Viajando por el Pílbara Autor: Humberto Hincapié

O la increíble y triste historia de los aborígenes del Pílbara y sus colonizadores desalmados. (Parafraseando a Gabriel García Márquez y su cándida Eréndira). Esta es la historia de los viajes, no de un individuo, sino de miles de personas que cruzaron sus caminos por las áridas regiones del Pílbara australiano, para beneficio de muchos y detrimento de otros.

Estimado lector, te invito a un viaje de cuarenta mil años por el tiempo-espacio de los pueblos aborígenes que llegaron a esta tierra, llamada Pilbara en el Estado de Australia Occidental (Western Australia) y vivieron felices y comieron canguros, goanas, raíces, frutas y pescados hasta que los ingleses aparecieron y se apoderaron de sus tierras y acabaron con sus pueblos y sus vidas.

El Pílbara es una de las nueve regiones de Western Australia, conocida por sus extensos depósitos minerales: hierro, cobre, manganeso, oro, gas natural, sal, litio y otros metales raros. Tiene un área de 507.000 Kmts² y cerca de 40.000 habitantes. su nombre se deriva de la palabra aborigen bilibara que significa tierra seca en el lenguaje Nyamal y Banyjima de los aborígenes.  La región se compone de tres áreas geográficas distintas: el tercio occidental es la costa Roeburne, que tienen la mayor parte de la población, las ciudades y la industria y comercio, el tercio oriental es casi enteramente desértico, escasamente poblado por los pueblos aborígenes. Esta región está separada de las tierras altas del interior incluido la llamada meseta Hamersley que tiene un buen número de pueblos mineros, también tiene las mesetas de Chichester con una serie de quebradas y otros atractivos naturales.

En general el Pílbara es una tierra plana, roja y pedregosa semidesértica, con una hierba espinosa llamada Spinefex, que a veces el viento arranca del suelo y la hace rodar por todas partes, y unos arbustos cortos que no dan sombra para protegerse de temperaturas que en el verano fluctúan entre 35 y 45 grados centígrados, y con una serie de accidentes topográficos muy particulares de inmensas rocas que forman especie de altos relieves hasta de diez y quince metros de altura, que dan la impresión que en una época muy lejana la tierra las parió con inmenso dolor y las amontonó unas sobre otras de cualquier manera y luego las abandonó a su suerte. El Pílbara posee algunas de las rocas más antiguas del mundo, incluyendo los fósiles estromatolitos y rocas de granito con más de tres mil millones de años.

Por toda esta región, en esas rocas, se encuentran petroglíficos hechos por los aborígenes durante miles de años, que nos cuentan su historia desde que llegaron en el principio del tiempo, cuando la tierra era blanda y Minkala, el dios del cielo creó a los primeros espíritus que llamó Marrga para que formara esta tierra separándola del cielo y de los mares. De esta manera, los aborígenes en su jornada migratoria aprendieron a sobrevivir en esta hermosa, agreste y dura tierra de desiertos, desfiladeros, pozos secretos de agua que sólo ellos conocían. Esas rocas se han convertido en verdaderas galerías de arte que nos cuentan la epopeya de los pueblos que vivieron por cuarenta mil años y hoy en día sobreviven difícilmente, por las condiciones impuestas por los gobiernos, las corporaciones y los multimillonarios que se apoderaron de la región del Pílbara australiano.

En enero de 1818, el navegante Phillips Parker King, sale de Sydney, recorre la costa oriental y norte de Australia, luego llega a al archipiélago de Dampier en la costa occidental del país. Este archipiélago es bautizado así por el navegante francés Louis de Frycinet en honor de William Dampier, navegante inglés que inicia su vida de marino como pirata asaltando galeones españoles en el mar Caribe y el Océano Pacífico, circunnavega la tierra tres veces y termina su carrera como naturalista y geógrafo. En uno de sus últimos viajes, recorre y hace el levantamiento cartográfico de la costa del Pílbara en 1699. King retorna a Sydney, informando de sus hallazgos en la costa occidental de Australia.

En 1829, se funda la colonia del rio Swan, que luego va recibir el nombre de Perth y se convierte en el centro administrativo de la costa occidental de Australia. A pesar de estar a más de tres mil kilómetros de Sydney la colonia prospera y en 1861 el gobierno comisiona a Francis Thomas Gregory, explorador y cartógrafo para que visite el Pílbara y rinda un informe sobre las posibilidades económicas de esta región. Él llega al archipiélago de Dampier que es llamado Muruguya por sus habitantes, el pueblo Yaburrara. También hace contacto con los pueblos vecinos Ngarluma, Martuthunira, Kariyarra y Yindjibarndi.

Cuando Gregory regresa a Perth, rinde un informe muy optimista y dice que es una tierra abierta para la colonización, apta para la ganadería, la cría de ovejas, el cultivo de algodón y la explotación de la industria de las perlas.

Los pueblos aborígenes no tenían la menor idea de que la llegada de Gregory a sus tierras significaba la ocupación permanente por los colonizadores. Tomó tiempo para que ellos se dieran cuenta de que, a partir de ese momento, la tierra ya no les pertenecía. Al momento de la llegada de los colonos, los aborígenes australianos vivían en la época del paleolítico superior. Utilizaban herramientas de piedra y conchas marinas, usaban el boomerang y la lanza como arma y como herramienta de pesca, eran recogedores y cazadores. Eran incultos, en el sentido que no habían desarrollado ninguna clase de vivienda que los protegiera de las inclemencias del tiempo, ni habían aprendido a cultivar las plantas y andaban completamente desnudos. En estos primeros encuentros entre los aborígenes y los ingleses, se crearon percepciones raciales que iban a marcar conductas por el resto de sus vidas. Para la gente blanca, los aborígenes eran terriblemente feos, negros, de narices chatas y pelo desgreñado, malolientes e incapaces de ideas abstractas y raciocinio, eran casi “seres humanos”. Para los aborígenes la gente blanca eran los fantasmas desteñidos de sus antepasados y se maravillaban porque creían que sus vestidos eran parte de la piel, también olían feo.

A partir de 1863, empezaron a llegar miles de colonos que habían recibido concesiones del gobierno hasta de 4000 hectáreas, para que iniciaran el desarrollo de la región. La sociedad aborigen estaba intacta, los diferentes pueblos vivían en armonía en toda la región del Pílbara, en especial en el archipiélago de Dampier y zonas aledañas. En los primeros tres años de colonización, la región fue completamente transformada. En una entrada de mar fundaron un puerto que luego llamarían Cossack donde explotarían la industria de las perlas y luego fundaron un pueblo, Roebourne que se convertiría en el centro Administrativo del Pílbara.

Los colonizadores trajeron miles de ovejas y ganado que rápidamente acaban con el poco suelo bueno que existía y empezaron a morirse por falta de agua y buenos pastos porque, para colmo de males las extensas praderas verdes que Gregory vio desde lejos, resultaron ser interminables llanos desérticos de espinifex la hierba espinosa que cubre toda la extensión del desierto de la región y que los animales no podían digerir. Pronto tuvieron que irse en búsqueda de mejores y lejanas tierras próximas a algún rio. Repentinamente, los aborígenes que no tenían dentro de su cultura el concepto de trabajo, se ven sometidos al estado de esclavitud, y son llevados a la fuerza a las fincas ganaderas, unos como mano de obra gratis, niños y mujeres como sirvientes y otros a trabajar como buceadores en la industria de las perlas en Cossack y las costas del norte de la región. A quienes se niegan a trabajar se los llevan encadenados para las cárceles de Roeburne y la remota isla Rottnest. Al mismo tiempo que los pueblos aborígenes y su cultura es destruida por la separación de sus integrantes que son llevados a diferentes sitios a trabajar forzosamente, una epidemia de viruela diezma al pueblo Yaburara. Para los aborígenes estos fueron eventos catastróficos que redujeron enormemente la población.

Reducidos en número, despojados de sus tierras, diezmados por enfermedades desconocidas, los aborígenes no tienen más alternativa que mendigar o robar. Y así llegan de noche a las fincas de los blancos a robar harina o un pedazo de pan, los más atrevidos a coger un ternero o una oveja para alimentar a su familia. Para agravar más la situación, los colonos empiezan a tomar por la fuerza sus mujeres.  Esto da principio al episodio de persecución y castigo que termina con la muerte de un buen número de aborígenes. En febrero de 1868 ocurre un hecho que casi termina por destruir por completo una cultura que había sobrevivido por miles de años y nos había dejado su historia en los petroglíficos de la península de Dampier.

Este hecho se inicia con un incidente de poca monta. Un hombre de la tribu Yaburrara roba un poco de harina y otras cosas menores de un bote que está sacando perlas en la bahía de Nickol. El 30 de enero el policía William Griffits, que anda buscando a otro aborigen que también ha cometido un robo de harina, sale desde Roeburne en compañía de su guía aborigen “Peter” y el marinero George Breem en búsqueda de los culpables, todos ellos van armados. Después de seis días, Grffits encuentra al primer culpable del robo de harina, su nombre es “Coolyeberry”. Le pone una cadena alrededor del cuello y lo amarra a un árbol. En la noche del 6 de febrero, Griffits y sus acompañantes y el perlero Jermin acampan en las orillas de la bahía Nickol; muy próximos a ellos varios miembros del pueblo Yaburrara que están disgustados por la captura del aborigen, discuten acaloradamente que hacer con los blancos. Un menor del grupo de nombre Jack, que da declaración más tarde, escucha cuando los aborígenes acuerdan matar a Griffits y sus acompañantes. Dicho joven se retira con las mujeres del grupo y los niños y acampan en otro sitio alejados de los hombres.

En la madrugada, los aborígenes sueltan a Coolyeberry y matan a lanzazos al policía y sus acompañantes. El perlero Jermin se escapa y esa fue la última vez que se supo de él. Temprano en la mañana otros dos jóvenes nativos le cuentan a otro perlero, Henry Davis lo que ha acontecido. Éste va inmediatamente al sitio y encuentra los cadáveres, los cubre y cuestiona a Jack quien le da la identidad de los asesinos. Davis va a Roeburne, le cuenta lo que ha ocurrido a Horace Sholl, cuyo padre había sido gobernador del pueblo. Rápidamente se arma una partida con personas del pueblo, se envían varios en plan de seguimiento y reconocimiento del terreno, al llegar al sitio de la tragedia, encuentran los cuerpos en estado de descomposición, los envuelven en las velas de algunos botes y se los llevan para Roeburne para darles cristiana sepultura. Siendo informados que los asesinos se han ido para las islas cerca de Muruyuga o sea el archipiélago de Dampier

Sholl envía una partida a caballo al mando de Alexander McRae y otra al mando de John Withnell por barco hacia el archipiélago. Después de dos días de viaje, las partidas se encuentran en una pequeña bahía llamada Hearson’s Cove, al no encontrar a nadie, se vuelven a separar y viajan a las islas más al sur, donde al anochecer detectan hogueras prendidas por los aborígenes. Esa noche, planean el ataque y en la madrugada sin saber si allí están los asesinos, empiezan a dispararles, matando e hiriendo a varios, otros huyen despavoridos buscando refugio en los manglares y otras pequeñas islas. Withnell ordena a sus hombres a seguir la cacería y acabar con ellos para castigar sus fechorías y silenciarlos. La persecución continúa y en otra isla encuentran a un grupo de aborígenes que también son masacrados. Más tarde ven a otros aborígenes que tratan de escapar en canoas y los alcanzan en un pequeño puerto llamado “Flying Foam Harbour” y acaban con ellos. Luego el 20 de febrero encuentran otros nativos en una isla más al norte y también los asesinan. Durante los meses siguientes esa partida sigue la cacería de aborígenes, hasta que en junio Sholl informa al gobierno que los aborígenes han sido silenciados y no crearán más problemas. Cuantos aborígenes fueron masacrados nunca se sabrá. Para la historia, unos monumentos de piedras verticales recuerdan para la posteridad la llamada “Flying Foam Massacre”.

Un año más tarde un colono, William Taylor, preocupado por el tratamiento que se les daba a los aborígenes, escribe al secretario de la Colonia informándole que los integrantes de la expedición de Sholl habían cometido los más cobardes y diabólicos actos en Marujuga, matando hombres, mujeres y niños aborígenes. Igualmente le informaba que la suerte de Griffits había ocurrido porque él secuestraba y violaba mujeres aborígenes y esa había sido la verdadera causa por la cual los aborígenes los habían matado a él y sus acompañantes.

A partir de esa fecha, los pueblos aborígenes son subyugados, esclavizados, desposeídos de sus tierras, desplazados a cientos de kilómetros de sus sitios tribales habituales. Para hacer más triste su situación, al tratar de civilizarlos, convertirlos al cristianismo y protegerlos, les hacen perder su identidad y sus lenguajes reduciéndolos a las más completa miseria espiritual y corporal. Encima de ello, son diezmados con enfermedades que no conocían y enviciados al alcohol. Finalmente, los pueblos aborígenes son llevados a reservas en Roeburne y sus alrededores.

Llevados a trabajar forzosamente en la industria de las perlas, las haciendas ganaderas y ovejeras, cuando tratan de rebelarse o reclamar sus tierras son asesinados sin ninguna contemplación. Al menor reclamo y provocación de un aborigen, es condenado a la horca. Sin embargo, a lo largo de todos estos años, hasta principio del siglo veinte, ningún colono fue castigado por matar aborígenes. Algunos colonos humanitarios y religiosos que se quejaron por esta situación eran obligados a marcharse de la región. Para los años 20s del siglo pasado, el gobierno con el deseo equivocado de culturizar a los aborígenes, ordena la separación de los niños para enviarlos a misiones religiosas a miles de kilómetros con el triste resultado de desmembrar sus pueblos y convertirlos en sirvientes y mano de obra barata. Esta es la que hoy en día llamamos “La generación robada”.

Así trascurre las vidas de colonos y aborígenes en la región del Pílbara. Cientos de exploradores y geólogos se aventuraron a entrar al interior de la región, muchos de ellos perecieron en este empeño y otros al regresar a los pueblos hablaban de grandes yacimientos de mineral de hierro. Al principio, el gobierno de Western Australia no permitió la explotación de estas minas por estar demasiado alejadas y ser muy alto el costo de extraer el mineral, incluso cuando los mercados por el hierro y las nuevas tecnologías llegaron, y el gobierno del Estado pensó en explotar estas minas, el Gobierno Federal de Australia impuso un embargo en 1938 en la extracción y exportación de hierro temeroso del desarrollo de la industria bélica en Japón.

En 1909, nace un niño en Perth, Langley Frederick George “Lang” Hancock, en el seno de una de las familias más ricas del estado. Su familia tiene grandes estaciones ganaderas en el Pílbara.  Estudia en Perth y luego, muy joven, se va para la estación familiar en Ashburton Downs y luego a gerenciar Mulga Downs, cuando su padre George compra esa estación ganadera. Desde muy joven Lang tiene la afición de la búsqueda de minerales y descubre yacimientos de asbestos en 1934, en Wittenoom Gorge, que explota con la compañía Australian Blue Asbestos y luego vende a la corporación CSR Limited.

En 1935 se casa con Susette Maley, una atractiva joven rubia a quien lleva a vivir a Mulga Down por muchos años. Cansada de vivir en esa tierra desértica y lejana, ella decide separarse amigablemente y se regresa para Perth. En 1947 Hancock se casa con su segunda mujer Hope Margaret Nicholas, la madre de su única hija Gina Rinehart. Permanecen casados por 35 años hasta que Hope muere de 66 años.

El 16 de noviembre de 1952, Lang Hancock dice que ha descubierto el depósito de mineral de hierro más grande del mundo. Él cuenta que iba viajando en un avión con su mujer Hope desde Nunyerry para Perth, cuando fueron forzados a volar muy bajo por el mal tiempo y nubes bajas, a lo largo del cañón del rio Turner. Mirando a las paredes del cañón por el que volaban, observó que eran de hierro sólido, hecho que le fue confirmado por las inmensas manchas de óxido de hierro que tenían. Lang regresó al área muchas veces acompañados de geólogos, y un día siguieron el rastro de hierro por 112 kilómetros. Ese día Lang Hancock supo que había descubierto reservas de mineral de hierro tan grandes que podría suplir a todo el mundo.

Hancock inicia una furiosa y larga campaña a través de la prensa y abogados, hace donaciones a los políticos de todos los partidos, hasta que, finalmente el Gobierno Federal y del Estado, levantan el embargo a la explotación del mineral de hierro y un día, en 1961, con bombos y platillos, pudo revelar su descubrimiento y establecer sus derechos para explotar las extensas minas de hierro que él bautiza con el nombre de “Hope Downs” en honor a su mujer. A mitad de los años 60s, Lang hace una sociedad con Peter Wright y hace un trato con la Corporación minera Rio Tinto para que explote las minas que descubrió. Lo que sigue es como un sueño, se convierte en uno de los hombres más ricos de Australia y el mundo.

Para esta misma época, también ocurren otros hechos, los aborígenes con la ayuda de activistas humanitarios y políticos inician el reclamo de las tierras usurpadas por el gobierno y los colonos, y los derechos como personas que se les han negado. Hancock que no ve con simpatía los reclamos y menosprecia a los aborígenes hace una declaración pública en la televisión, “Aquellos que no son buenos ni con ellos mismos y no pueden aceptar los hechos, incluyendo todos los bastardos de media casta, que sólo esperan recoger sus cheques del Seguro Social; si yo pudiera, les pondría una droga en el suministro de agua para hacerlos infértiles y así, se acabarían los problemas con esa gente”.

En 1983, el año en que murió Hope, su hija Gina le consiguió una empleada del servicio para que le acompañara y manejara la casa. Rose Lacson, recién llegada de las Filipinas. Como en un cuento de hadas, ella que era 30 años más joven que Lang, lo conquistó con sus encantos femeninos y, a pesar de la furia de Gina, se casaron el 6 de julio de 1985. Fue un matrimonio tumultuoso en el cual Rose le hace comprar grandes bienes inmuebles en todas las ciudades de Australia. En Perth construye una gigantesca casa que llaman “Prix d’amour” para vivir en medio de grandes lujos y finalmente Lang muere en 1992. En un poco menos de tres meses más tarde Rose, se casa con William Porteous un amigo de muchos años de Lang Hancock. Después de una batalla por los millones de Lang, Gina llega a un acuerdo con Rose, que le asegura su futuro y la pobre y sufrida Gina se convierte en la mujer más rica del mundo. Hoy en día tiene una batalla legal con sus hijos que le reclaman acceso al fondo monetario que el abuelo les dejó y Gina maneja con mano férrea.

Cuando Hancock hace el trato con Rio Tinto, ocurre una verdadera revolución industrial en el Pílbara. Llegan a la región nuevas corporaciones mineras, se construye la gigantesca infraestructura necesaria, líneas férreas y ferrocarriles que transportan el mineral de hierro desde las minas hasta los puertos las 24 horas del día, facilidades portuarias para cargar los barcos que llevan los minerales a todas partes del mundo, especialmente Corea, Japón y China. En el espacio de cinco años se establecen nuevos pueblos para alojar los miles de trabajadores que se necesitan; Dampier y Tom Price en 1965, Karratha 1968, Newman 1969 y Wickham 1970. Port Hedland se establece como el más importante puerto para la exportación de los minerales del Pílbara. Tambien surgen los pueblos Marble Bar, Onslow, Paraburdoo y Nullagine.

Todo este desarrollo favorece muy poco a los aborígenes. Sus pueblos diezmados, alcoholizados y sin recursos viven en reservas, en Roeburne, Whickham y regiones alejadas de los centros urbanos, persisten en su lucha por las tierras que les pertenecen, hasta que la Corte suprema de Australia falla en su favor, el llamado “Título Nativo” y les otorga el derecho a sus tierras en el famoso caso “Mabo” en 1992 y “Wik” 1996. Con el poder que reciben, las grandes corporaciones mineras se ven obligadas a negociar con los aborígenes y ellos reciben millonarias compensaciones, convirtiéndose en socios en la explotación de los recursos minerales. Sin embargo, muchas de las corporaciones aborígenes son manipuladas por las grandes corporaciones, forzándolas a llegar a acuerdos desventajosos para la causa de los aborígenes. Con la llegada de nuevas tecnologías y medios de comunicación masivas, las nuevas generaciones de aborígenes son absorbidas por la vida moderna olvidando su cultura y sus lenguajes. En el año 2004, la Corte Federal determina que el titulo nativo sobre la península de Dampier ha sido extinguido.

En el año 2008, la Corporación aborigen Juluwarlu trabaja con un grupo de antropólogos para que rescaten para la posteridad la mitología, cultura, lenguaje, ceremonias y leyes ancestrales del pueblo Yindjibarndi. Mientras tanto en la Península de Dampier antes conocida como “Muruguya” por sus originales habitantes los pueblos Yaburrara, Ngarluma y Martuthunira; las gigantescas plantas de gas natural de Karratha, operada por la Corporación Woodside y la planta de nitratos de amonia que produce potentes explosivos y fertilizantes, ambas entidades localizadas a menos de un kilómetro donde ocurrió la masacre de los aborígenes en 1868 y donde están los promontorios rocosos que contienen los petroglíficos más importantes que los aborígenes hicieron durante cuarenta mil años, producen emanaciones gaseosas que combinadas con las lluvias, están destruyendo estas magníficas obras de arte que van a desaparecer por el desarrollo industrial de la región. Como si esto fuera poco, vándalos ignorantes y racistas, entran a estos sitios sacros para los aborígenes y están destruyendo con cinceles y taladros muchas de estas hermosas obras de arte de miles de años.

En la actualidad, las siguientes empresas explotan las riquezas minerales del Pílbara: B. H. Billiton, Grupo Metales Fortescue, Rio Tinto, Atlas Irons, Moly Mines, Pílbara Minerales. Se calcula que las reservas de mineral de hierro que fueron calculadas en 1960 en 24 billones de toneladas, se agotarán en 50 o 60 años y para ese entonces, también es muy posible que los pueblos aborígenes que vivieron en esta región por miles de años y nos dejaron su legado artístico, desaparezcan de la faz de la tierra en sólo doscientos años de contacto con la raza blanca, al cruzarse en sus caminos por las áridas y desoladas tierras del Pílbara australiano.

Bibliografía: From the edge – Australia’s lost histories

         Mark McKena – 2016

         Australian Government

         Australian Research Council

         Exploring Yindjibarndi Country

         Juluwarlu Aboriginal Corporation

         October 2008

Otras lecturas

         www.langhancock

         www.ginarinehart

         www.pilbarawesternaustralia

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s