Un último viaje. Autor: Julio Lencero Bodas

Llevabas ya seis años en tu tumba y todas las noches venías hasta la cabecera de la cama, a recordarme la promesa que te hice en vida. Debía llevarte a ese valle caliente y húmedo de Tierra Blanca que huele a jazmín y a flor de toronja; en él querías reposar definitivamente. Insistías. Yo callada.

Bueno, pues…llegó la hora de cumplir tu mandado; le di unos pesos bajo agua al sepulturero de San Lorenzo Tezonco y, dentro de una maleta rosa, me jalé tus huesitos desbaratados.

-Pesabas, mamacita, aún no eras montoncito de caliche.

Esa noche, en casa, abrí la maleta y asperjé agua bendita por encima de tu sudario…; la pasé todita en vela, hasta que al oír el piar de los gorriones en la calle, me decidí a hacer lo que debía.

Como los pesitos no daban para carro de pompas fúnebres-, fui hasta la estación Sur y saque un billete de camión para Veracruz.

Tú irías contenta en la maleta, pero yo fui temblando durante todo aquel viaje, temerosa de que en un control policial de los que jalonan la ruta descubriesen tus restos mortales y me acusasen de profanadora, asesina, o Dios sabe de qué… ¡A poco no!: a mitad de la ruta se hizo una parada para desaguar y, para cuando regresamos al camión te habían arrojado a la baca sin contemplaciones.

No me calme hasta que vi a lo lejos, fluyendo verde, el río de las mariposas, el Papaloapan.

En el camposanto los mangos se pudrían hermosos, bien nutridos con el tuétano de los muertitos.            Por allí nadie fumigaba y por eso abundaban los ratones y las culebras, que se enroscaban a tomar el sol sobre las lápidas, y se deslizaban bordeando los numerosos túmulos de tierra con dos palos en cruz encima…, buscando alguna raja en el suelo por dónde meterse… tan bonitas ella, finitas y con esas rayas de colores tan vivos.

Abrimos la fosa familiar y, por segunda vez (con quien querías), te dí sepultura donde querías. Amén.

Luego, quemé la maleta tras un bejucal, y el humo, flojeando, se fue hacia el golfo.

Entonces dejaste de despertarme por las noches; me dejaste tranquila y pude conciliar el sueño.

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