Uno de los muchos viajes hechos durante el día. Autor: José Martínez Verea

Me levanto aún mareado por el sueño, y como ha venido sucediendo desde el 20 de marzo sigo perdiendo un poco la noción del tiempo, el cuarto esta en penumbras, me pregunto: ¿ Que horas son, que día es ?

Me incorporo y me siento al borde de la cama esperando un poco a ponerme de pie, en algún lado leí que te puedes evitar un ataque cardiaco y ya lo hice costumbre, finalmente al levantarme y dar el primer paso veo que tengo un dolor intenso en uno de mis tobillos, cojeando comienzo mi primer viaje del día y me dirijo hacia a la ventana de mi habitación, abro los postigos con su clásico rechinar de madera vieja.

La luz entra de golpe y que maravilla lo que observo, nuestro árbol de primavera, Tabebuia donnel-smithii lo llamaría mi amigo Javier el agrónomo, el cual, siempre se retrasa en florear hasta un mes, en una sola noche se cubrió de flores amarillas, la luz que le lo baña, los claroscuros, las sombras, las pequeñas gotas de rocío a contraluz, los diversos tonos desde amarillos intensos hasta los casi blancos, todo esto es difícil de describir con certeza, y la combinación que hace con el verde del pasto y de los pinos que la rodean, de verdad me deja reflexionando como la naturaleza artísticamente sabe lo que hace y como combinarlo, me da tentación ir por mi cámara y retratar esto, pero decido quedarme quieto ahí donde estoy para no espantar a los pájaros y a la ardilla que acaban de llegar.

Prefiero disfrutar el espectáculo y conservar la foto en mi cabeza en lugar de en una tarjeta de memoria o en mi computadora, finalmente esta es una de esas escenas que ni el mejor aparato ni el lente mas sofisticado puede captar de la manera en que lo hacen nuestros ojos.

Un minuto más tarde todo ha cambiado, la luz, las sombras, los animales se han ido y yo muy satisfecho comienzo a pensar hacia donde dirigirme en un nuevo viaje y regresó a otro día de cuarentena.

6 comentarios

  1. Excelente viaje: esos momentos son de los que solo se pueden quedar en nuestra memoria, es un regalo de los dioses, y hay que poner atención al encanto de ese momento para después relatarlo y compartirlo, yo hasta los aromas percaté en tu comentario
    Felicidades Pepe pocos logran tanto en tan pocos renglones

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  2. Hermoso homenaje al precioso árbol “lluvia de oro”, promesa anualmente cumplida por la naturaleza: todo pasa y se renueva… y este confinamiento, también pasará, renovándonos… Gracias, José Martínez Verea, por esta bella imagen…

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