La sed. Autor: Elena Sauquet

Tengo sed,  la garganta seca me pincha.  Debería ir a comprar agua  pero si lo hago rompo este momento y quizás esta sed no se sacia con un botellín de plástico. La sed me lleva, mi deseo de saciar la sed.  Encuentro en el camino personas con la misma sed.

Mi garganta se suaviza y no le he dado agua, parece que ha dicho: «así es, ten paciencia, forma parte del camino, tener sed,  de hecho te empuja  hacia delante en tu viaje», porque… soy una buscadora de agua y voy en busca de un manantial.

Hay mucha agua, lo sé. La oigo, la puedo oír, a pesar de no verla todavía, siento la humedad en mi piel, a pesar de no mojarme todavía.  Camino hacia delante, me paro, doy unos pasos, me doy la vuelta, pierdo el equilibrio y se me seca la garganta y no recuerdo, ¿qué estoy buscando? Lo he olvidado.

Mi garganta es como un desierto, sólo hay arena roja y una serpiente que ondula por la superficie, un zorrillo que brinca, un espejismo…

Sigo caminando con la garganta seca, con la respiración que se acorta y con los pulmones que se ahogan.  

Sé que hay agua. Existe un manantial.  Lo sé porque siento su humedad… pero

lo que me hace temblar es desvanecerme  sin haber encontrado.  

Que todo se termine con una simple sensación de sed.  

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