Interior. Autor: María del Carmen Macedo Odilón

“Qué travesía” se dijo en la mente el neonato y pensó en cómo había hecho para cruzar aquel túnel oscuro, después de nadar por el mar de líquido amniótico.

─Todo comenzó hace nueve meses, mis padres fueron a remar, se citaron temprano en la mañana para más tarde, recorrer las veinte estaciones de metro y así llegar a su escuela antes de la segunda clase. Remaron y platicaron que se amaban tanto, más que nadie (típicos adolescentes engreídos), dejaron que el agua los llevara un tiempo que aprovecharon para abrazarse, los besos, el sol, la poca gente en el lago a las 10 am un lunes, fu el escenario perfecto para que quisieran dar el gran paso. “Vámonos” dijo mi padre y remó hasta la orilla como si fuera experto, tomaron lo que en ese momento se llamó: el viaje más largo de su vida. Fueron treinta minutos hasta llegar a un hotel, nada de romance, nada de flores en la cama, subieron hasta el tercer piso del edificio y se internaron en la habitación 306, recién lavada, y así yo salí de mi base inicial, encapsulado en una nave con un flagelo juguetón. Tomé diez minutos desde que ellos cerraron tras de sí la puerta del hotel hasta que dejé mi nave nodriza (¿o debí decir patricia?) y después de dejar el flagelo con la nave, salté en paracaídas cayendo en una masa suave e inmensa.

«Cesó la comunicación con mi base, otros como yo, miles y miles estaban esperando otra misión como la mía para partir, sin embrago ese día no hubieron más expulsiones.

«Perdí la cuenta del tiempo en que mi nuevo hogar poco a poco se hacía más y más estrecho, empecé a cambiar, crecer y alimentarme en ese sitio cálido y en ocasiones incómodo. No necesitaba estar fuera para saber qué hacía y dónde iba. Mi madre estaba encaprichada con la idea de conocer el mar, mas olvidaba que ella y mi padre solo eran unos simples adolescentes, acababan de cumplir la mayoría de edad y ya se habían echado a la espalda mi crianza. De modo que su “viaje más largo” de la pasión a la concepción que aproximadamente culminó en menos de sesenta minutos (ducha incluida) cedió su lugar a la excursión a la playa: cinco horas en autobús de ida y aparentemente otras cinco de vuelta.

«En el camino, caray, hora y media para dejar la capital y llegar a la primera caseta de cobro, mamá quiso comer y aprovechó de un vendedor ambulante que subió al transporte: papas fritas y agua simple (para cuidar la dieta), luego caseta a caseta fue la misma historia, cruzamos tres estados hasta llegar a Guerrero, siguiente parada: Acapulco. Todo el camino restante mirábamos hileras interminables de árboles en las zonas no destinadas a la población, también cruzamos por los inmensos puentes carreteros y túneles interminables y finalmente la estación de autobuses, buscamos hotel (otra vez) descansaron un rato y se alistaron para la playa.

«Mamá no sabía nadar y además no se lo permitiría papá porque estaba embarazada y la consideraba tan frágil (o inútil) como para ponerse en peligro. Él la ayudó a cubrirse el cuerpo con aceite de zanahoria para que se bronceara y estuvieron tres horas solo mirando el mar.

«La mañana siguiente fuimos a un parque zoológico pero no lo recorrimos por completo porque a mi madre le dolían los pies de tan hinchados… el fin de semana agonizaba y tuvieron que regresar a casa de mi padre (donde ambos vivían) contentos de haber visto por primera vez el mar. No necesitaron de más, yates, paracaídas, paseos, nada, porque ellos solo anhelaban contemplar el reflejo del cielo en el agua, la temperatura alta y el aire húmedo, solo eso, se tomaron de la mano las tres horas y pensaron que sería un hermoso recuerdo que podrían contarme cuando ya estuviera afuera con ellos.

«Iban de regreso a la capital cuando mi madre empezó a sentirse mal, dijo que yo ya venía en camino, porque olvidé mencionar que para esto, ella ya estaba en su noveno mes, del autobús llamaron a la policía de caminos y estos a su vez enviaron a una ambulancia, tras dejar a un lado el escándalo fuimos de vuelta a Acapulco al hospital más cercano… “qué travesía” pensé porque recordaba que papá tenía examen en la universidad al día siguiente y por eso venía estudiando en el camino, porque mi abuela paterna no estaba de acuerdo con esa excursión estando ya tan pronto el alumbramiento, porque desde que sentí a través de la piel de mi mamá el calor de la playa tuve la ambición de quedarme el mayor tiempo posible en ese sitio y lo había logrado… pensé también en mi inicio y cómo ahora pronto podría ver ya con ojos reales el azul de mar que ambos no dejaban de alabar…

Dejó el interior de su madre siendo un niño rollizo y saludable y sonrió al estar con ellos por vez primera, llevaría el signo de acuario y esto remató su teoría de que su vida comenzó por remar en un lago y prosperó al visitar el mar…

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