Mi marido hizo mis maletas. Autor: Carlos Ignacio Saito Muñoz

¡Estaba tan entusiasmada!, se sentía sumamente feliz. Al fin su marido se había decidido. Tomarían unas necesarias y merecidas vacaciones; su matrimonio no marchaba bien era como un barco sin flotadores y sin timón sumergiéndose lentamente en una dolorosa y espantosa tormenta. Charlotte no quería aceptar la realidad y siempre evadía mis preguntas de una manera muy natural e ingeniosa. A veces resultaba muy complicado hablar con ella, ya que ella insistía que en su relación no había ningún problema, después se corregía aceptando pequeñas peleas y después volvía otra vez a su posición actual. Y otras veces no se podía hablar con Charlotte, porque simplemente no se quedaba callada. A pesar de eso yo siempre la escuchaba… cada palabra, cada letra era una adorable e insoportable melodía. Unas verdaderas notas musicales que me refrescaban e hipnotizaban constantemente. Y después de sus solitarios monólogos pensaba que dulce serías, sino hablaras tanto.

La conocí en la Estación de Tren de París, ella iba a cualquier lado donde la llevará la soledad y el viento. Y yo por mi parte regresaba al campo después de 15 años, mis abuelos habían fallecido dejándome su pobre rancho. Siempre me moleste con ellos de las miserables condiciones en que vivían y varias veces traté de que vinieran a vivir conmigo a la ciudad. No quisieron y se quedaron allá ganando apenas lo necesario para sobrevivir. Yo no era rico, pero podía haberles dado una vida más digna y cómoda. Y ahora no sé cómo, pero me encontraba con esta joven casada, habladora y sin hogar; ya que su marido había hecho sus maletas no para viajar a unas inolvidables vacaciones, sino que para que se fuera de una vez por todas de su acabada y desastrosa vida. Estaba en estas profundas reflexiones cuando mi invitada de 32 años de edad me interrumpió:

-Pero te insisto que no sé lo que pasó. Se suponía que este viaje iba a solucionar nuestros problemas o sea nuestras pequeñas diferencias. Nosotros éramos… ¡no! somos bien unidos, ya verás cómo Pierre me llama al celular y me pide disculpas y me viene a buscar y me lleva a la isla de Creta o a Estados Unidos. Y te recalcó que este viaje no era para salvar nuestro funesto matrimonio, lo que pasa es que la gente le gusta hablar de más y no sabe cuándo debe quedarse callada me carga esa gente que cree sabérselas todas y hablan y hablan de temas que no conocen. Mira una vez yo le pegue a mi querido Pierre una cachetada y él no me la devolvió. Cerró la puerta suavemente y desapareció por dos días y después ¿qué crees que pasó?, nada fue como si esa pequeña discusión no hubiera pasado. Le conté a mi hermana Denis esto y ella me dijo que eso no es normal y yo le contesté que si mi querido Pierre no me quisiera un poquito me habría pegado como lo hizo el maldito y desgraciado Gastón.

-¿Quién es Gastón?-preguntó René bastante cansado de escuchar a su invitada. Iba a decir algo más, pero Charlotte continuó con su propia conversación.

-Ahhh… Gastón es mi ex, no sé cómo aguante tanto, no me deja hablar, le molestaba cualquier ruido y me golpeaba constantemente, pero como te iba diciendo mi querido Pierre nunca me ha golpeado y me ama mucho, mucho, mucho de eso estoy muy segura. Tú debes estar pensando que él como me hecho a la calle seguramente ya no siente nada por mí, pero te equivocas ya verás que Pierre aparece en cualquier momento no importa que no sepa dónde estoy; porque él siempre está preocupado por mí y de alguna manera va a saber mi paradero. Y pensar que ahora estaríamos en Creta o en Sudáfrica donde vive mi hermano Paul. Sí vieras la espectacular casa que tiene en la playa y las disco son sensacionales yo le hubiera dicho a mi querido Pierre que me llevará, él se habría conseguido hasta un jet privado con sus hermanos o primos. Ahhh…mi enamorado Pierre como lo extraño, ¿qué le habrá pasado?, si incluso él tan amorosamente armó mis maletas…pero ya vas a ver que él vuelve a mi lado como aquella vez que me sobrepase. Casi siempre discutíamos y nos gritábamos algunas groserías, pero nada fuera de lo común a muchas parejas les pasa ¿o no?… Esa vez le pegue en la cabeza con una olla y él ¿me golpeó?, claro que no; simplemente se fue de la casa. Se fue donde un hermano y yo me quedé sola una semana nada más. ¡Una semana!, nada más a otras mujeres las dejan botadas sus maridos por mucho más tiempo y las golpean. Si mi querido Pierre no me quisiera me habría golpeado, pero él no están amoroso y tan tierno; sí lo conocieras de seguro serían muy buenos amigos. Bueno ya es bastante tarde y estoy muy cansada por el largo viaje así que me voy a dormir y muchas gracias por invitarme a su casa. Mañana me voy a ir con Pierre y no te molestaré más. Buenas noches.

-Buenas noches Charlotte-dijo René con bastante sueño y muy agotado por el largo viaje; sin contar el inesperado y pesado acompañamiento.

-he…disculpa, pero se me olvidó su nombre joven.

-Me llamó René y tengo 28 años, no es tanta nuestra diferencia de edad.

-Y usted como sabe mi edad, ¿acaso registró mi cartera?.

-No señorita Charlotte, usted misma me dijo que tenía 32 años y que llevaba 3 años de casada.

-HA… se me olvidó y otra cosa René, no soy señorita recuerde que estoy casada con Pierre; mi marido usted lo verá mañana. Ahora buenas noches.

Esa noche René no pudo dormir pensaba en su atractiva invitada y en sus difuntos abuelos; los extrañaba mucho. Y se preguntaba varias cosas que lo tenían muy confundido ¿qué iba a hacer ahí él en ese rancho viejo?, ¿cómo sería el tal Pierre?. Y si aparecía, de seguro lo golpearía por estar con su mujer. Charlotte bonito nombre se decía que lastima que uno no pueda conversar con ella, sería increíble…  Los ojos agotados y la mente perturbada no pudieron seguir más con estas profundas reflexiones, se quedó dormido aproximadamente a las 6:30 de la mañana, pero antes hizo algo muy importante… Lo despertó un ruido de ollas y platos; se levantó y recordó que no estaba sólo. Llegó hasta la cocina y encontró a su invitada lavando todo lo que pillaba.

-Buenos días René, no quise despertarlo como sé que estaba muy cansado-dijo Charlotte fingiendo un poco de alegría. René se percató al instante que su invitada no era la misma mujer del día anterior que aparentaba un perfecto matrimonio y una sólida seguridad. Ahora estaba muy deprimida mostraba la trágica realidad de su vida, la actriz se había sacado el maquillaje, las cámaras se habían apagado y el al fin veía a la verdadera Charlotte la joven golpeada físicamente y sentimentalmente. Se prometió ayudarla de alguna manera u otra.

-Buenos días señori… señora Charlotte. Usted sabe ¿qué hora es?.

-Ya son las 3:00 de la tarde, pero no se preocupé yo me levanté hace poco. Me tomé el atrevimiento de buscar alimentos en su casa y he encontrado varias cosas con las cuales puedo hacer unos excelentes platillos y sobrevivir varios días.-dijo Charlotte con la voz caída como si fuese un alma en pena con una tristeza que haría derretir el iceberg más duro y resistente de este planeta que a veces navegan tan solitarios en la oscuridad de la noche y rompiendo el casco de los barcos o flotando quien sabe dónde. Si este colosal de hielo la viera llorando en este preciso momento la acompañaría en su llanto convirtiendo su agua dulce en salada y esa agua salada una vez en el mar empezaría a quemar todo lo que hubiera a su alrededor y nos daríamos cuenta con estupor  y amargura que se ha transformado en ácido.

Mi invitada una vez terminadas sus amargas palabras empezó a secarse unas pequeñas lágrimas vi sus ojos café claro ponerse de color rojo. Caminó lentamente hacia el living y se sentó en un viejo y sucio sillón. Me acerqué a ella y le dije:

-No llore más Charlotte, yo buscaré a su marido. No se preocupe lo encontraré y lo traeré…

-¡NO!, por ningún motivo la verdad es que él no me quiere… cuando me reponga un poco me marcharé y lo dejaré en paz. ¡No lo voy a molestar más con mis problemas!.

Charlotte iba a seguir hablando sus extensos monólogos, pero la interrumpí enérgicamente:

-¡Usted lo ama y él también la ama!, no me cabe duda; pero escúcheme bien lo que le voy a decir. ¡NO ME INTERRUMPIRÁ!, ¿cierto?.

Charlotte que muda nunca nadie le había hablado de esa manera ¿cómo se atrevía el tal René?. A caso no sabía que ella era una mujer muy rica. Después de unos segundos respondió:

-Usted se está pasando, pero tengo curiosidad así que lo escucharé.

-Lo que pasa es que ustedes dos deben aceptar que tienen problemas y ver de qué forma pueden solucionarlos. Las cosas no se arreglan con golpes y con largos silencios. A usted le gusta hablar demasiado y no escucha a la gente.-dijo René todas estas palabras desde dentro de su alma y se sorprendió como su invitada abría los ojos y la boca estupefacta.

-Estoy… bastante impresionada, nunca me habían hablado de esa manera tan descortés y vulgar.

-¡Y usted acaso no es una vulgar cuando habla y habla!, y no permite a los demás comunicarse.

-¡ESTO ES COLMO!, no lo voy a aguantar. ¡CÓMO SE ATREVE!.

-Acaso no tengo razón.

-¡SÍ!, pero…

Charlotte no pudo continuar, ya que en ese preciso instante se escuchaba un fuerte bocinazo. Era Pierre que llegaba al rancho de René, este le había mandado en la madrugada un mensaje de texto con su dirección. Su invitada no lo podía creer:

-¿Qué hizo usted?-preguntó Charlotte muy confundida-, no sé si agradecerle o culparlo.

-Charlotte no quise gritarle, espero que mis palabras la ayuden.

-Usted René es un buen amigo, voy a seguir su consejo. Escucharé a mi marido y a la gente.

Ambos se dieron un fuerte abrazo sincero y se despidieron con gran alegría. René desde su ventana la vio dirigirse al auto de su marido…hablaron varias cosas y luego se dieron un beso tan largo que a él le pareció que hubieran pasado varios meses. Luego ella se subió al automóvil y se fueron lentamente en el camino de tierra.

¡Y cuando se fue!, cuando ya no la pudo ver más el corazón se le destrozó de tal manera que sus costillas crujieron de forma salvaje y las lágrimas cayeron desahuciadas y olvidas; el silencio lo atrapaba y Charlotte nunca sabría lo que René sentí por ella. En el viejo rancho quedó un cadáver de un joven hombre que estaba vivo por fuera, pero por dentro lo consumían las bacterias de la desesperación y la soledad, abatido con una gran herida en el pecho se sentó en el viejo sillón sufriendo la dulce y cruel amargura. Sus ojos enrojecidos se toparon con su maleta tan vacía al igual que su melancólica vida.

Centeiya

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