Viajó demasiado lejos. Autor: Oscar Seidel

El héroe de la aviación germana, Werner Vogel, después de haber sido rescatado en el Mar del Norte yace herido en la cama del hospital, dado que su aeronave fue derribada por el fuego antiaéreo enemigo.

Con el pasar de los días y sin poder volver a la batalla, aquella noche, en sueños, repasó con tristeza las hazañas cometidas con su Junker 52 “Stuka” de la Luftwaffe, y los momentos agridulces que le deparó la vida. De igual manera, rememoró los veinte aviones de la RAF que derribó, las cinco ciudades inglesas destruidas, y los miles de seres humanos inocentes a quienes les quitó la vida con sus bombas. Recordó también la época cuando voló en el Junker  F-13 “Nariño” de Scadta la ruta aérea denominada Línea del Pacifico, empleo que perdió con la desgermanizacion de la compañía por parte de los gringos.

Pero, al volar dormido, retrocedió su memoria varias épocas vividas, y fue cuando apareció el desfile de los momentos gozosos y dolorosos: Primero, la experiencia desagradable que tuvo con su amada Anette Grese y el evento de la despedida en el tren, al marchar a defender el espacio aéreo de su país en la guerra que se vaticinaba. Sin embargo, más dolor le produjo recordar que al año de estar en el frente de guerra, recibió la noticia que Anette se había casado con el magnate de la metalurgia, Fritz Weber.

Enseguida, sonrió al rememorar el baño de aceite quemado que recibió el día de su bautizo como piloto aéreo de la Luftwaffe, y la borrachera promovida con cerveza negra en el hangar junto a  los demás pilotos de su graduación.

Luego en el sueño, volvió a ponerse triste al recordar los días difíciles que padeció en el colegio por la discriminación a la que lo sometieron sus amigos por ser el hijo del panadero del barrio. Pero el mal momento pasó fugazmente, porque volvió a su niñez al recordar el olor a torta de manzana y, la alegre vida hogareña en unión de su padre y del hermano mayor.

No obstante, la dicha no le duró mucho, porque, casi al terminar el sueño, sintió el dolor que siempre le producía el recuerdo de la hemorragia cerebral que tuvo su madre en el parto, quien murió aquel día que le practicaron el desprendimiento del cordón umbilical y la placenta para salvarle la vida al recién nacido.

Esa madrugada, al realizar la ronda por el pabellón de heridos, la enfermera  encontró un bebé en la cama de Werner Vogel, y procedió a llevarlo a la sala de incubación. En el hospital todas las alarmas se dispararon. 
El aviador había recorrido oníricamente toda una vida, y llegado hasta el más lejano de sus recuerdos. Viajó demasiado hacia atrás, en el tiempo y el espacio físico. Más allá, no existía nada.

Un comentario

  1. Me encanto como siempre tu relato. marcas de aviacion que le dan aun mas credibilidad a la narrativa. Solo una critica, la aparicion del bebe en la cama del aviador, me dio a entender que era El por su viaje de regreso en su sueno. No debiste ser tan explicito al final, Es solo una opinion a tu excelente narrativa. Cordial saludo, Jose F. Hurtado.

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