El último robo en Roma. Autor: Borja García Zapardiel

La noche caía sobre la eterna y antigua ciudad de Roma, ahora iluminada por la luz de las farolas. Nadie caminaba por sus calles debido a la fuerte lluvia y las altas horas de la madrugada.
Después de múltiples años robando por todas partes del Mundo, ambos ladrones querían ser profetas en su tierra. Robaban por encargo de algunas de las mayores fortunas del planeta, y por este motivo se habían convertido en enemigos, ya que ambos tenían como objetivo ser los más cotizados dentro de este negocio ilegal.
El gobierno italiano había sacado a la luz unas joyas de enorme valor histórico desconocidas hasta ahora por la población con motivo del aniversario de la construcción del Coliseum, y por lo tanto se exponían al público en el centro de dicho monumento, con unas medidas de seguridad acordes a la riqueza de lo expuesto.
Ambos ladrones habían conseguido introducir sus herramientas después de trabajar durante un año para la empresa encargada de montar el cubículo donde se expondrían las joyas. Ambos habían conseguido descubrir que dicha exposición se llevaría a cabo gracias a un foro especializado en delincuencia internacional de alto nivel donde se solicitaban encargos de este tipo.
En múltiples ocasiones en las últimas semanas se habían cruzado, incluso se habían saludado y compartido café y pizza con múltiples compañeros sin saber que realmente ambos estaban allí por el mismo objetivo, pero ninguno sabía que el otro era su mayor enemigo en el oficio.
La seguridad en sí mismo de ambos ladrones les llevó a pasar el comienzo de la noche en la zona del Foro en un caso, y del Palatino en otro sin miedo a ser descubiertos. Debido a la enorme extensión que comprenden ambas zonas en ningún momento a lo largo de las horas previas al robo se cruzaron sus pasos.
Nadie sabrá nunca como consiguieron traspasar la seguridad excesiva del acceso al Coliseum y tampoco por qué decidieron ambos entrar a la misma hora, pero en un momento dado bajo la lluvia de Roma, se encontraron cara a cara en el centro del Coliseum, únicamente separados por las joyas, tras haber abatido de forma silenciosa a cuantos guardas de seguridad encontraban a su paso.
Una escena propia de otra época se reflejaba en esos momentos en pleno año 2016. Dos gladiadores del arte del robo, frente a frente, luchando por un trofeo. En milésimas de segundo dos disparos retumbaron en la noche romana paralizando por un instante el sonido de la lluvia.
Cuando los guardas que había en el exterior del Coliseum oyeron el disparo, entraron rápidamente quedándose todos con una cara de sorpresa al ver el panorama que se presentaba ante sus ojos. Una multitud de guardias asesinados y dos ladrones abatidos en el suelo.
Pero lo que nunca sabrían ellos pero sí el resto del mundo es que esos dos ladrones habían sido hermanos, separados al nacer, y criados ambos en distintos orfanatos. El azar había querido que dos hermanos de sangre que nunca habían llegado a conocerse en vida, se convirtieran en enemigos y acabaran muertos uno a manos del otro.

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