La Alhambra. Autor: Humberto Hincapié

Después de varias horas viajando desde Benidorm, cerca de las cinco de la tarde llegamos a un sitio desde donde pudimos contemplar lo que pudo ser la misma vista que tuvieron los moros cuando llegaron a esta hermosa región cientos de años atrás.  En el valle, la ciudad de Granada coronada al fondo por la imponente Sierra Nevada. En la distancia al otro extremo de la ciudad, en la cima de una colina se vislumbra la razón de nuestro viaje: los palacios rojos de la Alhambra. Es una vista que queda grabada para siempre en la memoria. ¡Simplemente espectacular!

La creación de esta ciudad se pierde en la bruma del tiempo y sus orígenes están llenos de mitos y leyendas, incluyendo a Noe y al mismo Hércules como sus posibles fundadores, pero lo que se sabe cómo cierto es que fue creada por la tribu ibérica de los túrdulos una de las más civilizadas de las primitivas comunidades que poblaron la península Ibérica. Posteriormente fue conquistada por los romanos que la llamaron IIberis, nombre que cambió a Elvira y posteriormente a Granata, cuando la invasión de los musulmanes en el año 711, hasta recibir el nombre de Granada cuando se erigió como un reino independiente y que desde entonces ha sido cantada y honrada por escritores, poetas, compositores y cantantes que han alimentado desde siempre nuestra imaginación.

Al llegar a la ciudad, nos encontramos con estas callejuelas no diseñadas para los tiempos modernos, si no para que por ellas caminaran las personas del pueblo y jinetes, como lo hicieron cientos de años atrás, romanos, moros, judíos y castellanos, caballeros desfaciendo entuertos, malandrines buscando que robar y uno que otro individuo a encontrarse con una esposa infiel en cualquier rincón del pueblo. Después de recorrer parte de Granada por estas difíciles calles y después de dos o tres perdidas, finalmente llegamos a la pensión donde habíamos reservado nuestro alojamiento para visitar el sitio con el que había soñado toda mi vida: La Alhambra.

Al día siguiente tomamos un taxi que nos llevó en pocos minutos a las oficinas de la compañía con la que habíamos reservado nuestro tour por este sitio de leyenda y fantasía. Después de las verificaciones del caso, con el guía que se nos asignó, caminamos por una calle pendiente hasta llegar a la pequeña plaza de entrada y empezar a recorrer los diferentes sitios y palacios de la Alhambra, construcciones que se inician en el año 889 cuando Sawar ben Handum reconstruye la Alcazaba que había sido iniciada muchos años atrás como fortaleza militar y que hoy en día está convertida en jardines. Pero se necesitaron muchos años más para que Muhammad ibn al-Ahmar ibn Nasr fundara la dinastía Nazarí e iniciara la construcción de la Alhambra alrededor del año 1246.  

Luego pasamos a ver los Palacios Nazaries y creo que nadie está preparado, aún haya leído mucho sobre la Alhambra, al impacto visual que se tiene cuando se entra a estos palacios donde las leyendas, las fantasías y la arquitectura mora traída desde el medio oriente, a lo largo de la costa norte de África, se hacen realidad. Al visitar cada uno de estos palacios, El Mexuar, Comares y el Patio de los Leones, con sus proporciones áureas de ancho, largo y altura, que fueron diseñados por poetas que convirtieron la poesía en geometría y hacen que cada roseta, cada ornamento, cada arabesco y la hermosa caligrafía árabe cante la grandeza de Alá en los capiteles de las delgadas y elegantes columnas o poemas glorificando al Sultán de turno, creando balances entre líneas rectas y curvas que forman patrones que se repiten rítmicamente en una armonía imposible de describir. Estos maestros que diseñaron cada sala, cada balcón, cada ventana, cada cielo raso adornado de Mucarnas que, al estilo de las estalactitas en las cavernas, dan un aire de ingravidez tal, que parece que flotaran, lograron integrar a la arquitectura, aire, luz, agua, espacio, capturando penumbras y cielos, lunas y fuentes, flores y aromas, caligrafías y poesías que trascienden el tiempo.

Al pasar de un palacio al siguiente, el visitante se queda perplejo a la inmensa variedad de diseños geométricos que asombrosamente crean un sentido de unidad total a pesar de los diferentes tiempos en que estos palacios fueron construidos por los sultanes, poetas y arquitectos. Tal es el caso del conjunto del palacio de Comares, construido en los tiempos de Yusuf I y terminado por su hijo Muhammad V, al cual se entra por el patio de los arrayanes con un hermoso estanque que refleja la fachada principal que parece que flotara en el aire. Los arcos y columnas y la hermosa decoración de arabescos y caligrafía que conducen hacia la sala de los Embajadores son un preludio glorioso a lo que el visitante va a encontrar en este salón, que fue en su tiempo, el centro simbólico del poder Nazarí. Realmente es imposible describir los elementos decorativos, caligráficos y poéticos que hay aquí. Basta decir que todo en este salón habla de grandeza, refinamiento y esplendor. El techo del salón está formado por innumerables piezas de madera, colocadas de tal manera, que representan los siete cielos de las creencias religiosas islámicas. Era aquí donde el Sultán recibía a los visitantes más importantes y emitía sus órdenes para la buena marcha de su reino.

Del Palacio de Comares pasamos al hermoso Patio de los Leones, construido en el tiempo de Mohamed V. Una fuente sostenida por doce leones en el centro del patio que en su tiempo estuvo adornado por jardines que con sembrados de naranjos y plantas aromáticas enmarcan las salas y habitaciones de este palacio donde vivían las mujeres de los sultanes y sus concubinas. Al costado oriental del patio está la sala de los reyes iluminada por cinco ventanas en la parte superior que hacen un increíble juego de luces y sombras. Luego sigue la sala de las dos hermanas, la sala de los Abencerrajes y el mirador de Lindaraja, desde el cual se podía ver Granada, antes de que construyeran la galería cristiana.

El agua vertida por los leones fluye suavemente hacia los cuatro puntos cardinales del palacio. Una vez más los ornamentos de las finas columnas con sus capiteles dan la impresión de que todos estos edificios flotan alrededor de la fuente, que en su borde tiene un poema de Ibn Zamrak que dice:

“Bendito sea aquel que concedió al imán Mohammad mansiones embellecidas con espléndidos adornos. ¿Por ventura, este jardín no nos ofrece una obra cuya hermosura no quiso Dios que tuviera igual? Formada con perlas de trémulo resplandor, adorna su base con las perlas que a ella misma sobran. Se desliza líquida plata entre sus alhajas, sin semejante por la belleza de su blancura y brillantes. Se confunden a los ojos la plata líquida con las sólidas joyas de modo que no sabemos qué se desliza ¿No vez como el agua rebosa por los bordes y como las tuberías las ocultan al momento? Del mismo modo un amante, cuyos párpados está llenos de lágrimas y se esfuerza en contenerlas por temor a ser observado. Y en verdad ¿Qué es ella sino una nube que derrama desde sí sus beneficios a los leones? A semejanza suya, la mano del Califa, desde que amanece, derrama también sus dádivas sobre los leones de la guerra…”

La fuente de los leones es una obra maestra de ingeniería en la manera como maneja el flujo del agua en este jardín que llega por las tuberías para acceder a la taza mansamente y entrar a cada león que la despide suavemente por su boca.

Al salir del patio de los Leones, se puede caminar por los jardines del Partal, formado por terrazas escalonadas que forman jardines colgantes. Ahí allí varias casas y la llamada Torre de las Damas. La Alhambra está rodeada por murallas con 22 torres que la separaban de la ciudad de Granada.

Para terminar nuestro recorrido, el guía nos lleva al Generalife, los jardines en los cuales el sultán se retiraba a una finca a descansar, pero que por su proximidad con la Alhambra le permitía estar al tanto de lo que pasaba en su reino y atender los casos más urgentes. El Generalife estaba formado por la finca palaciega, un mirador, las huertas y los jardines bajos donde hay un auditorio para hacer presentaciones de los festivales granadinos. Estos jardines están enmarcados por los cipreses que forman un paseo a lo largo y ancho de este hermoso sitio de descanso del sultán.

Al terminar mi recorrido por los jardines del Generalife, me siento en una banca y pienso que aquí en la Alhambra vivieron seres humanos, que a la vez que construyeron estos hermosos palacios, no podían escapar a su naturaleza humana con sus pasiones, amores, odios, rencillas, traiciones, infidelidades y crímenes, si se tiene en cuenta, como dicen algunos historiadores, que de los nueve primeros sultanes que reinaron en la Alhambra, uno murió accidentalmente, otro murió de muerte natural y los otros siete fueron asesinados. También se cometieron crímenes horrendos como la muerte por decapitación de 36 personas del clan de los Abencerrajes con unas personas diciendo que la causa de semejante acto fue porque algunos de ellos pretendían destronar al sultán y otras, que fue debido a que uno de ellos sedujo a su mujer.

Que es verdad y que es leyenda es muy difícil de saber hoy en día, a muchos años de distancia desde la rendición de los moros a los cristianos en 1492. Realmente es muy poco lo que se conoce sobre cómo vivían en la Alhambra y cuáles fueron los hechos importantes que allí ocurrieron, porque en 1502 el Gran Inquisidor de ingrata recordación, Cardenal Cisneros, confesor de la reina Isabel, ordenó destruir todos los documentos de la Alhambra y Granada en una fogata en la plaza principal. Sólo se salvaron los libros de botánica y medicina. Lo único que sabemos es que los moros establecieron en España una sociedad culta y tolerante donde vivían en armonía moros, cristianos y judíos.   

También pienso, si hemos de creer a Washington Irving, escritor nacido en Nueva York, quien vivió en la Alhambra desde mayo hasta julio del año 1829 y que publicara su libro “Cuentos de la Alhambra” en 1832. Él nos dice, basado en los relatos de quienes vivían en la Alhambra, cómo después de entregar las llaves de la Alhambra en 1492 a los reyes Católicos Fernando e Isabel, Muhammad XII, más conocido como Boabdil, bajando las pendientes de las montañas en su caballo y seguido por su madre, la esposa y el ejército, llorando se dirigió hacia el exilio, primero en las montañas de la Alpujarra y luego en las tierras africanas desde donde habían salido sus antepasados para conquistar España siete siglos antes. Incluso hay quienes dicen, esto puede ser cierto o simplemente una leyenda más, que su madre la reina Ayxa reprochándole le decía: “Haces bien en llorar como mujer al separarte de lo que no supiste defender como hombre”

A partir de esa fecha, Fernando e Isabel trasladaron allí su residencia, iniciando trabajos de restauración, cedieron uno de los palacios nazaríes para construir un convento de franciscanos y más tarde en el siglo XVI, destruyeron la mezquita para construir una iglesia. Juana la hija de Fernando e Isabel más tarde le pasó la Alhambra a su hijo Carlos que al coronarse rey como Carlos V la visitó y encargó al arquitecto Pedro Machuca para construir el Palacio Carlos V en los terrenos de la alhambra. No se sabe que edificios de la Alhambra fueron destruidos y allí contiguo a los palacios nazaríes se construyó un palacio moderno al estilo renacentista italiano, con una planta cuadrada y un patio circular interior que es considerado por muchas personas de autoridad como una completa ofensa arquitectónica que nunca debió violar la belleza y armonía de las obras construidas por los moros durante siete siglos. En este palacio se encuentra hoy en día el museo de la Alhambra.

A partir del siglo XVII los palacios de la Alhambra pasaron tiempos difíciles. Hubo terremotos e incendios y poco a poco mientras caían en el olvido, estas magníficas construcciones fueron invadidas y convertidas en refugio de bandidos, gitanos y menesterosos que la habitaban y la destruían y los visitantes que se atrevían a ir allí, la vandalizaban robando mosaicos y adornos y escribiendo en sus paredes.

Hay que agradecer a Washington Irving, que debido al interés que su libro creó, la Alhambra que se encontraba en completo abandono, captó el interés de personas que iniciaron una campaña que logró que el gobierno español se interesara y decidiera restaurar y renovar en los siglos diez y nueve y veinte sus palacios y jardines para convertirla nuevamente en la joya arquitectónica árabe que hoy en día es la Alhambra, visitada por miles de personas que vienen de todos los lugares del mundo para contemplar estos hermosos palacios que fueron la sede del poder Nazarí en España.

Al seguir nuestro viaje hacia Córdoba y Sevilla, sigue viviendo en mí y para siempre el recuerdo de esta tierra de ensueño llamada La Alhambra. Fue realmente un privilegio recorrer los palacios y jardines de uno de los sitios más fascinantes por su arquitectura, cultura e historia que hay en el mundo.

Categoría: Relato de viaje

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