y leyendas, entre sus pasos de piedra y sus estancias , repletas de tesoros,ansiosas de volver a la vida.

  47. Helgoland

    La isla en mi mente. El catamarán desde el muelle de Hamburgo, a través del Elba, hasta el atlántico Norte.Apareció de repente, entre las olas, coronada de aves,con sus acantilados y su verde.Helgoland.

  48. Güimar

    En todos los fines de semana de mi infancia estuvo el viaje a Güímar, un pueblo del sur.
    A nosotros nos encantaba jugar a las “ mil y tinieblas” , que es como le llamábamos entonces.
    El juego se desarrollaba en las zonas más oscuras de la casa, la despensa, los cuartos del patio, etc… Aunque la casa de mi abuela, su jardín , su huerta y su patio eran por la noche un mar de sombras, repleto de lugares apropiados para cualquier juego de fin de semana.Pero, una noche sin luna, decidimos jugar a la “ piedra robada” , en el que uno salía por su mala suerte de “ Quedado” y el resto nos escondíamos hasta encontrar la ocasión de tocar la piedra, lugar acordado de salvación suprema , al grito de “¡Piedra Robada!”.Aquel día, encontré la ocasión de robar la piedra ,situada en el lavadero del patio, y corrí por el pasillo que bajaba de la cuadra. Capricho, nuestro perro, se había echado para descansar junto a la pared, dejando la cadena que lo sujetaba a veinte centímetros del suelo. Tropecé y caí de bruces . Tinieblas.

  49. Rumbo hacía la eternidad
    Un atardecer a fines de diciembre, entre abundantes hiervas y pantanosos arroyos, un melancólico tigre bailaba una danza sin importar el que dirán, moviéndose rítmicamente como pluma cuando el fuerte viento norte la alcanza.
    No obstante, su feroz armadura lo incomodaba, ya que estaba repleta de musgos que le recordaban de donde venía y hacía donde iría. Pues en esa singular ocasión, su madre naturaleza le advertía con tiempo los añicos que en sus huesos habitarían.
    Por su parte, el Ser Supremo, quién en aquel mundo era fuente de perfección y grandeza, le ofreció cerrojos para reparar aquel viejo armazón. El felino, sorprendido y asustado por aquella extraña sombra bondadosa que le hablaba, expreso con los ojos enmarcados por la tristeza que disfrutaría las pocas horas terrenales que le quedaban. Mientras que en su sentir, percibía crujidos de cazadores fugitivos que trágicamente lo acorralaban.

  50. Me llamo Chloé, soy francesa y mi profesora de español nos pide constantemente que usemos adjetivos, así que allá voy:
    Fenomenal y maravillosa es la temperatura en Tailandia.
    Formidable, suculenta, deliciosa y exquisita es la comida en Tailandia.
    Clara, perfecta, límpida, cristalina, diáfana, nítida es el agua del mar en Tailandia.
    Agradable, simpática, acogedora, hospitalaria, afable, cordial, afectuosa, entrañable es la gente en Tailandia.
    Cariñoso, emotivo, tierno, amoroso, entrañable, efusivo, afectivo, amigable, cuidadoso, amable era el elefante de Tailandia.
    Feliz, afortunada, dichosa, exultante, bendita, alegre, sonriente, alborozada, festiva, vivaz, jubilosa y satisfecha me he sentido en Tailandia.

  51. Me llamo Chloé, soy francesa y mi profesora de español nos pide constantemente que usemos adjetivos, así que allá voy:
    Fenomenal y maravillosa es la temperatura en Tailandia.
    Formidable, suculenta, deliciosa y exquisita es la comida en Tailandia.
    Clara, perfecta, límpida, cristalina, diáfana, nítida es el agua del mar en Tailandia.
    Agradable, simpática, acogedora, hospitalaria, afable, cordial, afectuosa, entrañable es la gente en Tailandia.
    Cariñoso, emotivo, tierno, amoroso, entrañable, efusivo, afectivo, amigable, cuidadoso, amable era el elefante de Tailandia.
    Feliz, afortunada, dichosa, exultante, bendita, alegre, sonriente, alborozada, festiva, vivaz, jubilosa y satisfecha me he sentido en Tailandia.

  52. Visitar Tailandia con mi familia ha sido mágico. En avión, en tren o en autobús hemos recorrido kilómetros y kilómetros de aventura. Un día el sol nos acariciaba con sus rayos, otro día las lluvias torrenciales tropicales nos enfrentaban a las fuerzas de la naturaleza. Al cerrar los ojos, mi cabeza se llena de las imágenes de los templos que hemos descubierto, de los paisajes que hemos recorrido, de las personas que hemos conocido. Todavía siento miedo cuando pienso en los monos que me han atacado, todavía siento la excitación de la escalada en el barro, todavía disfruto del sabor de los manjares degustados. Me llamo Alexi, tengo 14 años ¡y mi viaje a Tailandia ha sido increíble!

  53. La llave.
    Despertó siendo un desconocido cuyo corazón latía en su cabeza. Se palpó el cráneo, dolorido, y a juzgar por aquel enorme bulto, por aquel palpitante bollo, habría jurado que en verdad así era.
    Más allá de la moliente certidumbre de un callejón, tampoco sabía dónde estaba. Reparó en su hato veraniego, en la falta de divisas y documentos, en las maletas y su revuelto contenido…
    «Estoy de vacaciones y me han robado…», supuso.
    Salió a la vía principal, modesto paseo ante una playa. «Se llame como se llame, es bonito, sí,… ¿Y ahora? Sin nada, siquiera sin mí, ¡¿qué hago?!».
    Se le ocurrió que él, indefenso constructor, debería empezar, «¡Maldita amnesia!», la casa metafórica de su viaje por el tejado: en lugar de partir desde una salida hacia un destino, itinerario maestro que suelen reflejar los billetes de cualquier transporte, su maltrecha memoria requería desandar lo que no recordaba haber andado para suponer, al menos, desde allí cómo, por qué, y acaso con quién, había venido hasta aquí.
    «Suena lógico. Pero desde cualquier lado de la puerta, sin la llave del recuerdo que abra la cerradura del olvido, ¡¿adónde voy para saber de dónde vengo?!».

  54. Para Elisa

    Tres días de viaje. Tres largos días por el desierto. Voy a tener sed, calor durante el día y frío por la noche. Ay, qué pereza… y además con una compañera de viaje que no conozco… al menos parece simpática. Bueno, sobre todo parece asustada. Cuando me mira abre mucho los ojos, mira a su prima y mueve la cabeza de lado a lado. Pues no soy tan feo. No hay problema, aprenderá a quererme. En cuanto comience a sentir la calidez de mi cuerpo debajo del suyo, se tranquilizará. Caminaremos juntos, dejaremos nuestras huellas en la arena y miraremos las estrellas por la noche. Nunca olvidará este viaje.

    Ahora parece más tranquila… ¡Voy a presentarme!

    ¡Grrrrrrrrrkkkkkkkkkkkkkkkkk!

    – ¡Mamá, el dromedario me quiere comer!
    – Elisa, mira que eres exagerada, hija.

  55. ¿Te vienes de viaje?

    Comenzó con una sencilla pregunta y , ante mi afirmación categórica, me dio dos besos. Creí que eran de despedida y, sin preguntar destino, me dispuse a coger la chaqueta del perchero para acercarme a casa y meter un par de prendas en la maleta. Pero me equivoqué. Gabardina en mano y con toda la prida del mundo, me encontré que su cuerpo separaba la puerta del resto de la habitación. No comprendía… hasta que no hubo dudas del destino de nuestro viaje. Comenzó a desnudarse entre tímidas contorsiones de su cuerpo para, a continuación, hacer que vestuario alcanzase el mismo destino. Juntos, frente a frente, emprendimos el viaje que jamás hubiese imaginado, primero contra la fría madera del portón y más tarde entre la cándida suavidad de las sábanas. Ambos llegamos a la vez a nuestro destino, empapados como si un manglar hubiese descargado su furia sobre nuestros vencidos cuerpos…

  56. Bipolar
    Ayer llegamos a Sao Francisco do Sul. La playa desierta, horrible, llovía, agua marrón cacona, viento helado y hasta creo que vi un Kraken.
    Después paró. Algunos locos se acercaron al agua, se metieron. Cuando la toqué me pareció que estaba fría, pero lo normal.
    Pasó uno vendiendo caipirinhas y tomé una para entonarme.
    Como una señal divina una nube se corrió y asomó el sol. El agua entibió un cacho. La brisa refrescaba un poquito el calor del sol tropical. En el viento me parecía oír una bossa nova. Ahí va una garota (cada uno se la imaginará) levantando briznas de arenilla blanca como purpurina. Mi hija corre al agua y yo atrás de ella, riendo y bebiéndome los vientos y una skol. Es el mejor día de playa de mi vida. Vuelvo a la Pousada mirando un papel volar y creo que es un billete de lotería premiado.
    Ortiga

  57. Ventura
    En algún punto del precario sueño de viajero, me despierta la sensación de ser observado. Es un bebé asomado a mi asiento. Su mirada quema como un láser. ¿Mirada de asesino serial? ¿O de nuevo Mesías? Impredecible huevo kinder… Todas las posibilidades habitan el enigmático brillo de sus ojos.
    Ortiga

  58. El viajar es un placer
    Pasa la ruta. El motor empuja las ruedas que obedientes van rumiando kilómetros de asfalto. Adentro la fiesta, la vida en rosa. Hasta que un malhadado átomo, no digo ya un átomo, un electrón se desbalancea de su eje sentenciando la reacción en cadena. Los pequeños e infinitos eventos se suceden y las fibras del tejido del cuerpo de la correa dentada se separan en precoz despedida. El mal acecha bajo el capó decapitando válvulas sin piedad. Luego, zozobra, miedo, espera y una lucecita de esperanza que no quiere apagarse. —Va a dar para treis mil reais, eu acho… Suspiro trabajado que apenas reprime al sapucay y el sorpresivo alpinismo de grúa que parirá una cana en mi sien.
    Ortiga

  59. Viaje, sin más.
    Volvió su nublada mirada hacia el andén, en el que todos sus seres queridos evitaban que las lágrimas aflorasen y movían las manos a modo de despedida. Las sonrisas eran forzadas, y agradecía que ninguno de ellos le dijese la verdad. Tomó con fuerza las invisibles asas de su maleta de cuero, liviana, tremendamente liviana en relación a la duración del viaje. Con pasos torpes logró subir, uno a uno, los escalones que le separaban del vagón, habitáculo que no impidió que el frío de la estación le acompañara hasta tomar asiento. Todos le miraban y le mandaban besos. Pegado el cristal, no tardó en dibujar su última nube de vaho. También envió un tímido beso y cerró los ojos. Supuso que comprenderían su cansancio. Al mismo tiempo, sus manos cayeron inertes sobre su regazo y plácida sensación del trabajo cumplido se apoderó de su propia esencia. El andén estaba más cerca de lo que creía: se encontraba justo a los pies de su cama, lugar desde el que desplegaron las sábanas que cubrieron su rostro. Se había ido de viaje y no quiso despedidas exageradas. Ahora que el tren había partido todos pudieron llorar y abrazarse.

  60. Un recuerdo de Groenlandia

    Ese día las manos se me habían hinchado del frio. Llevábamos navegando en kayak tres días y yo seguía prefiriendo no ponerme guantes para palear. Siempre me ha gustado meter las manos en el agua cuando hago un descanso pero estos días intentaba hacerlo lo mínimo posible ya que se me quedaban muy rojas y frías y los dedos se me agarrotaban. La zona con icebergs, con todos sus tonos y colores mezcla de blancos y azules, ya la habíamos pasado y ahora nuestro viaje transcurría cerca de la costa adentrándonos en el interior de los fiordos situados en el sur de Groenlandia. Caía la tarde y ya estabamos montado el campamento. Habíamos sacado los kayaks del agua y empezado a montar las tiendas. Nos habíamos cambiado de ropa y algunos estaban buscando por los alrededores restos de maderas y arbustos secos para encender una hoguera. La temperatura descendía bruscamente al ponerse el sol y era agradable cenar alrededor del fuego contando historias y repasando las anécdotas de la jornada. Y mirar el cielo oscuro con infinitas estrellas.

  61. Viaje a ninguna parte

    Viaje a ninguna parte, obra excelsa de Fernán Gómez. Pero, ¿podemos tú y yo emprender ese mismo viaje sin movernos de esta estancia? Sé que hemos llegado hasta aquí y, sin embargo, quiero aislarme del mundo, destapar las sábanas de esta cama y viajar contigo a ninguna parte; o mejor dicho, a cada recoveco de tu cuerpo sin que ninguna parte me haga sentir lo que me promete la otra. Eres tierra sin explorar y yo viajero impenitente. Despréndete de la ropa; yo ya lo he hecho y sigamos los consejos de la guía que son tus dedos. Viajemos, viajemos juntos todos los sitios y, al mismo tiempo, a ninguna parte.

    Francisco Javier Torres Gómez

  62. ¿Viaje? Lo que pretendes emprender es una huída en toda regla. Cerrarás los ojos y te dejarás llevar por tus impulsos. De ese modo perderás la vivencia misma del acto de viajar. No serás cómplice de las circunstancias ni empatizarás con aquellos que se te acerquen a menos que lo hagan con el fin de secar tus lágrimas con un pañuelo.
    ¿Viaje? Quédate a mi lado y démonos una nueva oportunidad. La vida no es tan larga como para otorgar más ocasiones en la que podamos conocernos, si es que no lo hemos hecho ya. Dame la mano y viajemos juntos o, si lo prefieres, cerremos ambos los ojos y lloremos en el trayecto de ese viaje que propones a ninguna parte.

    Francisco Javier Torres Gómez

  63. Bajo el cielo de Zagora
    Tras varias horas de viaje en furgoneta desde donde divisé las montañas nevadas del Atlas y pequeños pueblos teñidos de ocre, el motor se detuvo cuando ya no quedaba rastro alguno de civilización. Un punto indeterminado del desierto de Zagora, en Marruecos, me recibió con un atardecer anaranjado que parecía sacado de una acuarela y con camellos que terminaron de completar la estampa típica de cualquier postal marroquí. Se hizo la oscuridad en el campamento y me tendí sobre una manta para disfrutar de un cielo estrellado que no había visto ni en las mejores películas. El corazón me latía fuerte mientras admiraba su belleza y pensaba en lo rápido que vivimos y en lo poco que nos paramos a deleitarnos con cosas tan sencillas como las estrellas. Junto a una hoguera que calmó mi frío entablé una conversación con un bereber de ojos negros. Las llamas avivaron su mirada y creo que jamás podré borrarla de mi mente. Aquella noche sobraba todo; el teléfono, el reloj y las facilidades a las que acudimos a diario. Tras una noche mágica, un amanecer indescriptible me hizo sentir afortunada, especial y plena.

  64. Todos, sin excepción alguna.

    A veces, todos, sin excepción alguna, tenemos el deber de afrontar ciertas desavenencias que alteran la estabilidad del escenario que sostiene nuestra actuación en la obra “ésta nuestra vida”. Controversias presentadas de forma diferente, desde una pérdida hasta la pérdida de fe en algo que creíamos ser el sustento de nuestra propia existencia. Luego sería cuando el arte radica en soltar lo que caduca para coger algo nuevo. No hay cabida para ningún atisbo de duda que paralice a la madre decisión.

  65. Alma viajera

    Me tiene harta. Vamos de acá para allá, Que si ahora un autobús, que si un taxi, luego en metro…Trenes ya ni los cuento. Y yo cada vez más gorda y más abultada. Por eso en avión no he ido nunca. Me cobrarían por sobrepeso.
    No puedo con mi alma cuando veo esas escaleras mecánicas interminables. Estoy vieja. Y ella también lo nota.
    Y de vez en cuando mira escaparates. La moda cambia, claro. Incluso en cuestión de maletas. Pero no se termina de decidir. Parece que me tiene cariño. Y siempre acaba tirando de mí.

  66. Viaje en dulce

    El viernes desayunaremos croissants y veremos París desde las alturas. El sábado compartiremos un tiramisú y cruzaremos el Gran Canal de Venecia. Y el domingo, para rematar el fin de semana, degustaremos unos pasteis de Belém subidos en un tranvía por las calles de Lisboa.
    ¿Y el lunes?
    El lunes rodaremos cuesta abajo rumbo a otro fin de semana en dulce. Un nuevo viaje a la confitería nos hará soñar con nuevos y deliciosos destinos.

  67. Páramo gris.
    La vida consta de muchas etapas, de muchas sensaciones y errores… pero, el destino de todos es seguro: todos los seres vivos de la tierra perecen, sin importar su raza o naturaleza.
    La muerte puede sef dulce como una caricia en medio de la noche, o ruda como un feo accidente de coche.
    Poco importante es la forma en que suceda, poco importa en donde terminará tú alma según tú religión. Lo más seguro es que los restos de tu materia humana quedarán atrapados dentro de un féretro, enterrado en la triste y muerta tierra de un cementerio, adornado con una lápida gris con unas cuantas palabras grabadas.
    Sin embargo, unas criaturas te reciben, felices de tu llegada, porque tus restos son un banquete dentro de su inmunda existencia. Y gracias a ellos, tu cuerpo recorre la etapa final. La carne se descompone y desaparece; la osamenta se desintegra con el pasar de los años y el material orgánico del ataúd se reintegra a la naturaleza.
    Al final, la única prueba de tu existencia, es aquella solitaria margarita que se yergue en medio de un prado gris de lápidas.

  68. HOGAR

    En el lugar más insospechado puedes sentirte como en tu casa; el humo flotando en el aire saliendo de chimeneas humanas; el de la taza, aunque sea de plástico, de café aderezado de alguna especie aromática que marca un poco la diferencia; el del brasero de madera reseca por el sol de días sin historia; muy atrás mucha. Una evocación con el ayer que viví en mi niñez y luego adolescencia, con ondas que me transportan ahora a hablar virtualmente con cualquiera. Es lo que tiene viajar de un lado para otro, sin destino, o con uno difuso, volátil, heterogéneo… cualquiera es posible, sin mantener muy fijo el timón, elevando el ancla en cada estación y dirigirse sin rumbo al más allá, aunque esté cerca, ahí donde las nubes parecen vapor que se va dispersando poco a poco, como el pasar de los días, el correr del espacio. No, no desvarío, siento como en cada respiración el aliento se me escapa con el vaho, y es que fuera hace mucho frio en este primer día del nuevo año, uno más, de nuevo lejos de casa, pero no tanto, porque la mía es el mundo.

  69. DESIERTO

    No está muerto, alimenta el alma del peregrino, eleva cotas queriendo tocar el cielo; el sol no atiza, ilumina la vida para hacerla vasta e interminable. Hoy me perdí por uno de ellos, sintiendo todo eso como alma insignificante ante tanto esplendor en medio de la nada, y a la misma vez creyendo ser el centro del universo. En la noche el fuego calentará mis huesos, para acompañar el dulce sueño cuidado por millones de estrellas y la luna, guardiana del silencio, que cuidaran para que en el nuevo amanecer el sol otra vez repita el ciclo y la vida.

  70. MIND THE GAP, PLEASE
    Eras la voz de Embankment Station. De tanto suplicarles al final me dieron tu voz en un CD. No soportabas los retrasos. Siempre supiste el lugar exacto en el que ubicarme. Unos rezan a los dioses tristes con altoparlantes. Otros se quedan a esperar en el camposanto. Pero a mí nadie me cura de este silencio constante y nunca me gustaron las estatuas vírgenes. En esta semioscuridad de túnel, me retrepo en el asiento para escucharte de nuevo, a voz en cuello, resucitado heraldo de las próximas estaciones como una profecía de cumplimiento inmediato. Desde que te fuiste, mi vida es una estación en curva y no dejo de caerme una y otra vez por introducir el pie entre coche y andén constantemente.

  71. COCHERAS
    Hoy se ha vuelto a cruzar conmigo la chica risueña. Lleva entre los brazos y pegada al pecho una carpeta forrada con fotos de la SuperPop. La he devuelto la mirada y la sonrisa. Y una casete del walkman que se le ha caído. Acaba metida en mis sueños entre dos estaciones. Durmiente y pegada a mi espalda. Duplica mis días felices. Triplica los de asueto. Por las mañanas convierte el ruido de la cafetera en quintetos de Dvorak. Vamos juntos al mercado. Comparamos los precios de las manzanas. Nos venden en pesetas y pagamos en euros. Lloramos frente a la televisión por las Torres Gemelas. Tenemos hijos futuribles. Viajan en metro hasta Ciudad Universitaria. La mayor es abogada, el pequeño nos hace abuelos. Les afecta la crisis y la burburja inmobiliaria. Los domingos nos reunimos para comer juntos en torno a una mesa alargada. Bebemos. Roncamos la siesta. Soñamos. Cuando llego al destino el vigilante me despierta. Hay una potente luz al final del túnel. La chica risueña ya no sonríe. Llora desconsolada. Como si no me viera. Solloza mi nombre entre dientes. Fin de trayecto. Último destino. Cocheras.

  72. NUEVAS TORRES DE BABEL
    Otra vez presta a partir. Sentarse copa de vino en mano en una esquina estratégica es casi disponerse a ver una película surrealista.
    Junto a mí, un individuo algo ido termina de perderse en las profundidades de un espumante, mientras una familia desorientada busca la Puerta 2; un par de operarios traslada un ruidoso carro con vaya a saber qué, una mujer voluptuosa aprieta el paso atrayendo miradas, una anciana acarrea como puede sus maletas y bolsas de alfajores, y otra joven delgaducha queda casi oculta bajo terrible estuche y su violoncelo; un matrimonio se saca fotos con su celular, y otro arrastra a un chiquilín corriendo desesperados tal vez perdiendo su vuelo, al tiempo que dos deportistas caminan tranquilamente en dirección opuesta, igual que sendos piloto y copiloto de alguna aeronave que -tal parece- aún tardará en salir. Y por sobre este desfile, voces en mil y un idiomas, de personas reales y de impersonales altoparlantes.
    Si la Torre de Babel tuviera hoy un lugar, seguramente serían miles, tantos como aeropuertos internacionales en rutilante vorágine cotidiana…
    ¡ Salud y buen viaje !
    Laura Rojo Bily

  73. Pirata de media noche.
    El Artemisa vagaba sobre las turbias aguas del océano. Cargado con el tesoro de los mil reinos.
    Marforia, la capitana del navío, aún con todas las riquezas que poseía, sentia que le faltaba algo…
    Una noche, sus ojos se posaron en el firmamento estrellado. La marca del cazador la cautivó, convirtiéndola en la amante de las estrellas.
    Dejó que las aguas arrastran a sus profundidades el oro, aligerando la nave lo suficiente para hacerla flotar.
    Desde entonces, Marforia surca los cielos, cazando estrellas…

  74. Guiling se cuece a fuego lento, entre los vapores del río y el calor de la atmósfera, mientras el barco avanza por un paisaje mágico y fantasmagórico de montañas de cumbres redondeadas y brumas voladoras.

  75. …Y al asomarme al Gran Canal por la ventana de mi hotel de pies mojados y aspecto decadente, comprendí la belleza de la ópera, inundada por tanta belleza moribunda y antaño floreciente.

  76. En La Habana se resquebrajaron mis prejuicios como se descascarillan las fachadas de sus casas: a golpe de cadera moviéndose al ritmo del son y ron cubano.

  77. CUANDO SALES DE AQUÍ PASAN COSAS
    Cuando sales de aquí pasan cosas, me dijo mi amigo José María una mañana mientras tomábamos un café en una terraza. O será que viajar abre los ojos como ninguna otra cosa más lo hace. Y así deben estar los ojos, bien abiertos, para lo bueno y para lo malo. Habíamos hablado sin parar de anécdotas de viaje, de aquellas memorables, no sólo de la belleza de la Torre Eiffel al atardecer en primavera, de la singularidad de las curvas de la casa Batlló o de la grandeza de las tumbas de los faraones del Valle de los Reyes, que también, sino de las personas que te encuentras a tu paso, de las sonrisas silenciosas de los monjes tibetanos, de las diferencias culturales que nos separan de los finlandeses o de la hospitalidad de los sirios, quién pudiera volver a pisar las calles de Damasco de 2003. Hablamos de aquellas cosas que dejan huella, a veces buena, a veces agridulce, en ocasiones, insoportable. Sí, le respondí, la vida es demasiado corta como para no viajar.

  78. Humberto Hincapié
    El primer y último viaje
    Jacinto Ramírez nunca hizo nada especial en su vida. Así es que un día decidió llenarse de gloria. Se separó de su mujer de cuarenta y tres años, abandonó los hijos, vendió la casa, el carro y la finca y se marchó para el puerto donde compró un pequeño velero con la idea de darle la vuelta al mundo en solitario. Nadie había intentado hacer esta proeza en el país.
    Durante dos meses se entrenó y cuando creyó que sabía todo lo que se necesitaba para navegar los mares, anunció en la prensa su intención, invitó a las autoridades del puerto y el domingo tres de marzo a las nueve de la mañana partió en medio de los buenos deseos de unos pocos curiosos.
    Al llegar a mar abierta una súbita tempestad se desató, un rayo destruyo su mástil y el velero empezó a hacer agua rápidamente. Como un buen capitán, Jacinto empezó a achicar agua rápidamente con un balde y cuando su esfuerzo se hizo inútil, con toda la dignidad del caso, se puso su gorra de capitán, saludo militarmente y se hundió con su velero.

  79. “El Viaje de Sacha”
    En el horizonte se perfila la silueta de un paraíso perdido, un pequeño faro ilumina el camino en un mar de pesares.
    Sacha navega hacía la luz como abducida, no consigue apartar su mirada de ella desde que empezó a vislumbrarla. Por fin parece llegar a su destino, ese destino buscado durante años.
    Mariposas revolotean en su estómago.
    No siente temor alguno, no hay motivo para ello. Habiendo estado tanto tiempo sumergida en la oscuridad más profunda, dónde ni las estrellas brillaban en el cielo que se suspendía sobre su cabeza.
    Larga había sido su travesía, tan larga que ya no recuerda cuando comenzó ni desde qué puerto zarpó.
    Sus recuerdos se han ido hundiendo arrastrados por lágrimas de sufrimiento.
    Cuánto tiempo arrastró con ella el peso de almas ancladas, que una y otra vez intentaban arrastrarla con ellas en remolinos sin retorno.
    Cuántas y cuántas veces se sintió como un frágil barquito de papel.
    Ahora sin embargo siente que se ha convertido en un gran barco mercante, sus motores a todo vapor, sin lastre alguno, libre y con rumbo a su felicidad.

  80. Kunstkamera, el museo de antropología y etnografía fundado por Pedro I el Grande es el más antiguo de San Petersburgo. El mismo zar emitió un ukaz bajo la orden que todos los neonatos desfigurados de alrededor del imperio formasen parte de su colección personal, creando una recopilación siniestra y hipnotizante a la par sobre teratología. Decenas de fetos deformes contenidos en frascos de cristal para toda la eternidad. Impactante, más aún acabado de comer. Esta afición, que en nuestros días se vería algo enfermiza, en su momento fue importante para la catalogación y prevención de tumores y mutaciones.

    No puedo dejar de imaginarme una composición más adecuada. Imaginaos la escena escabrosa. Una joven declarándole a su novio, en aquella sala, bajo las atentas miradas de esos siameses bicentenarios diciendo aquello de “Cariño, estoy embarazada”. Seguro que a los niños cíclopes se les caía una lagrimita en su eterno letargo… una y nada más.

  81. CHATARRA
    La mayoría de las veces los viajeros y forasteros arrojan la basura a las calles, parecen olvidarse del aseo de la ciudad mientras disfrutan de sus vacaciones y viajes. Recorro día a día los suburbios citadinos…Y me impregna ese olor a excremento que despiden los residuos, pues es el pan diario de mi trajinar con la carreta atiborrada de bultos y fardos, pero ni modo de conseguir otra alternativa de vida, con este trabajo me alcanza un poco para comer y comprar vestidos baratos. En las tardes es más pesado empujar la carreta, ya está repleta de chatarra reciclada. Es dura esta labor, y más dura cuando pienso en el daño que le hacemos al planeta al no reciclar nuestros desechos. Nos evitaríamos mucha contaminación. Y entonces, vitoreo por las calles: “!Recibo la chatarra, a reciclar!”. Y muchos ciudadanos se suman a mi causa, excepto los viajeros y forasteros, que todo lo arrojan por ahí sin escrúpulos, al menos sé que trato de crear algo de conciencia general.

  82. FARO

    En la mágica distancia nocturna del pueblo al mar, el farolero ve la cúpula del faro fabricado por el afán de los hombres de guiarse en altamar desde los puertos miserables. Se dirige hacia el faro que está entre los espolones, cerca de la playa, sabe que es peligroso el estrecho sendero de pedregones y de caracoles muertos y, puede resbalar y caer en las rocas. Conserva en la mirada un brillo juvenil, aunque es un anciano vigilante. Se detiene un instante en la cuesta del camino, ilumina la ruta con una tenue luz de linterna, siente que se resquebrajan sus huesos de cansancio. Debe abrir la diminuta puerta y entrar a subir los escalones de piedra lisa. Dura una eternidad llegar a la cima y encender el faro cuya orbital luz ilumina los alrededores solitarios. Años en ese oficio de farolero: subir y bajar escaleras, bajar y subir, encender y apagar el faro, todas las noches, mientras vigila con habitual mutismo la vasta infinitud.

  83. VIAJERO DE LA CIUDAD PERDIDA

    Un amanecer neblinoso mientras desando el camino tormentoso.

    La luz del día hiere mis ojos, camino con la mirada extraviada, no parece este lugar algo semejante a las geografías de mi mundo.

    En los límites de las cumbres disueltas está una ciudad perdida a la que quiero llegar.

    Me alimento de hojas y semillas esparcidas por el viento y del agua que brota de las peñas.

    Hallo una gaviota muerta que devoro insaciable.

    Sé que estoy en la dirección correcta hacia la ciudad perdida envuelta en el horizonte entre hálitos de niebla lluviosa.
    En mi planeta también hay ciudades perdidas de planetas perdidos.
    Soy un absorto visitante de otro mundo en un hermoso planeta verde donde los fenómenos llueven con los seres que lo habitan.

  84. LLUVIA DE PERSEIDAS
    Vengo desde tan lejos, si pudieras imaginar el distante lugar al que pertenezco. Y ahora estoy tan cerca de ti, que te fascina mi errancia galactica.
    Me acoge el deseo de su piel, la robustez de su mirada fijada en la noche, sus labios carnosos y relajados, sus ojos brillantes, tal vez acuosos diamantinos, inesperados en el paisaje que vemos, la folclórica cabellera lisa y arrojada a su espalda mojada por la escarcha nocturna, su silueta real tacto de mi distancia a poco de adherirse entre mis brazos, su olor a hierbas y a flores palpitantes en medio de claroscuros y luares, su serenidad de hada hipnotizante, me acoge la máxima dulzura de su frescor de hembra nacida del poder de los elementos más nobles y creacionales, mientras la luz de la luna nos embarga de amoríos, sentados en la banca del parque.
    La luz de la luna excita. Y el poder de los montes absorbe los pensamientos de las criaturas. Seamos esas criaturas que se sumergen en el maremágnum de las probabilidades sensitivas. Y démonos un beso.
    Cruza el cielo la lluvia de Perseidas, la estampida de astros fulgura entre sus ojos de diamante translucido. Inmóviles, proyectamos las miradas al cielo enaltecido. Sólo el silencio nos comunica una atmósfera cósmica y terrícola. Ella respira, su respiración es tranquila como una miríada de vientecillo escapado de una playa abandonada. Solos, sentados en la banca del parque.
    -Quiero pedirte un beso.
    Se sonríe.
    – Un beso no se pide… se da…
    Y se acerca más sutilmente a mi boca y me da un beso apasionado, caramelo que siento extasiado y danzo con las Perseidas.
    Y ella se embelesa, se alegra más su naturaleza perfumada de hojas y raíces, de tallos y pétalos, de briznas y pelusas colorinas, de pepas y escarlinas, al ver mi cara emocionada con una sonrisa extendida, y al ver caer formas destellantes y cuerpos celestes que en la soledad de las montañas se transforman en siluetas de seres humanos con los poderes telepáticos de los destellos de las estrellas en fiesta.
    Una música exoplanetaria nos alumbra.
    – Quiero otro beso.
    Y ella se sonríe. El Cosmos la transforma en estrella, en supernova, en cometa milenaria, en irrigación de luz estelar que me baña.
    Nuestro amor soporta todas las precipitaciones del Universo.

  85. MIKHA
    Abandoné a mi pobre madre enferma al cuidado de mis hermanas menores. Soy fea de cara, de cuerpo extraño y de costumbres anticuadas. Salí de casa cargando una valija con la ropa y sin un céntimo en el bolsillo de la falda. Y ante mí se mostró un largo y extraño camino. Tiempo ya que intento atravesar la divisoria línea fronteriza entre mi pasado y mi presente, imaginarios países de mi inexorable existencia, cuando por fin logre cruzar esta dolorosa línea seré libre.

  86. Los caballos azules de mi viaje a Aruba
    Aruba es un país insular de los países bajos , y Curazao,
    Aruba se encuentra a 25 kilómetros de la península de Paraguaná, al noroeste de Venezuela, al sur del mar Caribe, al oeste del archipiélago de Los monjes y la península de La Guajira, y al oeste de otro país que, es Curazao.
    Aruba era considerada como una isla inútil hasta que, gracias a los caballos se dieron cuenta de que, con su intercambio se podía ayudar a que la isla se desarrollara.
    En Aruba hay una playa que, se llama Paardenbaai, o playa caballos, esa playa fue un puente natural que, facilito el comercio de los caballos desde que, comenzó la conquista española en América.
    Y una amiga que, vive en San Cristóbal, en el estado Táchira, en Venezuela, me conto sobre los caballos de Aruba, ellos eran rebaños de hasta miles de corceles que, recorrían la isla de Aruba, y su color es azul, para recordar que, salieron de un barco para galopar por las playas de la isla de Aruba, y en cada rincón del pueblo de Aruba hay esculturas de caballos azules.

  87. QUILLO

    El cabeceo del barco, de proa a popa, salpicaba de agua la cubierta y
    hacía peligrosa la estancia en la misma. Acostumbrado a estas situaciones no
    tenía miedo, y no es que me considere un hombre valiente, sencillamente me
    disfrazo de osadía cuando algunas veces surge algún indicio de que puede
    aparecer. El camarote era un lugar inestable por lo que me refugié en una
    esquina de la cubierta para fumar un cigarrillo.

    Y le vi, al pesquero sin luces peleando con las olas, sin máquinas y con
    el mar de fondo era balanceado de una a otra banda entrando agua.
    Todo se hizo con precisión, nos aproximamos a él y lanzamos unas
    escalas por las que resguardados por nosotros, subieron los hombres. Me
    hizo sonreír el comentario de uno de ellos.

    -Quillo pensé que ya no volvería a tomarme un vinito.

  88. Hanoi. Hanoi y un suspiro. Hanoi y una mujer en cuclillas fumando. Su vegetación humana. Sus deformadas calles exquisitas. Hanoi. Lo digo y apenas siento nada. Hanoi y su lava espiritual. Hanoi y sus beatíficos lagos de agua. Cruzo la calle. Las motocicletas como libélulas juguetonas. Hanoi y aquel amargo vestido europeo. Hanoi y su colonial decadencia. Ya no quedan ciudades así. Hanoi. Hanoi y esa musicalidad estúpida. Hanoi y esa melancolía francesa. Salir a cenar y escuchar el sonido de las cigarras como un coro de diosas chillonas.Territorio mítico ya domesticado. Hanoi. Hanoi y mi amor. Hanoi. Yo sí te recuerdo. Hanoi. Una herida antigua. Hanoi. Ya no quedan ciudades así.

  89. Vestía un negro furioso e impenitente. Se acercó y me espetó: ¿Muerte o viaje? Quedé desconcertado. ¿Acaso era una broma?. La miré, bobamente, a los ojos y susurré: ¿Perdone? Ella, con un gesto antiguo abrió sus labios y me escupió de nuevo: ¿Muerte o viaje?. Esta vez me asusté. Un relámpago helado y obsceno recorrió mi cuerpo. Dije despacio: Viaje. Entonces vi el reflejo de una daga. Y ella me dio muerte.

    Javier Castaño Rodríguez (El hombre que viaja).

  90. Era mi regalo de cumpleaños. El destino era una sorpresa. Me había puesto una venda en los ojos. Nos habíamos montado en un coche. Viajamos durante media hora aproximadamente. Luego paramos y escuché unas puertas automáticas y un exagerado murmullo. Sin duda, estábamos en un aeropuerto. Luego caminamos un rato. Diez minutos, diría yo. Nos paramos. Él me dijo: Ahora puedes abrir los ojos. Me quitó la venda. Vi una pantalla que ponía Bangkok. Entonces se arrodilló y me dijo: ¿Quieres casarte conmigo?. Yo contesté, con mucha serenidad: no. Le arrebaté un billete con mi nombre de las manos. Entré en el finger.

    Javier Castaño Rodríguez (El hombre que viaja)

  91. ¿Doctor Livingstone, supongo?

    Subí la cabeza. Era un muchachito blancuzco y arrogante, con voz resolutiva pero unos dientes como los de un burro. Su bigote era tan frondoso como absurdo. Probablemente sabía tanto de viajes como uno de estos tontos negros africanos de literatura. Aunque eso sí, era inglés. Eso seguro. Ese orgullo en la mirada era genuinamente británico. Sé reconocer a un inglés en cuanto le veo. ¿Qué diablos querrá? Valiente estúpido. Seguro que no ha probado un buen coño en toda su vida. ¡Que se vaya a la mierda!.

    Javier Castaño Rodríguez (El hombre que viaja)

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