Mujeres en una mujer. Autora: Talia Arela Chaffer

6:30 am. Cogíamos el tranvía de Atocha a Delicias. En la entrada de los talleres textiles nos despedíamos con ambos besos en la mejilla. Casi siempre, en una media vuelta existía una cómplice mirada de «hasta las 17:45». En un día sin nombre, en un regreso subió al vagón una dama de facciones bella y marcadas de inteligencia. Me cautivo con su vestimenta multicolor, de corte largo y ancho. Se me antojó que su color deliciosamente chocolate, ¡claro era! Tal vez de Zambia. Tomó el primer asiento del pasillo. De frente a mi izquierda era objeto de mis observaciones. Segundos después entro su dandi, colocándose a su espalda y complementado con sombrero y corbata morada. Su color era más intenso; llevaba una cesta de mimbre tapada con una tela de cuadros rojos y azules. Toda la belleza de la dama chocolate no se diluyo tras su reclamo al dandi. Éste destapó la cesta y le ofreció un huevo duro pelado. De solo una atacada se lo comió, escena que se repitió de seis a siete veces. ¡La cesta estaba llena de huevos duros!

El trasiego de pasajeros aumentó y mi juventud no entendió él porque continuamos por el paseo de El Prado. Aun así, para mí no existía otra pasajera en el vagón. No sé porque pensé que el tranvía pasaría como un aliento por la calle que sube al Ángel Caído de El Retiro. De mi constante compañera de viaje recuerdo que repelí el trueque de palabras.

4:30 am. El tren paro pasado Zagreb y hubo un gran revuelo por todos los vagones. El murmullo aumentaba y palabras desconocidas aullaban en aquella noche cerrada. Tres horas antes, habíamos sido sometidos a un registro. Desocuparon nuestras cabinas y nos colocaron mirando hacia las negras ventanillas, mientras que con inmune comportamiento la policía tiraba nuestras maletas, bolsas, mochilas hacia los asientos. Algunas de ellas caían al suelo, pisándolas sin pudor alguno en sus intentos de alcázar la siguiente. Aún me costaba reconciliarme con la realidad que estaba viviendo, pero no había duda, ¿estarían buscando algo,…a quién? Las puertas de algún vagón se abrieron, entre el silencio de saber que estaba pasando. Tres personas desde la planicie sin luna alguna, hablaban entre sollozos de una niña y ruegos de una mujer. El tren de Zagreb detuvo su velocidad para abandonar a una familia al capricho de la noche.

20:10 pm. Ayda olvidaba su trabajo de bióloga en Idlib por cada noche que relataba a sus hijas, Aisha y Jadidya, un cuento de sueño. Olvidar el hambre y el frio, los “ruidos altos” y las carreras de pasos extraños en la noche,…una historia para dormir, en su afán de borrar sus sonrisas permanentes tan visibles y cerrar sus ojos redondeados. Llamó su atención abrazándolas bajo aquella lona polvorienta, «-Poroso salió de sus turbias aguas saladas, depositó sus huevos de cocodrilo, 49 y 28 más, con sigilo y dedicación los enterró en la arena fangosa. Al ver una fila de albatros de lejos, lanzó una profunda lágrima de cocodrilo marino al viento, ¡Temía por sus pequeños! Los albatros habían recorrió cientos de kilómetros, la vieron y pasaron de largo, pero ¿Acaso Poroso no sabía que los albatros no cogen sus huevos y solo desean y aman volver a casa?».

11:45 am. Apiladas como un solo cuerpo atlético en la sala del fondo, nuestras cabezas se despojaron de un psicológico desastre visual. Somos europeas y «quizá nos contamos como una raza más». Ensueño en El Prado delante de la “Virgen María en rojo”, La Madonna Durán, no podría ser más liberador.

Categoría: Derechos Humanos

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5 comentarios

  1. Me parece que el justiciero de la noche, se pasa de la raya. Y el autor de esta gran obra merece un respeto mayor.
    Que se ha creído el justiciero de la noche que por ser Batman y tener una historia tragica puede ir regalando su sarcasmo por los foros de poseía, pues no. Esto requiere un castigo ejemplar , te espero en la batcueva a las 6.00 que te voy a introducir en un mundo donde mis puños en tu pecho van a ser tu realidad.

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  2. Me ha parecido una historia llena de pasión y con un lenguaje muy personal. Introduce al lector en un mundo cautivador donde la mujer está por encima de todo

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  3. Increible, maginifico, pletorico relato, ha despertado una zona en mi ser que creía olvidada.
    Se merece mis dieses por ser capaz de acariciarme el alma tan suavemente que deja regusto a más

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