El Dragón de Jade. Autor: Isabel Mª Rojas Herrera

Llueve… hace frío y llueve… hay humedad en el ambiente… llueve incesantemente pero es una lluvia fina, delicada, como los expresivos gestos de la cantante de ópera que vimos en Beijing, secándose una lágrima ficticia de su empolvado rostro blanco de porcelana, casi de muñeca… gotas frías, casi heladas, más frías que las que caían la primera vez que visité Asia… aunque en aquella ocasión era verano, y ahora hace un frío polar; allí era recia el agua que caía… pero agua que llegaba del cielo en ambos lugares, bendiciendo los campos de arroz pero arrasando pueblos y casas… esa agua que me empañaba las gafas, como cuando lloro mucho, y no consigo secar los cristales porque las continuas lágrimas me lo impiden… y tengo que quitármelas para ver la pantalla del cine, la tele o el ordenador… y entonces todo se ve borroso, no distingo con nitidez las imágenes, ni puedo apreciar, como ahora, el paisaje que tengo ante mí, en la cubierta superior del barco que nos lleva por el río Li hasta la ciudad de Yangshuo…

Se levanta el telón.

Exterior. Río Li.

Una barca en un ancho río y a bordo una pareja: ella, hermosísima, lleva un vestido blanco veraniego, sin mangas, y sombrilla blanca a juego con puntillas bordadas, él, en mangas de camisa y tirantes, la rodea con sus brazos…. de fondo se oye la melodía Vals del Río… Él le susurra al oído a ella “te amo tanto… tanto”, mientras ella le sonríe con esa sonrisa suya, tan especial, y al segundo “tanto” acaba besándolo dulcemente en los labios, apenas rozándolos, mostrándole así que por fin lo ama de veras, como él se merece, como siempre quiso que ella lo amara…
Allá a lo lejos se divisan las montañitas picudas de verde oscuro, como polos que, en lugar de derretirse al sol inexistente de este frío invierno, se esconden, se desvanecen bajo la espesa y persistente niebla, haciéndolas casi desaparecer por completo bajo la sombra… y el río, en un recodo, nos ha hecho descubrir una cueva, no escondite de fugitivos piratas, como en la costa bravía que tanto me gusta, si no apenas refugio de aquellas curiosas barcas de pesca con cormorán que salpican las noches ribereñas… y abundan aquí y allá las algas de río formando mullidas alfombras por las que nos gustaría danzar al son de ese vals al piano que suena en mis oídos mientras discurre plácidamente la travesía, a poca velocidad a causa de la falta de agua en esta época del año…

Y las montañas y el río se confunden en el vapor de la atmósfera, al leve balanceo del pequeño navío, al son real de la lluvia y al son recordado y soñado de la melodía de esa película que tanto me gusta…

Mi cuerpo ya no resiste el frío, bajo de la cubierta al interior y me instalo en la mesa donde están mis compañeros de viaje…

Baja el telón.

Interior. Salón de barco. Río Li.

Yo en la mesa, con los ojos abiertos pero soñando despierta, como siempre, tarareando el Tema de Kitty, ante una taza de aromático té de jazmín, mirando al río por la cristalera del salón y acariciando el dragón de jade que pende de mi cuello en un colgantito que compré días antes, porque dicen que los dragones dan suerte y, además, yo nací en el Año del Dragón según el calendario chino.

Y un nudo de emoción en mi garganta me impide que baje por ella el delicioso y caliente té que tendría que reconfortarme…

Río Li (China)

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