La prisión. Autor: Lord Byron

Javier despertó en una celda sucia y oscura, no recordaba como había llegado ahí. Tras revisar su cuerpo no descubrió herida alguna en el, tan solo unas marcas de jeringas en sus brazos. Junto a el habían celdas contiguas que contenían hombres de aspecto famélico y de pobre vestimenta, los cuales parecían chinos o coreanos.
Entonces apareció un hombre con mascara el cual Javier reconoció como el carcelero
Vaya ya despertó, como estuvo el sueño- dijo el carcelero-
¿Dónde estoy? – pregunto Javier-
Eso es difícil de saber, podemos estar cerca del desierto de Gobi o a trescientas millas de Pakistán, pero es irrelevante ya que usted jamás saldrá de aquí- respondió el carcelero-
Libéreme, poseo mucho dinero. Le transferiré a su cuenta bancaria lo que usted quiera- suplico Javier-
Aquí su dinero no vale nada. Lo unico que importa es la justicia- respondió el carcelero-

Dicho esto el carcelero hizo una señal con los dedos y dos hombres enmascarados se dirigieron a la celda de Javier, la cual abrieron. Tras sujetarlo lo sacaron de la celda y se dirigieron con el hacia una puerta, tras ella había un pasillo largo y oscuro que caminaron hasta llegar a otra habitación, denominada la corte.
Sentaron a Javier en una silla.
Ahora debes esperar a que llegue el juez- dijo el carcelero-
Tras esperar unos minutos entro una figura humana con una mascara puesta y un mazo en la mano derecha.
Soy el Juez Koher. Presidente de del juzgado veritas. ¿ es usted Javier Martinez del campo?- dijo el recién llegado-
Si, ¿de que cargos se me acusa?- pregunto Javier-
La lista es larga, pero resumiendo el expediente en tres: violación de mujeres, asesinato por deporte y fraude al estado- dijo el juez Koher-
Todo es mentira. Yo soy una persona de una probidad reconocida. Colaboro en asilos de ancianos y doy mi dinero a los mas necesitados- replico Javier-
Eso es lo que usted quiere hacer creer, pero tras esa fachada de niño lindo se encuentra un vulgar asesino. Tengo en mis manos unas fotos que demuestran la cacería de mendigos que usted organizo para sus amigos ricachones hace dos meses en un suburbio de Caracas. Luego de matar a todas sus presas quemaron sus cuerpos para que nadie los descubriera- dijo el Juez Koher-

Inmediatamente arrojo una serie de fotos al suelo en las cuales podía observarse cadáveres de personas quemados, decapitaciones y mutilaciones. Al observar las fotos Javier sonrió como un niño que pareciera recordar su juego favorito
Juez Koher ¿ usted sabe quien fue Thomas Malthus?- pregunto Javier-
No- respondió el juez Koher-
Fue un brillante erudito Ingles famoso por escribir su Ensayo sobre el principio de la población, en ese documento establece que la humanidad crece a un ritmo mucho mas rapido que los mismos recursos humanos, esto traerá por consecuencia un aumento de la miseria y pobreza en el mundo. Yo no mate a esas personas, solo las libere de una vida llena de tribulaciones- respondió Javier-
Liberarlos, usted esta loco ¿ quien le da ese derecho?- pregunto el juez Koher-
Mi condición privilegiada en la sociedad…

No alcanzo a decir mas ya que fue golpeado en el estomago. El juez Koher lo miro fijamente.
Este tribunal lo encuentra culpable de sus crimenes, se le sentencia al exilio- dijo el juez Koher-

Entonces los hombres enmascarados tomaron a Javier y lo sacaron del juzgado. Entonces subieron por un largo pasillo y sorpresivamente llegaron a la proa de un barco, donde ellos se encontraban. Ahí dos hombres dirigieron a Javier a un bote salvavidas y lo metieron en el. Luego apareció el juez Koher
El océano será tu nuevo hogar, el exilio definitivo- dijo el juez Koher-

Inmediatamente los hombres cortaron las amarras del bote y este cayo al océano. Javier vio como el su barco se alejaba con la fuerza de la marea, entonces entendió que habia sido débil y acepto su muerte con humildad.
El juez Koher volvió a su escritorio donde tacho la foto de Javier, entonces agarro una carpeta con cinco fotos y se dijo así mismo que tenía mucho trabajo por hacer.
Su próxima parada era la Isla de Samoa donde debe ajusticiar un jefe de tribu local. Luego tenia que ir a las Vegas a traer ante la justicia a un conocido político de esa ciudad.

La justicia no tiene descanso.

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