Las casas de Pablo. Autor: Jorge Varela Martínez Negrete.

Al sur de Algarrobo la costa se vuelve agreste. Las olas del mar rompen contra los acantilados levantando una espuma tan blanca como las nubes. La brisa lo empapa todo y el aire se inunda con aroma a sal. Entre los riscos hay pequeños playones y en ellos aparecen dispersas algunas casas de madera que sin ninguna pretensión sirven de escondite para los amantes que han venido a escribir las letras de su pasión.

Aquí en Isla Negra, Pablo y yo hemos encontrado nuestra guarida, nuestro refugió. Lo que fue un chalet de fin de semana lo hemos convertido en nuestra goleta de tres palos para llenarla de cosas de mar; de mujeres desnudas que alguna vez se mostraban orgullosas en la proa de un barco, de timones y de brújulas que sirven para marcar el rumbo, aquí Pablo y yo encontramos la soledad necesaria para amarnos y finalmente para olvidarnos.

Nunca fui la primera ni tampoco seré la última, eso lo se bien. En la vida de un poeta es necesario que haya amores pero es mucha mas preciso que haya desamores, sin estos últimos, la pasión nunca surgirá para ocupar su lugar en las letras.

Cuando le conocí el tenía treinta años y yo cincuenta. Ocurrió en el Madrid de la republica, el de Lorca, el de Alberti, pero también lo era el de Maruca su esposa y el de Malva Marina su hija, su adversidad. Aquí yo era la intrusa pero también su iluminación. Con esa manía que tenía Pablo por cambiar los nombres me llamó “La Hormiguita” en lugar de Delia y poco a poco nos fuimos asiendo inseparables. Luego vino la dolorosa guerra civil Española así que dejamos la convulsa Europa para volver a Chile a emular lo que en España había surgido. En consecuencia embarcamos en el “Winnipeg” a cientos de refugiados republicanos que vinieron a Chile a buscar esperanza, luego vino lo que fue quizás nuestra etapa más feliz, México, con su gente, su paisajes agrestes, sus pirámides y por supuesto sus pintores, Orozco, Rivera y Kahlo. Vuelta de nuevo a Chile, el poder de ser un senador, la visita a Machu Picchu, el premio Nobel; entonces la señorita Matilde aparece en escena y finalmente viene la desgracia que conlleva la de ser un senador de oposición: El acosamiento de un régimen que lo persigue pero que no le quiere atrapar y así huyendo de sus enemigos Pablo huyo también de mi borrándome de su existencia para siempre. Ahora lo veo todo con más calma, hace quince años que murió el poeta, tenía 69 años, yo aún hoy con mis 104 años le recuerdo mientras pinto con locura mis caballos desbocados cabalgando por los riscos de Isla Negra.

Pablo adoraba sus casas quizás aun más que a sus mujeres. Las nombraba, las poseía, las llenaba de recuerdos, de obsesiones, las disfrazaba como si formaran parte de una orgía en donde pequeñas escaleras subían como laberintos hasta los lugares más extraños desde donde escudriñaba como lo haría una princesa en un harem que mira la vida que transcurre en los patios de la alcazaba, así cada salón de las casas de Neruda era el escenario perfecto para presentar escenas de una obra de su amigo Lorca y donde el poeta reunido con sus amigos reía, bailaba y gozaba y entonces, solo entonces: escribía.

Así come el Poeta tuvo tres nombres; el de Ricardo, el de Eliecer y el de Neftalí y que finalmente se inventó el suyo propio, el de Pablo, el que todos recuerdan; así también tuvo tres casas; Isla Negra, La Chascona y la Sebastiana pero existe otra más, la que nadie nombra, la clandestina, a esta la llamó “La Michoacana” donde vivimos antes de que fuera conocido pero que con el tiempo y con los amores se le fue olvidando, ahora es la que todos callan.

Estas cuatro casas fueron el amor de Pablo, dos de ellas las conocí hasta sus entrañas; “Isla Negra” en donde vivimos arrebatadamente y que Pablo conservó hasta el final y “La Michoacana” la que fue nuestro verdadero hogar, el de la vida diaria, el de la vida común y que Pablo olvidó por completo cuando nos separamos. Las otras dos me estuvieron vedadas. Una “La Chascona” el refugió donde se veía a hurtadillas con Matilde y finalmente “La Sebastiana” la mas serena de todas.

“ISLA NEGRA”.

¿Puede la poesía servir a nuestros semejantes? ¿Puede acompañar las luchas de los hombres? Ya había caminado bastante por el terreno de lo irracional y de lo negativo. Debía detenerme y buscar el camino del humanismo, desterrado de la literatura contemporánea, pero enraizado profundamente a las aspiraciones del ser humano. Comencé a trabajar en mi Canto General. Para esto necesitaba un sitio de trabajo. Encontré una casa de piedra frente al océano en un lugar desconocido para todo el mundo, llamado Isla Negra. (Confieso que he vivido. Pablo Neruda).

Así Pablo sin dinero alguno compró este escondite gracias a un adelanto que recibió por los editores de lo que sería su Canto General y se dedicó en tiempo completo a escribir.

Isla Negra se encuentra a unos 90 minutos al oeste de Santiago por carretera y a una hora aproximadamente al sur de Valparaíso. A este litoral se le ha llamado la costa de los poetas ya que aquí encontraron su refugio además de Neruda, Vicente Huidobro en la cercana Cartagena y Nicanor Parra quedando en medio de los dos rivales en el poblado de las Cruces.

El pequeño pueblo de Isla Negra (nombrado así por Neruda) se ha mantenido hasta la fecha con un bajo perfil, así siempre lo quiso Pablo y por eso sus calles son de tierra y sin faroles que las iluminen, haciendo muy agradable el caminar por ellas mientras van discurriendo entre macizos de viejas araucanas que zumban con el viento. En la costa, los riscos de roca negra forman pequeñas caletas que dan un poco de paz al oleaje enfurecido del océano Pacifico levantando la brisa marina que cubre la costa con su humedad. En el pueblo hay al día de hoy algunas pequeñas casas de madera y lamina de zinc que dan posada al visitante otras mas funcionan como merenderos eso si casi todo con nombres alusivos al poeta

Neruda se decidió a buscar ese sitio que tanto buscaba, así que en el invierno de 1938 alquiló unas remudas y se dedico a recorrer la costa hasta encontrar una pequeña cabaña junto al mar que había construido un marino de origen español llamada Eladio Sobrino. Después de cerrar el trato y de hacer las adecuaciones mínimas para vivir se traslado a Isla Negra para transformarse en una especie de monje de clausura y dedicarse de tiempo completo a escribir su obra. Se levantaba antes del amanecer y si el tiempo lo permitía salía por unos momentos a aspirar la brisa del mar. Cubierto con un poncho andino, su clásica boina y su infaltable bastón se sentaba en una roca cerca de las rompientes y veía como la espuma blanca se elevaba entre los rayos de luz del sol naciente, regresaba y con una taza de café comenzaba a escribir, desayunaba algo ligero y terminaba sus escritos poco antes del mediodía. Después de comer y de una breve siesta recibía a sus amigos Homero Arce y Laura Arrué la que había sido una de las primeras novias de Pablo. Leía sus líneas escritas y las comentaba con Homero que era su mayor confidente. En los fines de semana todo cambiaba, Isla Negra se preparaba para recibir a gran cantidad de amigos que llenaban la casa haciendo que las fiestas fueran memorables.

Isla Negra fue creciendo poco a poco hasta que en 1943 volvimos ya como marido y mujer y le pudimos dedicar más tiempo a la casa. Se fueron añadiendo salones, se reconstruyo el antiguo torreón que se coronó con una veleta que diseño Pablo que es un pescado entre dos círculos, se añadió un puente de madera que cruza por el living, una arcada de piedra con un caballito de mar y así con la imaginación desbordada la casa crecía cada día.

Cuando estábamos en Valparaíso Pablo salía en busca de sus tesoros buscando con los anticuarios especializados en las cosas de mar y encargaba sus mascarones de proa, globos terráqueos, y todo eso que le pudiera interesar, era un coleccionista empedernido guardando en sus salones una importante colección de conchas y caracoles. La casa poco a poco se fue volviendo un museo con agradables jardines y espectaculares acantilados pero lo más grandioso de Isla Negra fue siempre su vista al mar.

El furioso mar que se estrella contra las rocas de piedra negra. La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso movimiento oceánico, me permitía entregarme con pasión a la empresa de mi nuevo canto. ( Confieso que he vivido. Pablo Neruda)

“MICHOACAN DE LOS GUINDOS”s

Esta fue la casa donde Pablo y yo recibíamos formalmente a los amigos y también a los políticos y diplomáticos que pasaban a saludarlo. Esta ubicada en el numero 164 de la avenida Lynch en la comuna de la Reina en la Capital Santiago. Es una zona muy bonita con muchos parques y amplias avenidas. La compramos en 1942 e inmediatamente comenzamos a adaptarla a nuestro estilo de vida. Lo primero que hizo Pablo fue nombrarla en honor al estado de Michoacán en México en donde pasamos buenos momentos en compañía del general Lázaro Cárdenas que en ese entonces era el presidente de la republica mexicana. Pablo la acondicionó con salones para la tertulia en donde leía sus poemas, un bar en el que que disfrutaba tanto el poder contar sus historias mas intimas a sus amigos, también estaba su biblioteca, su despacho en donde se dedicaba en solitario a escribir y al fondo un gran comedor adornado con una vajilla de Capula Michoacán

Por las tardes nos gustaba salir a pasear y si la claridad del día lo permitía podíamos ver hacia el oriente las cumbres nevadas de la cordillera de los Andes, en otras ocasiones caminábamos por la costanera para ver el río Mapocho que atraviesa Santiago con sus aguas blancas que vienen de los deshielos de las montañas, llegábamos al barrio de Lastarria donde marchando por el Parque Forestal teníamos el cuidado de no tropezar con la gran cantidad de parejas de novios que tumbados en el césped llenaban sus cuerpos con caricias de amor; irónicamente y sin saberlo yo hasta mucho mas tarde, Pablo junto con Matilde serían ellos mismos parte de este concierto de enamorados.

Así Pablo y yo vivimos por poco más de diez años. Íbamos y veníamos a Isla Negra pasando temporadas en cada casa y mientras Pablo escribía yo me dedicaba al grabado y a pintar los caballos que tanto me recordaban mi estancia paterna en la pampa argentina. Para finales de los años cuarenta y siendo ya Senador de la republica Pablo critica fuertemente al presidente González Videla por lo que es perseguido y comenzamos a vivir en la clandestinidad escondiéndonos en casas de amigos en Santiago, después en Valdivia y finalmente cruzando la Cordillera para llegar a Argentina. De ahí la vida ya nada volvió a ser igual, la distancia se interpuso entre nosotros, primero Paris, luego Rusia, después México; el estaba feliz con su vida de fugitivo.

Con el tiempo las ausencias de Neruda comenzaron a ser cada vez mas frecuentes, las cartas se prolongan cada vez más y el capitán se instala secretamente en la Isla de Capri tras escuchar embelesado “El Canto de las Sirenas”. En Agosto del 52 vuelve Pablo a Chile, lo espero en nuestro hogar sabiendo que ya no habrá remedió a nuestra situación, Pablo comienza en la clandestinidad a construir otra casa en Santiago para su amiga Matilde y es ahí cuando en 1955 viene ya la separación. Pablo le dona la propiedad de nuestra casa “La Michoacana” al partido comunista y yo me voy a vivir a Paris aunque más tarde volvería para ver morir al poeta y al amante a quien tanto quise.

A mi, Delia Del Carril me quisieron borrar de la novela lo mismo que a mi casa La Michoacana de los Guindes pero la historia y el tiempo poco a poco nos van devolviendo a nuestro lugar que merecemos y ahora que todos los involucrados han muerto aparece de nuevo esta casa como si fuera una bastarda llegando al funeral de su padre. Sobre esta casa no hay palabras escritas por el poeta, no hay versos porque hubo mucho amor y el amor duele cuando se termina. Pues con esto finalizo. Aquí les dejo. Las historias que vienen ya no las viví yo.

“LA CHASCONA”

Bueno, que aquí comienza mi parte. Soy Matilde Urrutia nacida en Chillán al sur de Chile relativamente cerca de la región donde nació Pablo lo que quizás hizo que hubiera buenas avenencias entre nosotros ya que las anteriores mujeres del poeta eran extranjeras. Pablo y yo nos conocimos muy cerca de aquí en el Parque Forestal de Santiago, yo tenía 22 años el 42, caminaba del brazo de su mujer cuando nos presento un amigo en común, nos dejamos de ver por algún tiempo, después coincidimos en México y donde ya no hubo marcha atrás, nos volvimos amantes salvajes y nos “perdimos” en la Isla de Capri aprovechando que al “Capitán” lo perseguían por todo el mundo. Al volver a Chile Pablo decidió que ya solo quería vivir conmigo. Y así una tarde de abril de 1953 en que caminábamos por el barrio de Bellavista vimos este solar solitario que rápidamente nos embrujo, Pablo negoció la compra del terreno y comenzó a la brevedad a construir esta casa.

La Chascona no es una casa normal. Está diseñada para dos personas que se aman arrebatadamente, sin compromisos. Cuando Pablo pensó en el diseño tuvo el cuidado de que se orientara con vista a la cordillera que tanto le gustaba además de dejar libres los arroyos que bajan cargados de agua por la ladera del cerro de San Cristóbal y que llenan con sonidos de música los muros de la casa. Solo el frente colinda con la ciudad así que por la parte de atrás tenemos un hermoso bosque donde los grillos cantan animando a la luna para que hechice nuestros sueños.

Todo comenzó muy despacio y en secreto, “solo el living y un dormitorio” eso era más que suficiente para amarnos a escondidas, en la empinada cuesta fuimos plantando árboles escogidos por nosotros, colocábamos piedras a manera de escalones y poco a poco la Chascona fue creciendo, luego vino una salón adicional donde algunos de los amigos de Neruda que sabían de nuestro idilio venían a reunirse con el como era el caso de Diego Rivera, el pintor mexicano que me hizo un retrato con dos caras y donde aparece de manera “clandestina” el perfil de Pablo y que aún hoy cuelga de los muros de estás casa.

En el año 1955 y estando el aún casado con Delia a Pablo lo corrieron de su casa, su mujer no aguantó más y una mañana apareció por aquí con sus maletas para mudarse definitivamente a “La Chascona”. Se construyo la cocina, luego un bar y finalmente la fabulosa biblioteca donde Pablo leía sus libros preferidos y escribía sus versos mas tristes de esta noche.

La Chascona tiene una fachada muy discreta a la calle Fernando Márquez de la Plata. En la parte alta del solar se levanta el living con su ventanal curvo y su muro de piedra de cerro, sobre el, nuestra habitación, la que cuenta con un balcón que emula la popa de un trasatlántico que pareciera tratar de atracar en el centro de Santiago. Saliendo nuevamente al jardín volvemos a subir una escalinata de piedra para llegar al bar donde recibía a sus amigos y un poco más arriba subiendo por una angosta escalera está su estudió y su biblioteca donde Neruda pasaba largas horas tratando de buscar la palabra indicada para terminar sus versos.

Pablo era un viajero empedernido y pasábamos los años viajando por el mundo; nos recibían en embajadas, en residencias de presidentes y por supuesto en las de sus amigos los poetas. De cada viaje traíamos recuerdos que tenían su lugar asignado en algún rincón de nuestros salones. Pablo veía a sus casas como sus amantes y así en 1957 decidió que quería tener una nueva aventura, “La Sebastiana”.

LA SEBASTIANA.

“Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y estar tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria pero no en exceso. Vecinos, ojala invisibles. No deben verse ni escucharse. Original pero no incomoda. Muy alada pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización. Independiente pero con comercio cerca. Además tiene que ser muy barata. ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?”(Confieso que he vivido, Pablo Neruda) .

Este fue el encargo que hizo Pablo a sus dos amigas porteñas Sara y Marie. Con esta difícil encomienda las amigas se dedicaron a recorrer los cerros de Valparaíso, subían y bajaban en los ascensores; Cerro Concepción, Cerro Alegre, El Peral, Las Mariposas, el de las Monjas, el de los Placeres. Por fin encontraron una finca que había quedado en suspensión en el cerro Florida. Con emoción nos llamaron y a la brevedad nos dirigimos al puerto. Pablo al verla quedo fascinado era justo lo que buscábamos. La casa la había comenzado a construir un rico español llamado Sebastián Collado pero no la pudo terminar. Como era un poco grande la compartimos con Marie Martner y su esposo, y así después de cerrar el trato nos propusimos terminarla.

Tardamos tres años en poder habitarla, Pablo la caminaba, subía y bajaba las escaleras, se imaginaba lo que esperaba de cada lugar, levantaba muros y luego los demolía para abrir los vanos de las ventanas con las mejores vistas de la bahía. Un hermoso jardín se fue creando al mismo tiempo que la construcción. Jacarandás, palmeras y magnolias, prados de hortensias, todo florecía con este clima tan agradable. Por fin el 18 de Septiembre de 1961 inauguramos La Sebastiana con una gran fiesta donde vinieron todos los amigos que nos apoyaron en la construcción, Pablo hizo una lista con sus nombres y les regalo un poema escrito por el con el nombre de la casa.

A “ LA SEBASTIANA”

La casa crece y habla,
se sostiene en sus pies,
tiene ropa colgada de un andamio,
y como por el mar la primavera,
nadando como náyade marina,
besa la arena de Valparaíso.

Ya no pensemos más: esta es la casa:

Ya todo lo que falta será azul.

Lo que ya necesita es florecer.

Y eso es trabajo de la primavera.

(A “La Sebastiana”, Pablo Neruda).

Neruda realmente amaba venir a Valparaíso. Aquí no existía el pasado de sus otras casas, aquí todo era futuro. Llegábamos y lo primero que hacía era abrir las ventanas de par en par para que la brisa del mar inundara las habitaciones. La luz diáfana del puerto dejaba ver los barcos que con sus pitidos anunciaban su llegada desde los mares lejanos. Por las mañanas se levantaba antes de la salida del sol. Escribía un poco antes del desayuno durante el cual leía los diarios nacionales. Después de almorzar caminaba por el jardín cuidando de sus plantas que acostumbraba fertilizar el mismo. Algunas veces bajaba por el ascensor hasta el puerto, caminaba por la calle Esmeralda esperando poder saludar a algunos de sus amigos periodistas que trabajaban en el periódico más antiguo del mundo; “El Mercurio”. Miraba de soslayo el reloj Turri, continuaba por la calle Prat pasando por los bellos edificios como el del el banco de chile, el de la bolsa de valores y las oficinas de las compañías navieras que aquí se asentaban. Finalmente llegaba a la plaza Sotomayor donde está la comandancia en jefe de la armada de Chile. Si hacía buen tiempo se acercaba a los muelles donde le gustaba ver la flota pesquera que se refugiaba en la dársena. Le gustaba también mirar tras el rompeolas a los barcos de carga que se mecen con el vaivén de las olas esperando ser descargados por los estibadores del puerto.

Volvía en trolebús por la calle de Cochrane hasta el “Bar Ingles” donde tomaba un “Caldillo de Congrio” acompañado de un wiski en las rocas. Si teníamos tiempo tomábamos el ascensor al Cerro Concepción donde caminábamos por las angostas calles que suben y bajan hasta llegar al palacio Baburizza ubicado en Cerro Alegre. De ahí, ya entrada la tarde buscábamos un mirador solitario y a la sombra de una de las fabulosas “palmas de coquito” nos preparábamos para gozar de la puesta del sol hundiéndose en el Pacifico para mas tarde ya de noche volver a casa, a la Sebastiana, en las alturas de Valparaíso.

Pablo venía al puerto con sus amigos desde que era un joven poeta, venían sin dinero y aquí eran felices. Por eso llego a amar tanto a Valpo al que le escribiría lo siguiente: “Arriba, por los cerros, florece la miseria a borbotones frenéticos de alquitrán y alegría. Las grúas, los embarcaderos, los trabajos del hombre cubren la cintura de la costa con una mascara pintada por la fugitiva felicidad. Pero otros no alcanzaron arriba, por las colinas; ni abajo, por las faenas. Guardaron en su cajón su propio infinito, su fragmento de Mar”. (“Confieso que he vivido” pag83).

DESENLACE:

A Pablo le otorgaron el premio Nobel de literatura en 1971 y con ello todo se desmoronó rápidamente. La salud del poeta era muy precaria así que en febrero de 1973 renuncia a su cargo como embajador en Francia. Nos fuimos a la casa de Isla Negra para que se recuperara de su problema de la próstata pero el 11 de septiembre nos llegan las terribles noticias del golpe de estado y de la muerte de nuestro amigo el presidente Salvador Allende. Todo se nos complica. El día 19 tomo la decisión de llevarlo de urgencia a la clínica Santa María en Santiago pero ya no hay mucho que hacer Pablo se encuentra muy grave. Los golpistas sin ninguna consideración hacía el poeta moribundo nos hostigan hasta en el sanatorio. Finalmente poco antes de la medianoche del día 23 de septiembre Pablo Neruda muere dejándonos con una infinita tristeza.

El velorio de Pablo quise que fuera en nuestra casa, en La Chascona. Esta se encontraba descuartizada. Tras el golpe de estado las gentes de Pinochet la destrozaron, rompieron los vidrios, tumbaron las puertas y taparon los arroyos de agua que tanto le gustaba oír. La casa era un desastre pero aún así pudimos colocar en el medio de la sala su ataúd con su cuerpo inerte. Al día siguiente sus restos fueron depositados en el cementerio general terminando así la historia del poeta Pablo Neruda.

En 1992 la historia y los amigos nos hicieron un gran favor y así después de muchos años buscaron un risco en nuestra casa de Isla Negra y nos colocaron a uno junto al otro para que en la serenidad de nuestro silencio nos dejáramos nunca de gozar mirando el mar.

Ahora, en las noches de luna llena, cuando todo está silencio un murmullo parece brotar de entre las rocas y pausadamente se escucha una voz grave que pausadamente canta.

“Me gustas cuando callas porque estas como ausente…”
Valparaíso, Chile.
Diciembre 2015.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s