Molinos. Autora: María Ines Corda

La libertad

no es más que la oportunidad de ser mejor.

A Camus

“Felicidades hija. Ya nos queda poco”. Las flores permanecían en la mesa baja. Teresa no las había acomodado aun. No le gustaban las flores y su padre lo sabía.

Ella, temprano, había chequeado el resultado del su último examen y había aprobado. Por eso las flores.

La nota, un nueve, le posibilitaba acceder a la beca en Budapest Metropolitan University. Ahora solo le restaba armar la valija que la acompañaría en ese viaje soñado y programado desde que se había decidido por Antropología.

Se había prometido a sí misma que, una vez finalizada la cursada, se tomaría varios meses de descanso. Ahora su tesis y el mundo por descubrir aguardaban por ella.

Sabía que cuando emprendiera el regreso, su vida sería otra. Necesitaba, al menos, comenzar a decidir algunas cuestiones por sí misma.

El teléfono interrumpió sus pensamientos.

─¿Sí?

─¡Hola Teresa!

─¡Nicole!

─¿Tenés tiempo para un café?

─Sí. Tengo algo que contarte…

─¡Bien! ¡Buenas nuevas!, te escucho.

─¿Puede ser en la tarde? Ahora estoy con un lío de ropa…

─¿Ropa?

─¡Ay!… ¡Te veo a las cinco en The boat

─¡Oh!, me dejás intrigada.

El resto de la tarde continuó preparando: ropa (la imprescindible), pasaporte, tickets de varios medios de transporte que había comprado por internet, reservas en hostels, mapas (aunque muchos los consideraban innecesarios) adonde ella había marcado los sitios que visitaría. Había leído sobre museos, exposiciones, conciertos, palacios, cafés, de cada lugar por donde pasaría.

Las campanas del reloj del living, herencia de su abuela, le recordaron que su amiga ya estaría esperándola.

Calculó el tiempo y partió en su bicicleta. Este excelente medio de transporte también lo utilizaría en Europa. Sonreía mientras pedaleaba: mi última pedaleada en esta ciudad. ¿Por qué digo última?

Con la brisa acariciando sus mejillas, el trayecto se hizo muy placentero.

Como imaginó, Nicol aguardaba. Había elegido una mesa en la vereda para no perderse el sol que se filtraba entre el follaje. Un poco agitada, dejó su bicicleta y se acercó a su amiga.

─Hola, ¿qué tenés para contarme?

Teresa, corrió la silla, dejó el bolso sobre la mesa y se sentó.

─Tu sonrisa me hace pensar que lo que estás por decirme será algo muy bueno.

─Y no te equivocás.

Teresa seguía sonriendo.

─¡Dale!

─Aprobé Subculturas urbanas.

─¡Amiga! Sólo te queda la tesis.

─¡Pero aún hay más!

─Uy, tendré taquicardias.

─El martes 30 cumpliré mi sueño.

─¿Tu sueño? ¿Hay algo que yo no sé de vos?

─Viajo a Europa a preparar mi tesis.

Un bocinazo y una frenada brusca la despertaron. El chofer del minibús increpó al conductor de un auto. Intentó seguir durmiendo pero ya no pudo. Había soñado con Buda que le decía om y que ella le dejaba unas monedas para la abundancia. Le causó gracia su sueño .La guía les había dicho que el Danubio separaba a la ciudad en dos: Buda por un lado y Pest por el otro.

Y ahora la guía seguía diciendo, como si su sueño hubiese durado un minuto: “El Danubio, este río amarronado que se desplaza lentamente, como si no quisiera seguir su curso, descubre a su paso lo que la 2da Guerra Mundial nos dejó y que vamos recuperando, ladrillo a ladrillo, hasta rescatar aquel esplendor perdido. Observen cómo en él beben las raíces de los árboles y las flores de los jardines linderos intentan, en vano, reflejarse.

Le entró un WhatsApp: era de su padre. Le comentaba con alegría que, habiendo movido algunas influencias, le había conseguido un lugar como ayudante de cátedra en la facultad. Así que, a su regreso, ya podía comenzar a trabajar.

Aunque monótona en su decir, pensó que la guía era toda una poeta. Comenzó a explicar ahora la vida de príncipes y reyes, de territorios ganados y de territorios perdidos, palacios extremadamente lujosos, iglesias y murallas que guardan secretos jamás develados.

Y Teresa volvió a dormirse.

Sin saber cuánto tiempo había trascurrido trató de salir del sueño. Decenas de elegantes bailarines, a ambos lados del camino y al son de violines, se desplazaban ensayando uno y mil pasos.

Una curva pronunciada la regresó de su estado de éxtasis y esos seres danzantes habían mutado, transformándose en cientos de molinos de viento, que no desafiaban a Don Quijote de la Mancha loco de amor por Dulcinea, sino que inundaban el paisaje maravillando a los viajeros. Eran kilómetros y kilómetros de campos ondulados, cubiertos de diferentes colores y aromas.

─Energía eólica ─explicó la guía ─señalando los molinos.

Y después contó que estas eran las tierras por donde cabalgó, hasta quedar sin aliento, Elisabeth Amalie Eugene, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría o Sissi, como ella prefería que la llamaran.

Desafiaba a diario, con su temperamento independiente, todas las reglas palaciegas. Sucede que no había sido preparada para eso, dijo la guía. No por ello dejaba de deslumbrar a todos en las lujosas fiestas que su marido, el rey Francisco José, organizaba. Bailaba sin parar, hasta el amanecer.

Igual que estos molinos, pensó Teresa. Igual que estos molinos.

─Qué hermosura ─dijo y se sorprendió a sí misma expresándolo en voz alta.

Ya próxima al destino final del viaje, el trayecto se hacía cada vez más bello. La primavera se asomaba a los costados del camino y los colores de los árboles merecían ser retratados por la lente de la cámara fotográfica. También las flores de las ventanas de esas casas muy antiguas que se agrupan en pequeños poblados y que los automóviles pasaban casi besándolas.

Y siempre, desde cualquier sitio, siguieron apareciendo los molinos, figuras esbeltas, que giraban y giraban al compás de la música de algún violinista que permanecía escondido entre las nubes.

El sol comenzaba a despedirse y el cartel luminoso del hotel indicaba que el trayecto de ese día había llegado a su fin.

Ingresó al lobby y le pidió la llave al conserje. Fue ahí, recién entonces, que reparó en el óleo de Sissi que colgaba de la pared.

─Se nota que quieren mucho a la Emperatriz.

─Claro, señorita… Ella fue solidaria con la rebeldía húngara. Sissi amaba Hungría.

Como en todos los destinos, la rutina de aguardar el equipaje y la llave del cuarto no la inquietaron, tenía todo el tiempo del mundo. Este era el lugar elegido para permanecer todo lo que fuera posible. Una rara sensación recorrió su cuerpo: frente a sus ojos, descubrió las pinturas de infinitos molinos de viento de un artista vienés que colgaban en las paredes del hall de ingreso.

Esa noche caminó por calles, mezclada entre la multitud, descubriendo cada lugar: faroles, bares, librerías. De pronto, como presidiendo el ingreso al puente Isabel, quedó impactada frente a la estatua de Sissi.

Había caído la noche y no había llevado abrigo. Igual decidió sentarse en un banco, necesitaba recuperarse de la caminata y de la agitación interior que en ese momento sentía.

Miró los pies de la estatua de Sissi y pensó: ¿en qué lugar de la historia la habían colocado? Teresa miró sus propios pies y pensó que ellos también la habían traído hasta ahí. Un lugar.

El escultor había plasmado, en los ojos de la emperatriz, la concreción de los deseos. Teresa pensó que era el momento de cumplir los suyos.

Decidió entrar al café New York. Los mármoles, los tapizados, los espejos, las luces encendidas la embriagaron de tal manera que tuvo que hacer un esfuerzo para recordar que ella era Teresa.

─Good afternoon, Miss.

─What?

─What are you going to order, miss?

El mozo sonrió y ella notó en esa sonrisa algo familiar. No podía ocultar su acento porteño.

─¿Puedo ordenar en castellano?

─Sí.

Teresa sintió que su vida anterior y esta, que estaba eligiendo, se unían con un cordón de plata a través de este mozo.

─¿De dónde sos?

─De Castelli ─dijo él─… ¿vos?

─De La Plata.

Permanecieron un instante sin decir nada. Él sonrió

─Ah, sí…─dijo ella─ un café y una porción de strudell.

edv la-verdadera-historia-del-motin-de-la-bounty

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.