La leyenda del Callejón del Beso. Autor: Raquel Otheguy Rivón

Llegué a Guanajuato un soleado día de Septiembre y como no tenía qué hacer hasta el próximo día en que empezaba la convención a la que debía asistir, decidí salir a recorrer el centro de la ciudad.  Le pedí a la linda muchacha de la recepción que me indicara los lugares más interesantes de la ciudad. En un mapa que luego me entregó, marcó el mercado de artesanías, la Catedral, la Universidad y el teatro frente al que se reunían los miembros de las “Estudiantinas” para salir a “Callejonear”. Me explicó que esa es una costumbre que consiste en recorrer cantando los intrincados callejones de esta escarpada ciudad.  Por último me dijo, señalando un punto en el planito: Y no deje de visitar “El Callejón del Beso”.

─¿ Por qué ?  ─le pregunté.

─Es que tiene una leyenda muy triste, pero muy bonita. Yo termino mi turno ahora y vivo cerca del lugar.  Si quiere lo acompaño hasta allá y se la cuento mientras llegamos.

Siendo yo un hombre práctico y nada dado a la poesía y los romanticismos, nunca me hubiera interesado en visitar el dichoso callejón, pero si “Paris bien vale una misa”, pensé que la compañía de la linda morena de grandes ojos y lacia melena negra, bien valía una visita al callejón de marras. Caminamos por las callecitas empedradas y los estrechos callejones mientras me contaba la historia de  dos jóvenes amantes.

“Doña Carmen era hija de un noble español, rico, controlador e intransigente.  Don Luis era un joven nativo que había hecho fortuna en las minas pero no tenía más linaje que su honradez y su amor por Doña María.  Esto, por supuesto no tenía valor para el padre de la muchacha que al enterarse de los amores de su hija con “el indio” le prohibió verlo y decidió mandarla a España y casarla allá con un señor de abolengo.  Cuando la muchacha supo de los planes del padre le envió razón a su amado  con su dama de compañía y éste desesperado por verla y hablarle decidió comprar la casa que quedaba enfrente a la de la joven, ya que el balcón del cuarto de la joven casi tocaba al balcón de la casa vecina, de tan estrecho que era el callejón que las separaba.  Realizada la compra se asoma Don Luis a su balcón y Doña Carmen al suyo y efectivamente alarga su mano y recoge amorosamente en las suyas las manos de la muchacha. Se hablan con el alma, con los ojos…se besan las manos, están absortos en su mundo y no se dan cuenta de que el padre de la muchacha ha logrado entrar al cuarto empujando sin miramientos a la dama de compañía que intenta detenerlo. Se acerca al balcón donde su hija, desobedeciendo sus órdenes, habla con Don Luis, y sin un temblor en sus manos ni una palabra de advertencia, clava un puñal en la espalda de su hija, mientras Don Luis siente que se le va la vida entre las manos frías de la muchacha que aún sujeta en las suyas.

Desde ese día lo llaman el Callejón del Beso y dicen que si una  pareja se besa de balcón a balcón, su amor durará para siempre.

Terminada su historia me señaló el callejón que es apenas lo bastante ancho para que pase una persona. Unas empinadas escaleras llevaban a la entrada de ambas casas a las que se podía entrar pagando una módica cuota.

─¿Quieres entrar ? ─ me preguntó  invitante, coqueta.

La miré indeciso y le pregunté:

─ ¿ Vive tu papá ?

Haciendo un gesto negativo con la cabeza me tendió risueña su mano… y  yo la seguí.

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