La Biblioteca de Adriano. Autor: Isabel Mª Rojas Herrera

La luz del día se ha ido apagando poco a poco, casi sin darte cuenta, sutilmente, como una cortina que ha se ido cerrando despacio, aparecen las estrellas y la luna brilla mucho ya en Plaka, el barrio turco. De noche, pasear por la ciudad se convierte en una experiencia mágica, lo que has visto de día ahora parece estar en otra dimensión, todo adquiere proporciones distintas, es como si fueran otros lugares, otros monumentos los que contemplaran mi vista ahora, a la luz de la luna o de las luces de neón, tenues en aquella parte de la ciudad, inexistentes en algunos espacios, así aparece el Partenón, anaranjado, allá encaramado en la Acrópolis o el Erecteion, escondido entre las sombras, tan diferentes ahora de esta mañana, llenos de luz y color.

El fresco de la noche ateniense me hace caminar y caminar, se vive de otro modo, sin el calor del día, me detengo en cada rincón, fotografío los edificios y restos arqueológicos iluminados, miro, pienso en su magnificencia, como el Teatro de Dioniso, el más grande y espléndido de la antigua Grecia, allá en una vertiente de la ciudad alta y puedo oír aun el griterío y las risas del público, aplaudiendo la obra Las Ranas de Aristófanes, deleitándose con la historia del dios Dioniso o con el sonido de las dulces flautas, o el eco de la rima de los versos en el Odeón de Herodes Ático…

Llego al Ágora romana, paso por delante de unas columnas en un verde césped, donde estuvo un día el Templo de Zeus Olímpico u Olimpeion e imaginar su grandiosidad apabulla, pienso en el bullicio y el agua ardiendo en las Termas romanas, en un caliente baño purificador, seguido de un relajante chapuzón en la piscina de agua fría…
Estoy ante el marmóreo Arco de Adriano y desearía pasar bajo él para después ir andando hasta entrar en la enorme Biblioteca de Adriano, yo ataviada con túnica blanca y sandalias, el cabello recogido, y poder sentarme bajo alguna de sus cien columnas, desenrollar un pergamino, tocarlo y leer una apasionante historia, esperando poder ver alguna vez a mi admirado Emperador Adriano…

Atenas (Grecia)

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