China en el recuerdo. Autor: Esmeralda Vizcaíno

中國的記憶

Cuando el ojo no está bloqueado 
el resultado es la visión
cuando la mente no está bloqueada
el resultado es la sabiduría
y cuando el espíritu no está bloqueado
el resultado es el amor.
Proverbio  chino

Emprender viaje alimenta mi alma y mi corazón. Los lugares por descubrir, las sensaciones que experimento las atesoro para soportar los inviernos con su carencia de luz.

En la memoria los recuerdos, las fechas, los nombres de los lugares se van difuminando, pero la pureza de las vivencias brilla con mayor intensidad a medida que el tiempo pasa. Así, ante esa mirada retrospectiva surgen días que guardo como nitidez como el primer día en China, otros en cambio van como el río Amarillo, atravesando gargantas y retorciéndose sobre sí mismo, tomando el color de la vegetación del lugar, el sabor de un té de osmanto, y van transformando el diario de viaje en una corriente fluida de sensaciones, que a veces se detiene ante las voces de los guías que nos acompañaron.

Buen viaje a través de esta fragmento de mis recuerdos de mi viaje a China del 21 de julio de 2013 al 4 de agosto de 2013. Ramadán de 2013, año de la serpiente.

TOMAMOS TIERRA EN CHINA

21 de julio 2013 por fin iniciamos viaje tras cancelarse la salida del 3 de julio. ¿Qué me deparará el destino? Volamos hacia el amanecer, restando horas al día de hoy, y en esa cuenta atrás nos abandona Morfeo. Las azafatas cierran las persianas y ya no puedo ver ese sol sobre las nubes, pero mis ciclos de la vigilia y el sueño se detienen. Alrededor dormidos y desmadejados los niños, los hombres orientales sueñan. A mi lado enroscado sobre sí mismo un hindú sueña con el incremento de sus ganancias  con la venta de zapatos en Beijing.

6:36 tomamos tierra y al salir del aeropuerto el cielo está gris, la atmósfera es densa. – ¿Habrá en el hotel un bote de oxígeno para inhalar? –  Sientes cierto mareo en aquella atmósfera calurosa, húmeda. A lo largo de las avenidas hombres en bicicleta con una mascarilla cubriendo parte de sus rostros pedalean. Mujeres mayores avanzan por las aceras cubiertas con las mascarillas blancas. Carriles de motos sin casco, bicicletas, coches, camiones, microbuses, la ciudad despierta y los edificios parecen sostener el cielo de Beijing. Cruzar la calle es un acto heroico y el caos circulatorio invade las entradas, indicaciones en caracteres blancos, incomprensibles, sobre fondo azul se van superponiendo hasta llegar a la salida más adecuada.

8:30 dejamos la habitación, tras darnos una ducha y ver la oferta de juguetes eróticos que se ofrecen pensados para satisfacer a los hombres.  Hasta las 18:00 no estaremos todo el grupo al completo, Fan la guía no contesta a nuestras preguntas, deja para más tarde la visita, insiste en que es complicado moverse con Beijing y nos emplaza a las seis para pagar a “un precio barato para los españoles el mercado de los bichos, ahora mejor dormir”.

Frente al hotel una D indica el metro. Nos vamos solas a explorar. Con una buena guía que incluye el plano del metro no vamos a perdernos, volveremos a Shilihe. YONGHEGONG LAMA TEMPLE es la estación a la que nos encaminamos, unos cuentos cambios de línea y llegaremos al Templo de los Lamas Yonghe Gong. Nos aguarda el pabellón de la felicidad infinita…

Al salir al exterior el calor pegajoso  ralentiza tus movimientos, y en el interior del vagón del metro encuentras cierto frescor. A pesar de la escasa distancia que te separa de los pasajeros recuperas energías. Oleadas de personas suben y bajan a un paso acompasado, como si de un solo cuerpo se tratase, atraviesan los túneles y en la superficie el caos del tráfico despierta tus alertas. Estamos en un lateral del recinto del Templo. Cada dos metros sobre la acera aguardan por su limosna luciendo sus mutilaciones, malformaciones, sobre una manta con la música como reclamo entre los vendedores de incienso.

Mazos de varas rosadas, amarillas para los budas te conducen a las puertas. Las espirales labradas en piedra, una frente a otra,  crean un campo de energías  que te purifican al cruzar el umbral del templo. Este espacio te acoge desde el jardín que atraviesas, tras dejar a los lados a los guardianes. Quemadores de incienso de dos metros de largo, semejantes a grandes cofres desde los que emanan las fragancias del incienso que te acarician. A la entrada de las estancias a los lados hay ruedas de oración, que aguardan la mano que los haga girar, y en cada giro las oraciones de extienden por el mundo. Desde el Tibet el budismo tiene en Beijing este remanso de paz. Entras en la Sala de la Armonía y dentro te aguardan los Budas de las tres edades: Sakyamuni (pasado), Kasyapa (presente) y Maitreya (futuro).

Las varas de incienso dan vida a otras varas que se elevarán sobre las cabezas de los fieles y harán una reverencia hacia cuatro puntos cardinales, para luego arder en el fondo del incensario. Mientras sobre el reclinatorio se inclinan tres veces, hasta tocar con la frente el suelo, con las palmas de las manos abiertas y mirando hacia el cielo. A los pies de las estatuas ofrendas de flores, y frutas. Los pabellones se suceden y en uno de ellos me sorprenden las sombrillas multicolores unas sobre otras, que se elevan y entre los arcos del templo contemplo el rostro sereno y compasivo del Buda de dieciséis metros, de madera de sándalo, que regaló el Dalai Lama.

Casi parece que han hecho el pabellón para albergarlo. Brilla en él la sonrisa del Dalai Lama con un hada¹ azul en sus manos.

Los dorados de las manos, el olor penetrante del incienso, así como la svástica, antiguo símbolo de buena fortuna y bienestar por venir, sobre el pecho de los budas, te susurran invitándote a hacer silencio.  Caminas a tu ritmo, tomando conciencia de cada paso y los ojos de los budas me hacen reconectar con la alegría de mi infancia, cuando todo era descubrimiento, sorpresa, y vivías el presente con absoluta plenitud. Observas el gesto relajado del monje que en un lateral toca la campana tras la tercera postración de los que oran. Entras en ese ritmo, la postración es acogida por un cojín cómodo, sigues ese ritmo de plegaria oriental sin dolor, sin resistencia, y juntas las manos delante de tu pecho. Una palabra te desborda, Namaste. Al contemplar la placidez del rostro y el gesto delicado de las manos que dan y reciben dentro de ti escuchas: – Namaste, reconozco la luz divina que hay en ti.-

Al salir tras comer una calles más allá encontramos el templo de Confucio, su figura esculpida entre árboles invita al paseo, sereno, reflexivo. Unas 190 estelas de piedra grabadas llaman mi atención por esa caligrafía que tal vez guarde las máximas de su filosofía.

Con la noche comienzan a verse cartones sobre los que dormirán hombres y mujeres esta noche. Y en el metro una pareja de ancianos recorre el vagón agitando una lata con monedas, mientras hacen sonar una música estridente como reclamo. Los taxis no paran, encontramos uno parado pero parece que no sabe dónde está nuestro hotel, así que desandamos el camino buscando una parada de metro, una D.

ABANICO DE ROSTROS CHINOS

La grandeza de esta tierra se hace patente en las extensiones sobre las que construían  sus palacios, y hoy en la altura que alcanzan sus rascacielos, tratando de alcanzar el azul del cielo que esconden bajo esta densa capa de polución, que te lleva a sentir cierto mareo. En sus calles la vida bulle, enérgica. Se entremezclan las imágenes de los inválidos en la indigencia, con los ciegos que cantan mientras mendigan en las escaleras del Metro, junto con los cochazos, y las familias comiendo en un parque, disfrutando juntos de un día de vacaciones. Todo ello se mezcla con el olor nauseabundo de ese tofu fermentado que te noquea, al doblar una esquina, y te hace correr para dejarlo atrás. Comida que se prepara en cualquier esquina, con la ayuda de unos carbones, comida por todos lados, a cualquier hora, comida rápida que absorben con ayuda de los palillos, haciendo ruido, y se entremezcla a veces con lágrimas en soledad.

La China de los mil rostros, que se mezclan en las calles, entre mis fotos. Las mujeres maduras bailando juntas en la acera de Shangai, entre las tiendas de ropa hacen su coreografía en plena calle, con la música bien alta, al caer la tarde, bajo las luces de neón que empiezan a encenderse, y así se mantienen en forma. Y los hombres maduros, en las mañanas, van al parque a practicar taichi. Juntos cantan fragmentos de Ópera en las calles de Xian. Hombres juegan al maghong y a las cartas en cualquier rincón de la calle, en un sofá que han sacado a la acera,  y al doblar la esquina estás frente a los centros comerciales, de cincuenta plantas, que no te permiten ver como en esa misma manzana hay edificios de tres plantas escondidos tras marañas de cables, viviendas desde las que salen a fregar en una palangana con agua sus platos, sus fuentes… bicicletas cargadas con bolsas repletas de plásticos, que triplican el tamaño del hombre que las trasporta.

El arte de la escritura lo practican sobre el asfalto de los parques, trazando con un pincel y agua los ideogramas que representan los deseos, las plegarias, tal vez alguna máxima de Confucio.

Los jóvenes encadenados a sus móviles de última generación, recorren en metro sus  circuitos diarios, y marcan su territorio con su cuerpo, aislando a sus chicas de la proximidad física de los demás. Se transforman en escudos que cargan con sus bolsos, con sus compras y las dejan confinadas en el espacio reducido que media entre la pared del metro y su cuerpo. Allí siempre encuentran su mirada, y ellas escapan a través de sus móviles, o tal vez conversan con ellos en diferido.

Hace tanto calor en la calle, ellas se protegen del sol con sus guantes,  pamelas, paraguas. Mientas ellos doblan sobre el pecho sus camisetas varias veces, dejando sus panzas al aire, ombligos refrigerados deambulan por las calles de Beijing, Shangai, Xian…

PINCELADAS GASTRONÓMICA

China es un viaje hacia el interior, descubrir las texturas de esas setas  chinas que se deslizan con una escurridiza suavidad hacia la garganta, tras jugar al escondite con los dientes y fundirse en una apasionada entrega a la lengua. Lo bocados que te permiten los palillos son un desafío a la gravedad y un deleite que te lleva a vivir intensamente el instante presente, en su plenitud. En ese bocado que se introduce de pato laqueado en Beijing te sorprenderá por la variedad de texturas, que van desde la porosidad de la torta de arroz, al crujir del cebollino con su aroma a tierra mojada por la lluvia, y a la vez el sabor agridulce del pato denso, y jugoso se expande hasta tu paladar y los aromas sutiles te embriagan mientras saboreas y contemplas como pliegan una nueva tortita con elegancia, para ofrecerte el siguiente bocado. Los colores giran en el centro de la mesa y los aromas intensos abren el apetito. Las posibilidades infinitas de combinaciones están al alcance de un par de palillos.

Sabores perfumados por las flores que acompañan la serpiente en el centro del plato.

Al paladar llegan los vapores de sabores que oscilan desde el salado, al amargo, agrio, dulce y picante. Sabores frescos que compiten con el tofu fermentado, compartiendo texturas secas y fluidas. Aperitivos que se deshacen en la boca cual manjar añorado, oloroso y sabroso. La comida china rica en matices se asienta en tu memoria.

Y en la cámara la foto de la fuente vacía en la que en su fondo dejamos lo más suculento para los chinos, las patas del pollo que usan como mondadientes.

JARDINES

Se agolpan  en mi memoria diversas imágenes de jardines, donde el equilibrio y la belleza de los sauces y los nenúfares junto con las rocas renuevan la intensidad de sus colores, mientras la lluvia torrencial cae y una voz se eleva alzando con ella mi alma. Sobrevolamos la superficie del estanque y revoloteo como el aliento de los peces de colores que se acercan la superficie sobre la  que la lluvia arrecia. Esa voz que cantando las andanzas de la bella Margot tejió complicidades vuelve a brotar, clara, limpia, y será el eco que palpite al ver las instantáneas de este jardín en la casa del Maestro de Redes en Suzhou y los Jardines de la Felicidad Yuyuan en Shangai. Esta canción al limonero de Mozart en la maravillosa voz de Naty estará ligada a estos instantes, bajo la lluvia, en uno de los pasillos techados de estos jardines de Shangai. El equilibrio entre los elementos que conforman este jardín, tiene el sonido de su voz y de esta tormenta que meció a los sauces que lloran de alegría sobre las aguas de las que emergen lotos.

Raíz de loto, ese fue el regalo del novio chino a su novia cuando tuvo que dejarla y emigrar. Una raíz de loto porque aunque se rompa en dos mitades siguen unidas por unos finos hilos, así será el amor que une a estas dos personas de duradero. Lotos blancos y rosados, lotos como semillas que dejamos en el camino hace tanto tiempo… que ya la memoria solo alcanza a desempolvar una sensación de familiaridad que me embelesó en la casa del maestro de Redes de Suzhou, en el lago del oeste en Hangzhou, en el río Li, navegando bajo el sombrero de paja, al ver los búfalos en las orillas y a las alacranes atados y con el cuello rodeado por una anilla, que facilita la pesca y la recuperación de la pieza al pescador.

El río Li discurre majestuoso entre montañas, en las que imaginamos caballos y vemos la estampa que aparece en los billetes de veinte yuanes con sus montañas, el río. En las pinturas chinas trazan esas montañas que invitan a la ensoñación, verdes,  con formas triangulares y bambús tienen su fuente de inspiración aquí en Guilin y en las márgenes del río Li. Las balsas de bambú recorren el río, con sus vendedores de tortugas, frutas…

Guilin con sus arrozales a ambos lados del camino, acequias por las que el agua discurre y entre el fango húmedo, el verdor de los tallos va dejando paso al dorado que atesora los granos de arroz. Cerca de la aldea  en las huertas los campesinos dejan sus sandalias de plástico al borde la carretera y descalzos trabajan con sus azadones. En el pueblo los hombres juegan a las cartas, casi a ras de suelo, y las mujeres mayores aguardan la llegada de turistas para mostrarles su casa, a un precio razonable. La casa con el suelo de tierra, sencilla, y sobre le aparador no falta la televisión, un camastro de madera hace de sofá, de cama, y de mesa, mientras una olla sobre la tierra aguarda… la ropa colgada de sus perchas y las perchas penden de una cuerda en una pared, tras la cual está la cocina, separada del resto de las habitaciones. No hay ni un libro. Parece que cocinan en distintos fuegos, en latas con carbón, en una especie de cocina de leña, y sobre un tazón restos de perro. Al otro lado de aquella estancia una pieza hexagonal de hormigón de al menos un metro y medio de diámetro y en el centro un agujero, en el que defecan. ¡Cuánta pobreza!

En el centro del pueblo hay un hermoso árbol, un ginkgo sus ramas enormes se extienden y cobijan los deseos de sus habitantes. Todos acuden a este árbol con un mensaje en el que muestran sus deseos. Los introducen en uno de los pliegues del tronco y aguardan a que los dioses se los concedan.  Es un árbol centenario y mientras todos miran su copa, mi mirada se queda atrapada en el as de corazones que pisa la guía. Esa carta me estaba esperando. La guardo y antes  de irnos de pueblo nos detenemos Naty y yo, escribimos un deseo para dejarlo en el tronco del árbol y renovar la esperanza de las ilusiones. La complicidad germina.

JARDÍN DEL MAESTRO DE REDES (SUZHOU)

A los laterales de  la puerta unas esculturas reflejan la vida del funcionario que habitaba esta casa y una inscripción anunciando las cualidades de brillantez y éxito del escritor, a modo de buen augurio… Los patios van sucediéndose, y las estancias con estos bellos muebles de caoba  del estilo Ming van siendo cada vez más sencillos, a medida que dejamos atrás las dependencias de los hombres, la mujer favorita, las mujeres y por último para los invitados. En la frontera entre los espacios masculinos y femeninos están los jardines con su estanque en el centro, rocas y armoniosos árboles invitan a la imaginación a abrir un universo entre el calor y la humedad, al tiempo que invitan a sentarse en la casita de la Primavera, Dianchun Yi y dejar que la mirada se pierda en horizontes lejanos a las tierras del arroz y el pescado. Mientras el cuerpo sobrevive en este espacio buscando evasiones en la música, el juego, la poesía y la pintura. Las cálidas noches de verano este laberinto de ventanas que se abren en los pasillos debían de alimentar secretos, confidencias, anhelos. El hilo de una voz recojo en estos pasillos, bajo estos faroles, una voz hermosa, sublime que me hizo volar sobre los nenúfares del estanque,  navegar con la balsa que bajo el pabellón del teatro aguarda a la actriz para hacer su entrada triunfal. Una voz deliciosa capaz de hacerte viajar en el tiempo, y que nos trajo las semillas de una amistad que germinó en Suzhou, la Venecia de Oriente. Una voz que transmite la misma delicadeza que reflejan  los abanicos pintados en los que el Tigre blanco desciende la colina. La magia se expande y fue como volver a casa, la atracción por aquella casita de madera granate, al que llegaba la música desde el otro extremo del estaque, como un reencuentro juguetón con esa necesidad de narrar, de interpretar poemas, la gozar con la Ópera…

HILOS DE SEDA

Gusanos devorando hojas de morera, crisálidas e hilos tejiendo miles de prendas, pañuelos… granadas en los brocados,  bordadas en los bolsos… y caracteres chinos.  Tesoro para Marco Polo,… pero fueron otros los hilos que me cautivaron, los que llevaba y fui regalando a los niños y mujeres, hombres que quisieron jugar conmigo al juego de los uñas de gato. Muchas sabían jugar, mujeres mayores que sonreían al recordar este juego que aprendieron en su infancia. Juego que cruzó las murallas de China y llegó a España, a  Argentina, a Essaouira, a todo el mundo creo yo. Jugamos con él en estaciones de tren, en el barco que nos mostró en Bund en Shangai por la noche. Las risas que despertaban un frágil hilo y el juego con un tesoro que dulcifica esos rostros que esconden, en esa China que no se enseña, que tratan de silenciar. El silencio impera al nombrar a los practicantes de Falum Dafa. Por mucho que quieran negarlo existen todas las personas que están bajo arresto domiciliario, en las cárceles donde no se respetan los derechos humanos, Liu Xiabo, Jiang Tianyong, Teng Biao, Tang Jitian, Chen Guamg,…

JOTA DE TREBOL

Tras el viaje en el tren bala (Suzhou 9:00 y a las 13:40 Shangai)  dejamos la tierra del arroz y el pescado para ir al mar,  a Shangai.  Hacemos nuestra última plegaria ante al Buda de Jade blanco, será el último templo que visitemos y nos deleitamos con los bonsáis, que separan unos pabellones de otros, las ofrendas de vivos colores nos recuerdan el sabor fresco de esta fruta que hemos descubierto aquí, la fruta del dragón, con esa pulpa blanca con pintas negras que se envuelve en una piel rosácea, con escamas verdes y amarillentas que parecen pinceladas expandiéndose para trazar un ideograma que expresa un concepto.

Las nubes se vuelven densas y llueve sobre Shangai, el cielo encapotado nos lanza una cortina de lluvia a través de la que vemos el Bund con sus torres, una con forma de abrelatas, y hasta ahora la más alta de China con 420,5 m y 87 plantas la Torre Jinmao, donde está trabajando Javier. Al día siguiente desde allí el cielo estaba despejado y las nubes no nos impidieron ver Shangai como si de una maqueta se tratase, antes de volver a estar en el suelo y mirar hacia arriba sintiéndonos hormiguitas. Aurora es otro edificio que se asemeja a un gran neón, donde los anuncios se suceden. El rojo de la torre de telecomunicaciones, la Perla de Oriente llama nuestra atención, y en este Bund a la orilla del río los negocios se gestan mientras los cargueros repletos de contenedores atraviesan el río rumbo a Singapur, a Europa,… Volveremos a ver esta isla de rascacielos iluminada en plena noche desde el barco, y las siluetas de cada torre serán las líneas de colores con que dibujaremos en sueños estampas que se entremezclaran con pagodas que se reflejan en las aguas de los lagos. Luces de colores, rojas, plateadas, doradas, recorren los rincones, y los edificios emblemáticos de cada ciudad, y así en la noche los paseos subiendo puentes y recorriendo veredas eclipsan luz de las estrellas y la luna. Incluso iluminan las grandes grutas  con esas luces azuladas, rosadas creando en el interior de la cueva espacios que aun se perciben con mayor grandiosidad, e invitan a imaginar el sonido de la flauta de caña.

En algunos rincones como Qibao se puede pasear en esas barcazas a remo, que recorren el canal, bajo los puentes que comunican las dos orillas, y en las callejuelas entre los puestos de comida, las chicas con sus trajes tradicionales se sacan fotos en los puentes que cruzan el canal, los padres de familia cargan a su bebé en brazos, y aparecen las casas de té donde los hombres mayores comentan las noticias y cuentan leyendas. La vieja China convive con la moderna y futurista.  En plena calle encuentro la jota de trébol esperándome es la última carta de este viaje.

CALIDOSCOPIO

Las sensaciones se mezclan y se tiñen con ternura ante los lazos que se han estrechado en este viaje. Fui a China para asistir al nacimiento de una amistad, que como el loto emerge de las aguas, con su belleza, otorgando equilibrio, serenidad y alegría.

Los párpados descansan ante el vapor del té que asciende del vaso y los sauces mecen sus ramos al compás de unas voces, que evocan óperas,… mientras atrás queda la negativa de los taxistas en Shangai a llevarnos al hotel, y ese sentimiento de invisibilidad que se siente siendo extranjero en tierras lejanas, donde la lengua es una barrera.

En la maleta una vieja marioneta que me encandiló a la orilla del Rio Li, junto con el recuerdo de una conversación con tres chinas sordas repleta de risas y, el aroma mentolado de un repelente de mosquitos rueda por el interior de mi neceser.

Al alcance de la mano están los libros que alimentaran el hambre por saber más de estos lugares en los que se despertaron antiguas resonancias.

(1) Hada es una tira de pañuelo blanco como la nieve hecha de hilo o seda. Simboliza la buena voluntad y respeto, y puede estar presente en varias ocasiones de fiesta, la llegada y salida de huéspedes, etc Sin embargo, hay una especie de Hada con cinco colores, azul, blanco, amarillo, verde y rojo, respectivamente, indicando cielo , nubes, tierra, río y el Dios a cargo de Buda Dharma. De cinco colores Hada es muy valorado regalo y sólo se puede presentar en las grandes ocasiones, como las actividades budistas.

 

Anuncios

Un Comentario

  1. Pingback: Fallo X Concurso de Relatos de Viaje Moleskin 2015 | Concurso de Relatos de Viaje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s