El Egipto mágico. Autor: Walter Violet

Atardece en el Nilo. El sol se va consumiendo mientras la barca mece las aguas. Su paseo es dulce como al sensaciones que tengo, que impregnan mi retina y me hacen estar como soñando.
La barcaza avanza cautelosa, el silencio lo invade todo, la mirada huidiza detrás del cristal, respetuosa, distante y a la vez próxima y cálida. Me dejo invadir por el balanceo, mientras piedras milenarias me acompañan.
Sonidos lejanos quedan absortos en el momento mágico.
Él, con su chilaba blanca, el pañuelo cubriendo alrededor de la cabeza. Blancura que rompe la morenez de su rostro.
Sus ojos escondidos tras la mirada penetrante, que me invade y recorre cada punto de la geografía de mi piel.
Dos almas en el carisma de Egipto, que se aproximan temblorosas temiendo y deseando el encuentro.
Avanza.., más no quiero que se rompa, porque sé que la misma intensidad podría quebrarlo.
La paz invade la barca, los cánticos ahora resuena lejanos, solo el río Nilo ahora nos acompaña, seguro de sí, en el balanceo de las notas que resbalan por los sentidos.
El tiempo se ha detenido, y solo aspiro la pequeña, ínfima brisa que roza y agita mis cabellos.
Briznas de sentimientos revolotean encima de ti y de mí, creando una atmósfera inerte, densa, que hace entrecortar mi respiración agitada.
Te veo sentado frente a mí, como una estatua frágil. Sospecho tu mirada trás los cristales oscuros de tus ojos. Aspiro el aire y toco al agua.
El Nilo nos acompaña. La cultura de un pueblo que amó con intensidad, que hizo tantos logros, que ni siquiera soy capaz de asimilar.
Me invade el sol, que me llena y se refleja en mis dorados cabellos. Blanco sobre oscuro, que destella juguetón junto a mí.
Un halo de misterio por conocer. Ansia por descubrir, por rozar los intrincados destinos de mis manos, que ahora se agarran con fuerza en la barcaza.
Solo deseo que sigas ahí inmóvil, para poder dejar escrito, con letras lejanas perdurables en el tiempo este instante.
Tu imagen plasmada en ese momento mágico, con el sol reflejado en el pañuelo que ahora recubre tu cabeza, y abraza tu cuello en un movimiento descuidado.
Silencios que encogen el alma, que aprisionan los sentimientos.
¡No!
No quiero que esa imagen se borre, no quiero que huya de mis pensamientos, quiero agarrarla fuertemente para labrarla en oro como hicieron los Faraones.
Creo que ellos nos acompañan en este viaje, en este momento mágico. Son ellos los que hacen que tú, y yo nos veamos reflejados como espejos transparentes.
Nítida mirada, misteriosa que deja y me ciega a la vez.
Como desearía en ese momento cruzar la barca, y acercarme a esa esfinge sagrada para adorarla.
Rozarla con mis dedos, acariciando delicadamente para no romperla, y dibujar cada recodo, para que no se perdiera en el olvido
¡Sí!
Creo que comprendí en ese instante la magia de Egipto. Y siempre quedará grabada en mis sentidos, más allá de los humano, rozando lo divino.
Tu imagen en aquella barca, camino del poblado Nubio, fue lo mejor de mi viaje a Egipto.
Egipto. El Cairo
Hotel Oasis. (Junto a la piscina rememorando ese momento mágico)

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