Pedro fabricante de anarquistas. Autor: Joaquín Moya Latorre

Una niebla traspasada por algunos rayos de sol, bajaba suavemente a todo lo largo del verde valle que componía aquella zona donde Walter se encontraba sentado sobre una roca de las muchas que salpicaban el terreno. El pensamiento lo tenia completamente absorto en el tema que desde algún tiempo lo tenia preocupado. Pertenecía a una familia compuesta por sus padres y siete hermanos. Una familia tan extensa y mas bien escasa de recursos, le hacía pensar en que lo que le había dado de comer a un hogar no era fácil que diera para darle de comer a siete familias, por lo que rondaba por su cabeza que la solución mejor sería que él se separara del resto, y se buscase la vida por sí solo, por cualquier parte que le ofreciera un trabajo y un medio de vida

Sabía que esa solución no le iba a gustar a sus padres, pero lo pensó bien, y levantándose de la roca donde se hallaba sentado, se volvió a su casa para decirle a sus progenitores la decisión que había tomado. Como ya lo presentía no sentó bien su decisión, sobre todo a su madre, pero razonando las cosas y asegurando que se verían lo mas a menudo que se pudiera, Walter reunió en un pequeño bulto sus objetos personales y una mañana temprano salió de su casa camino abajo sin despedirse de nadie ,tomando la dirección de la costa de Guayaquil hasta que llegó al primer pueblo que escogió para pasar la noche y tratar al día siguiente de encontrar algún sitio donde trabajar y ganarse algún dinero

.Solo tenía los pocos conocimientos que adquirió en la escuela primaria pues muy pronto tuvo que trabajar en lo que salía para ayudar en la familia, por lo tanto a muy poco podía aspirar en ese pueblo. La casualidad hizo que se tropezase con un amigo que le dijo que estaba trabajando en un taller de reparación de automóviles y que era fácil que si le hablaba al patrón sobre él, se pudiera quedar en el taller aunque solo fuese como peón o mozo de limpieza.

Walter era un muchacho de pelo castaño tirando a claro y algo ondulado, piel blanca, ojos azules y una estatura algo superior a la de la mayor parte de los habitantes naturales de aquella zona, procedentes del mestizaje que en su día hubo con los españoles que acompañando a Orellana, descubrieron y colonizaron aquella zona de sierra, cabecera de las cordilleras que forman la espina dorsal de las tierras americanas, los Andes, y así mismo cuna de las fuentes de nacimiento del luego caudaloso rio Amazonas. El mismo apellido constituía una variación de un apellido muy extendido en esa zona, lo que puede ser indicio de que con Orellana fue algún natural de la zona española, donde ese apellido es muy corriente y quien debido a la similitud entre esta tierra y aquella, pusiese ese nombre a esa tierra americana.

Debido a su afán por aprender y ganas de mejorar de situación laboral y social, Walter se convirtió en una verdadera esponja para aprender todo lo que le fuera posible en el taller de mecánica de automóviles donde estaba trabajando como peón, de tal modo que muy pronto se convirtió en la mano derecha del patrón, como ayudante, en cuantas reparaciones y trabajos llevaba a cabo, y en muy poco tiempo quedó tan impuesto en todo lo referente a los motores automóviles y reparaciones de chapa y demás, que el jefe le encargaba muchas veces que se encargase personalmente de algunos de los trabajos del taller.

Por otra parte el muchacho tenía una facultad especial para trabar confianza con la gente, de tal modo, que muy pronto tuvo su grupo de amigos y sobre todo de amigas entre las chavalas del pueblo, de entre las cuales reparó en una de ellas que le llamó la atención, no solo por su belleza sino sobre todo por su buen porte y una talla algo superior a la de las demás que le rodeaban, chocándole también su nombre un tanto original, Lili Marlen.

Muy pronto y debido a las bajas edades que se tenia por costumbre casarse en ese pueblo, formaron matrimonio y se fueron a vivir a una cabaña que entre los dos hicieron en las afueras del pueblo. Con el tiempo, y el trabajo de ambos, aquella cabaña fue transformándose en una casa de obra en cuya inmediación Walter trabajaba por su cuenta independientemente ya del taller. Y el trabajo bien hecho y la buena administración, dieron lugar a que adquirieran en propiedad una buena parte del terreno que rodeaba a la casa y mientras tanto fueran trayendo al mundo a una familia numerosa

Los padres desearon que sus hijos fuesen mas que ellos, para lo cual a la vez que los enviaron al colegio, les fueron acostumbrando al trabajo, bien en las, tareas propias de la casa, como ayudando en las operaciones y trabajos del taller, y cuando tuvieron la edad apropiada, los dos mayores fueron a la Escuela de Formación Profesional para hacerse mecánicos en automoción, soldadura y chapa, y con esta formación poderse ganar la vida cuando llegase el caso.

Para lograr esto, el matrimonio se tenía que ajustar la vida al mínimo para poder pagar las matriculas, libros y demás gastos que acarreaban estos estudios.

En esta situación familiar y de trabajo fue pasando el tiempo, y un buen día uno de los hijos, Eddie, reparó en una de las chavalas que frecuentaba, que le llamó la atención más que las demás, y no solo por su buena figura y bonitas facciones sino por su talla, también algo superior que las otras, mas corrientes, de estatura baja y regordeta propias de la mayoría de las naturales de esa zona del terreno. Se llevó una sorpresa cuando descubrió que la chica solo tenía catorce años, pues aparentaba más, pero esto no supuso un impedimento para nada, ya que sabia la costumbre de que la chavala que llegaba a los catorce años sin novio, podía considerarse como solterona. Asi que no lo pensaron un solo momento y fueron novios de inmediato, por lo que en cuatro días Eddie se llevó a la novia a su casa, con la sorpresa y no buena disposición de sus padres, quienes a pesar de todo, cedieron a las circunstancias sobrevenidas, y les acomodaron en una habitación para su uso privado, admitiendo que contrajeran matrimonio civil y quedasen allí formando parte del resto de la familia.

Durante varios años, el joven matrimonio hizo todo cuanto pudo para aumentar la familia, sin que hubiera éxito en ello   por lo que debido a las noticias que tenían de que en España, además de facilidades para trabajar y jornales desahogados, tenían derecho a asistencia sanitaria y medica incluida gratuitamente en la Seguridad Social del Estado, en sus cálculos anidó la idea de marcharse emigrando allá, como habían hecho anteriormente su hermano Walter y otros muchos compatriotas.

Se pusieron en contacto con algunos individuos que se habían convertido en procuradores de facilidades y trámites para ayudar a los que decidían emigrar. Ajustaron el precio del traslado al vecino Perú en autobuses de pasajeros y hospedaje en hoteles de categoría, hasta la toma del avión que los trasladase a Europa. Este primer viaje fue el primer fracaso y la primera estafa, pues fue trasladado con otros muchos hacinado como el ganado, en un camión de trasporte, y esa noche durmieron en el suelo de un antiguo almacén, hasta que por la mañana volvieron a trasladarlo hasta el aeropuerto en otro viejo camión apretujado con otros desconocidos. Allí embarcó en un avión que lo llevó a Europa, aterrizando en Amsterdam y trasbordando allí a otro avión que los llevó a Madrid. En un tren que salía de la Estación de Atocha salió para llegar a la ciudad de la costa donde lo esperaba su hermano Walter, quien por llevar algún tiempo allí trabajando, le sirvió de gran ayuda para encontrarle pronto un puesto de trabajo en la construcción como peón de albañil.

Eddie traía consigo, aparte de la formación conseguida con sus estudios en la Escuela de Formación Profesional, la recibida de sus padres en el seno de la familia y en su colaboración en las tareas de trabajo del taller familiar. Era una persona servicial y voluntariosa: trabajadora y activa, y siempre dispuesto a echar una mano en donde hiciera falta, aparte de su honradez acrisolada y formación moral y religiosa sin caer en el fanatismo o exageraciones. A pesar de que su especialidad era la mecánica, enseguida aprendió todos los secretos del empleo de los materiales de construcción y también el modo de trabajar con ellos, de tal manera que pronto dejó de ser peón para encargarse de misiones propias de oficial albañil, llegándose a convertir en el trabajador mano derecha del Maestro de obras de su empresa. Dando motivo con ello a que este le encargase trabajos que llevaban implícitas horas extraordinarias que se traducían en mayores ingresos a la hora de cobrar cada semana.

En estas condiciones de trabajo y de ingresos imprevistos Eddie se dio cuenta de que en la ciudad estaba bien, pero le faltaba algo, y en muy poco tiempo se trajo con él a su mujer. Buscando entre los dos una vivienda para acomodarse a vivir, a la par que ella se buscaba algunas casas particulares donde echar horas de trabajo domestico remuneradas, con lo que la economía del matrimonio mejoró bastante.

Mientras tanto en el trabajo, la afinidad entre Eddie y su jefe había llegado a extremos tales, como que, en varias ocasiones, al llegar la hora del descanso o del bocadillo en el trabajo, cuando el Maestro de obras se marchaba para tomarse un café, lo invitaba a que le acompañase al Bar. Igualmente que cuando decidió cambiar el coche que tenia ya muy usado, para comprarse uno nuevo, le propuso a Eddie vendérselo por un precio muy ajustado y que se lo fuera pagando a plazos cuando pudiera. Todo lo cual propiciaba sin proponérselo las envidias con los compañeros y sobre todo los celos de uno de sus hijos que trabajaba allí con ellos, quien llegó a tenerle verdadera antipatía, y no desaprovechaba oportunidad de fastidiarlo en lo que podía, cuando tenia ocasión de hacerlo.Con motivo de la enfermedad y muerte del maestro de obras se hizo a cargo de la empresa su hijo, que como ya sabemos no se llevaba bien con Eddie, y aprovechando la circunstancia de haberse convertido en el jefe de este, no desperdiciaba motivo para encargarle las obras mas enrevesadas o peligrosas a la vez que se retrasaba en la liquidación de sus jornales, con la pretendida intención de que fuera él mismo quien se marchase de la empresa, sin tener que darle indemnización por despido improcedente.

Después de unos meses sin trabajar, a pesar de estar buscando trabajo a diario, y viviendo solo del subsidio de paro, un buen día y por recomendación de una persona conocida, entró a trabajar en una granja de cerdos ubicada a unos Kilómetros de la ciudad, cuya misión en ella era antagónica al modo de ser de Eddie, y no solo por el ambiente y el mal olor que en ella se respiraba, sino por el trato despiadado y hasta cierto punto inhumano como se trataba a los animales y sobre todo a las crías recién nacidas.

Por otra parte, también aquí se llevaban las liquidaciones de los jornales de los empleados manga por hombro, cobrándolos tarde y mal, pero Eddie tenía que aguantar lo que fuera, porque en la familia había ya dos nuevas bocas que alimentar. Primero vino la primogénita de la familia y tres años después apareció para acompañarla otra niña:. Había que aguantar lo que hiciera falta con tal de llevar unos jornales para sacar a la familia adelante, agravada la situación por el hecho de que, al estar la granja a cuyo trabajo tenía que acudir todos los días, situada en los alrededores de la ciudad y edificada ya en pleno campo a unos Km de distancia, Eddie tenía que usar el coche a diario para acudir al trabajo, con el consiguiente gasto de gasolina.

Un buen día se cruzó con un amigo que estuvo trabajando con él en la construcción y que actualmente estaba trabajando en una empresa de desguace de automóviles que se encontraba también en los alrededores de la ciudad. Este le habló de que en su empresa estaban buscando un buen mecánico del automóvil que les hacía falta para el desarrollo integral de las tareas de desguace, clasificación, y venta de piezas de repuesto, así como la compra, reparación y venta posterior de coches usados. A Eddie este tema le resultó atractivo y mas aún cuando el amigo le dijo que en la empresa había algunos trabajando ya veinte años, aparte de librar los sábados por la tarde además de los domingos y festivos como en todos sitios.

En estas condiciones de trabajo Eddie observó durante dos años, que juntamente con él y otros obreros españoles, habían comenzado a desaparecer del trabajo, poco a poco, algunos de ellos, curiosamente solteros y sin familia a cargo, siendo sustituidos por otros, musulmanes sin papeles, cuya misión allí no era otra que mantener todo lo que estaba ya organizado, porque por el motivo mas nimio de exigencia económica eran dados de baja sin ninguna clase de responsabilidad, ya que no figuraban en plantilla ni nómina alguna, y por lo tanto tampoco tributaban a la Seguridad Social ni órgano oficial ninguno, sin poder por ello protestar por despido improcedente.

Toda esta trama llevada a cabo por la empresa comenzaba a intrigar a Eddie, pero la formalidad y buenas palabras hacia él, de Pedro, que era quien  llevaba a su cargo toda la organización y resultados de la empresa, le hacían pensar que nada de esto iba con él, y su trabajo allí estaba seguro para mucho tiempo, cosa que el empresario le aseguraba en cada ocasión que se le presentaba de hablar sobre el tema.

En estas circunstancias de vida y de trabajo llevado a gusto y a plena confianza, le vino al mundo a Eddie su tercera hija, que supuso una alegría mas para la familia. Pero esta se vio a la vez truncada por una mala noticia, que Pedro comunicó a Eddie llamándole un día a su despacho en mitad del trabajo. Había decidido despedirlo durante tres meses solamente, para volverlo a incorporar a su trabajo cuando se cumplieran estos. De tal modo que le aconsejó que apartase sus herramientas de trabajo para la vuelta y no entregase la ropa de faena de la empresa porque la iba a seguir usando a la vuelta. Le aseguró bajo palabra de honor y de hombre que no se trataba de un despido definitivo sino solamente esos tres meses y que por lo tanto lo tomase como un permiso o unas vacaciones y no se esforzase Eddie en ese tiempo en buscarse trabajo en otro sitio, sino que esperase a que Pedro volviese del extranjero a donde iba a pasar una temporada para comprarse un Automóvil de segunda mano con la pretensión de revenderlo luego .

Tres meses pasaron felizmente encargándose de ayudar a su esposa en el cuidado de su pequeña hija, sin ocuparse lo mas mínimo en buscarse un trabajo que ni le pasaba por la cabeza, confiado en la palabra dada por Pedro de que lo pudiera perder, ya que por haber cumplido ya los cuarenta y un años y dado el paro existente en el mercado de trabajo le sería muy difícil, por no ser imposible encontrarlo, y se vería en la calle con una mujer y tres hijas a cargo. Por esta razón Eddie tan pronto se cumplieron los tres meses y enterado de que Pedro había vuelto y había contratado a un mecánico joven y soltero y a dos musulmanes jóvenes mas, se presentó ante este para incorporarse de nuevo al trabajo prometido, persuadido de que cumpliría cuanto le había asegurado y confiando en la palabra dada por el empresario tres meses antes.

La sorpresa que se llevó tan pronto se echó a la cara al jefe, fue tal que creyó en un principio que se trataba de una broma de este para ver su reacción, pero pronto comprobó que le hablaba en serio y que rehuía mirarle a la cara cuando le estaba dando esta noticia. Cambiando impresiones con otros trabajadores de allí se enteró de que unas últimas disposiciones del gobierno habían dispuesto que los empresarios que contratasen a menores de treinta años recibirían una pequeña subvención económica, y Pedro decidió aprovecharse de ello aun a costa de dejar en el paro a un padre de familia con tres hijas y una edad que le sería difícil encontrar nuevo trabajo en el mercado. Eddie quiso hablar con él para ver si le planteaba la situación familiar en que lo dejaba , y encerrándose en su despacho se negó a recibirlo, encargando a dos de los árabes que trabajaban allí a que le obligaran a marcharse fuera del recinto de la empresa, y cuando llegó la hora de la salida al medio día, este le estaba esperando en la puerta, para cuando saliera intentar hablar con él, pero Pedro salió con el coche tan rápido que a punto estuvo de atropellarle si no se aparta.

Pedro había tenido anteriormente ya varios altercados con trabajadores a los que admitía sin contrato alguno aprovechándose de que eran inmigrantes sin papeles y sobre todo árabes que no entendían el idioma español. Les pagaba lo que quería y cuando quería, y si no se encontraban conformes con esto, los despedía sin contemplaciones con la seguridad de que si estos reclamaban oficiosamente, nunca podrían contar con los otros compañeros como testigos ante la amenaza de ser despedidos si lo hacían. Por esta razón Eddie no podía hacer nada ante el atropello sufrido por este individuo sin escrúpulos, porque la causa que adujo en su caso fue que tuvo que despedirlo por abandono del trabajo durante tres meses y por lo tanto el despido fue considerado   como despido procedente y por lo tanto sin derecho a indemnización alguna.

Pedro estaba casado, lo cual no parecía hacerle pensar en el problema que suponía dejar en el paro a trabajadores casados como él, o pagarles unos jornales de miseria aconsejándoles que se las compusieran como pudieran o dejasen el trabajo en el desguace si no estaban conformes, ya que él con este modo de llevar las cosas había conseguido no solamente aumentar la envergadura de la empresa sino adquirir mas propiedades. Y todo esto lo pudo haber llevado a cabo con un sistema hipócrita de sembrar confianza entre los trabajadores referente a su buena fé y promesas incumplidas y una manera falsa de ganarse su credibilidad, para fracasarles llegado el caso que a él le conviniese, sin ser capaz de dar la cara en esas situaciones. Eddie se encontró con una situación familiar agobiante, sin trabajo y con el remordimiento de conciencia de haber estado tres meses sin buscar trabajo, confiado en la palabra y promesas de Pedro.

Estuvo varios meses buscando trabajo sin éxito, y su familia pasando necesidades, teniendo que recurrir a organizaciones humanitarias y de caridad para que sus hijos pudieran echarse algo a la boca, y alojados en un inmueble semiderruído que encontraron en las afueras de la ciudad, sin luz ni agua, ya que tampoco disponían para pagar un alquiler. Eddie hizo saber su situación a través de antiguos compañeros de trabajo a Pedro, quien invariablemente respondía que esto era problema suyo y que lo que tenía que hacer era volverse a su tierra, y si no tenia dinero para el pasaje, que se fuera a la puerta de las iglesias que tanto él como su mujer frecuentaban y pidiese allí limosna.

Pasado algún tiempo en esta precaria situación un buen día se encontró con un antiguo compañero a quien Pedro había hecho una parecida mala pasada y que actualmente estaba trabajando en una empresa subsidiaria de otra de mayor envergadura, quien le dijo que había oído hablar a sus jefes que estaban buscando a un mecánico para que se hiciera cargo del entretenimiento y reparación del parque automóvil de la empresa. Eddie se presentó con el acompañamiento e información de su compañero y fue contratado, primero a prueba, y mas tarde con un contrato indefinido que llevaba consigo el uso y ocupación de una vivienda existente en el recinto de la empresa y que correspondía al cargo La vida familiar dio un cambio significativo y todo lo anterior se recordaba como una pesadilla. Una vez mas se ganó el aprecio de sus jefes y la estima de sus compañeros y tenía un trabajo seguro y a su gusto.

Un día tenía cita con el medico en el Hospital de la Seguridad Social por causa de una de sus hijas, y allí se llevó la mayor sorpresa de su vida. En uno de los pasillos se cruzó con Pedro que iba en una silla de ruedas empujada por su mujer, y al que aparte del aspecto deplorable, vio que le faltaban las dos piernas, este se dirigió a Eddie para saludarlo y preguntarle cómo le iban las cosas, a lo que él le contestó que ahora bien, y le preguntó que cómo él había perdido las dos piernas, a lo que aquel le explico los detalles del accidente de coche que tuvo con el coche que se trajo que casi le costó la vida, pero que no solamente le ocurrió esto sino que algún tiempo después, entre un árabe y dos búlgaros encapuchados, al suponer antiguos trabajadores despedidos, le abordaron una noche que volvía a su domicilio, y le dieron una paliza tal, incluidas dos puñaladas que lo dejaron inerte en el suelo como muerto ante el espanto de su familia. En cuanto a la situación de su empresa, le contó que el desguace había dado en quiebra. La explosión de un bidón de gasolina incendiado no se sabe por quien, había hecho arder al total del recinto de los coches de segunda mano, y las dependencias de repuestos, quedando el total del recinto en estado de ruina porque no tenia asegurado nada de lo que había ardido.

Eddie lo atendió todo atentamente y le dijo a Pedro y a su mujer que sentía enormemente cuanto le había pasado, sobre todo por los obreros que habían quedado sin ocupación, y también porque él no estaba en estado de dedicarse a la reconstrucción y dirección de su antigua empresa, ni emprender trabajo alguno, pero que indudablemente esto eran gajes del oficio y cosa suya, y que él por experiencia propia sabía que en situaciones como esa siempre había instituciones que ayudaban a salir adelante así como con la ayuda de su mujer, y que saldría de toda esa mala situación, juntamente con ella y sus hijos, como había salido él cuando perdió el trabajo.

Pedro le dio disculpas por el despido tan sucio que le hizo y le dijo que esperaba que lo perdonase. Eddie le aseguró que le perdonaba todo aunque no lo olvidaría nunca. Pero que èl, que no había sido nunca político, lo que no le perdonaría nunca sería que, durante toda su vida de empresario hubiese sido un abusador sin conciencia ni humanidad de la buena fe de la gente trabajadora que había tenido a su servicio y hubiese sido realmente un eficiente, prolífico y ejemplar fabricante de anarquistas para la sociedad.

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