Perdido en la creación. Autor: Rusvelt Nivia Castellanos

Hace unos años, yo conocí a este artista, recuerdo que era un hombre con ojos de luciérnagas. La última vez que lo vi en esta vida, fue junto a la ventana de su habitación modernista. Ese día, lo percibí preocupado en su personalidad. Por cierto, él manifestaba un semblante fantasmagórico. En cuanto a su ocupación; hacía de escritor existencial y por tanto vivía encerrado en su residencia, obrando novelas por la patria de Macombia. Demás como persona, tenía la cara regordeta en medio de su piel blanca, que lo distinguía tan propiamente. Y le gustaba fumar con pasión. Entre los atardeceres, prendía el cigarrillo, adentro en su biblioteca. Tiempo después; pasaba a la estantería y tomaba los libros de siempre. Allí bien, rememoraba las historias de Gabo y Héctor, leía sus obras literarias, las imaginaba con agrado y al nuevo tiempo, pasaba a su escritorio y resuelto se sentaba de frente al computador para rehacer a la literatura artística. Ahí en además su situación, pensaba en los miserables y con deseo febril, se ponía a relatar las atrocidades de sus personajes malditos. El estruendo de los hombres al morir, lo convirtió consecuentemente en un hombre revoltoso con la escritura. De hecho a solas, comenzaba a revelar seres monstruosos por medio de las tramas que recreaba portentosamente. A su ritmo, iba soltando las palabras suyas con ferocidad. En subida, sólo se prendía con verdades hasta irrigar su estrepitosa prosa en el lienzo. Así generaba con poder intrigante su novelística, alcanzaba a trasmitir sugestiones, concebía las figuraciones poéticas.

Ya cuando él iba menguándose, pasaba a beberse una taza de café con calidez. Más lo hacía así, para poder repensar mejor los conflictos de los protagonistas. De modo tal que le daba uno y dos sorbos a la bebida. De a poco cavilaba, un poco elucidaba su mente. Y de repente, reanudaba su narrativa roja, recuperaba el sentir enérgico, ponía las imaginaciones rompientes. Pronto al hecho, volvía a la ficción, metiéndose profundamente hasta llegar a la ruptura dimensional, donde las masacres acababan por ser una realidad del país donde él envejecía entre sacrificios.

Entre tanto el escritor, según creo, se quedó entre la vida y la muerte, posiblemente fue cuando lo vi por última vez en su habitación aquella tarde de octubre. Pues lo cierto es que nadie ha vuelto a presenciarlo en ningún lugar ni en alguna ciudad, siquiera utópica. Así que parece que ahora no está aquí en nuestro mundo ni allá en la fantasía.

Sin más; tal es todo lo que se sabe del novelista, que está desaparecido.

 

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