14-11-2008 (Extracto del diario del viaje a Argentina). Autor: José Ramón Morant Cardona

 

*07:30 Nos recogieron en el hotel. Al enfilar la RP-11 éramos nueve turistas, el conductor y la guía. Ésta nos habló durante casi todo el trayecto (¡80 km!) sobre lo que veíamos y lo que íbamos a ver. Fue muy amena. La estepa con el guanaco el choique, la mara… El Parque Nacional “Los Glaciares” (Patrimonio Mundial) con el puma, el cóndor, el cauquén, el zorro colorado que va desplazando al autóctono –gris–,… y su vegetación (ñires, lengas, notros, calafates,…). La génesis de los glaciares, ríos de hielo, las morrenas,..El lago Argentino, gran depósito de agua dulce a nivel mundial (200 millones de m3), junto con el lago Viedma, alimenta el río Santa Cruz que vierte al Atlántico.

Lo que vimos del parque fue maravilloso. Entramos en él y discurrimos por el sur de la península Magallanes, bordeando el brazo Rico del lago Argentino. En un momento determinado, la guía introdujo un CD en el aparato de música y, cuando empezó a sonar (desconozco el título de la melodía, pero era muy sugerente), tras un recodo de la carretera, apareció él, majestuoso, impresionante, bello,… el glaciar Perito Moreno. La verdad es que nos emocionó mogollón (Charo y yo nos besamos). Nos detuvimos un momento para admirar esa maravilla de la naturaleza (impactante: todavía ahora me faltan palabras).

*10:30 Embarcamos en el “Victoria Argentina”, un catamarán que nos llevó hasta el sur del Perito Moreno. Durante la breve travesía nos extasiamos del paisaje, al tiempo que escuchábamos todos los detalles sobre el famoso glaciar: debe su nombre a Francisco Pascasio Moreno, geógrafo y explorador argentino, conocido internacionalmente por actuar de perito en los límites geográficos argentino-chilenos; su frente mide 4,5 km. de anchura y 60 m. de altura y, al alcanzar la península Magallanes, forma un dique en el extremo del brazo Rico originando un desnivel de 30 m. con respecto al canal de los Témpanos (al norte); la presión del agua genera un gran túnel en la barrera de hielo que termina por derrumbarse con un espectáculo grandioso (cada equis años). Al arribar a esa muralla de hielo todas las cifras, todos los datos se esfumaron barridos por una enorme sensación de sobrecogimiento: solo quedaba mirar y escuchar. De repente una gran laja se desgajó de la masa y se precipitó en el agua con gran estrépito; la gente, que no respiraba, rompió en aplausos (como ante un penalti lanzado por Maradona).

*12:30 Desembarcamos y accedimos al punto peninsular adyacente al glaciar, donde unos kms. de pasarela dispuesta en la ladera permitían admirarlo por el sur, el frente y el norte. Sentados en aquel anfiteatro, frente al escenario natural de hielo y color, comimos un bocadillo. Después recorrimos los senderos de madera mirando sin tregua aquella mole congelada bajo todos los ángulos posibles. De vez en cuando conseguíamos unos minutos de silencio para atender cualquier mensaje del gigante y, alguna vez, escuchar sus quejidos: espectacular.

*17:00 Al final, borrachos de tanto mirar, regresamos cargados de admirables sensaciones a El Calafate.

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