El misterio del bosque de álamos. Autora: Ana Belén Quilpatay

Tara se despertó poco a poco, un pequeño quejido que escapó de sus labios mientras sus ojos marrones empezaron a enfocar su visión. Lo primero que notó fue el claro cielo azul, y algunos rayos del sol iluminando la punta de los árboles, aparentemente estaba acostada entre las hojas secas de altos álamos. Se sentó en silencio y cerró los ojos, escuchando a su alrededor el viento rozar las hojas que aún quedaban en las ramas de aquellos árboles azotados por el cambio de estación a la venida del otoño.
La joven castaña de diecinueve años miraba perdida el lugar, por algún motivo se le hacía familiar pero no entendía la razón. Tampoco recordaba porque estaba allí, ni cómo llegó, de hecho sentía que algo muy importante, además de esas dudas, se le olvidaba.
Intento forzosamente recordar, pero una extraña y desconocida fuerza se lo impedía. Cansada de estar sentada en el suelo, decidió levantarse y caminar un poco para despejar su mente y así, intentar de esa forma recordar quién es.
—Mejor voy de frente— se dijo así misma, para así no perderse en ese bosque que parecía de alguna forma no tener fin.
Con cada paso que avanzaba su memoria regresaba a pedazos, ya con más de media hora caminando ya sabía que se llama Tara Reid, que tiene unos recién cumplidos diecinueve años, que se tomó un año sabático antes de ingresar a la universidad, no tiene novio y vive con sus padres, tiene un hermano mayor que vive desde hace un año en el extranjero, y así recordaba poco a poco su joven vida, pero aún así, el presentimiento de que algo importante se le olvidaba no dejaba de asaltarla, tampoco las dudas que se había formulado en esa caminata no tenían una respuesta concreta.
—¿Porque estoy aquí? —se preguntó mirando a su alrededor otra vez, notando que más adelante había un claro y el ruido del agua se empezaba a escuchar suavemente.
Esta vez corrió, sin detenerse, hasta encontrarse con el encantador paisaje donde fue recibida por un pequeño claro cubierto por dientes de león. Entre el bosque y el clarose encontraba atravesando un arroyo, más arriba había un puente hecho de ramas y troncos, la castaña tenía dos opciones, regresar por donde vino o avanzar. Algo en su corazón le decía que avanzará, así que siguiendo sus latidos e ignorando el sentido común decidió seguir, cruzando el puente, continuó su camino por la profundidad del bosque de álamos.
La castaña regresó al solitario camino donde solo el ruido de las hojas movidas por el viento y sus pisadas eran el único sonido, o eso creía hasta que puso atención al notar que sus pisadas ya no eran las únicas, más adelante se escuchaba el crujido de las hojas secas de un rápido trote.
Asustada de aquello que acercaba decidió ocultarse de inmediato detrás de dos árboles unidos desde sus raíces, una de sus delicadas y delgadas manos la subió hasta su boca para no emitir ningún ruido mientras apoyaba su espalda y su otra mano en la áspera corteza.
El sonido aumentaba, Tara ahogó un grito al escuchar que se había detenido tan cerca, incluso podría apostar que quien sea o lo que sea que corría hacia aquí estaba casi a su lado, solo los árboles a su espalda impedían que le descubriera. Sus pupilas marrones mostraban miedo y terror, sus latidos eran tan rápidos y fuertes que temía que el extraño ser la escuchara.
—Sé que estás detrás de los árboles— su cara se volvió cetrina al escucharlo hablar, la había encontrado.
La joven no iba salir, aunque el tono de voz no sonara amenazante no podía confiarse ante lo desconocido.
Mientras, del lado contrario a donde se encontraba la castaña estaba un joven de alborotado pelo oscuro por la carrera. La había visto desde lejos, por fin una persona entre tanto bosque, aquello le había dado una alegría a Luciano.
_*_
El día de Luciano había comenzado de una forma normal, después de salir de trabajar camino por el centro de Mendoza hasta la pequeña cafetería cerca de la parada de colectivo. Había tomado la decisión de beber un café y comer una factura antes de llegar a su departamento, apenas entró al local el olor fuerte del café mezclado con el dulzón de los postres y tartas lograron hacer rugir su estomago, continuo su camino entre las filas de mesas hasta llegar al fondo donde había un mesa con dos sillas.
Con un suspiro dejó su mochila en una de las sillas cuando un ruido seco llamó su atención, lento, levantó su mochila encontrándose con un libro. El pelinegro lo tomo entre sus manos y luego miro todo el local buscando al dueño, pero aparentemente no pertenecía a nadie. Encogiéndose de hombros, dejó de nuevo la mochila en la silla y se sentó en la otra esperando al joven camarero que se acercó inmediatamente.
—Un café con medialuna— pidió con una sonrisa casada. El joven asintió anotando el pedido en su pequeña libreta.
Mientras su pedido venía decidió sacar su celular ignorando su alrededor un momento, su tarde parecía tan rutinaria pensaba es esos momentos. El libro lo dejó en la mesa, de vez en cuando lo miraba, era extraño toparse con un libro que no tenía título a simple vista, curioso el ojigris iba a tomarlo de nuevo, cuando el joven camarero regresó con una bandeja llena.
—Aquí está su pedido— interrumpió el castaño, dejando en la mesa la taza de café caliente y un plato con unas dulces medialunas. Asintió dejando su celular en el bolsillo de su mochila para dedicarse a su merienda y a la vez observar a su alrededor.
Aunque era pequeña, la cafetería era muy concurrida, podía ver como cada mesa era ocupada y el joven camarero iba de un lado a otro tomando pedidos y entregando cafés y tartas. Le gustaba el local, por eso era cliente recurrente.
Sin darse cuenta, Luciano había acabado su comida rápido y tras pagar los cuarenta y cinco pesos, y diez más de propina para el castaño, tomó la mochila y el libro apresurado. Su colectivo está por pasar así que se apresuró para llegar a tiempo a la parada, por suerte, cuando llegó aún no había pasado y como era plena siesta apenas había gente, así que aprovechando la oportunidad, el pelinegro se sentó en el banco a esperar su colectivo y de paso curiosear el misterioso libro.
A simple vista, no era muy llamativo como otros, las tapas del libro tenía pequeños dientes de león en toda la parte baja. No tenía título desde afuera, pero al abrirlo se encontró con la primera hoja en blanco, en la siguiente página se encontró con el título ordinario que ni tomo atención, siguió investigando, ya en la tercera página se encontró con el comienzo de la historia.
En ese momento el colectivo apareció doblando la esquina, a tiempo Luciano lo vio para detenerlo con una seña, se subió y pagó el pasaje para luego ir directo al asiento vacío al lado de la ventanilla. Su viaje era de una hora como máximo, así que en vez de escuchar música con sus auriculares, el pelinegro decidió volver al libro.
Enfocado empezó a leer la inocente historia hasta que sus ojos se cerraron poco a poco de tanto cansancio.
_*_
Cuando Luciano despertó, ya no se encontraba sentado en el colectivo 167, rumbo a su casa. Para su sorpresa, el joven de ojos grises se encontraba acostado en el suelo de un espeso bosque de álamos cubiertos con hojas anaranjadas por el otoño.
—¿En dónde estoy?— se preguntó a sí mismo confundido, incorporándose. No recordaba que se bajó del colectivo, ni siquiera que el recorrido pasará por un bosque de álamos, ya que este cruzaba barrios privados hasta llegar a su barrio.
Algo llamó su completa atención, no tenía ni su mochila ni el libro que había encontrado. Aquello le hizo preocuparse al joven de veintidós años más de lo que ya se encontraba, buscó con su mirada gris sus cosas pero lo único que su vista topaba eran los árboles altos, fue entonces que concentrado se dio cuenta que el misterioso paisaje se le hacía inusualmente familiar, la gran pregunta era de dónde lo conocía.
Luciano nunca fue de los que le gustará explorar o ver documentales con este paisaje, intentó rememorar en su mente de donde le parecía familiar. El joven lanzó un suspiro, tenía que salir de este bosque, así que tomó la decisión de caminar, quedarse en ese lugar a solamente pensar no lo sacaría de allí.
Treinta minutos había pasado para Luciano que caminaba entre árboles, no había ningún sendero que le marcara el camino hacia la salida. Fue en eso que notó desde lejos a una persona más adelante, una sonrisa brilló en su rostro, tal vez podía preguntarle a esa desconocida persona en donde estaba, era arriesgado porque no sabía de quién se trataba, pero él no era de los cobardes, así que inspirando hondo la brisa otoñal corrió hacia esa persona que parecía que se alejaba entre tantos árboles.
Fue así que llegó Luciano a encontrarse con la joven asustada, escondida detrás del par de árboles.
—Sé que estás detrás de los árboles—le dijo a la castaña cuando recupero el aliento de la rápida carrera que hizo— ¿No vas a salir de ahí?
Luciano se quedó parado mirando esos árboles, no quería acercarse y asustar aún más a la chica. Por su parte Tara tenía miedo, unas ganas de llorar la inundaron al ser atrapada, correr no le serviría de mucho ya que no era muy rápida, tampoco tenía donde más esconderse.
—Tranquila, solo quiero preguntarte en donde estamos—el pelinegro se acerco un poco pero no lo suficiente para verla—. La verdad es que estoy muy perdido, no sé que es este lugar.
—Yo tampoco lo sé— respondió Tara con gran timidez sin abandonar su escondite.
—Entonces los dos estamos perdidos, soy Luciano— se presentó con una pequeña sonrisa. Lentamente la castaña dejo el resguardo de los troncos enamorados para ver al joven de ojos grises y pelo negro muy alborotado, jean azul, zapatillas y remera negra, sin duda un joven común y corriente. Por su parte, Luciano extendió más su sonrisa al ver a la joven de pelo castaño, de ojos marrones, vestida de un pijama gris y pantuflas rosas
—Soy Tara— contestó ella. Fue entonces que la sonrisa de Luciano se borró, en ese momento que recordó en donde estaba—. ¿Estás bien?— preguntó preocupada por el cambio de semblante.
Enfrente se encontraba a la protagonista del libro que había encontrado en la cafetería, ahora entendía por qué el paisaje se le hacía tan familiar si lo había leído antes. Las preguntas inundaron mente como una avalancha, demasiadas dudas ¿Cómo era posible que estuviera, de alguna forma, dentro del libro? ¿Cómo llegó? ¿Cómo iba a salir de allí? Esa última incógnita era la única que tenía respuesta, ya que según recordaba lo poco que había leído del libro, Tara estaba perdida en ese bosque buscando algo, tal vez si le ayudaba a encontrarlo podría salir de ese enredo inexplicable.
—Sé cómo saldremos de aquí— dijo firme, la muchacha inclinó la cabeza curiosa, haciendo la muda pregunta con su mirada oscura—. Debemos encontrar aquello que estás buscando aquí.
—¿Qué? Pero si yo no he perdido nada.
—Claro que si, el autor o autora del libro explicaba que te encontrabas en este bosque porque perdiste algo y lo estabas buscando.
—No lo creo, te repito que no perdí nada— Luciano se acercó a ella, hasta estar enfrente.
—Tienes que hacer un esfuerzo de recordar lo que perdiste, el libro dice que este bosque hace que lo olvides así nunca podrás salir de él.
—¿Y tú?— preguntó la joven, el pelinegro levanto una ceja sin entender—¿Qué perdiste para terminar en este bosque?
—Yo no perdí nada— contestó seguro.
—Tal vez no lo recuerdas.
—No creo— respondió ahora un poco más indeciso.
_*_
Ambos jóvenes se encontraban caminando de nuevo por el bosque, cada uno hundido en sus propios pensamientos. Tara intentaba recordar que buscaba y Luciano intentaba entender porque estaba en ese lugar.
Tan perdidos estaban en sus propios pensamientos que no notaron el arroyo hasta que el pelinegro se resbalo y cayo, Tara grito sorprendida al notar a su compañero mojado desde la cintura para abajo.
—Dame tu mano— dijo la castaña extendiendo la suya para ayudarlo a salir, este aceptó y en un momento se encontraba empapado pero en tierra firme.
—Gracias.
—De nada— contestó la chica—. Será mejor detenernos a descansar, no estamos muy concentrados— Luciano negó con la cabeza.
—Si nos detenemos, perderemos más tiempo. ¿Has logrado recordar lo que buscas?—ahora fue el turno ella negar con la cabeza moviendo su pelo castaño. Un maullido llamó la atención de ambos jóvenes, sin esperar, se dirigieron inmediatamente hacia el sonido del desconocido animal.
Les llevó unos diez minutos llegar a la parte donde el arroyo se ensancha, en medio estaba un tronco seco y en la punta de las ramas más gruesas se encontraba un gato negro.
—Misha— llamo la castaña recordando de pronto que ese gato le pertenecía a su hermano, y que antes de irse se lo dejo a ella para que lo cuidara.
Valiente, el pelinegro se lanzó al arroyo, volviéndose a mojar la ropa que apenas se estaba secando. Camino lento por el agua a contra corriente y con cuidado de las resbaladizas rocas del fondo, luego de unos minutos había llegado hasta el tronco, subió con cuidado para encontrar un aterrado Misha por estar rodeado de agua.
Con el gato en sus brazos regresó hacía la castaña para entregárselo, Tara tomo al pequeño animal entre sus brazos.
—Gracias— murmuró feliz la chica, pero antes de poder decir algo, un golpe seco lo despertó.
De vuelta se encontraba en el colectivo, Luciano miró desorientado a su alrededor. El transporte se había llenado y el giro brusco por parte del conductor lo despertó, con un suspiro pasó sus manos restregando su cara para terminar de desperezarse, al parecer se había quedado dormido y había soñado con el libro, asumió el pelinegro.
Una pequeña opresión se instaló en su pecho, Tara y Misha seguían en el bosque, pensó preocupado. Apresurado busco el libro que termino a sus pies, lo tomó y sin detenerse pasó las páginas hasta el final para leer como la chica y el gato regresaron a su casa, así no pudo evitar sonreír por ellos.
Sin borrar su sonrisa apoyó su cabeza en el cristal de la ventanilla, mirando que pasaban por los barrios privados, aunque su mente seguía en aquel el mágico bosque de álamos junto a una extraña chica y su gato.

Categoría: Relato de Viaje

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Un comentario

  1. Me gustó bastante,es un relato que tiene potencial si quisieras llevarlo a ser un libro o historia,la idea de que el entre en el libro se presta para mucho más,la verdad me gustó,muy bueno

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