La isla. Autor: Lord Byron

Ningún hombre es una isla, algo completo en si mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto

John Donne. Poeta y clérigo Ingles

Isla Floreana, Abril de 1916
Para: el presidente de la republica
Asunto: Detención de un extranjero en territorio Ecuatoriano.
Ante todo le deseo un feliz día a su excelencia.
La presente misiva es para informarle la detención de un ciudadano ingles en una de la isla del territorio de Galápagos. Estaba suciamente vestido y algo desnutrido. En su chaqueta portaba un diario escrito en ingles, la traducción realizada por un comerciante de Londres es anexada al final de esta nota.
Recomiendo comenzar a poblar estos territorios mediante una serie de empréstitos con ciudadanos de Europa, específicamente de la región de Baden (tengo conocimiento que estos colonos poblaron un asentamiento en Venezuela hace setenta años) de lo contrario estaríamos expuestos al pillaje y a la colonización de otras potencias.
Sin más nada que decir se despide.
Luis Solórzano
Gobernador de la región de los Galápagos

Isla Floreana, 1910
He llegado a esta isla para comenzar una nueva vida. Atrás he dejado todo: Familia, amigos y dinero, una verdadera farsa.
En el pasado mi nombre era James Edwards Hill, natural de Manchester, la ciudad industrial por excelencia de Inglaterra. Era el heredero de un gran emporio textil y de bombas de aire, y estaba comprometido con una linda chica. Sin embargo esto no era suficiente para mí, faltaba algo más.
Todos los días mi padre se enfrascaba en largas conversaciones sobre la importancia de continuar el legado familiar y de contraer matrimonio con la hija de un gran empresario, yo asentía y decía que cumpliría todos los sueños de mi padre, pero para nada me interesaba esa vida.
Soñaba con ser escritor. Pasaba largas horas leyendo novelas de aventuras como Sandokan, El libro de las Maravillas, La odisea, entre muchos otros. La política también formaba parte de mis intereses, los textos de Rousseau, las cartas de Rielke, la filosofía de Kant, y el capital de Marx, figuraban entre mis libros predilectos.
Con el paso del tiempo me di cuenta que la sociedad estaba en decadencia. Las noticias diarias que los periódicos reseñaban hablaban de corrupción, estafas, parricidios, crímenes, entre otros vejámenes a la humanidad. No concebía vivir en ese tipo de sociedad, anhelaba una vida más pura, lejos de tanta maldad e insidia humana.
Entonces un día lo entendí. Yo no era libre, sino esclavo de una sociedad superflua que se acerca a su fin ¿cómo habría de alcanzar esa libertad? La respuesta de mi inquietud vino en forma de un cuadro, propiedad de Ambroise de Vollard, que vi expuesto en un mercado de arte. El cuadro cuyo nombre es Mujeres de Tahití ( en la playa cuyo autor fue el pintor Paul Gaugan, mostraba dos mujeres completamente desnudas acostadas en una playa de aguas cristalinas, sin nadie que las juzgara; solamente en un estado completo de libertad. Al investigar la vida de Gaugan descubrí que había renunciado a su existencia burguesa para encontrar el Paraíso. Ese era mi destino, escapar lejos de todo.
No tuve fuerzas para comentarle a mi padre mis verdaderas intenciones, por eso le mentí. Dije que iría a Veracruz a buscar mercados para nuestros productos y quería efectivo para mis viáticos, el asistió y me emitió un cheque. Salí del puerto el primero de Mayo de 1910, quería estar en el Paraíso.
Tras dos meses de viajes llegué al puerto de Veracruz. Las dos semanas siguientes me las pase tomando tequila y durmiendo en el regazo de hermosas mujeres, pero pronto me aburrí.No era eso por lo que había escapado de la rígida Europa, debía buscar mi tierra soñada.
Una noche mientras bebía en la taberna escuché una conversación entre dos marineros. Hablaban de un paraíso prometido llamado isla Floreana ubicado en el archipiélago de los Galápagos Ellos me informaron que no había ningún asentamiento humano en al menos cincuenta kilómetros de extensión. Les imploré que me dijeran como llegar a ese lugar. Según ellos debía tomar un barco hacia Guayaquil y de ahí contactar a los pescadores locales para que ellos me llevaran a la isla, les di las gracias por la información.
En diciembre llegué a Guayaquil. Me dirigí inmediatamente al puerto y entable conversación con varios pescadores, de los cuales muy pocos hacían viajes a la isla la Floreana. Finalmente uno accedió a llevarme, con la condición de que además del pasaje le comprara una serie de vituallas. Compre lo que me pidió y el viaje quedo pactado para el siguiente día.
En la noche le escribí la siguiente carta a mi padre:
Estimado padre
Quiero informarle que no volveré a Inglaterra. No es su culpa, ha sido mi decisión.
Deseo ser libre y la sociedad inglesa no me permite serlo. Aborrezco los lujos, el dinero y todo lo superfluo. No puedo vivir en una sociedad que te juzga y valora lo que eres por el dinero que poseas… no soy comunista, no me interesa la política, solo anhelo mi libertad.
Por eso he decidido irme a la isla Floreana en el archipiélago de Galápagos. Lejos de todo y cerca de mis creencias. La naturaleza es lo únicamente verdaderamente libre. Fundaré una sociedad libre de esos vicios.
Cuídese mucho.
Atentamente su hijo.
Terminada la carta procedí a firmarla y sellarla, luego la dejé en la oficina de correos.
A la mañana siguiente me embarque hacia mi viaje soñado, rumbo a la tierra prometida. Tras casi seis horas de navegación divisamos la isla. Cuando el barco encallo procedí a bajarme de la embarcación. Sobre la virgen arena copie un extracto de un poema de Lord Byron
Hay peregrinos de la eternidad
Cuya nave va errante
De acá para allá
Y que nunca echaran el ancla
Luego de dejarme el pescador volvió a tierra firme. Mi primera acción fue cortar los árboles cercanos para realizar un tipo de refugio a fin de guarecerme del frío y la lluvia. A los pocos días comencé a sembrar tomate, limón, arroz y papa. Mi nueva rutina consistía en levantarme temprano para ir a sembrar, luego salía a recorrer la isla la cual encontraba llena de exóticos animales como jirafas, castores y cebras. Todos viviendo en armonía. Volví a mi refugio ya el sol ocultándose
Algunas noches prendía unas velas para repasar unas líneas de Rainer Maria Rielke que decían así: “Ama tu soledad y soporta el sufrimiento que te causa”. Entonces lo entendí, el precio de mi libertad era estar solo, y yo lo había aceptado.
Isla Floreana 1912
Mi soledad ha sido interrumpida por el arribo de tres parejas de europeos, quienes también escapan de la banalidad de la vida Europea. Los he alojado en mi cabaña, pero me marchare. La soledad es mi destino.
Pocos días después los convencí para que me acompañaran a recorrer la isla. Armados con unos machetes rozamos todo el monte hasta por fin dar con una pequeña planicie rodeado de arboles frutales y cerca de un fresco rio de agua dulce. Les comenté mis planes de vivir ahí, los cuales apoyaron. En una semana me ayudaron a construir una casa para luego marcharse a la región externa de la isla, no sin antes regalarme machete, pico, alambre y comida.
Construí un corral y empecé a criar cabras, cochinos y patos. Además me hice experto en la recolección de frutas y en mi mesa jamás falto limón, parchita, cambur y lechosa. Una noche me di cuenta que mi deseo sexual había desaparecido, por fin el ultimo reducto de esclavitud ha desaparecido, ya no siento ganas de estar con ninguna mujer.
A veces pensaba en mi padre. Lo extrañaba mucho. Su carácter fuerte y sus sabios consejos habían dominado mi vida. Vino a mi mente uno de sus consejos:
James, hijo mío. La vida es un carrusel, a veces estas arriba y otras veces estas abajo. En la vida uno afrenta momentos difíciles, y a veces derrama muchas lágrimas. Es nuestro deber levantarnos. La felicidad consiste en aprender a querernos nosotros mismos con nuestros errores y defectos y recuérdalo bien, únicamente la felicidad es verdadera cuando es compartida.
Tuve ganas de llorar, pero me resistí ¿acaso Paul Gaugan se arrepintió de su viaje a Taithi?
Isla Floreana, 1914
Un ruido me ha despertado con los primeros rayos del alba.
Uno de los hombres ha llegado malherido a mi cabaña Me informó que unos piratas habían asesinado a sus compañeros para luego saquear sus casas. Intente socorrerlo, pero la hemorragia era muy profunda. Entonces tomo mi mano y me pidió que le pidiera perdón a su familia, quienes siempre le rogaron que volviera con ellos, luego murió. Procedí a enterrarlo a unos kilómetros de mi cabaña. Su muerte me hizo recordar la del capitán Ahab de Moby-Dick, quien había perdido la vida por intentar dar caza a la ballena, su obsesión lo había llevado a la muerte.
Un mes después una peste mató a mis animales, por lo que tuve que doblar la recolección de mi cosecha. Poco después el riachuelo en el que yo bebía agua se secó, en este momento supe que debía volver al exterior de la isla.
Mientras regresaba note que parte de la maleza de la isla estaba cortada y había rastros de pisadas humanas. Tras caminar unos kilómetros descubrí mis peores temores.
La playa de la isla estaba rodeada por pequeñas construcciones de madera. Un gran pabellón con la bandera de Ecuador se alzaba a pocos metros de ahí. Me dispuse a correr, pero dos hombres me detuvieron.
En la noche el capitán del destacamento me sometió a un interrogatorio, pero yo no le respondí. No lo entendía. Al no haber respuesta de mi parte me encerraron en una celda.
Isla Floreana, 1916
Tras dos años de estar atrapado en esta celda se ha dictaminado la sentencia en mi contra. Dentro de pocos días seré extraditado a Europa. Es el fin. Mi sueño de libertad ha terminado.

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