¿Viste, María? …no es lo que era… Autor: María Pasquín

-¿Viste, María? La ciudad no es lo que era…-tañen las palabras, ciñendo Buenos Aires al dietario parlante del remix, ese taxi medio privado. Las ruedas rebanan las aceras de la ciudad y Bernie, el tachero de lujo, taxista quejoso, judío apócrifo, imagen de lord, vierte en diarrea verbal las efemérides pasadas y presentes de la ciudad. Su delgadez y altura de nórdico se prolongan en esa nariz aguileña que olfatea novedades. No me percato, y en el rodaje entro a formar parte de la crónica diaria. -¿Viste, pibe? Ella escuchó todo esto…Rata Blanca, Tambiónica, Calamaro…-le lanza al amigo que nos ha presentado y el que ha encargado que me trate de lujo.

-Mi hermana, ella sí que sabe, se compró la casa. Sí, siempre me apoya. Mi hermana, ella trabaja en ese hospital ¡mirá!…toda la fachada y por dentro en remodelación. No te lo enseño, no puedo aparcar. El carro, como las piernas, es parte de mi mismo. Se averió. Estuve dos semanas sin poder trabajar. Cuando uno compra un carro, no le renta lo que invierte. Menos mal que mi hermana me dio la plata. Como estar enfermo. Como me pasó el año pasado. Pedí un remedio en la farmacia para la tos y perdí el apetito. No tenía fuerzas. Pensé que me moría. Menos mal que mi hermana me paga la obra social y fui al médico, un principio de neumonía. Me perdí todo, la visita al teatro, la radio, los conciertos. Me invitó Mario Pergolini para escuchar a Giardino  en el Vorterix, que presentaba disco. ¿Lo conocés? Grosso, un maestro el flaco y me lo perdí porque estaba enfermo.¡Como toca la viola ese pibe! Terrible. Mirá, María. Otra vez ¿Lo ves? Esa fachada es la del hospital de urología. No esa, la del edificio de al lado, el del reclamo con la mujer desnuda. Claro es que las empresas quieren las grandes fachadas para sus reclamos, le da muy mal aspecto al hospital.

Bernie circula cauteloso, vigilante de la integridad de su vehículo. -…no tengo plata, me comen las deudas y si uno no trabaja, no puede pagarlas. Tengo bloqueada la tarjeta…ese asunto del boliche de mi hermana…con eso de que es anestesista lo puso a  mi nombre, tu sabes, por si le reclaman que no le cayeran los seguros encima. Ella quiso hacerle un regalo a su marido y le compró el negocio. Yo trabajé ahí más de un año, pero no sé de eso. Por eso me paga. Claro, tiene todo embargado. Mi cuñado no se ocupa y los que vinieron después no afrontaron lo que se debía. Antes podía pagar con la tarjeta, ahora imposible. Ni siquiera puedo llenar la nevera, ni siquiera en cuotas. Tengo nevera con refrigerador. Al principio, cuando me separé, tenía una pequeña, simple. Lo que pasó es que mi cuñado, que es un inútil, compró para el bar aparatos de aire acondicionado, que no le valían y ni le devolvían lo pagado, me llamaron y así tengo la nevera. Pero no puedo llenarla, está todo tan caro. Te dejo en la vereda de la izquierda. Cuando termines, me haces una perdida y acudo a por vos. Dame los diez o quince minutos. Mi jefe sabe que tengo un compromiso esta semana. ¡Atenta! Tenemos Banco Galicia por todo BA.

Me lleva de un lado a otro de esa ciudad interminable, atestada de gente y culturas, que deseaba visitar desde la adolescencia…un salto al otro lado del Atlántico y percibo en la ciudad la amenidad, con su inconstancia e inestabilidad que le dan la fuerza. Aires de Paris, Barcelona, Londres y Madrid.  Europa en América del Sur y la chispa de los supervivientes.

-¿Viste, María? Esas son las hamburguesas que puedo tomar, las del cartel grande. Vienen bien envasadas y no me sientan mal, que no puedo comer gluten. Aunque a veces lo hago. No me importa. La comida sin gluten es muy cara. Cuando quiero y me apetece, compro unos pene rigate o un gran trozo de pizza…sé que me van a caer mal, pero me los como. No hay nada como lo hecho con harina de trigo.  Hoy creo que voy a cenar pollo. Lo compro hecho y me dura para dos días. Me sienta bien.

-Mirá, mirá otra vez. En la esquina donde había una gasolinera, ahora hay una torre, la mayoría para centros comerciales. Ahora hay muchas menos gasolineras en la ciudad. Buenos Aires no es lo que era. ¿Y no sabés porque hacen cola en esa gasolinera? Si pertenecés a esa mutua, algo así como en España el Automóvil Club, y repostas en esta gasolinera, te hacen descuento. Es una pena que no pueda ponerle al auto el gas correcto, pero no llega la plata y a veces hay que hacerlo. Las gasolineras desaparecen en esta ciudad. Un día hay una, al día siguiente construyen una torre en su lugar.

Atravesamos Palermo Hollywood, donde resido en el loft del hotel Atempo por unos días, una fantasía hecha realidad. -Se llama así porque aquí se establecieron los primeros productores y la radio, así creció la zona, con un montón de boliches para bailar. El Palermo Soho es más residencial. Y llleno -con la elle muy arrastrada- de restaurantes, los que vienen con mucha, mucha plata. ¡Ah! Y no dejes de ir al Mercado de las Pulgas. Entra y visita a un amigo mío, que es cliente también, le llevo donde me dice, cada semana, y se gasta un montón…vuelve lleno de cachivaches, desde botones a televisores. Se llama Tony Valiente, que te deje probarte uno de esos sombreros que hace, como cascos lunáticos. Todo un personaje. Siempre dice “Abrimos cuando llegamos y cerramos cuando nos vamos”. Su tienda no tiene orden ni concierto, pero vende sus cuadros y sombreros por todo el mundo. Y si le caés bien, te regalará su cuaderno, “El libro de moda con sabor a …menta”, como un resumen de todo lo que él ha hecho. ¡Hasta salió entrevistado por Lalo Mir en el canal 7, en Buenos Aires es arte! Seguro que te gustará. Baja que ahora te ayyudo con la paellera. ¿Cómo que te viniste en el avión con ella? Parecería que traías un ovni en la maleta. ¿Y no te tocó revisar?… como le toca a unos sí y otros no…Te dejo allá, donde tus amigos, en el restaurante japonés. ¿Y se la preparás tú? Tanto que me gustaría probarla. El arroz solo, que el pescado y todos esos frutos del mar  no me gustan. Aquí hay tantos restaurantes buenos, ese es nuevo y es de lo mejor que existe. De la familia Costa, ¿no? Ellos siempre tienen muy buenos negocios. Entonces, ¿lo han cerrado para vos y vuestro amigo?  ¡Qué suerte! Disfrutá mucho. Me das un toque al terminar que vengo para llevarlos a dormir.

Otras noches transcurren tranquilas junto al hotel en la Cervecería Nacional, Arevalo 1588, con gran variedad de cervezas producidas en distintas zonas de Argentina, de diferentes tipos, colores y sabores. Escasos en ese lugar tan pequeño, lo más rico es la santa bondiola, como un matambre, esa carne enrollada clásica de allá, que hacen los martes a la noche y hay que llegar a tiempo para pillarla…o encargar El dueño, Leandro, un gentleman argentino de raíces rockeras  nos hace los honores y concelebramos el cumpleaños de su madre, embutida de estética para conservar una juventud atascada. Hay poco sitio para sentarse, pero la gente se queda departiendo, a pasar la tarde junto a la vereda.

-María ¿esta canción te gusta? No digas que la escucho, yo tengo un gusto muy amplio. Mirá, todos mis discos. Algunos los he comprado, otros regalados. Que bueno es tener el estéreo, ahora puedo escucharlos todos. Seis meses sin estéreo, sin escuchar la radio. No sabía que Marcelo tenga programa propio en la Rock&Pop. Ahora puedo escuchar FM. Llevaba esa radio vieja con AM, pero se pierden muchas cosas. He comprado el aparato más barato con este extra. También tiene mando. No sé porqué le sale esta luz, hay cosas que no entiendo bien. Hoy es como en los viejos tiempos.

Bernie circula exultante, llevándome de pasajera especial de acá para allá transportándome por la historia y el presente de BA. -La Casa Rosada es la casa del gobierno, por esa puerta entran y salen los coches de los ministros. Y ese es el Cabildo cortado, le sacaron un pedazo de aquí y otro de allá, de un lado y  de otro al hacer la Avenida, para no cortarle el ancho. Ahí se firmó nuestra independencia  de España Y esa es la casa de Macri: Bolívar 1, es el intendente de la ciudad. Ha hecho mucho bien por ella. Yo le voto. ¡Ah! Y la calle Florida y Lavalle como un hormiguero humano, todos caminando. Nada que ver cuando vino tu amigo la primera vez, hace diez años. Ahora está toda arreglada, se circula mejor.

Seguimos rodantes, sin descanso, en la incipiente primavera bonaerense. -Aquí vi la Cubana, vine con mi mamá. Me consiguieron las entradas, un gran regalo. Y ese es el cine Gaumón en la plaza del Congreso. Ahí, precisamente, empezaron a proyectar las películas en Cinemascope. La nostalgia tiñe cada palabra y ruedo por la historia, imaginándome a este hombre de cabello cano y delgado como un alfiler y alto como un espectro, acudir a las citas de las novedades y varietés de la ciudad. -Este es el edificio Roxy, con la Radio City, allí creó que tocó Gilby Clark de Guns´nRoses, era un lugar de shows ahora cerrado y lo están rehabilitando. Y alguien de la banda salió en el programa de radio Tiempos Violentos de la FM Rock & Pop (95.9). Me gusta escucharlo todo y algunas cosas las grabo. Ya te paso alguna cinta.

– Mirá, María, la confitería el Molino, mirá las aspas arriba: cerrada. ¡Veinte años abandonada, una lástima! Era un sitio de lujo, el edificio precioso. Paro que lo mires bien. Muchos de estos negocios los cierran. La ciudad no es lo que era. Te voy a mostrar uno más adelante, la Violetera. Este cerró también, pero lo reflotaron. Algunos los reflotan, otros los convierten en centros comerciales. A saber lo que vale un café ahí dentro. Ni pensarlo, seguro que no puedo pagarlo. ¿Lo ves? Aquí no se respeta nada la belleza de los construcciones. ¡Mirá ese espanto de juguetería con esas luces y colores! No hay ninguna ley. No se respeta el patrimonio de la edificación. Y aquí el Abasto Gardel, reflotado como otros. Ha obligado a muchas obras a todos los vecinos. Y ¿La ves? La estatua de Gardel, es famosa pero a mi no me gusta.

-¿Lo ves, María? Allá estaba un negocio de pinturería y ahora una tienda de ropa. Todo cambió, no lo reconozco.  ¡Mirá!. Ese de la esquina es el negocio de mi tío, el que os dije. Ya no lo tiene, lo perdió, ahora tiene el taxi, el que era mío. Y no para de quejarse ¿Ves? Allá la tienda donde compré el traje para mi boda. Este es mi pantalón, el saco anda por casa. Acá, la escuela que fui, este es mi barrio. No, esta calle no, comienza Avellaneda. Mirá, y en esta otra se han instalado todos los negocios. ¿Ves? Ese cerrado  y ese en alquiler. Abren uno, cierran otro. A otros les va bien. Soy el único judío pobre. Menos mal que mi hermana me ayuda. En esta calle hay judíos y coreanos. Los coreanos son pocos, pero con muy buenos negocios.

-Esta noche se viene otra tormenta de vuelta. Espero que el auto no se inunde, que ya me pasó. Por eso estuve sin estéreo seis meses. No voy a aparcar el auto en cualquier parte. Acá es peligroso porque puede partirse la rama de un árbol y caérsele encima. En esa esquina abandonada compré este auto. Nada es lo que era. ¡Ah! Y esa es una Farmacia del Dr. Ahorro, de capital 75% mejicano. Hay gente que consume de esos medicamentos porque son más baratos. Yo no, no me fío, tomo de los caros que me los paga mi hermana. Vamos ahora por la Avenida Rivadavia, dicen que la más larga del mundo.

Avanzando por  la  9 de Julio, Berni me deposita junto al congreso y en Rivadavia con Callao, se encuentra el Tortoni. Me dejo seducir por la brillantez de ese café teatro decimonónico revestido de madera al que  es imposible acceder  por las colas de japoneses que tienen concertada su entrada. Me sumerjo en la ruta borgiana de ese mapa especial sugerido. Aquí tomaba café y departía con sus congéneres. En Maipú 994, toco al timbre de su piso a la espera de que su voz pausada me salga al habla. El circuito sigue por la Plaza San Martín. La librería La Ciudad (Galería del Este), que frecuentaba por las mañanas está cerrada, allí donde reanudó su diálogo con Ernesto Sábato después de años en silencio. Me quedo y fotografío pegada al cristal, queriendo verme desde el otro lado. Los tigres del zoológico me quedo sin visitarlos, pero Bernie me sitúa en el animalario en alguna de nuestras múltiples ruedas por la ciudad.

-¡Ah! Te voy a mostrar una confitería reflotada, la de los Angelitos.  A saber lo que cuesta un te ahí. No se puede entrar, te dejas el sueldo. Ahora Calamaro, para oír algo nacional. Dicen que escucho mucho trucho… pero no me importa. Calamaro me vuelve loco, aunque no soy fanático ni compraría otro disco.

-¿Lo ves, María? En la Boca las entradas están a dos alturas, la calle y la entrada a la casa, porque el río inunda y es lo que pasa. ¡Mirá! La Bombonera, aquí juegan. La gente no quiere irse. Construyen  la nueva cancha  de fútbol en un espacio más amplio y la gente no quiere moverse. Hay mucho negocio que mueve mucha plata alrededor. El Barsa es como el Boca, conocido en todo el mundo. Ahora han prohibido que los de la afición contraria, como dicen ustedes, acudan a los partidos, para evitar las peleas. Ni siquiera se pueden llevar remeras identificadoras de clubes de fútbol. Esto le quita tensión al juego. No se mezclan los del fondo Norte con los del fondo Sur. Mañana domingo no podríamos venir a que veas este barrio, hay partido, Yo no venía desde hace mucho, porque no circulo por aquí. Estas cuatro calles son muy turísticas, mucho color, mucha tienda y tango, el resto es lo que es, pobreza. De todas maneras, ha cambiado mucho, han arreglado el puente. Macri, el alcalde, ha hecho mucho por la ciudad. Hay que aprender, la cultura debería prevalecer frente al vandalismo y haber fraternidad entre los hinchas. No es así. Mira como suena: “tengo abierto el minibar y cerrado el corazón”, casi lo que me pasa a mi, pero yo no bebo. Con esta profesión, no se puede y me sienta mal. Te voy a llevar que veas el Hospital Favaloro, que te interesa, está Ríos con Belgrado, diez o doce cuadras desde aquí. A ver el tráfico. Allí ha estado ingresada nuestra presidenta, Cristina Fernández, que está un poco de los nervios. Es un hospital muy conocido por sus investigaciones sobre el corazón.

-¡Mirá, mirá! ¡El mejor hotel de BA! ¡Four Seasons! ¡Allí estuvieron los Rolling Stones! ¡Los vi! Es más, los perseguimos en carro por toda la ciudad en el 2006, que iban en el micro de Chevallier y nosotros rodábamos detrás bajo la lluvia.  Se asomaron a ese único balcón, ese gigante en mitad de la fachada, el de las rosas. ¡Escuchá! Suenan  las Pelotas. Me gusta esta banda. Los Rolling estuvieron tres veces en BA. Y estos fueron sus teloneros en el 95 en el Estadio River Plate, que seguro que habrás visto desde el avión. ¿Los conoces? Seguro que te suena su Capitán América. Y ¿lo ves? La pobreza, la calle 31 que sale en todos los reportajes de la Argentina. Allá siguen su propia ley. Mirá, pibe-dirigiéndose a mi amigo- ahí vinimos con vos, donde se hizo la exposición “Yo amo el rock”. ¿Te recuerdas?

Bernie me busca (que no recoge…) para trasladarme a otro destino…el mejor destino, su discurso. –Hoy, María, día del Folklore, en la mismita plaza, delante de la Casa Rosada. Uyyy, tendrás que verla de noche, de día no dice nada, con tantas luces que le dan alegría. Sí, te digo, lo vi yo con mis ojos. Salió de un Toyota flamante, en mitad de ese jolgorio, todo lleno de gente, un tipo para vender gaseosas, y bien caras las vendía. Te voy a llevar por ahí, para que lo veas mientras esté tranquilo el tránsito. Y anoche, en esta misma plaza, orgullo gay o no sé qué. Jamás antes algo así. Eso tíos por todas parte, como tías gigantes, meando en cualquier esquina. No me meto ahí, ni aunque me harten de comida. Menuda marranada. Un tipo en cada columna del Cabildo, ese edifico blanco enfrente de la Casa Rosada, el cortado por los dos lados para que pasaran las calles. Y ensuciando la casa de Macri, con todo lo que él ha hecho y hace por la ciudad.

-Date una vuelta ahora, que voy a aparcar. Los domingos es complicado hacerlo. ¿Cómo quedó la foto de Mafalda? ¿Te la tiré bien? ¡Suerte que pude parar el coche frente a la casa de Quino en la calle Chile! Mafalda, esa niña curiosa e irónica, nos hacía sonreír cuando eso era una amenaza y reír abiertamente, un peligro para los que hablaban demasiado. Quedamos en  la esquina donde bailan tango. No te confundas, donde está la pareja de mayores bailando. La mujer tiene unas piernas que son un sueño a pesar de la edad. Me han encargado que te cuide y no te timen. San Telmo tiene muchas cosas en su mercado y muchos enredadores. Es el barrio más chico de BA, pero el más conocido. Hemos quedado en la Iglesia de Belén, que van a realizar unas fotografías. Te interesa, que tiene una placa sobre algo de la fiebre amarilla, que aquí murió mucha gente, no ahora, hace mucho más de cien años. Ahora que tenemos papa argentino, las iglesias se han puesto de moda, aunque sea para retratar grupos de rock. De allá, nos vamos a comer un asado. ¡Lo mejor de aquí! Y con una ensalada de apio. ¿Te gusta? A muchos gallegos no les gusta, dicen que sabe muy fuerte. Recordáme que te lleve a ver la iglesia donde celebraba el Papa Francisco. También pasamos por su casa en Flores, cuando era Bergoglio, y así lo has visto todo.

– No, María, aunque te lo hayan encargado, no lo compres. El Página 12 es una basura, es un diario oficialista que miente y miente. Mirá, te paro, que veas: estos dos tipos del banco, ¿los viste bien? Son Olmedo y Portales, dos cómicos de la televisión, que buenas las estatuas. Y ese otro, enfrente del Pasta Flora, es el Gordo Porcell, otro cómico. Ahora dejo el auto que cenemos algo. Luego te dejo en el hotel. Sí, voy a comer pizza, no importa que me siente mal. ¿Tú solo una empanada? Aquí Guerring, en Corrientes con Uruguay son de las mejores de todo BA. ¿O prefieres ir al Palacio de la Papa frita?

-Vos esperás aquí un minuto. Salgo al baño. Mirá las fotos que traje. Mi hija cuando la recogimos. Linda, ¿no?  Me casé cuando vivía con mi mamá. Ella vivía en un departamento que pagó mi hermana. Yo no he dicho nada de la herencia, claro que lo compró ella. Nunca he vivido solo hasta ahora. Antes con mi mamá, luego con mi mujer. Siempre con una mujer, es ahora cuando ando solo. Nos divorciamos porque decía que no me implicaba con mi hija. Que si no la hacía caso, que no colaboraba. No importa, puedo ir a verla cuando quiera. Y eso hago. La busco al colegio cuando me parece. Y a ella le gusta, porque la devuelvo en carro a la casa. Antes comía muchas veces con ellas, ahora no, para mantener distancias, pero podría ir o pedírselo.

Antes tuve un hijo, un varón. Nació y murió a los tres meses. Sus problemas de corazón eran muy graves, parecía que no se le podía intervenir, algo de las válvulas y como una deformidad. Tenía Down. Nadie lo esperábamos. Fue una mala suerte, es que tengo muy mala fortuna. Estábamos destrozados. Nos casamos tarde, pero ella no era tan mayor, llegando a los treinta y dos, pero ella se quedó muy afectada.  No quiso probar más, no,  y decidimos adoptar. No fue complicado. Me dieron plata para comprarle un regalo, ese amigo que tú conoces, y se lo di todo a mi mujer. Un buen pico. Ella compró un saco precioso y una pollera para la chica. Mirá, esta foto es saliendo del colegio. Va a un colegio superior, judío, es complicado entrar pero es muy lista. Es una chica que llegará muy lejos, como mi hermana. Esperemos que la dejen…Buenos Aires no es lo que era y a saber cómo va…”

Perteneciente al conjunto de relatos “33 desnudos en bata” de la misma autora.

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