El viaje del durante. Autor: Raquel Rodríguez Pérez

  • Buenos días, ¿está usted esperando la línea 11?- preguntó respetuosamente el señor Balle.
  • ¡Bueno, creo que sí! Es la primera vez que cojo esta línea- balbuceó Tin.
  • ¡Oh, no se preocupe! Todo irá bien.- intervino, impulsivamente, una joven delgada, de pelo castaño y grandes ojos aniñados.
  • ¿Entonces, damisela, éste es el arcén para la línea 11?- insistió con suma amabilidad el señor Balle.
  • ¡Así es señor!- sonrió Ainara. Así se llamaba la joven risueña.
  • No sé si todos podemos subir al mismo vagón…- dudó Tin, con su postura semi inclinada hacia el suelo, hombros altos y encogidos, y rostro de temerosa incertidumbre.
  • Eso depende de la tarifa que hayas cogido, jovencito- aclaró el señor Balle.
  • ¡Exacto! Lo maravilloso de esta línea es que se suben personas de todos los tiempos, los del antes, los del durante y los del después.- aclaró Ainara.
  • ¿Y todos pueden ir en el mismo vagón?- se interesó Tin.
  • ¡No, jovencito! Los del antes se colocan en los primeros vagones. Los de en medio están reservados para los que han comprado la tarifa del durante y los últimos, que tienen las grandes cristaleras con vistas espectaculares a los paisajes que recorre, son los que han pagado la tarifa del después.- el señor Balle parecía controlar muy bien el tema aunque se hubiera desorientado con el arcén.
  • Entonces, la tarifa del después ¿es la más cara?- desea saber Tin.
  • ¡Nadie sabe lo que cuesta otra tarifa que no sea la suya! Eso es imprescindible para poder viajar en esta línea.- recuerda Ainara a sus dos contertulios.
  • Pero yo puedo deciros lo que me ha costado la mía.- propone el joven Tin con generosa
  • ¡Nooooo, ni se te ocurra! Nos echarían inmediatamente de esta línea- advierte con preocupación Ainara.
  • Jovencito, el supervisor no te dejaría subir a tu vagón- le clarifica el señor Balle.
  • Pero ¿cómo va a enterarse de que hemos hablado de esto?- a Tin le parecía tan extraño todo, incluso el nombre de las tarifas.
  • No necesita saberlo. Tu ticket cambiaría de color…- explica el señor Balle.
  • ¿Cómo es posible? ¡Es una broma!- Tin había erguido su espalda, por un interés alarmante en lo que estaba descubriendo.
  • ¡Nada de bromas! ¿Recuerdas cómo has pedido tu tarifa? ¿Acaso has preguntado el precio de las tres y la has escogido en función de su coste?- le interroga Ainara que se ha ido acercando más y más a Tin, deslizándose por el banco en el que ambos estaban sentados. Mientras el señor Balle permanecía de pie frente a ambos, con su postura galante y caballerosa.
  • No, yo no… ¿y vosotros?- Tin se asombró. Era cierto. No había preguntado el precio de cada tarifa.
  • Jamás, señorito- esbozó una sonrisa bajo su bigote perfecto el señor Balle.
  • ¡Claro que no, chaval!- le dio un golpecito, con su puño cerrado, en el hombro a Tin. Ainara era así de espontánea y amigable.
  • ¿Tampoco podemos compartir en qué vagón vamos a ir?- Tin se entristeció. Algo de falta de libertad había en aquella situación. ¿Por qué no eran libres de compartir lo que quisieran?
  • ¡Por supuesto que podemos, si queremos!- Ainara sacó su tiquet. Allí sólo ponía su nombre completo y el vagón que iba a ocupar que correspondía con el nombre del destino. Ella iba al después. Mismo vagón, mismo destino.
  • ¡Vaya, no podremos ir juntos!- se entristeció Tin porque cada vez le gustaba más Ainara y quería pasar más tiempo con ella.
  • Interesante, jovencita. Vas a tener un viaje muy placentero.- comentó, atento, el señor Balle.
  • ¿A qué adivino dónde vais vosotros?- le retó Ainara.
  • ¡Vale! Aunque ya sabes que yo no voy al después.- participó Tin, con ilusión, por la propuesta entretenida de Ainara.
  • ¿Y usted, señor? ¿Acepta mi desafío?- se dirigió Ainara directamente al señor Balle.
  • ¡Me complace aceptar participar en su divertimento! Soy el señor Balle, jovencitos, para servirles.- el señor Balle hizo un gesto reverencial de presentación.
  • ¡Encantada! Soy Ainara y éste de aquí… es… ummmm ¡Tin!
  • ¿Eeeeh? ¿Cómo lo sabes? ¿Nos conocemos? ¿Ya has visto mi tiquet?- las mejillas de Tin habían estallado en color bermellón.
  • ¡Noooo! Jejejejeje… es que escuché en la fila de la taquilla que se despedía de ti alguien con un hasta pronto, Tin– Ainara era muy observadora.
  • ¡Ah, sí! Era mi madre.- Tin se avergonzó de las posibles muestras afectuosas de su madre con él.
  • ¡Interesante, señorita! ¡Es usted un ser original!- el señor Balle se sentía a gusto con aquellos dos jóvenes desconocidos, con los que sentía una empatía y simpatía novedosas.
  • ¡Allá voy! ¿Por quién empiezo?- Ainara dudaba.
  • ¡Haga honor de sus habilidades con nuestro amigo Tin por si no nos diera tiempo de continuar con sus prometedoras capacidades antes de que llegue nuestro tren! Si a Tin le parece una buena idea- ofreció, paternal, el señor Balle.
  • ¡Gracias, señor Balle! Me encantaría…- Tin se emocionó por aquella atención innecesaria del señor Balle.
  • ¡De acuerdo!- Ainara cerró los ojos- Tin estaba sentado en el rincón de este gran banco, con el gesto alicaído. Eso muestra nerviosismo o tristeza. Suele ocurrir cuando hay cambios en nuestra vida… Así que por ese motivo descarto el antes. Los pasajeros del antes viajan seguros porque saben lo que van a encontrar. Es lo de siempre. Viajan hacia su zona de confort, donde están acomodados. Pueden estar enfadados, rabiosos, cansados, desanimados, alelados… pero no suelen estar nerviosos. Ningún cambio les espera. Saben que, pase lo que pase, todo va a seguir igual. Es un seguro para ellos. Sé que no viajas al después así que, por descarte, irás en los vagones de en medio, en la tarifa del durante. Aunque no hubiera sabido que no vas al después, lo habría podido deducir. Los pasajeros del después se parecen a mí. Aún no hay casi ninguno en el arcén. Llegan justos para subir a los últimos vagones. Son felices y viven el momento a tope. Cada pasajero del después siembra sus minutos con sus vocaciones más profundas. Yo estoy aquí porque una de mis pasiones es la de observar el mundo y a las personas. Este andén es perfecto para nutrir mi pasión. Después las siento en mí y puedo dibujarlas cuando estoy a solas en casa. Los pasajeros del después tienen un brillo diferente. Están tocados por la luz de la valentía. Han dejado atrás los vagones del antes y del durante. Una libertad nueva crece en sus corazones y va haciéndose más y más grande. Algunos volverán a pasar por el antes y por el durante. Son quienes escogieron un después que no les ha convencido. La diferencia con la mayoría de los que viajan en los primeros vagones y en los de en medio es que ya no tienen miedo y tardan muy poco tiempo en volver a coger la tarifa del después. A ti, Tin, te falta ese brillo pero tampoco tienes el gris habitual de la tarifa del antes. Es tu primera vez en el durante. Hay una decisión que vas a tomar. Tu alma y tu corazón ya lo saben y están preparados. Es tu mente la que necesita encontrar el momento perfecto para cambiar el destino del durante al después. Por eso estás nervioso. Una parte de tu ser ya habita en el después. Hay una gran batalla dentro de ti. El grupo de la tarifa del antes no pelea, no lucha. Se deja arrastrar. Excepto los que vienen ya de algún después. Pero ellos son casos a parte.
  • ¡Oh, vaya! ¡Alucinante!- a Tin le temblaban las piernas. Contenía sus ganas de llorar por haber sido descubierto tan fácilmente por alguien desconocido.
  • ¡Listo, Tin! Cualquier duda sobre el después… aquí me tienes. Eso sí puedo explicártelo.- Ainara sintió un hondo afecto por Tin. Le recordó su durante. Ojalá ella hubiera encontrado entonces a alguien que le hablara del después.
  • Por favor, háblanos del señor Balle si a él le parece bien.- Tin estaba fascinado y le intrigaba la tarifa de un hombre tan correcto y educado.
  • ¿Puedo, señor Balle?- Ainara lo envolvió con sus grandes ojos redondos y oscuros.
  • ¡Un placer, señorita Ainara! ¡Adelante! Me descubro ante los dos, jovencitos.- el señor Balle estaba conmovido por las reflexiones de una jovencita de apariencia tan frágil y alocada.
  • Usted…señor Balle… ya ha estado en el vagón del después. Su rostro muestra el fulgor de los paisajes observados… pero… sospecho que no va a venir conmigo en ninguno de esos vagones… Usted…- Ainara lo observó con sumo cuidado, como si fuera a quebrarse el ser de aquel hombre si lo analizaba con algún tipo de falta de tacto- usted… se sube de nuevo a los vagones principales… Regresa al antes…pero creo que no va a estar mucho tiempo y lo sabe. No está preocupado. Se siente afortunado… ¿verdad?
  • Podría ser, mi joven amiguita.
  • Va a solucionar algo pendiente y tiene la oportunidad de hacerlo pero sólo puede desde el antes… ¿no es así?
  • ¡Touché!- correspondió el señor Balle. Una brisa de melancolía alteró su rostro inmutable.
  • ¿Cómo puedes saber eso? ¡No lo entiendo! ¡Ainara! ¿Has escuchado algo del señor Balle también? ¿Le has visto antes?- Tin se sentía envuelto en una situación irreal.
  • No he escuchado nada- se sinceró Ainara- pero el señor Balle lleva una rosa blanca en el ojal de su chaqueta y viste de oscuro… O se dirige a una boda o a un entierro… Va a zanjar algo con su pasado.- Ainara no tenía reparos en expresar lo que se le venía a la cabeza. Podía equivocarse pero, hasta el momento, nunca lo había hecho.
  • ¡Vaya, pequeña! ¡Asombrosa! No hay otra palabra que la describa mejor- el señor Balle estaba compungido pero debía mantener su porte.
  • Señor Balle, ¿puedo hacerle una pregunta?- Tin estaba intrigado.
  • Por supuesto, Tin- no tenía nada que ocultar y menos a sus dos recién estrenados amigos.
  • ¿Ha perdido a alguien? ¿Es un funeral? Si es así, lo lamento mucho- Tin estaba apenado por aquel hombre enhiesto como un ciprés y de gestos cándidos.
  • No, amigo Tin. Voy a asistir a una boda.- se confesó el señor Balle.
  • ¿Se casa usted?- Ainhara se emocionó. ¡Qué bonita una boda!
  • No, querida jovencita. Se casa mi madre.
  • ¿Cómo? ¡Qué extraño una boda de alguien mayor!- Tin se contagió de la impulsividad de Ainhara.
  • Mi madre se casa con el amor de su vida…
  • ¿Con tu padre? No entiendo…- Tin parecía un niño de 7 años descubriendo el mundo por primera vez.
  • No, estimado Tin. Mi padre falleció y estuvieron casados 43 años. No era el amor de mi madre aunque se respetaron y cuidaron mutuamente. El amor de mi madre apareció cuando mi madre tenía 14 años y fueron novios en secreto hasta los 17. Entonces mis abuelos decidieron casar  a mi madre. El destino hizo que mi madre se encontrara con él en el funeral de mi padre. Allí retomaron el contacto y poco a poco fue avivándose su amor prohibido. Voy a dar mi bendición a mi madre.- el señor Balle se sintió orgulloso de sus palabras. Era la primera vez que veía la belleza de aquella historia. Dejó de sentir culpa por su padre. Supo que él sería feliz allá donde estuviera si veía a la que fue su esposa alegre y amada.
  • ¡Por eso viajas al antes! Si vas le das una nueva oportunidad a tu madre… ¡qué gesto tan noble, señor Balle!- Ainhara extendió su mano y apretó la mano del señor Balle, como si fuera un abrazo de oso pero sólo entre las manos.
  • ¿Y eso le obliga a viajar al antes? No comprendo bien…- Tin meditaba la coherencia que podía tener aquel tiquet para el señor Balle.
  • Sí, jovencitos. Vuelvo al antes porque no pude estar presente en el funeral de mi padre y he tenido miedo de regresar desde entonces.- no hablaba de sí mismo y mucho menos con personas que no pertenecían a su círculo de confianza. Con Ainhara y Tin algo mágico se producía.
  • ¡Todo tiene sentido, siempre! Nada ocurre al azar.- reía a carcajadas Ainhara mientras agitaba los brazos y las piernas como si estuvieran haciéndole cosquillas. Eso provocó enormes risotadas entre los tres.
  • Tengo miedo de mi durante…- dijo Tin cuando se habían calmado las chillonas risas.
  • Tin, el durante es oscuro… está en penumbra…para todos… Eso no debe asustarte- Ainhara posó su cabello sobre el hombro de Tin.
  • No es la falta de luz lo que me asusta…- explicó Tin con la voz entrecortada y apagada.
  • ¿A qué temes, jovencito?- le interesó al señor Balle aquella vocecita quebrada.
  • A no saber salir de allí… a quedarme esperando en la oscuridad… indefinidamente, como si estuviera apresado por el vacío…- Tin imaginaba el viaje del durante lleno de trampas, baches y negruras. Si sabía que tenía un fin, una meta, un acabamiento, sentía sus fuerzas interiores emerger y dar impulso a todo su ser. Cuando sospechaba que podía ser esclavo de ese limbo hacia ningún lugar, una descarga ardiente le empujaba el corazón hacia dentro, comprimido, y se le cortaba, durante muchos segundos, la respiración.
  • El durante, Tin, sólo dura lo que tú quieras que dure- le aseguró Ainhara.
  • ¿Y si yo quiero que acabe y no hay salida?- Tin vivía el creciente pavor que lo iba cercando.
  • Entonces, joven amigo, respira. Sólo respira.- le animó el señor Balle, que entendía a la perfección a lo que se refería el muchacho.
  • ¡Pero cierra los ojos para respirar! No se puede respirar bien con los ojos abiertos…- Ainhara quería que Tin fuera pronto al después.
  • De todos modos, querido Tin, si cuando acabe mi trayecto por el antes, te encuentro en el durante, me comprometo a ayudarte a ir hacia el después.
  • ¡Pero tù no puedes alterar su trayecto!- le regañó Ainhara- Además no se acordará de ti ni tú de él.
  • A partir de ahora, diré, a todo el que me encuentre y parezca atrabapado en su vagón, que respire con los ojos cerrados. Así estaré seguro de que si me cruzo con Tin, aunque no nos reconozcamos, si no ha pasado aún al después, podré ayudarlo a pasar. Eso sí lo voy a recordar porque me lo apunto ahora mismo en mi agenda de tareas diarias.
  • ¡Qué buena idea, señor Balle! ¡Las tareas no se borran de las agendas nunca! – ¡qué felicidad sintió Ainhara! De verdad que así sí que podría ayudar el señor Balle a Tin si éste se quedaba atrapado en el durante.
  • ¡Gracias, amigos! ¿Vamos a olvidarnos de este encuentro? ¿Por qué? No entiendo… me cuesta entender…- para Tin esa estación era algo completamente nuevo.
  • ¡Sí, Tin! Olvidamos los nombres, las caras… pero no los mensajes si éstos se han producido desde la conexión de las almas y los corazones…- prosiguió aleccionando a su amigo, Ainhara.
  • Pero tú dibujas cuando llegas a tu casa… y ahora lo recuerdas…- espetó Tin.
  • ¡Sí aunque siempre siento que los rostros me vienen de la imaginación! Sólo los minutos que estoy aquí observando recuerdo lo que hago con todo detalle. Al subir al vagón os habré olvidado y tú a nosotros, también, Tin.
  • ¡Pero eso es muy muy triste!- Tin quería llorar con berrinches pero se contuvo.
  • ¡Nooooo, qué va! ¡Es fantástico! Nos podemos conocer una y otra vez y siempre nos gustaremos…- sonreía Ainhara.
  • ¿Señor Balle, tú recuerdas las otras veces que has estado aquí?- Tin quería esclarecer tantas dudas.
  • Sí, jovencito, las veces, sí, a las personas con las que he podido hablar, no. Lo lamento. Es así.- el señor Balle no sabía si eso era algo negativo o positivo pero percibió un amago de pena en su corazón.
  • ¿Y tú, Ainhara? ¿Recuerdas a las personas con las que hablas?
  • ¡No! Sólo a las que veo… quizá hablé con ellas, tal vez, no… no lo sé…
  • ¿Y no quieres saberlo?- Tin no aceptaba que su olvido no les preocupara.
  • ¿Para qué?- Ainhara no le veía nada malo a eso.
  • Para poder saludar de nuevo a los amigos que has conocido, por ejemplo- Tin buscaba las razones por las que era importante recordar.
  • Yo saludo a todo el mundo, siempre- le contestó Ainhara.
  • Yo también, joven Tin. A mí me gusta saludar a las personas- añadió el señor Balle.
  • ¿Y si siempre nos encontramos nosotros y hablamos de lo mismo?- Tin se experimentó a sí mismo atrapado en un bucle.
  • Siempre es nuevo, Tin, porque no lo recordamos. No hay repetición- concluyó Ainhara.- Además tu cara no está entre mis dibujos… ¡Esto es algo recién estrenado! Yupiiiiii
  • Querido Tin, ahora estás paralizado por esta pequeña revelación accidental. No hay bucle, joven amigo. Pasarás por diferentes vagones. Tu paso por ellos quedará grabado en tu memoria. Así comprenderás cuál es tu camino recorrido. Nosotros ahora aquí, en este andén, somos como suave brisa, unos para otros, cuya caricia quedará grabada en nuestras sensaciones más profundas. Eso basta. Te lo aseguro.- el señor Balle pensó que hubiera sido intenso y extraordinario haber tenido un hijo como Tin.
  • ¡Vamos, chicos! Ya llegaaaa…. ¡Gracias por este momento inolvidable! ¡Os llevaré siempre en mi corazón! Adiósssss…- y Ainhara desapareció entre la muchedumbre que aparecía de lugares insospechados aproximándose a los vagones.
  • ¡Ánimo, amigo Tin! El durante es sólo un instante aunque te parezca infinito ¡Hasta pronto!
  • ¡Hasta siempre, señor Balle!

 

 

FIN

 

 

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