Baixamar. Autor: Jorge Varela Martínez Negrete

El tiempo que transcurre entre una baixamar y otra es de doce horas con veinticinco minutos. Solo una de ellas será con la luz del día, la otra será en la oscuridad de la noche. Entonces, cuando todo esté en silencio, la luna saldrá y su luz azul iluminará las playas de la ría de Arousa donde pronto se escuchará el rastrilleo de las pertinaces mariscadoras del pueblo de O´Carril.

Ana se calza sus botas de hule donde introduce sus ropas de agua. Toma su sacha y su rastrillo y camina hasta donde la marea se lo permite para trabajar su vivero que la cofradía de pescadores le ha asignado. En su capazo se van acumulando las almejas y los berberechos, con cuidado, selecciona las conchas por su tamaño pues si no lo hace, en la criba de la lonja no se las pesarán. Una hora o tres metida con el agua hasta las rodillas, Ana no para, sus manos duras de tanto rastrillar se han curtido con el salitre de la ría, sus cabellos cortos se enredan con la humedad. Hoy Ana ha venido de noche al vivero sabiendo que la luna también lo hará. Carril luce silencioso. Solo, en la balaustrada un hombre mira a lo lejos hasta el otro lado de la ría donde unas luces tintinean con cierto temor; “deben de ser las luces de Ribeira” piensa para si misma.

Maruxa se calza sus botas de piel donde introduce sus finas medias. Toma su portafolio y su paraguas y camina hasta donde la lluvia se lo permite para trabajar en la conservera que su padre ha fundado con tanto esfuerzo. En su escritorio se acumulan las notas de lo que se ha comprado hoy en la lonja, toneladas de mariscos de las rías gallegas se prepararán en conserva y ya enlatadas llegarán hasta los lugares más remotos de la tierra. Maruxa trabaja duro, su posición económica no ha sido impedimento para que todos los días venga a la oficina. Maruxa no olvida sus raíces y sabe de las mujeres galegas que una, o tres horas estarán metidas hasta la cintura en las frías aguas de las rías buscando el sustento de sus familias. Hoy Maruxa se ha quedado en la conservera hasta bien entrada la noche sabiendo que la luna también lo hará. Riveira luce silencioso. Solo, en la Piedra Pateira un hombre mira a lo lejos hasta el otro lado de la ría donde unas luces tintinean con cierto temor; “deben de ser las luces de Carril” piensa para si misma.

Ribeira y Carril son dos pueblos marineros tan parecidos en su fisonomía pero tan diferentes en su caminar. Ambos están ubicados en la ría de Arousa solo que el primero, Ribeira, se encuentra en el extremo poniente de la ría muy cerca del océano Atlántico y el segundo, Carril, se encuentra ya en el extremo opuesto al levante de la ría muy cerca de la desembocadura del río Ulla, además, aunque ambos están en Galicia pertenecen a dos distintas regiones, Ribeira depende de La Coruña y Carril de Pontevedra.

La ría de Arousa es la más extensa de las rías Baixas y se ha hecho célebre principalmente por sus pescados y mariscos, gracias a las combinaciones de las corrientes frías del Atlántico y a los nutrientes que le surte el río Ulla y que han dado lugar a una de las zonas marítimas más codiciadas en el mundo de la gastronomía. Por lo demás, Arousa tiene mucha historia, visitada desde los romanos que fundaron Iria Flavia, el Apóstol Santiago que venía a predicar a estas tierras, los barcos vikingos que azotaban los monasterios hasta que eran detenidos en las fortalezas de Catoira, o la armada inglesa que fondeaba en estas aguas en su travesías hacia Gibraltar. La ría tiene sus islas comenzando por Sálvora, la Toxa, Arousa, Malveiras y Cortegada y también tiene su puerto marítimo de altura: Vilagarcía de Arousa con gran movimiento de barcos de cabotaje, de contenedores y por supuesto de la gran flota pesquera. Un dato curioso dicen los niños de Carril, que si observas con cuidado la silueta de la ría de Arousa encontrarás ahí nada más y nada menos que a Lucifer teniendo a Cortegada como su ojo avizor.

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O´Carril es un pueblo marinero que fue fundado a principio de los años 1,500, tuvo un rápido crecimiento a partir de que el río Ulla fue azolvando el antiguo puerto de Padrón, y con esto todas las operaciones se trasladaron a Carril. A principios del siglo XIX recibía barcos de gran caldo que comerciaban con América y más tarde un ferrocarril que le uniría con Santiago de Compostela con esto los comerciantes de la capital Gallega comenzaron a comprar propiedades tanto para bodegas como para casas de veraneo creando así un crecimiento excepcional.

Pero pronto comenzó el declive. La ría frente a Carril se fue azolvando y los barcos dejaron de atracar trasladándose a Vilagarcía, con esto la estación del tren también se fue lo que conllevó a la paralización de toda actividad económica. El pueblo tratando de buscar una solución a esta depresión, ofreció al entonces casi niño, el Rey Alfonso XIII y a su madre la Reina María Cristina de Habsburgo la Isla de Cortegada para que construyeran allí su palacio de verano. El pueblo de Carril se unió y entre todos compraron la isla a sus antiguos dueños para donarla, pero para su desgracia, el Rey Alfonso XIII –quizás influido por su madre la Reina María Cristina– decide construir su palacio en la isla de la Magdalena en Santander. Para completar la catástrofe, el Rey mantiene la propiedad hasta su muerte dejándola como herencia a su hijo Don Juan, quien al no estar reinando decide venderla a una inmobiliaria que pensaba desarrollar un gran hotel. El pueblo enfurecido logró primero que se le declarara parque nacional evitando toda construcción y en 2007 fue expropiada para volver a pertenecer al pueblo gallego.

Tras estas adversidades, la gente del pueblo de Carril decidió volver a los que sabe hacer y tanto disfruta; el marisqueo. Se formó la cofradía, se repartieron los viveros se conformó la lonja y poco a poco el pueblo marinero volvió a vivir, quizás ahora con un ritmo más lento pero aquí la gente vive feliz, disfruta de la ría, de la playa, de su isla, sabe guarecerse cuando sopla el viento del norte y sabe divertirse cuando vienen sus fiestas comenzando con la del apóstol, inmediatamente le sigue la de San Fidel luego viene la de San Roque para terminar con la de la Almeja. La gente de Carril sabe de las mareas, pues con ellas trabaja y sabe que la marea sube para después bajar. La gente de Carril ha estado arriba pero también abajo, eso es duro, pero en la vida, como en las mareas ahora les toca remontar y la gente de Carril no olvida que cada doce horas con veinticinco minutos vuelve la Baixamar y eso, es inevitable.

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Santa Uxia de Riveira es un pueblo marinero que tuvo asentamientos esporádicos hasta que a principios del siglo XIX unos marineros catalanes deciden asentarse en la bocana de la ría de Arousa atraídos por sus fabulosos mariscos. Poco a poco Ribeira fue creciendo sin acontecimientos notables, salvo que en el año de 1906 el Rey le concede el título de ciudad y en 1921 tras el naufragio del buque Santa Isabel en la isla de Sálvora se le añade la leyenda de “Noble y Leal Ciudad”.

Ribeira o mejor dicho Riveira como les gusta a la gente de por aquí que se escriba se encuentra en la ribera norte de la ría de Arousa y es la ciudad más importante de la región conocida como Barbanza. Poco a poco y sin sobresaltos Ribeira ha ido creciendo impulsada casi exclusivamente por la industria del Mar. Mucha de la historia tiene que ver con la isla de Sálvora donde se estableció la primera fábrica de secado y salazón de pescado. La isla era propiedad de una próspera familia gallega a la que posteriormente le fue expropiada para que después de varios años lograr recuperarla sin embargo deciden venderla a un banco que pensaba desarrollarla pero la gente de Ribeira al igual que la de Carril logró que volviera a pertenecer al pueblo Gallego. La isla de Sálvora cuenta con unos de los faros más importantes del litoral de Galicia y aunque fue ubicado en un mal lugar ahora es un alivio para los barcos que vuelven a puerto.

Ribeira es ahora el lugar donde se concentran la mayor cantidad de pescados y mariscos venidos de las lonjas de todo Galicia; aquí se procesan y se enlatan para la industria de las conservas. Sus grandes bodegas refrigeradas reciben a la flota pesquera que está a solo unas millas del océano Atlántico. La gente de Ribeira trabaja duro pero sabe que las mareas volverán por lo que cada que pueden se van a divertirse a las dunas o quizás otros lo harán a las lagunas de Carregal o a la Isla de Sálvora pero también les gusta festejar y esperan con ansia sus fiestas como son la de las Dornas o la procesión de Santa Uxia, ya que la gente de Riveira no olvida que cada doce horas con veinticinco minutos vuelve la Baixamar y eso, es inevitable.

Hay que saber vivir la marea que nos toca. Habrá algunas donde toque navegar y otras donde toque mariscar. Ribeira y Carril, Cortegada y Sálvora, Ana y Maruxa; todos en pares como la Pleamar y la Baixamar, el ritmo de la la luna, el ritmo de los años, el ritmo de los cielos y el ritmo de las mareas; que cada doce horas con veinticinco minutos vuelve la Baixamar y eso, es inevitable.

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