Empanadas revolution. Autor: Richard Eduardo Hayek Pedraza

Sucedió que un día las empanadas decidieron rebelarse contra la fuerza pública. Reunidas en la vitrina, incluso en los recipientes donde solían esperar a ser calentadas de cara a los posibles compradores, consensuaron –con la complicidad de los pasteles y las tortas de carne– ponerse feas, agriarse, si es que a los policías se les ocurría llevárselas nuevamente para la estación, o para cualquier otro sitio. Esta vez no permitiremos que estos sinvergüenzas sacien su apetito con el sudor ajeno, se decían unas a otras, con un cierto tonito de indignación estremeciendo su relleno de arroz con carne, incluso la gruesa y crocante capa de harina de trigo que tanto les gusta a los clientes. Y pasó que millones de empanadas fueron decomisadas porque dizque sus fabricantes estaban rompiendo el código de policía. Y pasó, además, que como los agentes del estado no sabían lo del pacto secreto hecho por las empanadas con sus hermanos de vitrina, entonces, al querer comerse los productos, repartiéndoselos entre unos y otros (hasta repitiendo dada la variedad y el sabor), aprovechándose de la desgracia de madres cabeza de familia y otros desafortunados, experimentaron de primera mano el alcance de la revolución planeada por las empanadas: unos se vomitaron, otros hasta se hicieron popó en los pantalones, los demás cayeron presas de una intoxicación masiva que les impidió seguir decomisando empanadas, de satisfacerse a sus anchas, de quitarles a los vendedores ambulantes lo que por derecho propio les pertenece: un trabajo digno con el cual brindarse, a sí mismos y a los suyos, una mejor calidad de vida. En pocas horas la ciudad fue un caos total: las calles se llenaron de personas y personas queriendo comprar empanadas, mientras que los hospitales no daban abasto para atender a todos los policías que llegaban y seguían llegando en busca de medicamentos para la acidez estomacal, los cólicos y demás padecimientos gastrointestinales. Lo logramos, fue lo que un amigo y yo escuchamos mientras nos comíamos dos combitos de empanada con avena en la esquina de doña Liche.

Categoría: Derechos Humanos

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