Granada. Autor: Txaro Sánchez Granados

EL GATO SIN RABO

“La oreja, la oreja…” es lo primero que escuché al poco de adentrarnos en una de las empinadas calles del Albaicín, cuya estrechez se acentuaba en el tramo por el que íbamos a pasar.

Le avisaban al taxista, con ese cambio de entonación con el que los andaluces construyen plural y singular, de que abatiera los espejos retrovisores para poder pasar. Superado, seguimos ascendiendo por ese barrio que parece un pueblo antiguo hasta llegar a la casa de Jose. Una preciosa casa de tres plantas cuya protagonista es una escalera de caracol cuya materia adherida al hueco determina la fisonomía de los espacios y por tanto a sus moradores

Nada más dejarnos solos su dueño, un ímpetu de ir hacia arriba, en la cima de la casa la terraza y en ella, de frente, sin más posibilidad de otro frente toda la anchura de la Alhambra :desde el Generalife a la izquierda como un edificio que parece ajeno en su blancura hasta la Alcazaba. Los visitantes se deslizan por la terraza de la Torre de la Vela y pasan a la del Cubo. Con las piernas apoyadas en la reja del balcón parece que tengo nada menos que la Alhambra a mis pies.

El Albaicín y la Alhambra mantienen un idilio eterno de miradas.

Eran las últimas horas de la tarde de un domingo de mediados de septiembre y decidimos salir sin programación, sin guía…simplemente a dar un paseo. Y nos lo encontramos: un espacio amplio con varias personas musicando el momento y muchas más viendo y escuchando. Anticipo de que en Granada ambas actividades tienden a unirse.Se trataba del mirador de San Nicolás, un lugar esperablemente sublime por la promesa periodistica al narrar la estancia de Clinton en el mismo. Se cumple.   Afortundamente en Granada se pueden disfrutar de vistas igualmente maravillosas desde otros puntos de la ciudad.

Alojarse en el Albaicin significa poder dormir profundamente en su calma nocturna. Y a las 7 de la mañana, renovada e ilusionada subí a la terraza, con el café en las manos y descalza para sentir la humedad de las baldosas en los pies y v,i amanecer la Alhambra. La luz de un potente foco que parece salir de la cornisa del palacio de Carlos V se mezcla con los primeros albores y crea un relieve luminoso en las almenas. Va subiendo la luz, el día parece venir de abajo y de detrás de la Alhambra. El día vence y el hecho de que se revele lo existente me produce el efecto de animación y alegría que imprime la renovación y constatación de la vida. Y creo que viajar, despertar en un lugar no habitual refuerza dicha sensación. Un gato detiene su recorrido y en su pata alzada noto el reproche a mi presencia extraña. La primera luz es pálida y fría y así aparece la Alhambra, no obstante, poco después emerge el rojo, surcando la piedra con ráfagas ligeras como pimentón espolvoreado.

Voy cumpliendo uno de mis objetivos en éste viaje: ver la Alhambra a diferentes horas, desde diferentes perspectivas, de lejos, de cerca, desde abajo, por fuera…

POR DENTRO

La Alhambra requiere tiempo para recorrerla, no se puede concebir como un único monumento. Fortaleza, ciudad, conjunto… nos aproxima más a la idea de lo que supondrá la visita a la misma. Se puede acceder desde varios puntos, nosotros decidimos hacerlo por la cuesta de los Chinos, lentamente y mirando hacia atrás de vez en cuando para percibir los matices cambiantes del paisaje fruto de la ascensión. Ya en el camino comienza a hablar el agua, porque el agua tiene un lenguaje propio en la Alhambra. Comenzamos por la Alcazaba y bajo sus banderas admiramos Granada, ahora vemos el Albaicin, hemos dejado tendida en la terraza una toalla fucsia que nos señale la casa y cuesta distinguirla. Los cipreses, no muy grandes, como guardianes de las casas, las casas que son carmenes que guarecen la vida, porque en realidad los cipreses simbolizan la inmortalidad del alma. Y la combinación de su verde oscuro y sus blancas casas me resulta elegante.

La visita tiene un momento clave, que es la visita a los palacios nazaríes. Se reglamenta mediante un horario previamente concertado e inexorable. Cuando llega el momento de entrar me pareció notar un brio especial en los pies alzados para cruzar los umbrales, el júbilo de habitar el cuento mágico y oriental que llevamos dentro. Los jardínes tienen algo que ver con el Paraíso del que me hablaban en mi infancia. Se me ocurre resumir que la Alhambra es la belleza del cielo y de las estrellas hecho piedra.

A LOS PIES DE LA ALHAMBRA

A las faldas de las dos colinas en las que se asientan el barrio del Albaicin y la Alhambra están la Carrera del Darro y el paseo de los tristes, preñado dicho recorrido de monumentos me hace sentir que tal vez a dosis menores y aisladas se digeriría mejor tanto rincón bonito. Hay varios lugares para visitar como , por ejemplo El Bañuelo,una casa morisca , la casa museo de San Juan de Dios, un buen hombre que murió de rodillas, de las esculturas que lo representa en dicho trance, es una de ellas, pequeña . queriendo el artista relflejar su alma elevándose a las alturas alarga el tronco hasta el extremo de parecer que está de pie, pero asoman los pies, una deformidad tierna que superpone la mística a la fiel representación de la anatomía humana. Pero quiero señalar de la visita a la casa museo un medio busto que representa   una dolorosa de Pedro de Mena la cual   produce en mí lo que hasta ahora únicamente me había pasado con personas: se me contagian las emociones,   he venido a Granada a admirar la belleza de todas las expresiones artistícas y no se puede obviar el valor de ésta imagen vehiculando las emociones., echa por tierra el argumento que ensalza la radicalización contra las representaciones de la imagineria religiosa y merece la pena admirarla desde el punto de vista que se le antoje al pensamiento de cada uno. En otro orden de cosas, también se puede ver ,pero mejor no tocar si no se quiere tener descendencia, un bastón de Juan Ciudad o San Juan de Dios.

BASTO ALBAICIN

Rincones, placetas, recodos, aljibes…subidas ahogadas y bajadas con los músculos y las articulaciones de trapo. Vespas como el medio que mejor serpentea por las arterias del barrio.

Muchos rincones: la casa de los Mascarones y también el carmen de las tres estrellas, tres estrellitas que me hipnotizan por humildes, por la importancia de los detalles para conseguir la magia.

Flan o flan como postre en la Peña de la Platería, la más antigúa, la que ofrece flamenco los jueves, un sitio donde comer salmorejo, migas o habitas con jamón, los gatos vienen a la mesa, uno mira y espera, el otro pasea su rabo por el respaldo y la base de los asientos. Es un lugar donde comen también los granainos, porque Granada tiene innumerables sitios donde comer,la mayoría expresamente destinados casi exclusivamente a los turistas, a cualquier hora, porque abastece y nutre cualquier ritmo horario, porque de cualquiera de ellos proviene la gente que la recorre.

Una placa recuerda la casa dónde nació Morente y su “Omega” con Lorca en su letra y Lehonard Cohen en sus tonos,   resuena extendiendose por la cuesta del Chapiz hacia Sacromonte.

También en el Albaicín se halla el monasterio de la Concepción. Nos abre la puerta una monja con la bata a cuadros de las faenas y nos dice que enseguida vendrá el guía, un chico que es cofrade de la hermandad y que a su conocimiento añade sentimiento y gracia. Agradecemos su generosidad de explicaciones, varias salas en las que por ejemplo se puede ver una colección de niños Jesús de diferentes tamaños que las monjas entregaban como dote al entrar en el convento y que parecía querer amortiguar el instinto maternal que se supone a todas las mujeres (?) o las imágenes que saldrán en procesión, como “la Concha” y “E Manué” , destaca nada más entrar en la sala la cabeza de la Virgen que parece desproporcionada en un cuerpo sin manto. Todo es Granada.

Cuando termina la visita el guía nos indica el lugar de la tienda y en ella está la hermana que nos ha abierto la puerta, vestida ya con su hábito beige detrás de un mostrador en el que yo sólo veo las bandejas de unas espectaculares rosquillas de anís y pastas de almendras.

La Granada católica tiene muchos exponentes, decidimos visitar uno de ellos: La Cartuja. Obligados a alzar el cuello hasta la molestia para apreciar las alturas confeccionadas, los laterales… necesitando mucho tiempo para admirarlas, el recargado sagrario y la puerta y las cajoneras de taracea, 34 años de maravilloso trabajo del lego José Manuel Vázquez a nuestra vista. Otra visita es al Monasterio de San Jerónimo con su impresionante retrablo .Si en la Alhambra hay multitud de versos, los católicos se sirven de la imágen , una representación de María Egipciaca o una pequeña y encantadora Virgen de la Pera.

Antes de la Cartuja y el Monasterio de San Jerónimo se encuentra uno más facilmente con la Catedral donde se halla una Inmaculada de Alonso preciosa. Pero, a mí,   tal vez por tan diferente a lo que conozco ya de lejos me llama la atención la primera imagen de Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Granada, que supondrá mi bautizo iconográfico de la misma, virgen sedente con la parte superior triangular que termina en un trapecio isósceles sobre el que descansa Jesús, pienso que los emos o góticos católicos elegirían ésta imagen como la más representativa de su estética, mármol de diferentes colores,   mármol rojo para el fondo, mármol blanco para la virgen, negro para su manto, gris, verde…

Afuera esperan Bib Rambla y la Alcaiceria. Alternamos La Capilla real y la Madraza, en la primera queda patente la supremacía de quienes ganaron y decidieron tener presencia eterna que lo atestiguara, de la capilla me hipnotiza el negro del manto de la Virgen en una de las pinturas flamencas de la colección privada de la reina .Prefiero pensar en el lema de los nazaríes que la guía de la Madraza nos ha recitado momentos antes: “Sólo Dios es vencedor”.

Más alejado, el Realejo, donde se regresa a la vida actual, a las calles anchas, el asfalto, la llanura..Mucha gente celebrando estar vivos y mucha granadina artisteando en su propia vestimenta. Donde está La casa de los tiros, en ella una lámina didáctica con la que entiendo a la perfección la expresión “pelar la pava” , también se guarda una versión facsimíl del manuscrito del “Romance sonámbulo” de Lorca, con los borrones, rectificaciones y dudas del genio, con unas uves puntiagudas y verdes de por sí. Y resulta ineludible la visita a la casa de veraneo de los padres de

García Lorca, “La huerta de San Vicente”que hoy en día se encuentra anexa a la ciudad pero que entonces estaba a dos kilómetros de distancia. Cuando esperamos la hora para la visita guiada, sentados en uno de los bancos situados frente a la casa, pasa por un lateral del banco, como repasando su borde,un gato sin rabo, sin rabo empinado,todos lo vemos, gallardo y sin perder ápice de equilibrio.

De la visita me llena la emoción de unas chicas argentinas por hallarse frente a los objetos que tocó y miró Federico y una serie de cuatro fotografías de él tocando el piano, el cuello ligeramente alzado y mirándose por dentro, un privilegio ver a Lorca en ese fluir placentero y creativo que reflejan las fotos. También me gusta verle vestido con el mono de faenar el teatro de su compañía “La barraca”.

SACROMONTE

La sensación al primer vistazo es “yo no agredo a la naturaleza, yo me adapto y me encaramo a ella”, porque el paisaje es de cuevas en el monte Valparaíso,   rodeadas de chumberas derrotadas por el peso de los higos maduros y desperdiciados. Me queda la duda de saber si hay platos en la gastronomía granadina que los usen. Sigue siendo agreste, poco transformado y de ahí su personalidad.

Coronándolo se encuentra la Abadía. Para optar a visita guiada dice un cartel que es preciso un mínimo de tres personas, nos hallamos los dos confiados en que aparecerá más gente y poco antes del horario ocurre; se va acercando con el andar pausado de quien disfruta y sincroniza pasos y miradas a los lados en el deleite de la belleza un chico extremeño. La visita contiene vitrinas que guardan los curiosos libros plúmbeos, que considero el máximo y más imaginativo exponente de la omnipresente contienda   entre católicos y musulmanes que es Granada.. Un tratado de Averroes. Las catacumbas con dos piedras a las que se puede besar en función de si deseas emparejarte o lo contrario. Está más desgastada la primera. . En la Abadía se guarda el Cristo de los gitanos, me gusta la flexión de su nuca que resume   la humildad que confiero al Jesús que me me gustaba oír a los religiososde mi infancia. La talla verdadera no sale en la procesión de Semana Santa porque sufría mucho en las 12 horas que dura y a la que los sacromonteños alumbran con teas en la noche cerrada, me encantaría presenciarlo, con esa esencia de lumbre,de oscuridad, de ausencia inluso del artificio de la electricidad. Desde el exterior de la Abadía más vistas “nicolásicas” igualmente sublimes.

SALIR DE GRANADA CIUDAD

La autovía dirección a Motril es la que te lleva a la Alpujarra o Alpujarras ,porque pertenecen a las provincias de Granada y Almería. Precisamente esa mañana en la radio han mencionado a Pampaneira como el pueblo más bonito de España, es como caminar por turrón duro, su arquitectura imbrincada , empinada, los tinaos, la fuente lavadero, sus tejados planos con las piedras pequeñas aislantes e impermeables esparcidas por los mismos, las chimeneas…En Bubión visitamos la casa museo completa, donde facilmente se imagina la vida de sus habitantes, renacentistas para

autoabastecerse en el radical aislamiento geográfico y climático de antes. Es en Bubión donde Rosario nos trae dos sopas: de menudillo y de ajo más un plato alpujarreño con el que entendemos el maridaje perfecto de la gastronomía y la orografía del lugar,de la primera emana toda la fuerza para recorrer la segunda. Y los dulces alpujarreños con su boina seca ,dura , en blanco …como la fisonomia del lugar. Capileira…. todo bello y singular. Y decidimos ampliar el diametro de la visita.Visitamos Ferreirola a la hora en la que hay un gato en cada poyo de la ventanas echando la siesta , no les perturba nuestra presencia, permanecen confiados, tranquilos. Llegamos a Fondales con una fuente repleta de baldosines “trovando” eternamente para todo aquel que se acerque. Un letrero indica “Atalbeitar” 2 km. Y bajamos, más gatos tranquilos y más rincones de casas adaptadas a la naturaleza. Aparece un hombre y nos saluda, ni reacciono, me he vuelto citadina o extrañamente moderna y he perdido la costumbre que teníamos de saludar a toda persona con la que nos cruzabamos cuando ibamos al monte de jóvenes en mi pueblo, lo contrario resultaba inconcebible, con el saludo nos señalabamos y reconocíamos como humanos en la vastedad de la naturaleza que esplendorosamente siempre nos sobrepasa , menos mal que mi compañero le ha saludado.

Muestro mis dudas sobre el lugar exacto en el que nos hallamos y el mismo hombre, de vuelta, oyendo mis disquisiciones en alto   participa para sacarme de dudas.Sí,estamos en Atalbeitar   De los viajes, son los encuentros humanos,los que dejan más huella en mí, son los mejores monumentos y completan la experiencia del viaje. . Imbuida del silencio, el acercamiento de otro ser humano en ese espacio de calma, se produjo una conversación propia de ese escenario en la que no se filtran las sensaciones antes de expresarlas“Qué bien viven los gatos aquí” dije yo, “sí,hay muchos, aunque son territoriales, bisbiseas para llamarlos y acuden muchos”. Habló de los gatos sin pertenencia, en todo caso unicamente al lugar.. En este silencio que “ a otro volvería loco” dijo,él encontró su sitio hace bastantes años. Viviendo los tres los cuarenta y tantos años de nuestras vidas me lo imaginé entonces cuando él supo entender su propia singularidad ,la que sólo nos vale a cada uno de nosotros, supo entenderse y se salvó.   Nos habló de los servicios médicos y educativos de la zona, de la maravillosa construcción del suelo que pisabámos, de que en el sur de Marruecos había construcciones parejas, de que en invierno se juntaban para acompañarse los 11 habitantes y se produjo un entusiasmo sin disimulo al coincidir en la dicha que supone poder tener un buen libro a mano y poder leerlo con la calma con la que pasan las horas oscuras del invierno. Posteriormente salió quien creímos era su mujer, cogió un higo directamente del árbol para el camino, también sus hijos y todos nos saludamos. Quién vaya a la Tahá , ocurrirá lo de siempre, para algunos no habrá nada y para otros…todo.

Cuando paramos en Lanjarón (al principio de la visita a la Alpujarra)lo hicimos a una hora en la que no podíamos probar su agua pero en Fuente Agría rellené la botella, se dilató el plástico vacio inflado por el gas y posteriormente se tiñó de naranja, sólo entonces caí en la cuenta de que uno de los pueblos cercanos se llama Ferreirola. También en el camino,Trévelez y su jamón.

De regreso, en la oscuridad ,los pueblos de la Alpujarra parecían sobrios belenes estampados en la montaña.

ULTIMO DIA EN GRANADA

Un cielo encapotado del que estoy más cerca en la terraza dibuja una Alhambra más robusta. Las piernas que he colocado sobre la reja del balcón acusan mi propio resquebrajamiento en forma de capilares color vino, como grietas en las columnas de cualquier edificio. Lo estático y permanente de los habitantes de un lugar es lo contrario para los viajeros, aquí y siempre se queda la iglesia de San Gregorio que corona y frena una calle en la que por la tarde se extienden la algarabía de las terrazas hasta la misma puerta, a la que entramos y vemos frente al altar una sábana blanca ligeramente abombada y que… ¿se ha movido?, sí, se trata de una monja, llamadas popurlamente “las novias” por el albo hábito que visten para orar permanentemente. Nos queda tiempo para un último desayuno de churros o de tostas de aceite, tomate…nos sentamos en un rincón del Albaicin, uno de tantos que permite dejar una pierna colgando hacia fuera, la gente nos mira, yo estoy tranquila: como un gato.

Vamos hasta donde dejamos aparcado el coche, el Albaicin no los admite facilmente. Barro el aire de Granada con mi mano echa un puño para intentar atrapar su aroma como si de un guiso se tratara,es imposible, especias, majoletas, azofaifas, las madreselvas, jazmines, azucenas de los carmenes, aceite, té, cachimba, piononos, higueras…

Es cuando llegamos a nuestra casa y al abrir el maletero me golpea la cara todo el anís de las rosquillas de Sor Lucía y curiosamente, en el alarde sinestésico que supone viajar veo la fantasía de los mocarábes como si estuvieran unos metros sobre mí.

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