Otro viajero al más allá. Autor: Miquer Alberto Rivera Santiváñez

Una extraña suerte había puesto a Elke junto a Manuel en aquel viaje aéreo, hasta el punto de originar entre ambos raro apego. Mas el vuelo desde Amsterdan a Francfurt se hizo tan corto, frente a los deseos de seguir juntos en una ruta de sueños. Luego, cuando salieron del aeropuerto, la vida hizo alargar el tiempo para llevarles entre sonrisas a la estación trenes que a pesar del naciente amor les auguraba inminente separación.

Manuel y Elke se detuvieron unos momentos frente al gran portal del Hauptbahnhof Frankfurt Main y contemplaron el triste atardecer, decepcionados por la distancia que había de separarles. Al despedirse, el efusivo abrazo pretendió sellar para siempre sus vidas quizá presagiando un designio de otro rango. Por un momento el calor compartido buscó superar su naturaleza, deseando elevarse al nivel de la gloria, categoría que solamente sería posible cuando el amor logra trascender lo terrenal.

Poco después su tren de Manuel se puso en marcha difuminado los momentos con Elke, entre pedazos del paisaje cinético que cruzaban su emocionada retina. Manuel fue comprobando poco a poco que la estación central se convertía en un punto lejano, hasta que se percató que otra estación tomaba forma frente a su ventanal y, al parar se sorprendió de ver a Elke acercándose a la ventana. Inmediatamente intentó salir a su encuentro, pero la maquinaria ya seguía el trayecto. Por un instante, los movimientos del coche distrajeron su visión de Manuel hasta que una chispa de razón le mandó que debía mantener la cordura, por eso retornó a su lugar con pesar, enseguida trató de comunicarse con Elke telefónicamente. Sin embargo, no hubo modo de contactar. Manuel sintió que un terrible presentimiento dominaba su mente, y quiso hallar a Elke al arribar en otra estación. Sin embargo no pudo encontrarla. Manuel creyó encogerse su corazón y tuvo miedo irracional al no saber nada respecto a Elke.

La noche se adueñaba del viaje sombreando el ambiente con inquietud y resaltando de rato en rato el rostro de Manuel pegado a su ventana, frustrado por no saber qué pudo suceder con Elke. A pesar de lo tenso, una luz le motivó al viajero a informarse con la central ferroviaria para saber si hubo algún problema de tráfico.

Grande y lastimera fue su reacción de Manuel al saber la dolorosa noticia del tren con Elke. Un grave accidente había interrumpido su trayecto y, a pesar de los intentos por conocer más datos, los administrativos negaron dar más detalles, por estar ocupados en el rescate. De pronto, la desgracia hizo que Manuel mostrase su rebeldía frente al destino, contrariando fuera de sí al sano juicio y, presa de lo irracional rogó devolver a Elke a su lado, para tenerla sana y salva. Acto seguido, cual si se hubiesen trastocado las leyes de la realidad siguiendo lo insólito de una voluntad descontrolada, cuando el tren se aproximó a la siguiente parada, él la vio tal cual suplicó. Enseguida, Manuel abandonado la ruta de su boleto, salió con prisa del tren al encuentro con su destino. Ahí fue que sintió el más terrorífico estremecimiento al entrever lo insondable, pero no pudo retroceder. La dama, con un suave ademán señaló un coche negro estacionado a poca distancia. Entonces, Manuel siguiendo su extraña ruta hizo caso, y subió de golpe al vehículo junto a Elke hacia el más allá.

 

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