Al llamado del Jaibaná. Autor: Carlos Fernando Gutiérrez Trujillo.

Aquella noche los espíritus de la selva se bebieron, con nosotros, las totumas de pildé. Habíamos salido tres días antes, buscando la boca principal del río San Juan en el selvático departamento del Chocó en Colombia. Era un pequeño barco maderero, muy comunes en la costa pacífica colombiana. Rudas embarcaciones tripuladas por capitanes en retirada. Partimos del puente El piñal en Buenaventura. Los guías eran un indígena Embera Wanana de la comunidad de Burujón y un paisa, que intentaba hacer plata con dudosos negocios de madera. Por azar de tragos, nos hicimos amigos en un bar del embarcadero y nos invitó a visitar una comunidad indígena en la selva chocoana.
Como ballena varada, el barco se fue bordeando la costa central del pacífico, hasta llegar a la boca principal de este gran río. Al llegar cerca de esta salida, nos fuimos adentrando lentamente por el centro de este afluente. En la proa, un marinero iba lanzando una gran plomada sostenida de una cuerda. Había temor de encallar en los bancos de arena, formados aleatoriamente por la fuerza de las mareas. Había que esperar dos horas más para que el mar alcanzara más altura para adentrarnos en el río y la selva. Poco a poco, entendimos que habíamos emprendido un viaje hacia lo más primitivo y natural del hombre y la naturaleza. Quizá un viaje a la semilla. Una travesía no solo exterior.
Como una gran serpiente el río se deslizaba en medio de la húmeda selva chocoana. El barco solo era una leve hoja movida por el ritmo lento de las aguas. Un día de travesía, hasta llegar a cuatro chozas rústicas que bordeaban el cauce. Tambos alzados en altos pilotes, techados con hojas de palma. De manera ágil, tres estrechas canoas, nos llevaron a la orilla del pequeño caserío. Allí nos esperaba Tolentino y su familia. En toda la región del Bajo San juan, este hombre con cuerpo de madera y mirada dura, era temido y respetado por ser el Jaibaná mayor. Habíamos acordado asistir a un ritual de limpieza espiritual con los jaís o espíritus de la selva. Él sería ese intermediario entre estos amos ocultos y nosotros.
Para mí esta experiencia era una especie de ritual primitivo, era una novedad por lo rústico y primario. Mi escepticismo no me permitía ir más allá de contemplar una experiencia que estaba distante de los tiempos urbanos. Mi asombro no iba más allá de un ritual exterior que acontecía en medio de la selva plena. Simplemente iba como un testigo de esta ceremonia del pildé, donde mis compañeros serían los protagonistas de una experiencia de una bebida alucinógena que los conectaría, según el jaibaná, con estos espíritus primitivos.
Llegó la noche del ritual. En el tambo mayor se organizó una mesa con los elementos apropiados. Cuatro lianas que colgaban del techo, sobre las cuales se armaban unas varas tiernas de higuerón. Sobre éstas, se iban poniendo ramas de iraka en tiras muy juntas. Bajo esta estructura que simulaba una mesa suspendida del techo, se fueron ubicando doce totumas llenas de pildé para la toma de mis compañeros que se iniciaban en este ritual.

Bajo esta mesa y aparte de las totumas para la toma, Tolentino ubicó una vasija mayor, llena de esta bebida. En medio de cantos en lengua Embera, llamó la atención que este recipiente estaba destinado a que los Jaís bebieran, en símbolo que nos habían acompañado esa noche.
Este hombre inició la noche con una canción lenta, casi susurrada. Era un cantar suplicante y rítmico. A plena voz en medio de la selva y el gran río. Éramos unos cuantos, sus dos hijos mayores con sus mujeres. Todos ataviados con la vestimenta tradicional y sus rostros decorados con pinturas vegetales. Estaban mis tres compañeros de viaje que se iniciaban en este ritual y yo, como espectador. Se dice que el poder del jaibaná viene cuando se acaba la tarde. Por ello su poder se encuentra en los llamados “cantos de noche”. Es allí cuando estos brujos se encuentran con los “jaís” y tienen el poder de convocarlos a esta mesa para controlarlos y obrar sobre ellos. Con mi excepticismo me fui adentrando a este ritual. Años de viajes y aventuras me habían vuelto demasiado racional para explicar la esencia de este momento. Simplemente lo apreciaba como un momento más estético que religioso. Pasadas ms de cuatro horas entre cantos, oraciones en lenguas extrañas, silencios de selva y susurros de hombres alucinando por la toma del pildé, me sentía cansado, agotado por estar sentado en la misma posición. Pensé que ya hora de irme a dormir al tambo continuo y dejar que ellos terminarán hasta la madrugada. Más allá de los cantos y el susurro de los compañeros en estado de alucinación, no creía que pasara algo más. En un mal español y agitando una rama de iraka, Tolentino suplicaba a los espíritus o jais que los invitaba esa noche a compartir la mesa. Simplemente no creía que vinieran esa noche.
Cuando ya me iba, el Jaibaná retiró una hoja de viao, con la que tapaba una gran totuma, que él había llenado con pildé. Para mi sorpresa, esta se encontraba casi vacía. Levantó las manos y agradeció a los jais, por estar con nosotros compartiendo este ritual. Simplemente me quedé inmóvil y no me atreví a salir del gran tambo. Mejor acompañé el ritual hasta la madrugada. No sé se verdad o mentira, pero una extraña sensación me acompañó esa noche. Según dicen, los jais son aquellas energías naturales que constituyen la esencia de las cosas. Cuando los invitan a las mesas, ellos vienen, beben pildé y chicha de maíz y cuando se van se llevan la esencia del mal de cada uno de los que participan en el ritual. Esa noche sentí una liviandad única y no había tomado pildé.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s