El caso del avión que se perdió en la noche. Autor: Ana María Díaz Sánchez

…..”Despedimos nuestro informativo con una última noticia. Según la agencia efe, un avión de la compañía  Critias Airlines ha desaparecido con 239 pasajeros a bordo. El vuelo MH370 salió de Atenas  a las 00.30h hora local y tenía previsto llegar a Pekín unas seis horas más tarde, pero 40 minutos después de su despegue los radares dejaron de detectarlo. “…..

Todos los que estaban en aquel avión fueron elegidos pero ellos no lo sabían. Se les había hecho un seguimiento exhaustivo durante meses.  

El aparato inició el despegue. La tierra se iban reduciendo a mínimas piezas de colores que dibujaban un adiós dedicado a todos los que pasajeros que emprendían un viaje a lo desconocido ignorantes de ello.

El comandante del avión se relajó cuando alcanzó la altura estimada. Habían pasado cuarenta minutos. De repente, una fuerza extraña, ordenó a su mente que desconectara todos los sistemas de comunicación del aparato. Seguidamente, cambió de rumbo. El copiloto no se inmutó. Parecía hipnotizado.

El resto de la tripulación comenzó a repartir las cenas. La comida estaba condimentada con una sustancia muy potente que dejaría a todo el pasaje adormecido un día entero. Era imprescindible que todos probaran los platos y, para ello, se había servido un menú tan apetitoso y embriagador que invitaba a ser comido.  El plan funcionó; no habría bajas. 

El silencio era intenso dentro de la aeronave.  Las respiraciones dormidas acompasaban el sonido de los motores como si fuera una canción de cuna. 

El avión inició, primero,  un descenso, primero, progresivo, luego más rápido hasta conseguir la altura adecuada para caer en picado al océano. El impacto fue tan brutal que se produjo un movimiento en el lecho marino similar a un temblor sísmico. El aparato siguió su viaje hasta el fondo del mar donde una gigantesca nave abrió sus compuertas y le introdujo en su interior. Habían llegado a su destino: la Atlántida. 

Habían transcurrido veinticuatro horas desde que habían despegado. Los pasajeros perdidos en el mundo de los sueños no fueron conscientes del giro que sus vidas habían sufrido. Paulatinamente y con la ayuda del hilo musical se fueron despertando. Los que miraron el reloj, observaron con sorpresa  que el vuelo se había retrasado más de cinco horas y, por tanto, muchos de ellos, habían perdido el enlace a sus otros destinos. Una algarabía enfadada pedía explicaciones pero nadie se las daba ya que los tripulantes parecían encontrarse en su misma situación. El sobrecargo se dirigió al comandante para que le diera algún tipo de explicación pero sólo recibió la orden de abrir puertas. Así se hizo. El pasaje salió airado, protestando, jaleándose los unos a los otros. Sin embargo, una vez que cruzaron la tan ansiada salida, se hizo el silencio. Lo que les esperaba era tan bello que enmudecieron.

Desconcertados, caminaron  en medio de un jardín lleno de parterres, fuentes, estatuas griegas, árboles frutales… ¿Dónde estaban? 

Una voz grave y dura les sacó de su estupor:

-Bienvenidos a la Atlántida, el paraíso perdido. Soy Platón, vuestro mentor, maestro y responsable de la nave en la que nos encontramos. Todos vosotros habéis sido elegidos para ser miembros de una sociedad privilegiada de la que empezareis a formar parte. Seréis felices y libres. No existen las normas ni las leyes. Nos dedicamos a vivir para nosotros, para los demás. Nuestro lema es cuidar el arte, la ciencia, la escritura, el amor, la convivencia. La utopía hecha realidad.

– Esto debe ser una broma ¿verdad?  –espetó tajante Yan – Un programa de cámara oculta de la televisión.

-No, Yan. Todo lo que estás viendo es totalmente real

-¿Cómo sabe mi nombre? ¿Quién es usted?

-Ya lo he dicho, soy Platón y sí, te conozco, como al resto de los que me estáis escuchando. Estarán un tiempo en esta nave hasta que tomen una decisión.unos días, hasta que toméis una decisión, estaremos en esta nave. Luego, llegaremos a nuestro destino final. A nuestra gran urbe. 

-¿Qué decisión hay que tomar?

-Si permanecéis  con nosotros o seguís vuestro camino a China. Nadie está obligado a quedarse. Es cierto que habéis sido elegidos escrupulosamente por vuestras aptitudes pero entendemos que tengáis otras prioridades y deseos.

-¿Cómo se ha hecho esa selección? – pregunta  Roodney – mi mujer y yo nos acabamos de jubilar y queríamos celebrarlo con un viaje a China. No entiendo de qué podemos serles nosotros útiles. Qué aptitudes han podido ver en nosotros dos.  Hemos entrado en una edad que…

-Todos somos importantes en nuestra urbe, además, de inmortales. Allí la edad avanza pero no la degeneración corporal y mental. 

–   ¿ Y mi hijo?  , sólo tiene siete años…apostilló Li yu…

– Los niños son nuestro mejor regalo. Ellos son el don de los dioses. Serán felices. Vivirán amando.

– Dejémonos de tonterías – exclamó furioso el comandante del avión- yo soy el máximo responsable de todas estas personas.  Déjenos ir de inmediato. Esto se está convirtiendo en una broma de mal gusto.

– Zaharie, cálmate. Ya no estás en tu avión. Te lo recuerdo. Tú ahora, eres uno más. Puedes quedarte o irte. Tuya también es la decisión.  Ahora, Timeo, Critios y Sócrates os acompañarán a vuestros compartimentos.  Como os he dicho con anterioridad tenéis unos días para pensar en vuestro futuro. Mientras tanto, disfrutad de nuestra hospitalidad. Platón desapareció tras un haz de luz.  Todos siguieron a aquellos hombres salidos de otro tiempo, de otro lugar y se instalaron en aquella confortabilidad que parecía no tener fin.

El tiempo transcurría pero las agujas de los relojes no se movían. Todo parecía envuelto en un halo mágico como si una nube intemporal se hubiera instalado encima de sus cabezas. La ambrosía y el néctar los alimentaba. Los juegos les entretenían. El ambiente era plácido y relajante. No había disputas. Ni siquiera se habían entablado conversaciones sobre lo que iban a decidir. Pero todo se acaba y una mañana, de forma inesperada, Platón volvió a aparecer.

– Saludos a todos. Ha llegado el momento de la partida. Han pasado dos semanas de vuestra llegada. Supongo que ya todos vosotros habéis resuelto vuestras dudas.

Sí, aquellos pasajeros habían tomado su decisión. Sólo diez de ellos, entre ellos, el comandante del avión,  querían volver a su destino inicial, el resto se quedaba allí.

– Platón, cuando lleguemos a China, nos harán muchas preguntas…va a faltar pasaje, ¿qué diremos?, ¿qué explicaciones puedo dar? Soy el comandante

– No te preocupes por eso. Todos creen que habéis tenido un accidente. Tú y los demás seréis los únicos supervivientes. No os acordaréis de nada de lo que aquí habéis vivido. Ha llegado la hora de la partida. 

La despedida fue triste. Hubo abrazos y lágrimas. Las compuertas de la nave se abrieron y los que se quedaban observaron cómo sus compañeros de aventura desaparecían de su vida para siempre.

El comandante se puso al mando y, notó como, de nuevo, su mente era gobernada por una fuerza que manejaba la aeronave por él. Los motores rugían. Paulatinamente, el aparato fue elevándose desde el fondo marino hasta llegar a la superficie. Allí, una fuerte explosión acabó con el avión  y con los que allí viajaban. 

Mientras tanto, los nuevos habitantes de la Atlántida, se elevaban desde el interior del océano hasta la inmensidad del espacio dejando atrás el sistema solar. Allí les esperaban todos aquellos que un día desaparecieron y nunca más se volvió a saber de ellos.  El paraíso les abrazaba. Nadie los podría descubrir. 

…” Interrumpimos la programación para informarles de una noticia de última hora. Después de dos semanas de la desaparición del avión de Cristia Airlines han aparecido los primeros restos en aguas del Índico. Desgraciadamente, junto con el fuselaje del avión, también se han encontrado restos humanos. En la noticias de las dos de la tarde, ampliaremos la información.”

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