El amor es una cosa esplendorosa. Autora: Nigra Sum

Con la reconfortante sensación de dos turistas que se precien, mi amiga y yo subimos la pequeña escalinata que nos conduce al ascensor panorámico de Kaleiçi, la Ciudad Vieja de Antalya, en Turquía. Bajo el sol y con un calor que nos derrite sin piedad, esperamos nuestro turno junto al guía Levent tras una babel de turistas, globalizados por una pequeña cámara Sony disimulada en el lateral superior. El elevador se detiene y se abre en dos hojas. Tras salir los que bajan, entramos los que subimos, buscando la mejor posición y tratando de no empujarnos, sin espacio para movernos o girar. Las puertas de la cabina vidriada se cierran de golpe, como una guillotina horizontal, con trece personas adentro, usurpándose el aire y el espacio, la latitud y longitud. En un extremo y otro del abarrotado recinto, separados por cuerpos extraños, ellos se encuentran por vez primera. Él no puede evitar mirarla, aunque lo hace a hurtadillas, pues las costumbres del pudor son muy severas en este país. Mientras subimos, él imagina lo que haría con ella si ella quisiera. Ella ve en sus ojos lo que él imagina y le devuelve la mirada en una suerte de abandono, de ingenua entrega, y entrecierra sus ojos seductores como una caricia furtiva. Él ve en los ojos de ella lo que ha imaginado, primero con recatada timidez, luego abiertamente, y le clava una mirada húmeda que recorre con descaro el cuerpo oculto de ella. Suspira y asoma apenas la punta de la lengua mientras sigue observándola fijamente. Ella responde con un tenue parpadeo, que no escapa a mi mudo asombro, el casi invisible movimiento rítmico de su cadera hacia adelante y hacia atrás, el tintineo ligero de las pulseras que rodean sus muñecas y una leve y armoniosa oscilación de su púdico başörtüsü, el pañuelo floreado con que cubre su cabeza, dejando entrever una cabellera negra y frondosa. Finalmente, el ascensor se detiene y las compuertas se abren. Trago saliva y salimos todos en estampida mal contenida, pues el lugar huele muy mal. Curiosamente, ambos han logrado mantener la compostura y cierto decoro, acomodando sus cabellos al mismo tiempo, él peinándose con las manos; ella escondiendo un mechón acusador tras su başörtüsü. Salen a la pasarela sin mirarse siquiera, ante un mar de ojos, unos más discretos que otros, y se separan en la Plaza de la República en el centro de la ciudad, sin haberse conocido y perdiéndose para siempre.

Categoría: Relatos de viaje
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12 comentarios

  1. Está tan bien descrita la situación, que siendo ella espectadora te hace sentir uno de los dos enamorados. Quien no tuvo uno de esos amores efímeros que duran un viaje de colectivo, tren o simplemente de ascensor? Es HERMOSO!!

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  2. Esta tan bien descrita la situación, que siendo ella espectadora de la situación es capaz de hacerte sentir uno de los dos enamorados. Quien no tuvo uno esos amores efímeros que duro un viaje de colectivo, tren o simplemente de ascensor? HERMOSO!!!

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