Unas vacaciones insólitas. Autor: Welles

En el 1995, al llegar a casa después de mis días de trabajo y cuando empezábamos las vacaciones, me acerque a mi mujer y le dije prepara las maletas nos vamos a Noruega.

Margha, mi mujer, es una enamorada de los viajes y mis hijos, los tres nos acompañaban siempre, menos en este viaje, ya que la mayor, Violeta, ya tenia novio, y no quería venirse.

El caso es que nos marchamos al día siguiente en el coche hasta Noruega.

Viajar con dos pequeños en el coche a veces se convierte en una tortura, pues son muchas horas de viaje, y el automóvil es un espacio diminuto donde se aburren con cualquier cosa.

A pesar de eso, mis hijos han viajado muchos kilómetros con nosotros.

Esta vez era Noruega, llegamos a un pueblo en el corte de mar, y dormimos en un hotel, donde mis hijos convivieron con todos los bichos del mundo.

Al día siguiente cogimos el transbordador hasta Noruega.

Llegamos a Oslo, y en el Gran Hotel y en su piscina disfrutamos de la luz cayendo del sol, viendo la pequeña Oslo.

Fue todo un espectáculo, viajar por los fiordos con el coche.

La vuelta como podéis imaginar fue muy triste.

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