El lado oscuro de Nueva Orleans. Autor: Andoni Aldasoro

Cuando los ruidosos desfiles del Mardi Gras terminan y los últimos tragos han sido servidos, las noches en la antigua Ciudad del Pecado se ven pobladas por vampiros, reinas vudú y fantasmas, o al menos eso es lo que libros y películas nos han hecho creer.

Trueno los dedos, doy un golpe fuerte al piso con el pie y trazo tres “X” sobre la pared de la fría lápida. Pido un deseo. En ocasiones me pregunto si no estaré loco. Ésta definitivamente es una de ellas. Me encuentro en el Cementerio St. Louis No. 1, en las afueras del French Quarter, en Nueva Orleans, y la tumba pertenece a Marie Laveau, la reina vudú del siglo XIX. No sé qué deba pasar  ahora. Agudizo los oídos. ¿Debería Marie responder? realmente espero que no. ¿O sí?

Nueva Orleans no es la capital del estado de Louisiana, lo es Baton Rouge, pero sí es su ciudad más conocida. Varios factores han hecho de la llamada Crescent City un destino ineludible para los viajeros de todo el mundo: Mardi Gras, la fiesta más grande del sur de Estados Unidos; el jazz y los legendarios bares donde éste nació; las cocinas cajun y criolla, con el gumbo, el po’boy y la sopa de tortuga; los escritores como William Faulkner, Truman Capote o John Kennedy Toole, que en esta región han realizado obras maestras; y, lo que ahora nos atañe, las leyendas de vampiros, de fantasmas, de vudú y de hechicería.

Llegué a Nueva Orleans con un bagaje literario muy amplio, tan grande como mis expectativas en vivir sobre estas calles algo de lo leído. La saga de los vampiros Lestat y Louis, de Anne Rice, y ¿Almas perdidas? de Poppy Z. Britte habían conformado la lectura previa al viaje. El cine también había hecho una importante contribución: La llave maestra, aquella acerca de brujería vudú, en la cual actúa Kate Hudson; la adaptación misma de Entrevista con el vampiro, con Tom Cruise, Brad Pitt y Kirsten Dunst; y la más reciente: Abraham Lincoln: cazador de vampiros; todas nos han pintado una ciudad enigmática y tenebrosa, donde si no eres presa de un no-muerto colmilludo, lo serás de un hechicero vudú o bien de un fantasma proveniente de alguna vieja plantación. De cualquier forma no habría escape. Vaya, que hasta la misma Benjamin Button, ambientada también aquí, tiene su buena dosis de oscuridad.

Capítulo I. El nacimiento de una ciudad sombría

Las mañanas en Nueva Orleans, especialmente ahora que es temporada de huracanes, son húmedas y neblinosas. El sol, que siempre se despierta más temprano, ya recalienta el asfalto que no alcanzó a enfriarse en la madrugada. Los angostos callejones del French Quarter huelen al Mardi Gras de la noche anterior. Los grandes bloques de casas y pequeños negocios resguardan en su centro jardines privados que otorgan a éstos cualidades misteriosas.

Se le conoce como French Quarter al primer cuadro de la ciudad, delimitado al este por la avenida Esplanade, al oeste por Canal St.; al sur por el río Mississippi, y al norte por Rampart St., donde, como su nombre francés lo indica, se había erigido un muro. En las inmediaciones de Rampart se encuentra el Cementerio St. Louis núm. 1.

Según especialistas en la materia, Nueva Orleans es la ciudad más embrujada de Estados Unidos, y esto se puede deber a que no solo es una de las más antiguas, sino que es quizá donde convivieron muchos tipos de creencias y de religiones.

Para comprender el cúmulo cultural, social y étnico tan peculiar reinante en todo el estado de Louisiana, que ha servido de caldo de cultivo de todas estas creencias, es necesario remontarnos a la primera mitad de los 1700, cuando los barcos de los colonizadores franco-canadienses recorrieron el largo río Mississippi desde lo que ahora es Ontario, Canadá, hasta el delta con el Golfo de México. A la tierra pantanosa que encontraron ahí la llamaron La Nouvelle-Orléans. Tras promocionarla en Europa como un paraíso en el Nuevo Mundo, comenzaron a venir los primeros colonizadores, más aventurados que precavidos; y más tardaron en desempacar que en darse cuenta de la realidad de la situación. El suelo cienegoso era poco útil para la agricultura; el clima casi tropical propiciaba enfermedades como la malaria; y la constante batalla con las tribus nativas que habitaban la región, convirtieron a la tierra prometida en algo muy parecido al infierno. Tampoco ayudaba mucho que buena parte de los europeos embarcados fueran criminales y convictos a los que se les dio a elegir entre seguir enarcelados o viajar a América. El gobierno francés pronto se deshizo de esta lejana provincia, misma que pasó a manos españolas.

Con los españoles, la rebautizada Nueva Orleans prosperó como nunca. El gobierno ibérico, por medio de las plantaciones de algodón y caña de azúcar, hizo florecer el comercio. Para esto fue necesario traer mano de obra barata, y no había mano de obra más barata que la de los esclavos. Tras fracasar en el intento de convertir a las tribus indias en servidumbre. Los colonizadores europeos miraron hacia África. Los esclavos, a pesar de su condición, tenían algunos privilegios: podían reunirse los domingos en lo que después fue conocido como Congo Square, a bailar, cantar y tocar sus tambores. Los primeros esclavos, los africanos, no representaron mucho problema para las autoridades; pero cuando se comenzaron a comprar esclavos provenientes de islas caribeñas, la comunidad se vio enfrentada a algo que los sobrepasó: el vudú.

Capítulo II. Gris-Gris para todas las maldiciones

Datos históricos por demás interesantes dicen que en 1782 se decretó una ley que prohibía la adquisición de esclavos provenientes de Martinica, “pues son proclives a practicar el vudú y son un peligro para la sociedad”. Apenas diez años después, se prohibió también el ingreso de esclavos de República Dominicana por la misma razón. Sin embargo, las raíces del vudú ya estaban plantadas en el mismo núcleo de Nueva Orleans y, poco a poco, probaría ser una fuerza que no podría ser controlada.

Acostumbrado ya al calor y a la humedad, recorro las calles del French Quarter. No tardo mucho en hallar alguna de las varias tiendas de parafernalia vudú que ofrecen al visitante remedios y amuletos contra todo tipo de males. De todos el más potente es el llamado Gris-Gris, mezcla de polvos mágicos y objetos personales, que pueden ser cabello, uñas o prendas de vestir.

La historia del vudú en Nueva Orleans data mucho antes que el nombramiento de Marie Laveau como reina absoluta de esta religión, pero con ella cobró, si no más fuerza, sí más notoriedad. Tal fue el alcance que estas prácticas tuvieron, que pronto dejaron de ser exclusivas de los esclavos, extendiéndose también a los criollos de color, las personas de color que eran libres, y hasta los europeos blancos de clase media. Todos temían a la perdición que un maleficio vudú traería a sus vidas, y cuando esto pasaba, hecho que al parecer pasaba muy seguido, los afectados corrían con los mismos doctores y magos que habían fabricado el hechizo, para obtener el antídoto. Era un negocio redondo, y Marie Laveau, como los demás altos mandos, vivían bastante bien.

Se mencionan varias demostraciones públicas donde Laveau evidenció el poder de su magia, la más importante sin duda fue cuando impidió la ejecución del hijo de uno de sus clientes más importantes. Cuando se disponían a colgarlo, la soga se rompió y, por si no hubiera bastado, cayó una tormenta que obligó a suspender el acto.

Aún después de muerta, la lideresa más importante que ha tenido el vudú en Louisiana, sigue siendo objeto de peticiones y rezos. Se afirma por estos rumbos que si visitas su tumba en el Cementerio St. Louis Núm. 1, dibujas tres “x” sobre su lápida, y pides un deseo, éste se cumplirá. Creo estar lo suficientemente cuerdo como para no obedecer a estas habladurías.

Capítulo III. Vampiros S.A.

Nueva Orleans, dejando a un lado fantasmas y hechiceros, ha tenido su buena cuota de criminales. Aunque algunos de estos hayan sido reales, como el Asesino del Hacha, que irrumpía sólamente en las casas donde no se estuviera escuchando jazz; muchos de estos son meras leyendas urbanas. El personaje ficticio más grande de estas cálidas tierras, a diferencia del tipo del hacha, no precisaba armas para atemorizar a los pobladores. Bastaba con dos afilados colmillos.

No está claro cuándo fue que el mito del vampiro surgió en esta ciudad tan lejana de la Rumania de Vlad Tepes, personaje histórico en el cual Bram Stoker se basó para el libro Dracula. Tal vez haya venido con los inmigrantes de Europa del Este. Al menos así lo relata Anne Rice, escritora oriunda de Nueva Orleans, en su Entrevista con el Vampiro, texto que situó a Lestat y a Louis, icónicos vampiros victorianos, a cargo de grandes plantaciones, con muchos esclavos con los que saciarían su sed de sangre.

En su larga saga vampírica, que abarca diez tomos, Rice ubicó sus personajes en varios puntos de esta ciudad. Si tomáramos por cierto lo leído, tendríamos que encontrar a seres pálidos e inmortales rondando las tumbas del Cementerio St. Louis Núm. 1, o sentados en la terraza del Café du Monde en el turno vespertino. Pero no, los únicos cuasi-vampiros con los que uno se puede topar visten de negro, lucen una gran variedad de piercings y escuchan música gótica. Muchos de estos pertenecen a la Asociación de Vampiros de Nueva Orleans (NOVA, por sus siglas en inglés).
Belfazaar Ashantison, Zaar para sus amigos (o quizá también para sus víctimas) es uno de los líderes de esta peculiar asociación, donde todos los miembros son autodenominados vampiros. Independientemente de los inimaginables temas que han de tocar en sus reuniones nocturnas, llama la atención que cuentan con un programa de cesión voluntaria de sangre para ser, obviamente, ingerida por los miembros. Me encuentro interesado en dejarme convertir en un ser inmortal no para pertenecer a dicha organización, sino porque los no-muertos, enfundados en largas y gruesas capas, parecen no sufrir los estragos del caluroso clima que abraza a la ciudad.

Dejo que mis nuevos amigos vayan, como dicen hacerlo todas las noches, al bar de estética gótica Dungeon, muy cerca de Jackson Square. Yo prefiero cenar en un restaurante normal. Arnaud’s (ver punto 4 del recuadro), en la Ave. Bienville suena tentador. Mientras espero que me sirvan la especialidad de la casa: sopa de tortuga. Pienso con tristeza que el deseo que pedí frente a la tumba de Marie Laveau no se ha cumplido. Celebro no haber sido mordido por ningún vampiro, no podría soportar subsistir únicamente a base de sangre, sin probar esta deliciosa sopa.

Antes de abandonar el local, agradezco y felicito al señor que se mantuvo parado observándome desde la entrada. Será la iluminación a media luz del restaurante, o será que estoy cansado, pero bajo sus cejas, donde deberían haber ojos, no había nada. Se despide levantando lentamente la mano. Aunque no haya presenciado ningún fenómeno paranormal, mi recorrido por la Nueva Orleans oscura ha tenido un excelente final. Magnífica cena en Arnaud’s. Vaya señor tan amable.

(Recuadro)

Los cinco lugares más embrujados de Nueva Orleans
Para buena fortuna de los viajeros con gustos por lo oculto, esta ciudad tiene muchos rincones con supuesta presencia paranormal. Sea cierto o no, resulta interesante conocer los acontecimientos que hicieron de Nueva Orleans la ciudad más fantasmas por metro cuadrado de todo Estados Unidos.

1. Mansión Lalaurie. 1140 Royal St.
La gran casa del matrimonio Lalaurie presenció las torturas más atroces perpetradas por los dueños hacia sus esclavos.

2. Cementerio St. Louis Núm. 1. 425 Basin St.
Hogar de los restos de, entre otros, Marie Laveau, famosa reina vudú. También aquí el actor Nicholas Cage tiene una tumba reservada. Qué terror.

3. Hotel Le Pavillion. 833 Poydras St.
Los huéspedes de este hotel en el corazón de Nueva Orleans afirman haber visto una cadavérica adolescente con vestimenta del siglo XIX.

4. Restaurante Arnaud’s. 813 Bienville Ave.
Se dice que el fundador de este restaurante, Arnaud Cazenave, sigue visitando y trabajando aquí a pesar de que lleva varios años muerto.

5. Esquina de Canal St. con City Park Ave.
Este lugar, que ahora alberga la intersección de dos importante vialidades, solía pertenecer a varios cementerios.

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