Mi viaje a Cuzco. Autor: Nelly Beatriz Corrales Ternero

Recuerdo como si fuera ayer mi viaje a Cuzco dije suspirando cuando contemplaba mis lindas fotos en mi Smartphone.

No me cansaba de repetir a mis amigas que lo primero que me llamó la atención al llegar al Cuzco fue su espectacular cielo azul despejado, el que lucía imponente dándome la bienvenida.

El viaje fue muy corto. Estuve muy nerviosa porque era la primera vez que viajaba en avión.

La verdad ni me di cuenta que había llegado a mi destino porque el viaje fue placentero.

Cuando llegué, fui recibida en el aeropuerto por mi amiga Olga, a la que no veía hace tiempo y quien fungiría de mi guía durante mi permanencia en el Cuzco.

A medida que pasaban las horas, sentía que me faltaba el aire por lo que ella me llevó a una Trattoria a comer pizza a la leña y a tomarme una buena taza de mate de coca para recuperarme de la descompensación, comúnmente llamado soroche o “mal de altura”. La verdad fue un remedio mágico porque quedé como “nueva”.

Pude disfrutar de una pizza exquisita, hecha tradicionalmente en rústicos hornos, lo que le da un sabor muy especial.

Al día siguiente, empezó mi tour a pie por toda la ciudad.

En primer lugar, visité la Plaza de Armas con todos sus atractivos: Una Iglesia preciosa por dentro y por fuera. Flanqueada por  imágenes representativas del fervor religioso. Todas de tamaño natural. Además de otras iglesias como: la de la Sagrada Familia y la Iglesia del Triunfo.

Desde el momento que uno pisa suelo cuzqueño,  se respira aire de antaño, de tradición y de revaloración de lo “nuestro”, de nuestro patrimonio cultural.

Y cuando continué mi recorrido por las estrechas calles del Barrio de San Blas, subiendo por calles rodeadas por enormes rocas, pude apreciar la principal piedra angular de 12 ángulos.

Desde que vamos avanzando por este sendero, nos dan la bienvenida los artesanos que se encuentran a nuestro paso ofreciendo sus trabajos hechos por sus propias manos, nuestra “artesanía”.

Confieso que me fui quedando un par de días en la ciudad.

Mi amiga me contactó con una pequeña agencia que fue la que se encargó de organizar mis tours.

Nunca pensé recorrer la ciudad en un bus rojo de dos pisos con el techo descubierto. Sólo lo había visto un par de veces en Lima, en el distrito de Miraflores, lleno de turistas y me preguntaba ¿qué se sentiría subirse allí?

Lo único que puedo afirmar es que ¡se siente muy bien!

Tuve la dicha de poder contemplar desde lo alto el Templo Korikancha, lugar al que el día anterior sólo pude apreciar por fuera junto con mi amiga. Al bajar del vehículo, ingresé al templo y pude admirar en las paredes unas bellas pinturas cuzqueñas las que no permitían fotografiar para preservarlas intactas y evitar que se deterioren.

El guía nos explicaba todas las historias que envolvía el recinto.

Recorrimos la ciudad. Llegamos donde se encontraba una imagen gigantesca blanca, replica del “Cristo Corcovado” de Brasil. Muy hermosa. Me tome fotos con ella.

Luego, ya era hora de regresar.

Al día siguiente, tenía mi City Tours, donde conocí el Valle Sagrado de los Incas, la Fortaleza de Sacsayhuaman, estratégicamente construida sobre un cerro, desde donde se puede contemplar todo el Cuzco. Los grupos arqueológicos de Qenqo.

Además de Puka Pukara que significa “fortaleza roja”, porque las piedras son de color rojizo.  Y Tambomachay cercano a las Ruinas de Puka Pukara. Todos eran lugares típicos con mucha historia y tradición.

Finalmente, hicimos una parada en las Ruinas de Pisac y compramos artesanía en el mercado de Pisac,

Cuando sólo me quedaba escasos 02 días para mi partida a Lima emprendí mi travesía rumbo a Aguas Calientes para luego visitar mi querido Machu Picchu. Cuando llegué, muy temprano el Huayna Picchu estaba envuelto en una espesa neblina que no lo dejaba verse en todo su esplendor.

A medida que transcurrían las horas, se fue despejando el clima nublado y pude contemplarlo nítidamente.

El guía nos indicaba que debíamos subir. Entonces, empecé a subir y subir y cuando llegué en donde nos dijo que era la caseta del guardián, tenía frente a mí, al igual que en las fotografías y almanaques, el magnífico Machu Picchu que se presentaba ante mí,  imponente y tan real. Sentí tanta alegría que cuando llegué a la cima, llamé emocionada a mi mamá quien se encontraba en Lima para compartir con ella este enorme regocijo indescriptible que sentí al tener frente a mi este magno Monumento Histórico.

Me frotaba los ojos para asegurarme que era cierto, estaba allí frente a mí y no podía creerlo.

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