Recuerdos de un viaje en coche. Autora: Carmen Tibet

Cerré la puerta de casa sabiendo que a partir de ahora ya no lo seria más. Cumplía el horario previsto. Ya había terminado de meter unas cuantas cosas en el coche de alquiler, sacado la basura y dado el último repaso por las habitaciones. Había ido despidiéndome mentalmente de todos los rincones de casa y diciendo adiós a las plantas y a todo lo que se quedaba allí.

Me senté al volante del coche y sonreí … Ya no había vuelta atrás. Todas las cosas acumuladas a lo largo de los últimos veinte años y que fueron mi hogar estaban repartidas: entre la casa de mi madre; en los altillos, estanterías y muebles de mi casa que a partir de ahora alquilaría a un amigo; parte de las cosas regaladas, y, el resto, estaban esperándome en casa de unos amigos en un pueblo de Barcelona y era lo que se venía conmigo a Budapest. El sólo tener espacio para llevarme lo que cupiera en un coche: muebles, libros, música, objetos, cuadros y ropa, y el organizarlo en no mucho tiempo, que dejar, que guardar, que llevar…. Había sido muy rápido. Había elegido algunas cosas por impulso, otras separadas por enterrar recuerdos del pasado y otras cuantas me acompañaban para comenzar una nueva vida. Lo que me llevaría a Budapest lo había transportado Alex hasta su casa, en coche, aprovechando un viaje que había hecho en marzo a Madrid. No me llevaba todos mis libros, pero seleccione algunos de filosofía, los de viaje, poesía y todos los de Tíbet.

El primer paso fue la decisión que había tomado el año anterior, de arriesgar, de querer cambiar de vida y luchar por crear una nueva familia. Luego dejar el trabajo que por un golpe de suerte lo conseguí en diciembre. Y finalmente organizar el traslado. Habíamos decidido viajar a principio de primavera pero todo se retraso con la muerte de mi padre. Fueron muchos cambios y duelos en muy poco tiempo: Comienzo de una nueva vida, dejar el trabajo, la muerte de mi padre y cambiar de país.

Los siguientes pasos fueron organizar y planificar el viaje y el último y definitivo, ponerlo en práctica. En este momento estaba.

Ahora viajar, como tantas otras veces en coche, dirección Barcelona, en esta primera etapa de viaje, por una carretera que conocía tan bien. Y luego a Budapest. Con esa incertidumbre optimista que te hace tener una sonrisa en los labios, a ratos de circunstancia. Si, había llegado la hora de cambiar y era ahora.

Del viaje hasta casa de mis amigos, recuerdo el disfrutar de la carretera y de la música. Como me gusta viajar sola conduciendo un coche y poder ir a mi ritmo. Ese recorrido lo había hecho muchas veces y muchos años en coche hasta que por fin pusieron el Ave desde Madrid. Era un día de diario con poco trafico, pasaba por paisajes muy conocidos, recuerdos, tristeza al pasar por Lleida, dejar atrás el pasado. Y la novedad y alegría del futuro Y finalmente la llegada y los abrazos para pasar unos días de relax en casa de Alex y Frank previos al viaje a Budapest.

Las siguientes etapas serian viajar con mi amiga Alex, en su coche, casi dos mil kilómetros en total, con dos noches de por medio, una en la Provenza y otra en un pueblo cerca de la frontera con Eslovenia. Habíamos organizado salir cada día temprano, conducir entre 600 y 800 kilómetros, llegar pronto a los alojamientos que habíamos alquilado previamente, y pasar la tarde tranquila bien en la piscina, hacer un recorrido en bici, correr o pasear, cena rica y dormir pronto para viajar temprano al día siguiente. Alex conocía bastante bien la primera etapa del recorrido; y fue ella la que condujo la mayor parte del viaje. Yo de copiloto y ambas disfrutando de la mutua compañía. Una gran compañía y felicidad al verme acompañada en el cambio de vida. Una gran suerte de tener a Alex como amiga.

El coche lleno hasta los topes, por el espejo retrovisor solo se veían cajas, patas de las sillas (únicos muebles que me llevaba), maletas, y paquetes envueltos. Todo colocado o encajado tipo puzle, y, la bicicleta encima de todas las cosas. Café y adelante, hacia la frontera y a un mundo por descubrir.

Conversaciones largas, silencios tranquilos, alguna lágrima, canciones a pleno pulmón, contar camiones, paisajes y reírnos. Tengo muy grabada las risas espontáneas y a carcajadas, alegría de viajar juntas y mucha felicidad. Comparábamos señales de trafico, de los túneles, en los distintos países por donde pasábamos y las hacíamos fotos. Parábamos pocas veces para repostar y estirar las piernas, comprar alguna bebida…

Llegamos al bungalow que habíamos reservado en Forcalqueiret (Francia), sobre las cuatro de la tarde. Era mediados de mayo y ese día hacia suficiente buen tiempo para estar un rato en la piscina al sol, relajadas descansando del viaje y charlando, darnos algún baño y no tener prisa por lo que quedaba de ese día. La única preocupación, si se puede llamar así, era saber donde cenaríamos… Había una zona con bosque cerca de la urbanización donde estábamos alojadas, a donde Alex salió a correr un rato y estirar las piernas. Fuimos a un restaurante con buena pinta, no cenamos en la terraza porque al atardecer empezaba a hacer frío. Había poca gente en el restaurante, no recuerdo ya que comimos pero si la mesa donde cenamos y la sala donde estábamos sentadas.El segundo día fue con mejor trafico que la costa mediterránea francesa. Por la autopista A8 y sus túneles, obras y camiones, nos había tomado mas tiempo de lo esperado el primer dia. Nuestro destino era un pueblecito al norte de Venecia y unos cien quilómetros de la frontera con Eslovenia. Llegamos a primera hora de la tarde y fuimos a dar una vuelta. Alex corriendo y yo en bici dimos un recorrido por las calles para conocer el pueblo. Ya a la hora de cenar llovía camino de la pizzería que habíamos descubierto en nuestro paseo. Recuerdo las pizzas riquísimas que nos tomamos. Y sobre todo las dos recordamos, en nuestro regreso hacia la casa donde nos alojábamos, ya sin la lluvia y por un camino que bordeaba unos campos, todo oscuro donde apenas veíamos, el momento cuando de repente nos encontramos un millar de pequeñas luces bailando, increíbles, impresionantes y mágicas. No recuerdo cuanto rato estuvimos observándolas incrédulas, era una fiesta de luces pequeñitas, entre amarillo y verde según lo cercanas que estuvieran, hicimos algunas fotos pero no reflejaban la mágicas imagenes que veíamos. Nos fuimos a dormir temprano y con una grata sensación de felicidad.

A la mañana siguiente, muy temprano, medio dormida, en una amplia cocina preparamos café para llevárnoslo en los termos. Dejamos atrás Oderzo con algo de lluvia y una larga autopista hasta que entramos en Eslovenia. Allí el paisaje cambio totalmente, montañas y nubes bajas, aun chispeaba a ratos, y bosques frondosos, un paisaje precioso del cual descendíamos y veíamos a lo lejos abrirse el valle y abrirse las nubes con trozos de cielo azul. Paramos a poner gasolina y comprar algo de comer. Nos sorprendió la simpatía de la chica que nos atendió. Y también pasamos un rato buscando un regalo para llevar, elegir entre un montón de muñecos de peluche… Habíamos quedado que por cada país que pasáramos compraríamos algún detalle.

Ya en Hungría por la autopista M7 compramos la viñeta. Cambio de paisaje, ahora la carretera transcurría entre cultivos y era un horizonte llano, algunas zonas arboladas, grandes rectas y poco trafico. Pasamos cerca del lago Balaton, el lago mas grande de Europa central y el más grande de Hungría. Con el tiempo iría a visitarlo y hacer kayak algunos fines de semana. Teníamos ganas de llegar a mi nueva casa pero también estábamos a gusto viajando juntas. Era uno de los casos que hay compenetración y facilidad para viajar, y que no ocurre con mucha gente. Recuerdo la entrada a la ciudad de Budapest, mucho traficoy tranvías. Algunas calles ya me resultaban familiares por mis visitas anteriores. La ruta hacia casa pasaba paralela al Danubio, con vistas al Parlamento y luego el puente y la isla Margarita ,hasta que subimos hacia las colinas de Buda donde estaban esperándonos en casa. Mi nueva casa, ya mía, feliz y dispuesta para crear un hogar con mi pareja y su hija. Llegamos, sonrisas y besos. Y en su abrazo llegue a casa.

 

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5 comentarios

  1. Maravilloso viaje, para cuando una versión más larga con reflexiones, anécdotas… y sobre todo, que pasó en Budapest ?
    Gracias Carmen

  2. Un viaje inolvidable y mia. Marcó nuestra amistad para siempre. Y tu relato está estupendo- llena de cariño, detalle y está escrito desde tu corazón.

  3. Grande Carmen!. Me alegro de que tomaras la decisión de cambiar de vida y me encanta que quedemos todas juntas cuando vienes a Madrid. Te queremos!!

  4. Me gustó. Mejor dicho: me encantó. Porque es lo que siempre he querido hacer (darle un carpetazo a mi vida actual e irme a vivir a un sitio desconocido).
    Me alegro por quien quiera y pueda hacerlo.
    Deseo que sea una historia verdadera para que acabe de gustarme más

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