Visita inesperada. Autor: Micrurus

Fandór gruñía, una presencia desconocida le inquietaba, la esencia que desprendía era diferente a la de otros humanos que había olfateado con anterioridad.  Acercaba constantemente su hocico negro y alargado bajo la rendija de la puerta principal, para aspirar el aire que se filtraba. Intentaba descifrar la información que contenían las diminutas partículas pertenecientes al individuo que se hallaba fuera de su casa; pero, por más que se esforzaba, Fandór no podía identificar la extraña esencia, ni asociarla a algún otro aroma conocido. Comenzaba a enfadarse. Elevó el volumen de sus gruñidos y sus dientes blancos y afilados sobresalían de su hocico negro.

Dejó escapar un ladrido seco y sonoro que fue escuchado en el segundo piso de la habitación por su dueño Don Manuel.  La inusual actitud hostil de su fiel canino provocó que Don Manuel cerrara su libro y se pusiera de pie. Tomó su bastón y bajó las escaleras.  Con andar calmo llegó a la entrada de la casa y no pudo pudo evitar sonreír en cuanto vio a su canino vigilando la entrada con tanto ahínco, acarició su cabeza negra con cariño y, acto seguido, abrió la puerta.

Finalmente, Fandór pudo averiguar quién era el portador del extraño aroma que tanto le perturbaba. Este era desprendido por un joven desconocido que en ese momento, se hallaba sostenido sobre una cerca de madera que una vez fue blanca, perteneciente a la casa abandonada y en ruinas, ubicada casi al frente de su casa, a un costado. El joven parecía a punto de desfallecer; respiraba de manera agitada y jadeaba, intentando retener el aire se le escapaba porque lo poco que aspiraba era insuficiente para alcanzar la paz.

Don Manuel, una persona siempre preocupada por el bienestar de los demás, se acercó al joven junto a Fandór, quien caminó a su lado con su usual y atlético porte, siempre vigilante y altivo sin perder la elegancia.

Fandór no abandonó su estado de alerta en ningún momento, ni siquiera cuando se acercaron lo suficiente al joven desconocido como para hablar con él. Siempre se mantuvo vigilante, con sus orejas triangulares y puntiagudas apuntando en dirección hacia el desconocido para prestar atención a cada sonido que la boca del joven estaba a punto de emitir. En caso de ser necesario, ante cualquier situación de peligro atacaría al joven para proteger a su noble y gentil amo.

—¿Está usted bien?— preguntó Don Manuel.

El joven temblaba, lucía asustado y nervioso. Con su mano señaló la casa abandonada, después miró a don Manuel y con débil voz dijo «—Mis padres…— y suspiró.»

—Dime muchacho, ¿Quiénes son tus padres?

—Elena y Francisco Saldaña, Señor.

El rostro de Don Manuel palideció después de escuchar aquellos nombres. Fandór notó que la respuesta impresionó a su dueño. Desde que era un cachorro escuchó mencionar aquellos nombres en más de una ocasión.

Don Manuel inhaló aire para recobrar la calma e invitó al joven al interior de su casa. Fandór escoltó sus pasos.

Dentro del hogar tomaron asiento y Fandór se sentó junto a los pies de su dueño adoptando la pose de una esfinge vigilante.

—Muchacho, no sé por dónde comenzar y como lo vayas a tomar, pero ésta es la pura verdad. Tus padres fueron vecinos de mi abuelo, grandes amigos para ser precisos. Cuando no regresaste de la gruta mi abuelo ayudó a tus padres a buscarte por cielo, mar y tierra, más nunca encontraron rastro tuyo. Eso es todo lo que se de tus padres y de ti…

—¡NO PUEDE SER!, ¡NO PUEDE SER CIERTO LO QUE USTED ME ESTÁ DICIENDO!

Fandór no se inmutó al escuchar al joven vociferar; ni siquiera Don Manuel perdió la calma.

—Dime entonces muchacho, ¿Qué fue lo que te sucedió?, platícame, soy todo oídos.

El rostro y actitud serena de Don Manuel le inspiró confianza y lo motivó a confesarse.

—Usted sabe de “la boca del indio”, la cueva que esconde un tesoro excepcional, cuyos caminos internos engañan a los que intentan encontrar el tesoro, pues dicen que los caminos cambian de lugar, moviéndose a voluntad para resguardarlo. Estuve realizando inspecciones en la zona y descubrí que no existía nada sobrenatural en los caminos porque no cambiaban de lugar, sin embargo, si existía un riesgo latente. Lo peligroso era lo empinado y escarpado del sendero para poder entrar a la cueva, por lo que pasé varios días recorriendo el camino para tratar de memorizar sus detalles de manera casi fotográfica. Cada día que exploraba me aprendía de memoria los árboles y matorrales espinosos, así como las piedras afiladas que amenazaban mi bienestar. Una vez que almacené la información dentro de mi cabeza, decidí que era el momento para entrar a la cueva.

La fortuna parecía acompañarme; no encontré ningún obstáculo en mi camino, ni siquiera una piedrita diferente a las memorizadas. Tampoco aparecieron los espíritus de los bandoleros que se dice protegen los tesoros. Mi suerte me llevó a hallar el tesoro sin mucha dificultad, pero, al desenterrarlo, un vapor tóxico emanó del pozo. El vapor formó una gran nube de humo color verdoso que me envolvió totalmente y perdí la consciencia.

No supe cuánto tiempo permanecí inconsciente, solo recuerdo que al despertar me era difícil respirar; el gas debió afectar mis pulmones, necesitaba con urgencia respirar aire puro del exterior. Claro que, antes de abandonar la cueva tomaría, el tesoro conmigo. Pero al asomarle al pozo, el tesoro había desparecido del lugar, se había esfumado por completo y salí de la gruta con las manos vacías.

Regresé a casa sumido en la decepción. Caminaba absorto en mis pensamientos cuando me percate que algunos árboles se habían transformado. Algunos que reconocí habían crecido de tamaño o sus follajes eran más espesos y densos; los senderos tenían más maleza que de costumbre y muchos objetos que memoricé con anterioridad desaparecieron, si no es que casi todos. La situación se volvió más extraña al entrar a mi población; las calles que una vez fueron de terracería ahora eran de piedras alisadas; algunas casas de amigos y familiares desaparecieron por completo y, las pocas que reconocí, mostraban fachadas distintas a las que conocía. Para mi fortuna, las calles conservaban el mismo nombre y me permitieron llegar a mi hogar, el cual, no existe más, está en ruinas…

¡No sé qué demonios está sucediendo!, ¡Apenas ayer me despedí de mis padres y entré a esa maldita gruta!

Al escucharlo Don Manuel se levantó del sofá de un sobresalto.

— ¿Qué acabas de decir? ¿Qué día saliste?

— Ayer.

— ¡Por Dios Santo!, ¡Tus padres murieron hace 50 años y llegaron a la ancianidad! Yo los conocí de pequeño. Tú, joven, ¡desapareciste hace 90 años!

El joven rehusaba creer las palabras de Don Manuel. Su mente encontró consuelo en la ilusión de hallarse preso de un sueño delirante, producido por el gas toxico. Tal vez en estos momentos él continuaba desmayado en el suelo de la gruta.

Don Manuel se puso de pie, tomó el periódico del día y se lo mostró al joven. En ese momento su corazón se hizo trizas al confirmar su terrible realidad.

No elevó la voz, simplemente agradeció a Don Manuel sus atenciones y se despidió. Don Manuel y Fandór lo despidieron con amabilidad y observaron su figura desaparecer en la lejanía de la calle.

El pobre hombre decidió regresar a la gruta de nuevo. Tenía la esperanza de encontrar el tesoro para escapar del lugar y comenzar una nueva vida, así podría dejar atrás lo sucedido.

Caminaba sin pensar en nada, caminaba como poseído por un embrujo y sin darse cuenta, penetró en la cueva. Sus pasos distraídos extraviaron el camino y los senderos desconocidos lo llevaron a lo más profundo de la gruta donde hacía frío y escaseaba el aire. El frío penetraba por sus pulmones y se esparcía en todo su cuerpo hasta invadirlo por completo. Todo se volvió oscuridad para él.

Pereció sin darse cuenta sí logró descubrir un tesoro, un tesoro oculto bajo un holograma de lingotes de oro y piedras preciosas. Un tesoro resguardado en esa gruta, hecho de una tecnología avanzada que permitía viajar el tiempo. Un tesoro invaluable que aún continúa escondido en algún recóndito lugar de esa cueva.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s