Retorno a Bistrita. Autor: Isabel Mª Rojas Herrera

Rodeando toda Transilvania, región de vampiros, de osos, de lobos que aúllan en las oscuras noches de frío y niebla, avanzamos por los Cárpatos orientales. El paisaje es verde oscuro, los bosques se suceden hasta donde alcanza la vista, nos rodean por completo, formando un túnel de espesura húmeda, a veces inquietante o quizá sea mi espíritu novelesco, que se sugestiona con facilidad…

Es la segunda parte del viaje por este país de bosques frondosos, montes que lo circundan, sorprendentes monasterios, castillos incrustados en rocas, suntuosos palacios y rica cultura, e iniciamos una ruta especialmente emocionante para mí porque recorremos algunos de los lugares donde transcurre la novela Drácula de Bram Stoker, obra que leí de muy joven, que me impactó y que me gustó mucho… Desde entonces me han gustado las historias vampíricas, que te hacen sentir una extraña sensación de inquietud, con una mezcla de repulsión pero que, al mismo tiempo, ejercen sobre mí una extraña fascinanción… siento escalofríos pero no puedo dejar de leerlas… de verlas, si se llevan al cine o a la televisión…

Y me veo en algún baño de aguas termales, de los muchos que proliferan aquí, sumergida hasta el cuello, completamente desnuda… presiento una sombra  nebulosa que vaga a mis espaldas, al cabo de unos segundos siento su aliento en mi nuca, me estremezco, empiezo a temblar… de miedo… de deseo… y… unos afilados colmillos se clavan en mi blanco cuello…

Noto un pinchazo pero son solo las marcas de la aguja del suero, que restan de una operación, que de vez en cuando se rebelan y me provocan esas punzadas. Es que soñaba despierta al atravesar estos bosques, camino del Paso de Borgo, en las montañas Bârgau, y estoy literariamente emocionada.

Este collado no es muy alto, está a unos 1200 metros de altitud, y une las ciudades de Vatra Dornei, en Bucovina, Moldavia, de donde venimos, y la ciudad de Bistrita, en Transilvania, a donde nos dirigimos

Nos detenemos en un lugar del impresionante desfiladero, donde podemos apreciar la montaña escarpada, que forma una especie de túnel entre altas paredes rocosas, el entorno es precioso, impone… y tengo la sensación de haber estado aquí antes, de algún modo, esa es la magia de las palabras, puesto que estuve cuando era joven, una joven lectora que leía ávidamente, fascinada, la novela de Stoker, quien no había estado nunca por estos lugares… y yo nunca podía haber imaginado visitarlos en verdad, pisar los Cárpatos, me bastaba entonces con sus palabras de irlandés creador de un vampiro, y que jamás salió de las islas británicas.

Subimos de nuevo al autocar y seguimos por el Paso de Borgo -como a mí me gusta llamarlo, como en la novela, saboreando el nombre, tan novelesco, mucho más interesante que “desfiladero” o “collado”- y seguimos por las montañas hasta llegar al Hotel Castel Drácula, en Bistrita Nasaud, un viejo castillo de piedra gris, en cuya torre está ahora el bar del hotel, desde donde hay una vista magnífica de las montañas que acabábamos de atravesar, lugar que se cita en la novela de Bram Stoker, y bajé corriendo para poder recorrer todos sus rincones en el escaso tiempo que nos daban…

Entramos en el patio de armas del castillo, como el que sale en la novela, subí y bajé escaleras de los diferentes pisos del hotel, corrí por los pasillos, enmoquetados con una alfombra roja con la D mayúscula de Drácula, miré las puertas de las habitaciones, busqué dónde se había podido hospedar nuestro héroe y me parecía sentir la presencia de los personajes de la novela; me hicieron una foto ante un gran cuadro del Conde Drácula y me dio tiempo a comprar un “Pasaporte” dracúleo, firmado por el mismísimo Conde, donde están escritos los lugares que salen en la novela… Había cuadros, fotos, noticias en viejos periódicos relativas a la novela… Y en el último momento, a las carreras, pude hacer fotos a la estatua dedicada a Bram Stoker, que hay en el exterior del hotel. Fue una visita fantástica, con encanto vampírico para l@s fans de la novela…

Llegamos a Bistrita bastante tarde, nos hospedábamos en el hotel Coroana de Aur, Corona de Oro, como hizo Jonathan Harker en la novela, aunque este hotel jamás existió, se construyó en el centro de la población aprovechando el éxito de la novela y para satisfacer a l@s fans de la obra, que acudían a la ciudad y querían hospedarse en un hotel con el mismo nombre. En el hotel tienen un Salón Jonathan Harker, lleno de cuadros con imágenes que hacen referencia a párrafos escogidos de la novela, en el que cenamos más tarde. Y en el bar del hotel se pueden ver fotos de algunas versiones de Drácula que se han llevado al cine.

Empezaba a caer la tarde, corrimos a dejar las maletas y salimos a dar una vuelta por la ciudad, que pertenecía al Reino de Hungría en los tiempos de la novela de Stoker, entramos en la hermosa iglesia luterana de los sajones y paseamos…

Bistrista se veía muy bella bajo aquella luz gris y oscura de cielo encapotado, que amenazaba lluvia, que finalmente empezó a caer; se hizo de golpe de noche, las gotas de agua eran frías y el ambiente le confería un aire tétrico a los soportales medievales de la Plaza del Mercado, bajo los cuales Jonathan se había topado con el Conde Drácula… Un escalofrío invadió mi cuerpo… ¿de emoción, de miedo, tal vez? Pero mi corazón se aceleró al caer la noche, como si hubieran apagado la luz de golpe y porrazo… y me veía en una carroza negra rumbo al castillo del Conde Drácula, no sabía bien si como invitada o como prisionera, aunque sabía que fuera bajo el concepto que fuera, saldría de allí siendo… inmortal…

Aquella ciudad me encantó, así como estar en ese mítico hotel inexistente en realidad pero sí en la realidad de la novela, me hizo mucha ilusión, pero no podíamos estar más tiempo en aquella Bistritz, como se llama en la obra, porque teníamos que partir hacia el tercer lugar emblemático relacionado con el mundo de Drácula, el castillo de Bran, aunque antes pasaríamos por la preciosa ciudad de Târgu Mures, en la que visitamos su maravilloso Palacio de la Cultura, que contiene unas impresionantes vidrieras, y donde pudimos asistir un ratito al ensayo de una orquesta que tocaba de maravilla. Dimos un paseo por la ciudad, de bellos edificios modernistas y ricos palacios, después entramos en la moderna y bella basílica y, a la hora convenida, salimos hacia Sighisoara, población Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ciudad natal de Vlad Tepes, encaramada en una colina y a la que se accede a pie dando un paseo… Los rincones de la población son tan bellos que parece que nos encontramos dentro de un cuento medieval de calles empedradas, bellos jardines, iglesias encantadoras, casas de colores, palacios, murallas y torres, como la famosa torre del reloj, una de las farmacias más antiguas de Europa… y la casa donde vivió entre 1431 y 1435 Vlad Dracul, personaje en el que se inspiró Stoker para crear su personaje del Conde Drácula. Allí comimos, y junto a otra fan de la novela subimos las escaleras y entramos a la Camera lui Dracula, un montaje divertido en el que pudimos ver a un Drácula de teatro, y se visitaba una estancia que recreaba el ambiente de la casa en  la época en que vivió el llamado “El Empalador”.

Fui paseando por la población y llegué hasta una de las románticas torres que se conservan, que bajo la lluvia que había empezado a caer y, envuelta en la niebla, tenía un aspecto aún más de cuento medieval, de andantes caballeros y bellas princesas que aguardan en lo alto de la torre…

Seguimos camino a Brasov, gran ciudad que nos encantó, con unos edificios elegantes e imponentes, bellos cafés y restaurantes, iglesias y plazas con encanto bajo la niebla y la lluvia, que no cesaba… Entramos en una bella sinagoga y después nos reconfortamos tomando un café con leche calentito…

Al día siguiente fuimos temprano al Castillo de Bran, allí incrustado sobre la roca desde 1382, al que se accede por una cuesta empinada y empedrada, aún llovía, como el día anterior, lo que le daba un encanto especial, allí en el interior de la roca, envuelto en la bruma…

La visita es deliciosa, y larga porque te entretienes mucho, son cuatro pisos con muchas estancias y detalles que observar, al menos en mi caso, que me gusta mirarlo todo; además, tienes que ir despacio porque hay muchos turistas en aquella época del año, es agosto… El castillo está restaurado y, después de pertenecer al estado rumano durante más de 60 años, en 2009 fue devuelto a la familia de la princesa Ileana de Rumanía, porque pertenecía a su familia e iba mucho con sus hermanas y su madre, la Reina María de Rumanía, esposa del rey Fernando I, la reina lo había restaurado y convertido en su residencia de verano y allí pasaba largas temporadas.

Alguien comentó que creía que era un castillo más de Drácula, no tan de la “realeza”, pero de hecho Vlad Tepes, en quien se inspiró Stoker para crear a su personaje del Conde Drácula, jamás vivió en el castillo, estuvo de paso con sus tropas en 1459, más tarde fue capturado en 1462 y encarcelado en el castillo; la fortaleza construida por Vlad Tepes se encuentra lejos, en Arefu, es el Castillo de Poienari, fortaleza en la que vivió durante largas temporadas. Si bien es cierto que ambos castillos, el de Bran y el de Poenari, están encaramados en lo alto de un peñasco, y sin defiinir exactamente Stoker el lugar donde vivía su personaje, el Conde Drácula, al hallarse el castillo de Bran… “en la herradura  de los Cárpatos, se han juntado todas las supersticiones del mundo, es como si nos halláramos aquí en una especie de torbellino de la imaginación, dice Bram Stoker en su novela… la gente empezó a preguntarse si no era ese el castillo de Drácula… Así nació la leyenda…

El castillo, aunque está restaurado, tiene un encanto especial y está lleno de bellos rincones… Es muy fotogénico y romántico y el tono rojizo de sus tejas en las torres y tejados resalta el blanco encalado con el que se han pintado los muros; la mezcla de piedra y madera le confiere ese halo de misterio de castillo medieval… Las vistas de los bosques y del pueblo desde las ventanas son preciosas, así como desde la terraza; los muebles de madera ricamente tallada son recios, soberbios; la biblioteca encantadora; las chimeneas imponentes, las pieles, como mullidas y suaves alfombras, aportan calidez a un ambiente sin duda helado en invierno; la sala dedicada a Bram Stoker y su obra, en uno de los torreones del castillo, es muy interesante, y allí nos explican qué es realidad y qué es ficción con respecto a la novela… y nos encanta a l@s fans de la novela… Preside la sala un famoso retrato de El Empalador, que da miedo y te recuerda el ambiente de la novela…

La torre redonda parece ser la más antigua del castillo y se ve muy bien desde lejos…  Bajo al patio de armas, y del interior del pozo parecen surgir las voces de los personajes de la novela… de entre las que sobresale la envolvente voz del Conde Drácula… Salgo del castillo muerta de miedo y corro por el sendero empedrado hasta los jardines, bellos y cuidados, llenos de flores, y observo desde abajo la silueta del castillo entre las hojas de los árboles… y un viento insinuante, susurrante me atrae de nuevo hacia él… es la voz del Conde Drácula que quiere llevarme de nuevo al castillo, cual indefensa Mina, pero yo me tapo los oídos y sigo corriendo hacia la salida, dejando atrás el castillo de Bran.

 

Ruta de Drácula de Bram Stoker (Rumanía)

 

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