Chucho sin Garra (o de tránsito). Autor: Dante Cano

¡Shu, shu! ¡Largo! ¡A orinar a otro lado, perro!

Sobresaltado levantó la cabeza y sintió que los pelos de la crin se le erizaron. El sonido  de la voz era muy fuerte.

Se alejó de la pared sin bajarse de la banqueta y volteó buscando de donde procedía esa voz. Lo veían unos ojos hundidos enmarcados por un pelo ralo, una barba cana y un ceño fruncido.

El olor de la esquina era agrio, muy intenso. Exhaló como estornudando y continuo andando entre las piernas de la gente. Dio vuelta en la esquina y se echó sobre sus cuartos traseros para rascarse el cuello con la pata. Al husmear la siguiente esquina el olor era el mismo, penetrante.

Siguió su andar. No sentía su cuerpo ligero como antes; de pronto le pareció tener una capa de  “algo”, no supo qué. ¿Le habían crecido las gomitas de sus patas o sólo  se o imaginaba? Algo le apretaba en la parte de arriba de sus caderas.  Llevaba la lengua de fuera y un ligero jadeo le acompañaba.

Aparecieron luces, vinieron sombras, el calor disminuyó, el ruido de los motores escaseó y  los pasos de la gente aminoraron. Su mirada llegaba más lejos cada vez y su olfato captaba menos olores, sintió deseo de parar.

Su  estómago le hablaba, vacío, urgente; no sabía si le ardía o sentía que se inflaba. Vio un bloque de basura a lo lejos y se apresuró. Husmeó a su alrededor, bolsas, cajas rotas, ropa sucia, plásticos. Había un olor a grasa y sal pero no encontraba de dónde provenía.  Una bolsa, otra, las desgarró con sus patas y hocico. Restos de papas fritas. Mordió. Crujieron, sal y aceite. Sí, crujían aún. Recordó  que la noche  anterior comió un medio sándwich  de pavo que alguien había dejado apenas mordido. Lo extrañó. Buscó más papas. Lamió la bolsa. Buscó. Tenía sed. Nada. Se limpió los labios y los bigotes con la lengua y se la paseó por los colmillos.

Anduvo otro poco. De la molestia de su pelaje,  a la incomodidad del vientre, pasó a la pesadez del sueño. Buscó una esquina, ahí donde pegara el aire. Una esquina cóncava. Dio dos vueltas sobre su lado derecho y una más sobre el izquierdo; se echó al piso, panza abajo y barbilla al suelo. Sus ojos estaban alertas al fondo de la calle. Miraba de lado a lado como buscando algo, a alguien. Exhaló un aliento profundo y dejó su mirada fija. De súbito se levantó y volvió al cubo de basura.

Escogió un cartón al pie del basurero; se echó a dormir. Durmió mal, poco y a ratos. Ruidos de voces, puertas, pasos de viandantes, voces de alcoholizados, sirenas, uno que otro motor.

Recordó un latido lento, sereno, un vientre tibio, acogedor, un pecho nutricio, lamidos reconfortantes, caricias. Gimió un par de veces, aulló otras más. ¿Eran recuerdos? ¿Alguna vez había vivido eso? ¿Lo volvería a vivir? ¿Le  esperaban en algún lugar.

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