Los zombis de Krokodil. Autor: Mary Ely Marrero-Pérez

Goal Mannish le sonrió y ella lo miró con la dureza con la que su cultura mira a un desconocido. Le llamó la atención que el ruedo de su falda larga roja se paseaba por el suelo y se ensuciaba con el lodo. Supo que a ella no le importaba porque no la alzaba con las manos, a pesar de que las tenía libres, pues llevaba el bolso pendido del hombro. Caminó tras ella a pasos cortos y disimulados para evitar ser sospechoso, y la siguió con la mirada. Cada vez que él suponía que la mujer se subiría la falda para evitar el agua, el lodo u otro terreno difícil, le sorprendía la naturalidad con la que caminaba.

La vio entrar a una tienda. Permaneció afuera para no ser tan evidente. El letrero rústico anunciaba el nombre del establecimiento sin vitrinas ni mercancía expuesta. “Tufli”, leyó el hombre. Su dominio del ruso, tan rústico como el letrero, le permitió entender que la mujer compraría zapatos. Tras diez minutos, la vio salir de allí. Seguía sola y no llevaba ninguna evidencia de compra. Goal caminó tras ella, paralelo a su paso. No se lo esperaba: ella volteó y lo impactó con la mirada. El hombre sintió calor y frío. Un grito de ella hubiese sido peligroso para un inglés en tierra ajena. Lo tranquilizó el hecho de que ella le sonrió. Él, desprevenido, no tuvo tiempo de responder a su sonrisa. Advirtió la ofensa en el rostro de la mujer. Ante su desconcierto, ella dio cinco pasos. El hombre reaccionó y adelantó el suyo. Supo que la perseguida se había detenido para sonreírle porque era de su agrado; de otra forma jamás lo hubiese hecho. “Así son los rusos”, pensó, al recordar los datos culturales dichos por la profesora Pavlova en los cursos que había tomado en la universidad para aprender el idioma.

-¡Hola! –dijo él, nervioso e intrigado, en espera de una respuesta cándida.

-¿Por qué me persigues? –respondió ella, soberbia y seria.

-Te equivocas. No te persigo –titubeó casi en tono de ruego.

-Me has seguido desde el Rincón de Mijaíl –insistió con una sonrisa.

-Te invito a un té –dijo abruptamente, mientras señalaba las mesitas exteriores del restaurante más cercano.

Todo lo que él recibió en símbolo de ‘sí’ fue el retomar de los pasos de la mujer hasta sentarse en una de las sillas del lugar señalado. Él la siguió, como al principio, sin perder de vista el ruedo de la falda. Se sentó junto a ella, quien lo interrumpió cuando la camarera se acercó, les dio la bienvenida, les preguntó por su pedido y él pretendió ordenar por ella, sin que se lo permitiera. Sólo la había invitado a un té, pero ella ordenó una ensalada olivie, una sopa solianka, un postre blínnaya y para tomar, chai caliente con limón y azúcar. Él pronunció “Lo mismo” ante el asombro.

La falda sucia volvió a llamar la atención del hombre cuando la mujer cruzó la pierna derecha sobre la izquierda. La palabra ‘jubka’ saltó a su memoria y la pronunció. Le sorprendió verla reír para explicarle que regresaría a su casa y arrojaría la falda a la basura porque tenía tantas, que no guardaba cuidado al caminar. Vio al fin los zapatos de la mujer y dedujo que también habría de tener tantos como para llegar y botar los que traía puestos, demasiado sucios.

Goal no logró obtener demasiada información de la mujer; por más que se esforzó durante la conversación, ella le respondió con evasivas, sarcasmos y frases cortas. La miraba comer y beber, y le parecía tan hermosa como intrigante. La observación del hombre fue interrumpida por la llegada abrupta de dos niños que corrieron hacia ella gritando “¡Krokodil, Krokodil!”. Se puso de pie para defenderla, pero al notarla serena, acariciando el poco cabello de los haraposos, volvió a sentarse. Vio que la mujer sacó de su bolso una bota de cuero, que les dio de beber y que ellos no se detuvieron hasta dos “¡Suficiente!” que ella pronunció. Goal notó que la pierna derecha del niño que estaba sentado en la tabla con ruedas sufría de una úlcera asqueante que dejaba al descubierto el hueso. Cuando se fijó bien, el brazo y el pómulo izquierdos sufrían igual. Exploró con la mirada al niño que empujaba la tabla; no tenía úlceras, pero era tan delgado que imaginó los huesos saliéndosele de la piel en cualquier instante. Vio que ambos tenían la piel seca, escamada y verdosa.

-Vayan por más hoy a mi casa. Lleven a sus amigos –les dijo la mujer a los niños, dramáticamente tierna.

-¡Krokodil, Krokodil! –los niños se fueron gritando lo mismo que cuando llegaron.

-¡Pobres niños! –susurró Goal, sorprendido aún, buscando los ojos de la mujer, quien se había ensimismado en un pensamiento profundo.

-¿Vamos? –dijo ella, sonriendo una vez más, dando por olvidado el evento reciente.

-¿A dónde? –dijo él, confundido, pero respondiendo a su sonrisa.

-A mi casa –contestó como si fuese obvio.

El hombre sacó 45 rublos de su billetera para pagar la comida cuando la mujer lo detuvo y le explicó que era un negocio familiar y que la invitación fue de su parte. Siguió el paso de la recién conocida, atontado con aquel ruedo asqueroso.

-¿Qué les diste de beber? –le preguntó con curiosidad.

-¿Quieres? –fue coqueta.

Goal estuvo a punto de decirle que sí, pero no se imaginó bebiendo de la misma boquilla de la que habían tragado los niños, por lo que negó con la cabeza.

-Es una droga. Es Krokodil –dijo con naturalidad.

-¿Cocodrilo? –preguntó con real desconocimiento de tal droga.

-Sí –respondió fría y seria.

-¿Por qué les das a beber una droga a esos niños? –lo invadía la sorpresa y quiso ser punitivo.

-Los hace sentir bien;  les alivia el dolor. Por eso les pedí que fueran a mi casa. Mi padre les suministra la droga –respondió con aparente sensibilidad ante el sufrimiento de aquellos desamparados.

Avergonzado por haber dudado de su integridad, el hombre se detuvo en un puesto y le compró un ramillete de consueldas lilas que él mismo empuñó. Desconocía que debía regalarle un número impar de flores ya que los pares estaban reservados para los funerales, por lo que se extrañó cuando la vio contando las flores y más aún cuando ella cortó la octava y última contada y se la colocó en el cabello tras la oreja. Pensó que no se vería muy masculino con la decoración de esa flor, pero no quiso hacerle un desaire a la mujer.

Ella se detuvo en otro puesto y le indicó que ninguna visita llegaba a la casa de una familia importante sin un regalo. Por lo que el hombre le pidió a la jovencita el mejor tort de frutas que tuviese. La empleada puso un tort de mermelada de duraznos en una caja y le agregó vodka en el centro con un cacharro de metal. Goal Mannish se dirigía altivo a la casa de esa desconocida que había capturado su atención.

-Llegamos –dijo ella mientras se quitaba los zapatos frente a la puerta de la casa.

-Los míos están limpios –aclaró el hombre.

-¡Quítatelos! –exigió ella, mientras abría la puerta.

Así lo hizo, sosteniendo la caja con una mano y usando otra para descalzarse. Él espero como por una consigna para entrar y, efectivamente, ella entró, se vistió los pies con unas zapatillas de goma y le entregó unas iguales.

-¡Entra! –volvió a exigir.

El hombre no había bien obedecido cuando la mujer ya se había quitado la falda para tenderla en el piso de la entrada. Ella cerró la puerta y el hombre miró al suelo para desviar cualquier presunción de fisgón, pero la mujer, valiéndose de su dedo índice, le ascendió la mirada por el mentón.

-¿Hay alguien más aquí? –preguntó con el nerviosismo obvio de poder ser hallados por un padre violento en aquella sala con una mujer en bragas.

-Mi padre. –respondió tranquila.

Goal se quitó el abrigo y le cubrió las piernas, lo cual le provocó gran risa a la mujer.

Otets! –gritó ella en dos ocasiones.

Eso significaba ‘padre’, él lo supo desde el segundo día de clases con la Profesora Pavlova, por lo que aumentó su ansiedad, hasta que la vio entrar a una habitación y salir de ella con otra falda que apenas le cubría las rodillas.

Ya zdes! –respondió el padre, que por el volumen de la voz, estaba cerca.

Goal Mannish intentaba contener la risa, cuando la oyó decirle al padre que él era un buen amigo del Rincón de Mijaíl, que era admirador de la familia y que siempre había querido visitar la casa.

-Su nombre es… –titubeó la mujer.

-Goal Mannish, sluzhitRad –la interrumpió y se presentó con el mejor ruso que pudo pronunciar para agradar al hombre y le entregó la caja. El anciano la abrió y con la mano tomó un puñado de la tarta, se la llevó a la boca, se dio media vuelta y volvió a la habitación de la que había salido sin decir más.

-Ven –dijo al halarlo por un brazo.

Goal no tuvo tiempo para responder. Guiado por la mujer, pasaron frente a la habitación a la que entró el padre; un fuerte olor a podrido le dio una bofetada, pero como ella no se detuvo, él continuó. Con el abrir de una puerta doble, quedó ante los ojos del hombre un hermoso retrato natural: un sembradío de yagody, fruta roja y dulce, y un terreno plano y blando que supuso era para una nueva cosecha. La acompañó a caminar entre los arbustos, a comer fruta y besarse como dos conocidos, con las bocas pintadas de rojo.

-Ven –dijo nuevamente al halarlo por un brazo.

El hombre corrió junto a ella al interior de la casa. El hedor de aquella habitación volvió a abofetearlo pero pudo más el furor de la mujer. Se tendieron en la cama y se comieron como yagody uno al otro. Él le cubría la boca con la mano para que los jadeos no llegaran a los oídos del anciano; ella lo mordía como si hubiese querido ser escuchada.

-¿Cómo te llamas? –jadeó Goal.

-Dime Krokodil, –jadeó ella.

Terminado el bocado de amantes, el sueño llegó a ambos y los acurrucó. En estado de vigilia, en medio de la noche, el hombre buscó con una mano a la mujer y se percató de que estaba solo en la cama. Tras vestirse y calzarse, abrió la puerta de la habitación. La casa estaba en penumbras, mas lograba guiarse por la luz exterior y la de una vela que estaba encendida en el recibidor. Al pasar por la habitación del anciano, la fetidez lo asqueó nuevamente. Ya sin prisa al cruzar por allí, el hedor era insostenible. Escuchó voces que provenían del sembradío de yagody, por lo que se dispuso a dirigirse a la puerta doble y salir, mas lo detuvo un coro casi imperceptible que gemía “¡Krokodil, Krokodil!” y supo que provenía de esa habitación. Volvió al recibidor, tomó la vela y se atrevió a abrir la puerta de donde provenía el coro. La luz de la vela advirtió a la mujer ante la mirada confusa del hombre, quien además vio a cincuenta niños contorsionados, encerrados en jaulas pequeñas.

-¿Qué haces? –dijo atemorizado.

-Les doy su medicina –respondió resuelta, jeringuilla en mano.

-¡Esto es horrible! –exclamó sin que la voz le respondiera al grito.

-Es bondad. En las calles morirán de todas formas. Aquí los preparamos para ser productivos  –le explicó como quien aclara la elección de un vino en lugar de otro.

-¡Krokodil, Krokodil! –pedían los niños podridos.

-¿Oyes? ¡Ellos quieren esto! –le dijo mientras se acercaba a él.

-Son como zombis. ¡No saben lo que quieren! –respondió indignado.

-En las calles los matará el frío, el hambre, la soledad y el crimen. Aquí los convertimos en abono para la tierra –se defendió la mujer.

Un soplo de viento estuvo a punto de apagar la vela, cuando el hombre logró ver a los dos niños del restaurante arropados con la falda de la mujer, lamiendo el lodo seco del ruedo porque, debido a la droga, mezcla de codeína, ácido clorhídrico, gasolina, yodo, diluyente y fósforo rojo, les atraía el sabor de la tierra. Vio las pieles secas, escamadas, verdosas en algunos, y en otros las úlceras que mostraban los huesos, las carnes podridas y los ojos ausentes, porque la droga les había descompuesto la piel.

Cuando ya el hedor y las imágenes iban a provocarle el vómito, otro coro más perceptible gemía “¡Krokodil, Krokodil!”. Provenía del sembradío. El hombre corrió hacia la puerta doble que esa tarde le había mostrado un espacio hermosamente natural. Abrió y salió. El viento ya había apagado la vela, pero eso no impidió que viera a los hombres que sembraban zombis en el terreno plano y blando que bien supuso antes que era para una nueva cosecha.

-¡Los entierran vivos! –dijo para sí.

-Sus almas están muertas –aclaró la mujer en un susurro que lo hizo gritar.

El hombre deseaba ese instante cinematográfico en que el individuo despierta de una pesadilla, se ve abrazado por su amada y respira hondo porque ha acabado el horror. En cambio, sintió que una fría aguja le atravesaba la piel. Su caída duró muy poco, mas como a dos tiempos, su memoria lo abrumó con imágenes y sensaciones: el rincón Mijaíl, la jubka, la desconocida, el bolso, la zapatería, su sonrisa, la ensalada olivie, la sopa solianka, el postre blínnaya, el chai, los niños podridos, Krokodil, las ocho consueldas lilas, la tort de frutas, las zapatillas de goma, las bragas, su abrigo, el anciano, el hedor, el sembradío de yagody, los besos, los bocados, los jadeos, las mordidas, la vela, las jaulas, el coro, los gemidos, el terreno plano y blando y el piso al cual cayó desplomado. Cuando despertó, exclamó con voz vaga “¡Krokodil, Krokodil!”. Y se halló arropado con una falda roja, empuñándola con sus dedos, que ya eran huesos sin carne, y chupando el ruedo lodoso porque el sabor de la tierra lo atraía.

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  1. maryelliedays

    Simplemente fascinante cómo la autora puede relatar de tan hermosa manera un suceso tan terrible. Las descripciones tan detalladas logran que el lector pueda ver la falda sucia, oler a los niños podridos, sentir la aguja… ¡Genial!

  2. Gabriel Enrique

    Me encanto ! Lo que hacia la mujer, como Goal lo explicaba.al lector le daba una vision de como fuese la escena.

  3. Lauribel

    La gran ironía, es que cuando yo muera, quiero ser abono natural de algún árbol; quiero ser sembrada para que la descomposición de mi cuerpo se convierta en tierra fértil… Mary-Eli, genial. Gracias por exponer esa droga maldita.

  4. Aixa Canales

    Excelente! De los mejores cuentos de suspenso que he leído! Hay a que llevarlo a la pantalla grande!!! you’re the best girl!

  5. Gilemi

    Woah, en cierta parte me esperaba un plot twist en la historia, pero jamás así de grande. Aunque fue raro, fue muy interesante y creativo el final. Me gustó mucho.

  6. Ismayra

    ¡Excelente! Lo mas que me gustó fue el contraste del porque ella lo hace versus como lo ve él o nosotros los lectores.

  7. Marinés

    Cuidado con compadecer la espantosa realidad ajena, la vida te puede enfrentar a lo insospechado….

  8. Nicole B.

    ¡Espectacular! Hubiera sido “cool” haber leído este cuento en el salón de clases. 🙂 ¡Un abrazo!

  9. Genesis Santiago

    ¡Waooooo! Es un cuento que aunque seas una persona que no le gusta leer, llama tu atencion, no puedes parar de leer y deseas que nadie te interrumpa. Execente cuento.

  10. Ydalia

    Comence a leer y me olvidé del título hasta que la situación comenzó a inquietarme y recordé que era de zombis. La descripción de la joven es excelente, pareciera ser una bohemia o hippie que ayuda a los niños de la calle y luego… El zarpazo: es “la mala de la película”. Muy bueno el final.

  11. Josue

    Había leído antes que krokodil era una droga rusa; con más curiosidad que la usual comencé a leer y simplemente me impresionó. Felicidades a la autora por un desenlace bien logrado.

  12. Elaine

    “El hombre deseaba ese instante cinematográfico en que el individuo despierta de una pesadilla, se ve abrazado por su amada y respira hondo porque ha acabado el horror”, algo así terminé yo. Tremenda impresión me causó el cuento, que por cuento no es tan cuento ya que, tal realidad ocurre y ocurre todos los días. ¡Me gustó!

  13. Pedro Luis

    Este fue un cuento emocionante. Pude ser Goal! Sentir todo lo que sintió el hombre! Me gustan los cuentos que te provocan precisamente!

  14. Ashley Forde

    Simplemente fascinante como la autora logra describir detalladamente cada accion. ¡Hasta sentí el pinchazo!

  15. Andie Brunette

    Se puede hacer un cortometraje de este cuento. De verdad que este cuento te para los pelos del cuello.

  16. Lorilee

    Realmente escalofriante hasta el final. Los detalles me transportaron a un lugar un mundo al que no quiero regresar pero no puedo evitar leerlo de Nuevo.

  17. Dulia De Jesus

    Me mantuvo en ascuas todo el tiempo.Muy bien relatado.Cada detalle describiendo la ecsena lo trasporta auno a ese enriquecedor mundo de los cuentos.En el cual la autor demostro su gran talent como cuentista. Felicidades!!!

  18. Ecaterina

    Cualquiera escribe, pero lograr que el lector entre en la historia ¡LO LOGRASTE! ¡Excelente!

  19. Pongo Estaquio

    Todos hablan de la autora con ganas inmensas de hallarla. Se me infla el pecho al ver que te he hallado Mary Ely. ¡Qué orgullo!

  20. ARACELIS

    GOAL SE DEJÓ SEDUCIR POR UNA DESCONOCIDA INTRIGANTE… Y VIVIO SU PROPIO PLOT TWIST DE VIDA.

  21. Pongo Eustaquio

    Todos hablan de la autora con ganas inmensas de hallarla. Se me infla el pecho al ver que te he hallado Mary Ely. ¡Qué orgullo!

  22. STEPHANNIE

    ESTE ES UN CUENTO QUE LLEVA AL LECTOR POR CADA PASO QUE DAN LOS PERSONAJES PARA QUE SIENTA TODO. TENGO UNA IMAGEN TAN CLARA EN MI MENTE DE LOS DETALLES. ESO HACE QUE TENGA UN BUEN SUSPENSO. HERMOSO CUENTO AUNQUE NARRE ALGO TERRIBLE.

  23. Elisa Vázquez

    De inicio a fin me pareció interesante. Me gustan los cuentos de suspenso y este ha sido excelente.

  24. Teresa Camacho Velázquez

    me encanta leer y de muchos que me invitaron a leer de varios autores, este es mi relato preferido! pude oler, ver, sentir, escuchar, probar!!!!!

  25. VIVIANA SANTIAGO

    MUY GRAFICO ESTE CUENTO. PUDE VER CADA COSA DESCRITA. COMO UNA PELICULA. LOS PERSONAJES ME PARECEN INTERESANTES, SOBRE TODO KROKODIL. ES MISTERIOSA Y MALVADA Y SABE COMO DISIMULARLO AL SER INTRIGANTE.

  26. Karla Keren

    coincido con los comentarios anteriores: el suspenso está bien logrado y te mantiene pegada a la lectura sin ideas de qué ocurrirá. Bravo!!!

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