Viaje hacia la nueva vida. Autor: Tamara Elizabeth Gomez-Lindenmayer

Definitivamente, alguien que conozco – y que me conoce muy bien- diría de mi, de manera despectiva, que mi comportamiento es el resultado de un hambre atávica; acostumbrada al “mal pasar”; tragedia cotidiana de estas latitudes a las cuales siento que pertenezco, he residido gran parte de mi vida y, además, me he sentido tan cómoda.

Yo tengo otra versión. Simplemente me aferro demasiado a los afectos, a los momentos compartidos, a los abrazos, a las sonrisas. Así que cuando hay que partir de un lugar, primero hay que lograr desclavar mis uñas de las paredes. En este momento que debo hacer maletas y decidir que se queda y que empaco llegan a mi los recuerdos. Todavía no me he ido y ya estoy nostálgica imaginando lo que voy a perder. Recuerdo tantas caras, tantas cosas. Recuerdo mi travesía con el bus, cada mañana, hasta llegar a la zona 9 mientras el chofer trasnochado hacía el intento de cepillarse los dientes mientras manejaba.

іQué perversa puede ser la nostalgia! Ahora soy capaz de hacer una oda a los autobuses, cuando en realidad es una tragedia tener que depender de un autobús en ciudad Guatemala a las ocho de la mañana.

Desafortunadamente, a pesar de mis quejas, lamentos, temores y resabios, empacamos maletas y salimos hacia el Aeropuerto Aurora con la perspectiva familiar, pero no individual, de establecernos por largo tiempo en Alemania. Así que, con estados de ánimo y expectativas muy diferentes, llegamos los tres, al Viejo Mundo.

No hay que hablar del vuelo con tres sillones en clase económica para compartir entre dos personas y un bebe de tres años que se mueve como una comadreja. A pesar de todos los augurios, Bebé se portó a la altura de las circunstancias. Tiene un espíritu aventurero que ya empieza a desarrollar y que le agradezco sobremanera que desee resaltar en momentos de crisis.

Sí. Porque un momento de crisis puede llegar a ser viajar en avión con un bebé más de diez horas. Así que, con todo y la inquietud propia de sus años, que le impulsa a pasársela saltando y moviéndose de un lado a otro, durante todas las horas de vuelo permaneció sospechosamente tranquilo. Me temo que todos sus sentidos estaban alertas a ese gran rugido de las turbinas del avión, que seguramente le recordaban los dragones de sus pesadillas.

Voilà, como dirían los franceses. Llegamos y mi primera impresión es la de siempre. Una sensación fuerte e indescriptible al cruzar la frontera de otro país.

Recuerden. Eso de que no hay fronteras es sólo un discurso de agenda pública. Las fronteras SÍ existen y están muy claramente señaladas para algunas personas, mas que para otras. Cruzar ese hilo invisible de una frontera migratoria, que se vuelve bien visible al momento de un interrogatorio realizado por un oficial, puede ser el evento mas traumático de tu existencia. Siempre deseen que ese “alguien” que les va a interrogar, se encuentre mas o menos feliz con su vida, por lo menos hasta ese día.

Pero esta vez, afortunadamente, -el acotamiento es una clara señal de recuerdos donde el cruce no fue tan honroso- no me pasó a mí. Yo venía bien protegida por mi residencia de “Familienzusammenführungs” -espero que se escriba así-, que me permitía escudarme detrás de un apellido familiar y evitarme una suerte de interrogatorios molestos y a veces desagradables. Ahora le ocurría a una pobre chica, con aspecto latinoamericano igualito al mío, que era interrogada primero que nosotros por un oficial de migración. A viva voz ella había dicho, orgullosa y alegremente, que llegaba para pasársela de lo lindo cinco meses en Alemania y el oficial le había contestado con seca voz que su visa tenía un problema, que estaba equivocada.

Que nadie me pregunte en qué idioma hablaban. Sólo se que lo entendí todo, porque lo que no se comprendía verbalmente se entendía gestualmente, lo que es mucho decir. No quise oir mas. Estaba demasiado nerviosa con lo que nos iba a pasar a nosotros, en realidad a mí, cuando vieran esa libreta azul que significa que soy dominicana y que no soy demasiado bienvenida en muchas partes del mundo. Pero como les digo, eso de las gestiones interminables para lograr una visa de residencia dieron su fruto. El señor no me molestó. De hecho, no me molestó porque ni me vió. No se si la razón es porque soy mujer, o porque venía acompañada del marido, o porque carezco de esa chispa que hace de mi rostro algo digno de verse mas de dos veces. No importa. Sea lo que sea, para mal o para bien, simplemente me ignoró. Habló todo el tiempo con mi compañero y luego de un intercambio bastante amable de palabras, debo admitirlo, hemos cruzado triunfantes ese “hilo invisible”.

¿De la chica? Todavía se quedó “conversando” con el oficial. No supimos nada mas, pero su historia no parecía de las que tienen final feliz.

En fin…que esta historia puede ser en realidad mas extensa de lo que parece ya que al momento de escribir todo esto solo llevamos en Alemania…una semana. Pero me digo que debo recoger en el papel mis primeras impresiones porque aunque seguro no se me borran de la memoria, forman parte de la catarsis a la que deberé acudir constantemente para acostumbrarme a mi nueva vida.

Cuatro cosas, estoy tratando de digerir todavía: Qué hacer con la basura es una de ellas. Entender que SÍ hay un lugar en el mundo donde se puede beber del agua de la llave es otra. La tercera cosa es porqué razón una debe usar un lavaplatos automático si le gusta fregar la loza con las manos. Y la cuarta es entender que es mas fácil viajar a la luna que conseguir un cafe internet. Para algunos temas simplemente todavía no tengo respuesta y seguro que pasarán unas cuantas semanas antes de tenerlas. El tema del lavaplatos es el mas fácil de resolver. Es sólo una cuestión ideológica y todo eso que acompaña al pensamiento ecológico donde no debe haber tanto gasto de energía, un uso mas amigable del recurso agua, etc, etc es simplemente cambio de casette y si quiero provocar la situación hasta las ultimas consecuencias solo pondré un cartelón encima de la máquina con el garabato que diga “fuera de servicio”.

Lo del tema del agua potable, pues es simplemente un “bloqueo” mental que tengo de la niñez. En esos países de los que siempre hablo, donde he vivido prácticamente toda mi vida, se te enseña antes de comenzar a escribir que el peor enemigo de la salud, de tu vida y del bolsillo de tus padres es beber agua que sale del grifo. Porque normalmente el agua que sale por ahí, está tan contaminada que no hay médico ni acupuntura china que te cure si se te ocurre ingerirla. Asi que asaltada por estos recuerdos de interminables diarreas, lombrices y retortijones estomacales ahora siempre me persigno mentalmente antes de beberla, por “si acaso”.
Lo que si ya me di cuenta que el tema de los temas es la basura. Nunca antes fui consciente cuántos tipos de basura hay hasta llegar aquí, mi nuevo país de residencia. Parece que puede costarte bien caro, en muchos sentidos, no entender ni aplicar la norma, así que todos estamos preocupados y nerviosos con la idea.

Mientras entendemos el tratamiento y sobre todo las fronteras que pueden ser bien difusas (otra vez las fronteras, іpero ahora aplicadas al tema de la basura!), tenemos unas cuantas bolsas diseminadas por toda la casa donde hemos colocado todo lo que forma parte de ese umbral difuso que no es claro clasificar: entre ellos están los pañales desechables, las botellas que se rompieron y que por esa razón ya no entran en el lugar reservado para ellas, los envoltorios de caramelos y todo aquello que no es solamente papel ni solamente plástico. Parece que hay una vecina “buena gente”, como dirían por mi barrio, que está deseosa de conversar con estos recien llegados sobre el tema de su preferencia.

Me perturba mi conducta despreocupada sobre este tema durante los últimos……41 años, pero debo argumentar a mi favor que parece que no me pasa sólo a mí. Aunque nadie lo creería..somos tres extranjeros en esta nueva tierra.

Lo del café internet, simplemente me cansé de intentar entenderlo. No encontré ninguna respuesta creativa cuando acudí a mi imaginación. Solo se salva quien tiene servicio en la casa o una laptop para “robar” internet inalámbrico en algún parque. El único internet “cercano”a la casa se encuentra a cuatro pueblos de distancia y en realidad no es tal cosa. Es más bien un casino donde hay computadoras para juegos. Normalmente, el lugar está lleno de hombres jugando, así que cuando entré por primera vez con mi ingenuidad y mi dispositivo de memoria en la mano, todos quedaron prácticamente paralizados. El mundo se me ha transformado y no puedo entender porque razón no hay un cibercafé en cada esquina como lo hay en cualquier ciudad de América Latina. Sólo sé que siempre quedo corta al decir las razones por las cuales no puedo comunicarme ni responder cartas tan frecuentemente como antes. Así nomás.

Pero hay otras cosas que también debo mencionar y que serán la única cura para el mal de nostalgia. He conocido gente muy amable y servicial. La primavera está empezando y muchos árboles tienen brotes de flores de todos los colores a punto de explotar en sus ramas. Hay días llenos de luz, como un día cualquiera y soleado de febrero en Guatemala. El sol se levanta a las seis y se acuesta a las ocho de la noche. Es una maravilla andar en bicicleta sin que algún chofer odioso te aviente al pavimento. De todas maneras, ya comprobé que escribir se convierte en el arma infalible para curar el desasosiego que produce la añoranza. Así que..sigo escribiendo y solo andando un paso cada vez, para no caer.

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