La Protesta del Samán. Autor: José Luis Toro Mora

Subía por la avenida, había cola, esas interminables colas, que son interminables tanto en el tiempo como en el espacio. Sentado de copiloto pude, en medio de mi aburrimiento, desarrollar varías teorías que explican el origen del universo. Al ver que la cola no avanzaba tuve el tino, mejor dicho la desfachatez de bajarme del carro y caminar hacia donde se supone que debía empezar la cola.

Digo desfachatez porque lo que vi, ¡Si supieras lo que vi!, lo que vi raya en la locura, y lo peor es que no pude documentarlo.

Mientras iba caminando pregunté al popular mirón de la esquina: ¿Qué sucede?

Una protesta verde – respondió el reportero.

Yo, en mi inocencia, en mi candidez, o en mi inexperiencia, pensé que eran cosas de copeyanos. -¡Ja!, Protesta verde, ¿Por qué no se meterán en los barrios a construir las estructuras que necesitan? – me dije. Pero no era eso, hubiera preferido que lo hubiese sido, no era cosa de adecos ni copeyanos, de banderarojistas, no era cosa de pesuvistas ni de universitaros, creanme, con todo el corazón les digo, que hubiera preferido que lo hubiese sido.

Era cosas de árboles, sé que no me crees, yo tampoco creía lo que miraban mis ojos, todavía lo dudo, pero allí estaban, almendrones, robles, naranjos, caobas y bucares, aunque si te digo la verdad, todos parecían sauces llorones. Habían entrado en paro, de ahora en adelante no transformarían mas dióxido de carbono en oxígeno, recordemos que el oxígeno es altamente volátil y en altas concentraciones podría hacer explotar el bosque, por tanto, el rey del bosque, a quien no le gusta mucho el tema de la concentración, después de consultarlo durante horas con el Sr. Buho, mejor dicho con el mono, mejor dicho con el dueño del circo (le dicen circo porque el lugar donde se reúnen los altos dignatarios del bosque es de forma circular, pero dicen las mariposas que no se sabe si el circulo donde ellos hablan es propiedad del rey, del buho o del dueño del circo y por eso tanta consultadera), decretó (o decretaron según se quiera interpretar) ilegal la producción de oxígeno y que todo árbol, arbusto, planta ornamental o todo aquello que tenga la capacidad para realizar el proceso de la fotosíntesis, debía registrarse en un “registro único de productores y productoras de oxígeno”, cuyo objetivo principal era de “proveer de la mayor suma de felicidad posible” al bosque.

Sé que suena loco, pero fue real, allí estaban los árboles protestando y defendiendo su derecho a producir oxígeno sin necesidad de pertenecer a ningún sistema biométrico.

A mi lado una viejita harapienta lanzó una frase al viento que sigue resonando en mi memoria: “Es que en este país no producimos ni el aire que respiramos”.

Nota: Creo que te diste cuenta que el título de este cuento es contradictorio, pero si no pude ver al samán protestando es porque también están escasos.

 

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