De shopping en Éfeso. Autora: Nigra Sum

Desde Kuşadası vamos hacia el norte a visitar Éfeso, a unos dos kilómetros de Selçuk, en Esmirna. Construida aproximadamente en el año 1000 a.C., es la ciudad antigua mejor conservada de Asia Menor, y en sus épocas de gloria por sus calles desfilaron personajes como Cleopatra, Marco Antonio y la mismísima Virgen María.

Entrando por la Puerta de Magnesia, atravesamos las ruinas grecorromanas hasta llegar a la puerta de Hércules, formada por dos enormes pilares de mármol. Desde allí accedemos a la Vía de los Curetos (sacerdotes que alimentaban el fuego sagrado del Consejo de Ancianos), pavimentada también en mármol, que desemboca en la biblioteca de Celso y la Puerta de Adriano. A nuestro paso apreciamos los restos del alcantarillado principal, que en su tiempo cruzaba toda la ciudad y llegaba hasta el mar Egeo. Por el centro de la calle circulaban los carros y los transeúntes lo hacían por las aceras laterales adornadas con mosaicos multicolores; allí se aprecian aún los pórticos donde se levantaban tiendas, almacenes y negocios de todo tipo. “Les pido que se dejen arrastrar por la imaginación ‒nos dice el guía Oğuz, al tiempo que señala diferentes puntos‒. Esto que ven aquí era algo así como la zona peatonal de Éfeso: Aquí estaba Starbucks, ahí Benetton y allí Mc Donalds”. Y a mí no me lo tiene que repetir dos veces, porque la imaginación vive llevándome a rastras por la vida. Entonces me veo, con mi túnica romana, en el siglo V antes de Cristo, sentada en un triclinio del thermopolium junto a otras mujeres, con quienes nos enseñamos los trapos bien pijos que hemos comprado ‒stolas, subúculas, togas, ricinium‒, y cotilleamos sobre el último escándalo del artista Parrasio, que se descubrió destripaba a sus esclavos y usaba su sangre para dar el toque realista a sus pinturas. También comentamos sobre la organización de las próximas Tesmoforias en nuestro honor, mientras un esclavo nubio nos sirve una leche fría de cabra y una hamburguesa de jabalí, y saludamos a Heráclito, quien pasa por allí para dirigirse a las letrinas y nos sugiere que aunque haga calor no nos bañemos dos veces en el mismo río. Por las dudas.

Categoría: Relatos de viaje
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