La aventura… continúa. Autor: Claudia Botero

Preparándonos para nuestro viaje a bordo de un bote de vela de 28 pies, pareciera que la aventura recién iba a comenzar. A decir verdad, la aventura había comenzado siete años atrás, cuando decidí dejar todo en Colombia para trasladarme a California, casarme con un japonés y convivir con dos culturas nuevas para mi. ¡Ese sí, fue el inicio de mi aventura!

Desde el primer día que conocí a Yoshi, me planteó su proyecto de “recorrer el mundo en su bote de vela” para lo cual, deseaba encontrar su alma gemela. Tras haber crecido entre montañas y valles, poco contacto había tenido yo con embarcaciones y menos había navegado a vela, por lo que no me imaginé que me convertiría en dicha alma.

Los Angeles, CA. Octubre de 2014

Como dice una canción del Guatemalteco Ricardo Arjona, “el destino me pintó el camino que me trajo hasta aquí”. Después de meses de planeación, y a pesar de mi poca experiencia navegando, el día 8 de Octubre zarpamos a bordo de “Misumaru”, del puerto de Los Angeles, con primer destino San Diego, CA. Misumaru es una palabra en Japonés, conformada por 3 caracteres chinos, que significan “bote lindo y feliz”. Así mismo, desde el Shintoismo, significa “perfecta armonía”, aspectos que auguraba una maravillosa travesía.

Si bien en los años que viví en California había navegado, incluso de noche, era el primer trayecto de esta aventura, era la primera de muchas noches navegando, era la culminación de una etapa de mi vida y el comienzo de otra, infinitamente diferente. El contínuo de los sentimientos iba desde la ansiedad y miedo a lo desconocido, hasta la curiosidad y emoción inherentes a la aventura, con todos sus matices e intensidad. Después de una semana de compartir con amigos y familiares, de múltiples visitas, invitaciones, y buenos momentos, zarpamos nuevamente hacia el sur, a cruzar la frontera, pero en esta oportunidad, de norte a sur.

Viernes 17 de Octubre de 2014, fecha memorable. Llegamos a México, y nuestra primera parada, fue el Puerto de Ensenada. Aquí habríamos de comenzar algo que continuaría a lo largo de nuestra travesía: una vida sin muchos planes u obligaciones, actividades sociales, descubrimiento de lugares y gente encantadora, introspección y desarrollo de habilidades, en fin, numerosos “hallazgos” que iré relatando a lo largo de este escrito.

Después de dos semanas, continuamos nuestro camino al Sur. Teníamos como plan llegar hasta Panamá, lo que pensábamos nos tomaría unos 7 meses… que ingenuos!

Baja California Sur, México, Noviembre de 2014.

En las primeras dos semanas del mes de Noviembre navegamos de día y de noche, anclando únicamente en tres pequeñas poblaciones: San Quintín, Bahía Tortugas y Bahía Santa María. Dormir “por turnos” para poder hacer la guardia nocturna es un ingrediente más que se le añade a la aventura. En la inmensidad del óceano, el frio se mezcla con el miedo, el silencio se interrumpe con las olas, las estrellas desdibujan la penumbra y nuestra mente llena el espacio que nos separa de la luna.

A propósito de la luna; después de navegar varias noches, la luna cobró un significado diferente para mi. Pasó de ser “que linda luna” a “gracias luna por iluminar nuestro camino”. La luna llena, es una bendición, no sólo porque es preciosa, sino porque es la única que “ilumina” toda la noche.

El jueves 13 de Noviembre llegamos a La Paz, capital de Baja California Sur. Yo no lo podía creer… 977 millas de Los Angeles a La Paz. Increíble! Me sentía la reencarnación de Cristóbal Colón. Agradecimiento y satisfacción me llenaban el corazón, comprobando que la falta de conocimiento, de experiencia, y los propios temores, no son obstáculo para el cumplimiento de nuestros sueños y objetivos. Todo se puede lograr, con empeño, compromiso y sobretodo, fe y confianza de que todo va a salir perfectamente.

La Paz superó mis expectativas. Es una ciudad pequeña, linda, organizada, limpia y muy agradable. El malecón, que es de varias cuadras, es lleno de preciosas esculturas que adornan el frente de restaurantes, hoteles, cafés, etc. La playa, es limpia y llena de kioskitos (o palapas como les dicen en México).

Después de siete días en una marina en La Paz, hicimos nuestra primera visita al Mar de Cortés. La primera noche anclamos en una bahía de belleza sin igual, conocida como Balandra. Aguas cristalinas en diferentes tonalidades de azul, playas de arena blanca que se hundían a nuestros pies, colinas que se elevaban desde el mar, con una vista que deja sin aliento a cualquier visitante. Este fue el abrebocas de lo que el oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau denominó “el acuario del mundo”.

Continúamos al complejo insular compuesto por Isla Espíritu Santo, Isla Partida y los Islotes (además de otras pequeñas islas). Toda esta región y el mar circundante, son areas naturales protegidas por el gobierno Mexicano. Ahí estuvimos varios días, anclando en diferentes bahías de belleza indescriptible. La península de Baja California es primordialmente desértica y las islas no son la excepción, por lo que el paisaje es hermoso: montañas rocosas, llenas de cáctus, que se funden con el mar color turquesa.

Nuestro paseo a las Islas se vió interrumpido por un “Norte”, viento fuerte que como su nombre lo indica viene de dicho punto cardinal y que se siente fuerte durante los meses de invierno. Tuvimos que regresar a La Paz antes de lo planeado, lo que me hizo reflexionar sobre el tema “Viento”. Cuando uno vive en la ciudad y no se dedica a estos menesteres (o algunos deportes), el viento no tiene mucha importancia. Dirección del viento, velocidad? A quién le importa? Pero en este mundo marítimo, el viento, “lo es todo”. Al navegar, anclar, planear el itinerario y hasta cambiar los planes.

Las aventuras están llenas no sólo de lugares maravillosos, sino de muchas anécdotas y esta es una situación graciosa que vivimos en La Paz. Estábamos Yoshi y yo caminando por el centro de la ciudad, con nuestro atuendo habitual: bermudas, zandalias, Yoshi con su morral y su gorra y yo con mi sombrero beige, mi riñonera y el mapa de la ciudad en la mano. De repente se nos acerca una niña pequeña y me pregunta: “Ustedes son unos exploradores?”, a mi me pareció graciosa la pregunta y le respondí que si, que éramos exploradores. A ella se le iluminó el rostro y con una sonrisa dijo: “Que bien, yo nunca había visto unos exploradores” y se fue, con su cara de satisfacción. Creo que nos le parecimos a “Dora la Exploradora y su amigo Diego”.

Pero bueno, la verdad es que si bien el comentario de la niña fue gracioso, fue muy atinado, ya que sí; “somos exploradores”. Desde que salimos de Los Angeles, no habíamos hecho más que “explorar”, conocer nuevos lugares, descubrir las maravillas de la naturaleza y las creaciones del hombre, compartir con gente nueva, vivir un estilo de vida diferente… más simple, más relajado, más espiritual. El sólo hecho de vivir en el bote es toda una aventura… vivir en un espacio muy reducido, compartir las 24 horas con la persona que se ama, hacer todo juntos (desde navegar, hasta ir a lavar la ropa o a comprar comida, comer un helado, caminar viendo el atardecer, etc), fuera de las destrezas que se van desarrollando: cocinar con el bote en movimiento, lavar los platos con “3 goteras” (hay que ahorrar agua), y en general vivir sin necesitar “tanta cosa”. Ese concepto de “ligero de equipaje” se aplica perfectamente a este tipo de vida, no solo por el hecho de que literalmente el equipaje es poco, si no por el desapegarnos de tanta cosa, de dejar de crearnos “necesidades” que en realidad no tenemos, de darle la real importancia a cada aspecto en nuestras vidas y no perder el tiempo, ni nuestra tranquilidad, en cosas que no tiene mas trascendencia de la que la sociedad le imprime.

Península de Yucatán, México, Diciembre de 2014.

Para hacer más completo nuestro viaje, aprovechamos que nos habían invitado a una boda en la Riviera Maya, para escaparnos a la Península de Yucatán. El 4 de Diciembre nos atravezamos el país volando desde La Paz hasta Cancún, con una escala en Ciudad de México. Una vez allá, hicimos lo que nos gusta hacer: conocer, explorar y meternos en la cultura. A Yoshi, entre más típico y más folclórico, más le gusta.

Alquilamos un carro para hacer más fácil y rápido el desplazamiento por Yucatán y Quintana Roo. Las playas de Cancún, muy lindas, pero en realidad ahí no nos detuvimos mucho. Invertimos mas tiempo visitando diferentes sitios arqueológicos y las areas circundantes. Chichen Itzá, Uxmal, Xlapak y Tulum nos dejaron sin palabras. Los sitios arqueológicos son prueba del poderío, capacidad, tenacidad y conocimiento de los Mayas.

Mérida, capital del estado de Yucatán, es digna de conocer. Tradición y folclor se entrelazan con la belleza de sus calles, arquitectura sin igual, plazas encantadoras y gente amable y cálida. En nuestro recorrido por la península tuvimos la fortuna de visitar pueblos mágicos como Valladolid e Izamal, los cuales combinan color, tradición y magia, para deleite de sus visitantes. Los misteriosos cenotes, la gruta de Lol tún (caverna de 6 kilómetros) y los arrecifes en Cozumel, dan prueba de las maravillas de la naturaleza.

La cultura mexicana es increíble y da la impresión que el Mexicano se siente orgulloso, no sólo de su cultura sino también de sus tradiciones. Los trajes típicos son de uso diario, bailes folclóricos engalan las céntricas calles, pero hubo algo que nos dejó “sin palabras” y fue la devoción de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe. Mientras nos desplazábamos por las carreteras de Yucatán y Quintana Roo, unos días antes del 12 de Diciembre, vimos centenares de personas (especialmente jóvenes) peregrinando hacia poblaciones más grandes: unos iban en bicicleta, con camisetas y banderas de la Virgen, otros iban corriendo (como en relevos) cargando antorchas, o en camiones o camionetas con la imagen de la Virgen. El día 12, visitamos una Iglesia en Playa del Carmen, y nos encontramos con la sorpresa de que los niños van vestidos de Juan Diego, y las niñas, bien sea de “virgen” o con trajes típicos… Se veían preciosos!

Para rematar este maravilloso viaje, asistimos a la boda que nos habían invitado. Este matrimonio tenía un especial significado para nosotros, ya que una vez más un miembro de mi familia, unía su vida a una persona de origen asiático.

La Paz, Baja California Sur, México, Diciembre 31 de 2014.

Este día recordé un hecho que me llamó la atención y me pareció muy lindo. Cuando íbamos para Cancún y el avión empezó a desplazarse por la pista, miré por la ventana y ví al personal del aeropuerto, filado, “voleando la mano”, diciéndonos adiós. Yo no había visto ese gesto antes, o si lo había visto, no lo recuerdo. En fin, el punto es que no pude evitar comparar ese gesto con el fin de año. El último día del 2014, estábamos como el personal del aeropuerto, voleando la mano, despidiéndonos. Pero igualmente, estábamos como los pasajeros y la tripulación a bordo del avión, a punto de iniciar el “vuelo” hacia el 2015; todos con el mismo destino pero con diferentes objetivos y expectativas.

En ese momento me dí cuenta que mi único “propósito” para el año nuevo sería: Al finalizar el “viaje de 365 días por el 2015”, poder decir esta frase de Joseph Conrad: “Creí que era una aventura y en realidad era la vida”.

Baja California Sur, México, de Enero a Mayo de 2015.

Me encantaría relatar cada una de las experiencias vividas, lugares visitados, aventuras y exploraciones realizadas, pero no me alcanzaría ni el tiempo ni las palabras para describir tanta belleza y majestuosidad, por lo que me voy a limitar a relatar algunas apreciaciones y anécdotas.

Para ese entonces ya habíamos decidido cambiar de plan, el Mar de Cortés nos había atrapado en sus redes y nosotros no nos resistimos.

Los primeros 5 meses del año 2015 fueron navegando el también llamado Golfo de California. Anclando aquí y allá, islas, bahías al lado de la península, rocas rojas, amarillas o grises, arena que ajusta su color de acuerdo al paisaje, agua verde, azul o turquesa; en fin, la naturaleza en su máximo esplendor. Pero la belleza de esta área no se limita a lo terrestre o marítimo… continúa en el cielo. Los amaneceres y atardeceres, son sin igual. La “diaria, doble función” es todo un espectáculo; los colores de las nubes, el reflejo en el agua, y por supuesto el sol, son la antesala de un precioso día y una noche cubierta de estrellas.

La mayoría de los lugares donde se ancla son inhabitados, únicamente hay vegetación, rocas, mar y playa y esto se convierte en otra de las bendiciones de esta aventura; el entrar en contacto con la naturaleza, mirándola desde otra perspectiva: más detallada, más de cerca, con el tiempo suficiente para admirarla y aprender de ella.

Lugares mágicos para conocer es lo que abunda en el Mar de Cortés. Islas como San Francisco, San José, Danzante, Carmen, o Coronados, interrumpen la infinidad del mar, complementándolo con otras tonalidades y paisajes. Al igual que lo hacen las pequeñas poblaciones como Loreto o Mulegé, que aparecen como un oasis en el desierto.

En este “sombrero del mago”, las sorpresas parecen no terminar: cuevas marinas, aguas termales en la playa, pinturas en rocas, “pueblos fantasmas”, cañones en la sierra, salinas, conchas, corales y caracoles en abundancia tal, que forman “montañas”, en fin, maravillas sin fin.

Pero si bien todos los lugares que hemos visitado han sido encantadores, la magia va más allá. Hay algo que los abarca y los supera, y es la vida de navegantes como tal. Nunca la imaginé. Nunca pensé que íbamos a ser tan felices. Jamás pensé que pudiéramos disfrutar tanto de “las simples cosas”. No se me pasó por la mente que fuéramos a conocer tanta gente y entablar tan buenas relaciones, pero por encima de todo, jamás imaginé que ésta iba a ser una gran experiencia de crecimiento personal y bienestar espiritual.

Para terminar este relato, deseo mencionar algo que me llamó la atención desde que llegué al Mar de Cortés. Estando en una marina en la parte central del golfo, se nos acerca una señora y nos dice: “Yoshi?”, él contesta que sí, luego se voltea y dice “Claudia?”, sí, contesté (pero yo no recordaba haber visto esa señora antes). Saca su tarjeta y se presenta, nosotros hacemos lo mismo y ella dice: “He oído mucho de ustedes, ya son casi famosos, acá todo el mundo se ve igual (se refería a los norteamericanos: canadienses y estadounidenses), pero ustedes son muy fácil de reconocer”.

Es irónico, pero lo que menos se encuentra navegando por el Golfo de California o Mar de Cortés, son Mexicanos. Estadounidenses o Canadienses buscan refugio en este mar repleto de encanto, bien sea para vivir una aventura como la nuestra, para “huir” del invierno por unos meses, o instalarse definitivamente en “México lindo y querido”. Este hecho no solamente genera una fuente de ingreso para los locales, sino una posibilidad de aprendizaje… sí, de aprender Inglés. Sorprende la cantidad de personas por esta área, que “se defienden” con su inglés y logran vender, prestar su servicio, o tener un empleo atendiendo turistas. Para la muestra un botón: estábamos en Playa del Carmen, y una señora mexicana nos estaba ofreciendo un tour, en inglés. Conversando con ella, me contó que había vivido por más de 10 años en Los Angeles, pero nunca aprendió inglés. Cuando regresó a México y vió que la principal fuente de ingreso de esa región, era el turismo, aprendió inglés tan rápido como pudo.

Me encontraba en la oficina de una marina y una de las empleadas me estaba haciendo el favor de comunicarme con otra de las sedes. Marcó y habló con la persona encargada y le explicó que tenía una cliente (yo) que necesitaba esto y aquello, y que la íba a poner en el teléfono para que nos comunicáramos directamente. Para mi sorpresa le dijo: “se la paso, ella habla español perfectamente”. Es México!, cualquiera pensaría que ese comentario sobra, pero están tan acostumbrados a que los clientes hablan únicamente inglés, que el comentario “pasó a ser válido”.

El Español (idioma) brilla por su ausencia, no solo en las aguas del Mar de Cortés sino en las diferentes marinas, es más, trasciende el ámbito náutico y se percibe en el comercio y calles de las diferentes poblaciones. Como esto me ha parecido tan significativo, le pregunté a la empleada que acabé de mencionar, su opinión y me contestó: “usted no me lo va a creer, pero muchas personas (Mexicanas) me han preguntado, que si para venir acá (se refería a Loreto y las poblaciones aledañas) necesitan visa o pasaporte”.

Esto deja mucho que pensar y sobretodo deja un sentimiento de tristeza al saber que los mexicanos o latinos en general, desconocemos la existencia, ubicación y majestuosidad del Mar de Cortés y sus preciosas poblaciones costeras.

A finales de Mayo de 2015 cruzamos el golfo de oeste a este para dejar el bote en una marina seca en Sonora. Una vez culminada la temporada de huracanes, es decir a principios de Noviembre, Misumaru, Yoshi y yo volveríamos a estar listos para navegar nuevamente, porque “la aventura… continúa”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s