Carta de un viajero regresado. Autor: Nuria Vidal

Me pica el asiento del avión. Me faltan las mariposas en las alas. Esa sensación de llegar al aeropuerto sin saber que te vas a encontrar y contra cuantos taxistas vas a tener que luchar, desenvainando tus billetes, a un precio, para ellos demasiado barato, para ti lo suficientemente justo, solo por conseguir llegar a una cama, casi siempre incomoda, y descansar, a veces nada, para aprovechar, en contra de de toda lógica, cada minuto de lo que te pueda ofrecer el nuevo destino. Echo de menos los olores, la música, la vida, el devenir de los acontecimientos, que no pase nada y a la vez todo en menos de 12 horas de sol, por que así somos, buscando países equilibrados en sus formas y en nuestros gustos, pero raramente del de nuestros padres, que nos han intentado enseñar a valorar las pequeñas cosas, esas que nos encadilan cuando las vivimos ahora. Y es justo hoy cuando pensaba que la cuadratura de circulo ya esta para mi completa. Ya llegué, ya se acabó, pero esta vez hay cosas marcadas a fuego. Intentando encontrar el sitio. Mi sitio, que ahora no se ni cual era ni cual es. Y en menos tiempo que tú. Seguro que la mochila, la tuya, llena de piedras, el quinto tatoo tailandés, las camisetas roídas y destrozadas por los jabones asiáticos y todas estas postales que nos mandas, harán de tus 6 meses algo que difícilmente podrás olvidar.

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