Guardianes en el fin del mundo. Autor: Anaid Osuna Peimbert

Con una longitud de 4,329 kilómetros, Chile ofrece una gran diversidad de paisajes; desde playas bañadas por el océano Pacífico al oeste, ciudades modernas al centro, hasta interminables montañas y lagos de tonalidades azules alimentados por glaciares, en su punto más austral. Viajamos hasta el sur para tener una experiencia de vida entre maravillas naturales y ver de cerca las montañas que resguardan el fin del mundo.

Llegar al Parque Nacional Torres del Paine, ubicado remotamente a 51º latitud sur, es una expedición que se inicia desde que abordas el avión en la Ciudad de México para aterrizar en Punta Arenas. Minutos antes de llegar, aún en el aire, desde la ventana del avión nos recibe un cielo rosado por encima de un paisaje nevado aterciopelado y relieves montañosos que probablemente aún no han sido conquistados por el ser humano. En el aeropuerto, el equipo de Explora, empresa de viajes que ofrece alojamiento y viajes nómadas, ya espera tu llegada para llevarte hasta el Parador Rubens, la hostería más antigua de la Patagonia chilena y donde se vive una experiencia gastronómica auténtica. Degustando un ave tomate (emparedado de pollo con jitomate y papas fritas) y sosteniendo un café con leche con las dos manos para mantenernos cálidos ante los 2ºC del exterior, escuchamos la historia de Caleuche, un barco fantasma que navega las aguas de Chiloé.

Los caranchos y los ñandúes, aves de la región, hacen fila a un lado del camino mientras un rebaño de ovejas es cambiada de terreno por la llegada del otoño, cuando ante nosotros aparece majestuosamente el Paine Grande, con una elevación de 3,050 metros sobre el nivel del mar, y poco a poco cada una de sus tres torres de granito. Después de costear el Estrecho de Magallanes, descubierto por el explorador en 1520, y quedar maravillados con la belleza de la región, también admirada por Charles Darwin antes de su llegada a las Galápagos, entramos al Parque Nacional Torres del Paine y en sólo un par de minutos, llegamos a Explora, un lodge de premiada arquitectura y anclado como un barco a orillas del lago Pehoé, aislado a su vez del resto del planeta por barreras naturales, montañas y campos de hielo. El recibimiento es cálido y viene acompañado de una breve explicación sobre cómo funciona el lugar. “Antes de cada salida a una expedición, nos reunimos en el lobby para revisar nuestro equipo y llenar nuestras botellas con agua de glaciar directamente de una llave”, comenta una de las guías de Explora. La sustentabilidad también es importante –si no fundamental— para Explora. Aquí se acatan las reglas impuestas por la CONAF (Corporación Nacional Forestal), lo que hace que el hotel funcione a base de una planta de tratamiento de agua, siga un estricto programa de sustentabilidad y conservación, reciclaje y manejo de residuos, se realicen exploraciones no invasivas y exista una eficiencia hidráulica y energética a través de generadores y tecnologías modernas. Venir aquí es una manera responsable, cómoda y lujosa de acercarse a la naturaleza.

El clima es importante cuando estás en un destino en el que pasas la mayor parte del tiempo en el exterior. A nuestra llegada, un Sol intenso aumentó la temperatura y nos hizo quitarnos nuestras chamarras invernales. “En Patagonia el clima cambia muy rápido, en el día puede haber Sol y caer una lluvia torrencial en la tarde, o viceversa”, comenta Rodrigo, jefe de exploraciones. “Aunque siempre recomiendo salir, sin importar el clima”, agrega. Escuchamos su consejo y al instante nos equipamos con nuestras mochilas y botellas de agua para mantenernos hidratados bajo el inminente Sol patagónico. La ruta fue al Mirador Cóndor, en donde predecible pero igualmente impresionante, nos recibió un cóndor en la cima. Así, sin más, frente a nosotros, quieto y silencioso, hasta instantes antes de abrir sus alas de par en par, alcanzar los tres metros de longitud de punta a punta, y emprender el vuelo hacia el vacío haciendo un sutil sonido mientras rompía el aire proveniente del oeste con su casi nulo aleteo.

En Explora, las expediciones incluyen full days y half days. Todas exploran los rincones más bellos de la zona, desde el glaciar Grey, muy popular entre los visitantes, el Valle Francés, Sarmiento, la Base Torres, e incluso el W, un circuito de cuatro o cinco días de caminata en los que puedes acampar para vivirlo intensamente, o disfrutarlo dosificado en varios días, con expediciones más cortas que te permiten regresar al hotel para una ducha caliente y dormir cómodamente en una deliciosa cama. Una de las exploraciones que distinguen a Explora, es Alto la Sierra, un lugar remoto al que sólo ellos tienen acceso y en donde se recorren 15 kilómetros para llegar a paisajes más escénicos en una ruta menos transitada. Además, Pedro Ibáñez, presidente y fundador de Explora, al ser un gran fanático de los caballos, ha puesto especial entusiasmo en las cabalgatas, una alternativa para recorrer las pampas chilenas sobre especímenes árabes, en compañía de auténticos gauchos que habitan la reserva; una experiencia que concluye en las caballerizas después de una cabalgata de una hora, bebiendo mate caliente entre viajeros con nada más que el sonido del horno de leña calentando el agua, los caballos alimentándose y el ronroneo de Tripas, el amigable gato atigrado naranja que vive en las caballerizas.

La salida del Sol es única en este punto del planeta, en donde el silencio sólo es interrumpido por el viento, la lluvia o una buena conversación que obligadamente está acompañada por una taza de café o chocolate caliente. El comedor, donde desayunamos pan casero con mermelada de los diversos frutos de la región, como la mosqueta y el calafate, tiene hermosas vistas del paisaje matutino. En esta época del año, cuando el otoño ha pintado los ñirres (árboles que además huelen a canela) y el árbol lenga de color terracota, amarillo cadmios, ocre y algunos toques rosados, y cuando el mata barrosa, arbusto también llamado cojín de la suegra, se escarcha por las mañanas, son comunes los amaneceres con neblina. Antes de emprender nuestra expedición larga hacia el glaciar Grey, una densa nube envuelve Explora, haciéndonos llegar casi a tientas al catamarán en el muelle, otro de los distintivos que ningún otro hotel de la zona tiene: una embarcación propia para transportaciones directas. Aquí se inicia el recorrido de 12 kilómetros para llegar al glaciar, en donde los paisajes son cambiantes y se pueden encontrar sorpresas nunca antes vistas, como el lago Grey —de color gris obtenido por el sedimento por la erosión de las rocas— cubierto con una nube de neblina que ni siquiera con la salida del Sol logra disiparse, dando la sensación de estar por encima de las nubes, a miles de metros de altura. El otoño-invierno también es ideal para avistamientos de especies endémicas como el zorro gris o rojo, y el puma, conocidos por emerger ante la mirada humana en los cambios de luz, al amanecer o atardecer, y más frecuentemente durante esta temporada, cuando Explora es el único hotel de la zona que permanece abierto y cuando existen menos visitantes y las temperaturas altas de la montaña los obligan a movilizarse a terreno más bajo. El glaciar Grey mide 6 kilómetros de ancho, tiene más de 30 metros de altura y está dividido en dos frentes que se pueden apreciar a bordo de una embarcación. Cuando estamos frente a él, todos tomamos posición y sacamos nuestra mejor foto: es un obligado inmortalizar este momento en el que estamos frente a un escenario que lleva allí millones de años, y que nos muestra el aspecto de la Tierra mucho antes de nuestra aparición en este planeta.

Para visitar Explora, no es necesario tener experiencia en las actividades al aire libre, pero sí un gusto por la vida outdoor y la naturaleza. Quienes no encuentran satisfacción en la mera contemplación y prefieren interactuar con todos sus sentidos, emociones y a través de actividad física, son los visitantes ideales de Explora, un lodge creado en 1993 con la filosofía de ofrecer una nueva forma de viaje, basándose en la exploración profunda y el lujo de lo esencial. “Por la ubicación de éste y nuestros otros hoteles en Atacama, Isla de Pascua, Rapa Nui, Valle Sagrado y Machu Picchu en Perú, Uyuni en Bolivia y Salta y El Chaltén en Argentina, comunicamos que nuestra filosofía es siempre la de ir a un ícono turístico y disfrutarlo en su totalidad, de una manera distinta, explorarlo completamente para después regresar y tomar una buena copa de vino y disfrutar de una hermosa vista desde tu habitación”, comenta Rodrigo. Explora Patagonia cuenta con 50 habitaciones, como la Salto Chico King (desde los 5,400 dólares en temporada baja) o la Suite Explorers King de 42 m2 (desde 10,000 dólares). Además, reservar una habitación incluye transportación, alimentos y bar abierto con vinos de la región, que incluyen la variedad de uva carmenère, así como exploraciones, y áreas de relajación.

El verano es diferente en la Patagonia. En esta temporada hay expediciones de cinco días y cuatro noches, y durante el recorrido se hace un asado patagónico, y se cocina un cordero al palo, en un sector noreste del parque donde hay pampas abiertas y un paisaje más escénico con las tres torres del Paine al fondo.

En nuestro último día en Explora, una caminata corta hacia el lago Sarmiento fue la mejor manera de decir adiós. Allí, la orilla se encuentra repleta de piedras blancas, un tipo de piedra caliza que contiene pequeños organismos llamados cianobacterias. A simple vista, el paisaje quita el aliento, pero hay algo que sólo el estudio científico ha podido descubrir: se trata de los primeros organismos del planeta, encargados de convertir la atmósfera y producir oxígeno a través de la fotosíntesis. Y sólo aquí, aún se pueden encontrar estos organismos vivos. En el fin del mundo está el origen de nuestra existencia, enmarcado por un atardecer azul, y guanacos pastando en las alturas. De regreso al hotel, aferramos inconscientemente los palos de senderismo a la montaña para sentir que no nos deja ir de este santuario de la naturaleza, y apreciamos un hermoso ocaso que se pinta de colores y concluye con un azul ultramarino que contrasta con la montaña. Paine es una palabra de origen indígena que significa azul. Su nombre puede referirse a los glaciares, que absorben los colores cálidos y sólo reflejan los fríos dando un espectáculo azulado; a los lagos, cada uno de un diferente tono de azul, o a la pureza que se respira en el fin del mundo, lejos de la civilización, el ruido y la cotidianidad. También puede aludir al mismísimo espíritu de nuestro planeta de mares y cielos azules, protegidos por guardianes de piedra en sus rincones más remotos.

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