Al borde del infinito. Autor: Rusvelt Nivia Castellanos

En un principio; les confieso, que este joven siempre estuvo metido en otro mundo. Allá su ser permanecía en paz. Pablo, tenía especialmente la capacidad de ver lo fantástico. Por tal motivo, buscaba más lo interior que lo exterior. Desde el albor de la tarde hasta la noche, dibujaba sus quimeras a solas en medio del sortilegio. Como rutina, bebía algo de café antes de comenzar el trabajo creativo. Procuraba relajar los sentidos suyos. Una vez preparado, pasaba del comedor al segundo piso. Subía las escaleras, sin prisa, recorría los ámbitos penumbrosos. Entraba al cuarto donde más habitaba; volvía a cerrar la puerta para distanciarse del bullicio, luego tomaba un lápiz con diferentes cartulinas y de repente se ponía a realizar las invenciones. Lentamente, las precisaba hasta refinarlas sorprendentes. Esa era por cierto su pasión. Lo suyo lo hacía con maestría. Del arte vivía y por eso creaba, por lo trascendental. Sentado de cara al lienzo, trazaba líneas de muchas dimensiones que acababan definidas en formas abstractas y ciudades. Todas y cada una de estas concepciones, poseían un estilo vanguardista. En esencia trasmitían satisfacción. Por lo general, las grafías simbolizaban los deseos de Pablo. Con lo claro y oscuro, libertaba soles de cristal y propagaba las sustancias que flotaban adentro de su ser etéreo. A causa de estas experiencias, un día decidió pintar el mundo más hermoso que nunca antes había visto. Sin desesperarse, lo fue figurando a modo de mural en su habitación. Primeramente, plasmó un firmamento como de nevados. De secuencia, coloreó varios ciclones con nebulosas. Sobre lo estable fusionó estos elementos etéreos. Y por último, creó una tierra rocosa, llena de pirámides entre fulgores. Era única, la obra reflejada en la pared. Los matices a él lo impresionaron. De hecho, cuando terminó la composición, se puso a contemplarla por largo tiempo. Cada detalle ilustrativo, lo embulló en unas sensaciones inexplicables. Concibió ese espacio como sobrenatural. El ordenamiento de las cosas, lo puso a reflexionar hasta lo profundo. Por tal motivo, creyó que allá estaba su perfección idolatrada. Quedo entonces encandilado, se dejó abarcar por ese horizonte majestuoso. De una manera distinta, fue percibiendo lo exterior. Pensaba que el mural, se venía encima de toda su realidad. Según su parecer, se creía entrando a esa nueva dimensión. De un momento a otro, llegó a tocar las cosas que había fijado. Y en verdad; así pasó; Pablo al poco tiempo, se supo existiendo allá, haciendo parte de la misma creación.

 

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