Metí el fado en el bolso. Autor: María Pasquín

Metí el fado en el bolso, sin arrastrar su tristeza…una casa portuguesa, una sonrisa, besos y el Atlántico en la retina…enero y la piel…Lisboa se metió en mí como  el desasosiego de Pessoa en su libro y, en su noche, paseaba sus palabras por la ciudad…”Hay en Lisboa unos pocos restaurantes o casas de comidas en los que, encima de una tienda con hechuras de taberna decente, se alza un entresuelo que tiene el aspecto casero y pesado de un restaurante de ciudad pequeña sin tren. En esos entresuelos poco visitados, excepto los domingos, es frecuente encontrar tipos curiosos, caras sin interés, una serie de apartes en la vida.”

Aterrizamos en la Alfama buscando la alcurnia de una casa de fados recomendada, para recalar en un entresuelo de los señalados. Afortunadamente, la tarjeta guardada, o escondida, en uno de los múltiples departamentos del bolso de tela de inspiración andina, a tono con la falda geométrica de Givenchy con la que había posado los días previos, no se dejaba a encontrar. Sitio para dos en una mesa corrida, compartida con familia portuguesa. Mar y tierra sobre la mesa, Frango del Alentejo con aroma a cilantro y bacalao exquisito, a la parrilla con pequeñas papas todavía con piel…Cerraba los ojos la mujer joven que llevaba su pena a nuestros corazones, cantando para dentro, negro su pelo, esbelta su figura, su voz, divina…salta el móvil desde el bolso a mi mano, como si cobrara vida…fotografía, video y grabación para enlatar el momento…y ya…nunca más…vuela la noche en manjares, voces y vino… Un tipo  de esos de Pessoa, curioso, casi más ancho que largo, toma la palabra, la canción, cautivando a la concurrencia con su pobre voz bronca, haciendo rugir la risa de los comensales. A dúo, las cuerdas, española y portuguesa en íntima conversación de miradas y risas, desgranan cada melodía.

En el recoveco del entresuelo, donde apenas cabe un alfiler, se apretuja una nueva cantante, edad mediana, figura de guitarra vertical y voz arrabalera. A dos, cantan fados de amor de los que me gustaría entender, que se entiende, su letra. Uno, dos cantantes más…discurre la noche en prenda…Un Oporto sobre la mesa brinda el sabor del postre y la copa, un uno en todo. En el tocador de señoras, me retoco los labios con la nueva barra de Shisheido color rosa oriental, alojada desde el aeropuerto en una cremallera recóndita de la bandolera multicolor. Me deleito y regodeo en este acto trivial. Siento que soy heterónima…sin saberlo, me preparo para uno de esos apartes de la vida.

Con gran bombo y boato, María Rachelle, la estrella de la noche, es anunciada por un hombre enamorado.  Una mujer prodigiosa, toda humanidad espléndida, se desborda desasosegada en la pista. Su pelo corto y ralo, su vestimenta, un uniforme rayado, majestuoso, de cocinera. Las palmas se baten bizarras coreando la melodía favorita de Amalia y mi acompañante sonríe magnánimo. María Rachelle inunda el entresuelo con la calidez de la infancia traída en melodías…su abuela… “Numa casa portuguesa fica bem pão e vinho sobre a mesa”…como em esta casa de comidas poço vistada…amarilla, la melancolia…emociones positivas. Magia y saudade de fado.

Anuncios

Un Comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s