El mesón del camino. Autor: Fran Nore

Un atardecer por la peregrina ruta hacia las gélidas montañas andinas, arribé a un mesón a la orilla del camino.
Con el rostro marchito por el polvo de los senderos, me acerqué al umbral de la casa y toqué la puerta de rústica madera.
El temporal de la tarde se abría paso en el horizonte.
Una mujer desdeñosa, cuidadora del lugar salió a mi encuentro.
– ¡Quién eres tú, qué buscas aquí?
– Soy un viajero, estoy de paso. Quiero comprar comida… Y rentar un cuarto…
– No tengo cuartos, todos han sido ocupados por trabajadores, la mayoría son aserradores que vienen por la demanda de pino que hay… Si quieres te puedes quedar en algún rincón de la casa por un bajo precio al día, un cuarto pequeño tiene otro precio, pero en estos momentos no tengo…
La mujer de aspecto cetrino entró al caserón y buscó en la sala de entrada entre los aparadores, bolsas de pan y comestibles que me enseñó.
– Come. El pan está recién horneado…
Era una campesina de cara triste.
– ¿Conoces otro hostal?
– Más allá de la aldea encontrarás algunas posadas, si buscas trabajo podrás emplearte en alguna finca como recolector de café, ¿qué sabes hacer?
– No, la verdad no busco trabajo, sólo estoy de paso.
– ¡Ah, ya! No sé en que más te puedo ayudar…
– Así está bien, muchas gracias, está muy rico el pan.
Lo devoré insaciable, mi estómago ya sufría ansiosos retortijones.
Luego de pagarle el pan y los víveres, abandoné la casa a la orilla del camino.
Y emprendí mi rumbo sin dirección alguna.

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